jueves, 7 de enero de 2010

LA VIDA POR DELANTE

Adriano Zucchelli es un don nadie. Tiene 36 años y medio, una mujer veinteañera que sólo quiere dormir, un negocio de venta de coches que no marcha demasiado bien, un pisito en Roma y un batallón de mujeres en el (más bien difuso) recuerdo. Un amigo muere y le deja una Villa como herencia pero la hermana del chico no parece dispuesta a que toque una lira…
Anima nera” es una de las películas “perdidas” de Roberto Rossellini. Sin prácticamente conexión con las obras que jalonarán su filmografía a partir de esos años, comenzando, cronológicamente por “L´età del ferro" en el 64 ni con todo el grueso de su filmografía que arranca con la guerra como tema central, fue otro más de los fracasos críticos y de público de su vida.

Los que entendieron que Rossellini se “modernizaba” (una buena ironía hablando del más moderno de los cineastas) y tal vez estaba dispuesto a caer por fin en el redil de los acomodados, con la música jazzística de Piero Piccioni, las escenas en nightclubs (sólo una y preludio a una conversación importante), el protagonismo de Vittorio Gassman, símbolo de la comedia all´italiana, que sucesivamente participará en la exitosa “Il sorpasso” de Risi con un personaje menos complejo pero similar, o el desfile de las bellas Nadja Tiller, Eleonora Rossi Drago, Yvonne Sanson y compañía, quedaron decepcionados con el tono del film, seco, distanciado, a menudo con fondos neutros, lleno de palabras que son un reproche continuo cuando no una artimaña para esconder la verdad, sin humor. Los que esperaban otra obra “importante” como las precedentes “Era notte a Roma” (que volvía sobre los pasos del tema que lo encumbró) o “Viva Italia”, no entendieron qué hacía Rossellini con un material tan ligero, tan cotidiano.
Más de cuarenta años han pasado desde entonces y no creo que las cosas hayan cambiado mucho. El paso adelante de “Il generale della Rovere” en el 59, cuando Rossellini se probó con magisterio en el drama patentemente “reconstruido” (tal vez algunos aún pensaban que los grandes hallazgos de “Paisá” o “Deutschland im jahre null” debían mucho a la captación, poetizada, de la frescura de los acontecimientos), desmontando delante de los ojos del espectador los mecanismos de cualquier cosa que se aproxime al drama bélico y de repetir, en off, el experimento en la mencionada “Era notte a Roma” (en mi opinión, dos de sus películas definitivas), imagino que le insuflaron fuerzas para tomar, no sin fruncir el ceño, este esqueleto argumental de comedia y transformarlo en uno de los más desoladores y subvalorados dramas de su época.
No es descabellado, me parece, pensar en la impresión que Jean-Luc Godard debió tener al contemplar el film y cuánto de él tomó para la parte central de “Le mèpris”, que se recuerda mucho por algunas cosas y bastante poco por la larga, múltiple escena en que Brigitte Bardot deshace todo el amor andado con Michel Piccoli y que arranca (para nosotros, admirados) en esa impresionante apertura… para derrumbarse luego sin remedio.
Y quizá haya también una conexión con los (por desgracia, pocos y sin continuidad) dramas de Fernando Fernán Gómez en esos años, con la durísima "El mundo sigue" como cumbre.
Todo en “Anima nera” es descorazonador. Y todo son excusas. Hasta las (al menos que sepamos o intuyamos) dos experiencias homosexuales que el playboy Adriano Zucchelli admite, la que le libró de ser fusilado en la guerra y la que le ha proporcionado la herencia que puede cambiar su vida, fueron necesarias, incuestionables, para él y para las mujeres a quién se las cuenta. Todo vale.
En un momento mientras conduce de Pisa a Roma al comienzo del film, critica a esos conductores que van con las luces largas, deslumbrando a todos los coches que vienen en sentido contrario. Sin el menor subrayado, con un contraplano con el ángulo cambiado, que lo toma desde un lateral y con los destellos que vemos le hacen los coches que lleva detrás y que han advertido las señales de los otros, nos damos cuenta de que él es precisamente uno de esos tipos. Si por algo se caracteriza Adriano es porque nunca piensa. Y nunca piensa porque nunca mira. Ni a la carretera, ni a las mujeres que conquista, ni al accidente de la pareja que acaba de conocer, ni a su sufrido amigo, que malvive de propinas, ni siquiera a la Torre de Pisa, que vemos reflejada en el parabrisas de su coche. Diez años después, el Jean Pierre Lèaud de “La maman et la putain” ya sólo será capaz de hablar y hablar: los nuevos perdedores son los que piensan demasiado.
Rossellini desnuda certeramente no a una generación, sino a una raza de aprovechados sin escrúpulos, que colonizarán el mundo a partir de ese momento y hasta nueva noticia; ¿dónde había ido a parar su humanismo? es la pregunta que todos debieron hacerse; la Ingrid Bergman de “Europa 51”, el De Sica (in extremis) de “Il generale della Rovere”, San Francisco de Asís, hasta los habitantes de “India” o el gesto final, todo lo efímero que se quiera, de los amantes de “Viaggio in Italia”, momentos preciosos de su obra en los 50, quedan borrados por la demoledora “Anima nera”, que al menos finaliza con una mirada llena de desprecio - el único primer plano del film - dirigida al protagonista, en un callejón sin salida, y a todos los que fuesen como él. Con toda la objetividad a la que siempre aspiró, cómo los debía aborrecer.
No es extraño que, como de costumbre, “Anima nera” sea un punto final para Rossellini. Ningún otro director necesitó tantas veces una sola película para decir su primera y última palabra sobre algo.

13 comentarios:

Roberto Amaba dijo...

Hola, qué tal Jesús,

Sí, Anima Nera aparece ahí en medio de esos años como otro "desvío" más, después de Viva Italia y Vanina Vanini, llamando la atención sin conseguirlo. Si acaso encuentra enganche con Illibatezza un año después.

Adriano no piensa porque no quiere, porque es doloroso, no poque sea un incapaz. No quiere pensar. Para evitarlo unos se dan a la bebida, otros a la videoconsola y él a las mujeres y a los hombres. Estar solo significa un aumento serio de las posibilidades de ponerte a pensar, de ahí su continuo ir y venir, rellenando el tiempo.

De esta película siempre recuerdo una escena que es menos trivial de lo que parece, la del accidente de la pareja en el seiscientos. Siempre me viene a la cabeza por aquel coche que sale con los heridos tocando el claxon y con el pañuelo blanco por fuera de la ventanilla. ¿Hace cuántos años que no ves un coche con un pañuelo blanco por fuera?

Para los que pasamos la infancia en los 80 y todo el día en la calle, aquello era casi diario. Para los de años antes supongo que también. Incluyendo algún que otro atropello en el que se solía estar más cerca de lo recomendado de terminar narrándolo en primera persona. Me alegro de que ya no se vean tanto -o nada- ese tipo de coches, que se hayan extinguido en favor de más ambulancias, pero era una de esas imágenes que, más vivéndolo de chavalín, se te quedan en la memoria.

Un abrazo.

Jesús Cortés dijo...

Sí, ahora ya no se ven esos pañuelos. Y no sólo para accidentes, también para parturientas y yo hasta conocí a un tipo que lo hizo con el pie izquierdo torcido; su excusa es que no podía cambiar de velocidad e iba a 70 km/h en primera o algo por el estilo.

Anónimo dijo...

Me alegra no estar solo, por fin, después de muchos años, en la admiración por la más "maldita" (en todos los sentidos) película de Rossellini, para mí una de las más grandes, y su despedida del "cine". Estupendos tanto el análisis de "Anima nera" como los lazos que estableces con otras películas, suyas o ajenas. Naturalmente, no está editada en DVD en ningún país que yo sepa.
Miguel Marías

Jesús Cortés dijo...

Yo sólo conozco una versión subtitulada de la época de Cineclassics o algún canal similar en los 90, Miguel.

alberto de mieres dijo...

Lamentablemente no he visto este film del maestro. ¡Qué lamentable es el mercado español de dvd, qué lagunas inmensas quedan por cubrir, y cuántas mediocridades -o directamente bodrios- se publican sin ton ni son!.
Y al maestro Marías, por si cae de nuevo por aquí, preguntarle para cuándo ese libro sobre el genio de Calanda.
Saludos

Jesús Cortés dijo...

No es un mercado tan lamentable, Alberto. Algunos países ya se cambiarían por nosotros. Aquí hay cajas editadas de Rouch, ediciones de Renoir o Ray que son adquiridas por extranjeros porque no las encuentran en ningún otro sitio.
El problema es que no hay una "línea editorial" como por lo demás le sucede a la prensa, la radio, internet, etc (más allá del partidismo descarado y conveniente de cada uno, que arrima su sardina donde sabe que arde la brasa) y todo va por impulsos imagino que particulares de cuatro aficionados metidos en el negocio o gente que compra catálogos enteros y se ve obligado a publicar cosas de mala calidad, artística y en términos de transfers (puros copias de vhs).
Lo que hace Intermedio debería ser el modelo a seguir, pero seguro que no es algo de una rentabilidad espectacular.

histeriasdevida dijo...

Before sunset es genial pero hay algo de la primera que hace que sea mi favorita, sin dudas =)

de qué parte de España sos?

Jesús Cortés dijo...

De Sevilla.

Anónimo dijo...

Aunque nada tengo de maestro ni esto tiene que ver con Rossellini, ya que alguien se interesa, mi libro sobre Buñuel materialmente (que no mental ni visualmente) sigue donde estaba, me temo que hasta que me jubile no acabaré, y más me vale, porque va a multiplicar por mil el número de los que me detestan.
Miguel Marías

histeriasdevida dijo...

qué bueno! el año que viene me voy de intercambio a Barcelona

alberto de mieres dijo...

Hola Jesús:

Sin ánimo de excederme en lo que comentaba anteriormente -pido disculpas por salirme del tema objeto de esta "entrada"-, estoy -en parte- de acuerdo con tu diagnóstico, pero convendrás conmigo en que el panorama en algunos casos -lagunas imperdonables de varios cineastas ineludibles (caso de Stroheim o Renoir, por poner sólo dos ejemplos palmarios)- es frustrante para muchos aficionados. De acuerdo en que la situación ha mejorado en los últimos tiempos -¡casi asombra encontrarte con un cofre de Chris Marker!-, pero como bien dices, los criterios son de lo más desiguales e incluso "injustas" en cuanto a obras completas o material inédito.
Saludos

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el blog. Bueno y necesario, como el agua en Murcia.
No acabo de conectar con el cine italiano, ni con su carácter, tan parecido a la canalla ibérica. No obstante, guardo el mejor de los recuerdos de Stromboli y Te querré siempre. Un cordial saludo.
Manuel Ignacio.

Jesús Cortés dijo...

Dividir el cine por nacionalidades es de lo más inconveniente. No hay un cine italiano, en todo caso muchos cines italianos y casi te diría que un buen número de los mejores cineastas son los que más difícilmente se asocian al tópico. Ni Rossellini, ni Cottafavi, ni Emmer, ni Zurlini ni Freda (que ya le gustaría haber sido inglés y hasta se cambió el nombre) ni muchos otros fueron populares ni forman parte de un imaginario colectivo nacional.
Y por supuesto poco tienen que ver con "lo español", que desde luego copió casi al dictado (bastantes veces con talento y no sólo patrio, ahí está Marco Ferreri) muchas cosas de allí: argumentos, estilos de actuación, tono...
Por otra parte, igual sucede en España. ¿Cuántas veces has escuchado las frases "poco españoles" o "hacen cine como si fuesen extranjeros" relacionadas con Drove, Mur Oti, Guerín, Borau, Llorca, Lacuesta o Serra?