miércoles, 10 de febrero de 2010

LA HISTORIA DE JIMMIE WILSON

El más bello fracaso de la historia del cine.
Con 56 años, David W. Griffith hace "The struggle", su segundo talkie, de pésima reputación, en unas condiciones deplorables. Olvidado, arruinado, sobrepasado, no sé en qué orden. Sería su última película.
Ver ahora, casi 80 años después de su estreno, esta obra suprema de los años 30 es un cruce de cables considerable. No sólo por la rabia y el asombro ante la ceguera de sus contemporáneos (y la injusticia porque ni el tiempo ni la crítica "moderna", tal vez demasiado moderna, no la han restituido a su verdadero lugar) sino sobre todo por la capacidad de un gigante por ir más allá cuando las condiciones son las peores imaginables.
"The struggle" es para mí uno de los pasos adelante más ignotos que dio el cine sonoro y una de las películas más desasosegantes de la historia del cine.
Más dura y profunda que "The crowd" de Vidor, mil veces más intimidante que "The roaring twenties" de Walsh, ésta es la obra clave del "cine de la calle", tan desnuda y en bruto como sólo muchos años después varios emblemáticos Rossellini, alargando la sombra de "The sorrows of Satan", una de sus grandes obras maestras silentes.
Y no lo es tanto por la innovadora técnica de diálogos superpuestos (como la que pusieron en práctica Howard Hawks, Wellman y compañía, pero sin comedia de por medio) sino por no hacer una sola concesión al proceso  de adaptación (sobre todo el de los espectadores) del mudo al sonoro a nivel temático y estilístico. Parece como si Maurice Pialat hubiese viajado en el tiempo hasta 1931 para mostrar esta historia de alcoholismo sin la menor conexión teatral (parece mentira que todavía alguno crea que es el grosor de la pared del decorado y si se mueve al cerrar una puerta lo que determina este hecho) y sin moralina final, un espejo desolador que devuelve una imagen (y sin subirla de clase social a un cómodo escalón, problemas de ricos, ni bajarla a los más sórdidos ambientes, como algunos Pabst) en la que no se querían reconocer muchos americanos inmersos en los años más duros de la Gran Depresión.
Es incómodo ver reflejado en la pantalla el drama de gente tal vez cercana (o de uno mismo) sin obtener consuelo ni sentirte a salvo de su alcance, identificado, señalado, aludido. No ha sido uno de los propósitos más rentables del cine pero sí una de sus más apasionantes empresas, quizá la definitiva cumbre y ademas doble, del realismo y de la ficción.
La película, sin embargo, apenas tiene momentos tensos, salvo al final, ni es especialmente melodramática.
El desconocido Hal Skelly, un wanderer que bien pudo haber salido de un film de Tod Browning y que apenas debutaba (murió tres años después en un accidente de coche, arrollado por un tren) soporta el peso del film admirablemente y pasa de borrachín alegre a marido responsable para caer por diversas circunstancias y sin coartadas ni dramas en el infierno de la bebida: una pura tragedia temporal como las de Ozu.
Jimmie bebe para celebrar algo, porque todos los días son iguales, por nervios, porque es divertido.
Ahh... Gail Russell, que estás en los cielos...
Su mujer intenta ayudarle pero acaba aceptando su condición e incluyéndola en su rutina (extraordinario el momento en que le quita los zapatos mientras duerme en un sillón y le echa por encima una manta como quien tapa un fardo), no obstante la degradación es imparable, inevitable.
Jimmie empieza metiendo la pata en fiestas, algunos aún se reían, pero termina topando con timadores que lo engañan y le hacen perder su dinero de la forma más estúpida. Todo está dado por Griffith sin agotar el efecto dramático, cortando la reverberación del mismo en cuanto resulta obvio. Así, cuando su hija  lo encuentra en la calle y lo sigue hasta un edificio abandonado donde ha ido a ahorcarse, Jimmie, paranoico, en delirium tremens probablemente, intenta pegarle. En ese instante, Griffith corta a un (sublime) travelling de su mujer corriendo por la calle en su busca. Cuando llega, él se derrumba por agotamiento pero sin haberla visto ni escuchado. Es un momento digno de "Akasen chitai".
La fotografía de Joseph Ruttenberg es contrastada y tan seca como la Ley que pudrió el país esos años.

27 comentarios:

dani dijo...

Hola, Jesús. Llevo algunas semanas visitando tu blog y es la primera vez que comento. El cineasta portugués Miguel Gomes dice que a veces las películas se olvidan de que estamos vivos y que en desmasiadas ocasiones parece que el cine detenga la vida para hacer arte. Yo lo aplico también a muchos escritores de cine: entre tanta palabrería polisilábica (cuánta impostura) se olvidan de que están vivos. Tus entradas, sin embargo, tienen vida como las películas que recomiendas. Gracias a este blog y a las aportaciones atinadísimas de Marías entre los comentaristas, esta semana he pasado momentos magníficos por primera vez con Mamie Stover, el tiburonero Aurelio y el íntegro Ben Allison. Soy de película diaria y, sin embargo no había visto estos dos Walsh y ese Alcoriza cumbre. Gracias por vindicar el cine auténtico y por orientarnos a los que tenemos verdadera curiosidad. Aprovecho para pedirte que le dediques un artículo a los libros sobre cine que te han dejado huella (pido disculpas si ya lo has hecho y no lo he visto aún; es que estoy leyendo poco a poco tus entradas en estos días que llevo por aquí)

Jesús Cortés dijo...

Gracias por el comentario. Ya tengo previsto hacer algo sobre libros de cine, pero no sé si será aquí.
Estas pasadas navidades sin ir más lejos pude conseguir por fin uno de los que más tiempo llevaba buscando, el de Jos Oliver y Erice sobre Ray, que me costó carísimo. Lo tenían en Madrid en "8 y 1/2" en una vitrina expuesto y en no muy buenas condiciones.
La mayoría de lo que me ha interesado siempre de todas fromas está en inglés o francés.

dani dijo...

No importa el idioma de los libros, siempre que sea inglés o francés y que llegue a alguna librería de Madrid... Cuando escribas de ello espero que pongas por aquí el enlace a la publicación para que podamos leerlo.

Por cierto, ojalá Erice fuera menos ¿perezoso? y escribiera y filmara más. Pedro Costa lo hace.
Ocho y medio me interesa, pero preferiría que hubiera menos caprichitos y adornos y más libros y revistas de las inencontrables

Jesús Cortés dijo...

Erice imagino que no quiere ponerle su nombre a algo que no controla totalmente. No creo que sea perezoso, desperdició muchos años en la adaptación del libro de Marsé y debe estar escarmentado de vaciarse de esa forma para nada (nada cinematográficamente, queda un libro). Yo casi le echo tanto de menos como escritor.
Pedro Costa es un buen ejemplo, aunque imagino que su constancia tiene que ver con su lentitud a la hora de trabajar.
Todos los "hijos", presentes y futuros, cinematográficos de Erice o Costa deben estar preparados para pagar el peaje de la espera... o pronto serán "ex-hijos".

dani dijo...

Viendo su extraordinario cortometraje Alumbramiento, uno no entiende que no exista un productor(siquiera de los "independientes" o de los que fantasean con "pasar a la Historia") capaz de arriesgar por una nueva obra de Erice. ¿Y una producción internacional? Oliveira sigue haciendo una película por año, y esperamos la siguiente con emoción

Jesús Cortés dijo...

Yo aún no he podido ver "La morte rouge", dicen que es fantástico también. Ahora vuelve Monte Hellman y ha vuelto Carax; el milagro aún es posible

dani dijo...

Vi "la morte rouge" tres veces en La Casa Encendida de Madrid, cuando la exposición con Kiarostami. Escuchar la voz poderosa del propio Erice punteando narrativamente los recuerdos de cine de su infancia fue sensacional. Era lo mejor de la decepcionante exposición. Salí inquieto, sin embargo: ¿quedaba Erice condenado a centros de arte?
Esperemos el milagro

Jesús Cortés dijo...

Tampoco es tan mala solución que algunos cineastas queden "recluidos" en esos espacios tipo museos y demás, visto el deterioro imparable de los cines. Aquí en Sevilla ya sólo quedan tres y un par de cinematecas que se caen a pedazos, el resto son multicines.
Sería conveniente que habilitaran mejor no obstante las salas donde proyectan o ponen videoinstalaciones y que no haya tres comodísimos sofas de diseño y que se queden 50 personas de pie.
Me molesta la incomodidad "per se" de los museos, como si allí no fuese importante que te sintieras a gusto y te obligaran a recorrer laberínticos pasillos y entrar en salas a oscuras.

dani dijo...

Cuando estuvo Hong Sang-soo en La Casa Encendida se le vio cara de estupefacción al ver la minisala en la que estábamos disfrutando de sus retrospectiva. Lo paradójico era que, mientras nos apiñábamos en la sala liliputiense para ver a uno de los mejores cineastas actuales, en la Filmoteca proyectaban películas coreanas sin apenas valor. Quizás fuera cuestión de derechos, no sé cómo va eso, pero perdimos la ocasión de ver todas las películas de HOng Sang-soo en la pantallaza del Cine Doré. A lo peor lo habrían condenado a la sala dos de la Filmo, minúscula. Estuvo a punto de ocurrir la primera vez que proyectaron en el Doré "Juventude em Marcha". Corrigieron el error a última hora. Quizás porque acudía Pedro Costa a presentarla.

Los centros de arte proporcionan comodidad cuando le dan importancia a lo que exponen. Y el cine no tiene aún categoría suficiente para muchos comisarios de museos y demás.
No me quejo de la Casa Encendida, eh, que gracias a este centro de la Fundación Caja Madrid hemos podido ver un ciclo de Claire Denis, el último Tsai y otras grandes obras... contemporáneas

Jesús Cortés dijo...

Yo ya no sé si es el propio público que suele ir al cine el que ha acabado propiciando ese escaso respeto cultural. No sé si aborrezco más a los comedores de palomitas o a los enterados que se pasean por cinematecas y festivales con la acreditación colgando del cuello; quizá son los mismos. Para mí el cine es como lo que decía Bill Shankly del fútbol, no una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. El contraste de ver un film en París me llamó mucho la atención. Fui a ver un Desplechin y daba gusto. Silencio, respeto, atención... tampoco es tanto pedir, digo yo.
Aquí hacen un festival de cine europeo para quemar subvenciones y la gente abuchea a Lisandro Alonso o les toman el pelo a los espectadores pasando Bèla Tarr sin subtítulos.
Y ahora, después de gastar millones en blu-rays y compañía, quieren que dejemos de bajar películas y nos pongamos unas ridículas gafas en las salas, para amortizar la tecnología que permite al muñeco salirse de la pantalla como si no fuese suficiente todo lo andado en cuestión de profundidad de campo.

dani dijo...

"Silencio, respeto, atención"
Por poco más te pueden considerar un idealista, Jesús, ten cuidado...

Roberto Amaba dijo...

Hola, qué tal Jesús,

The Struggle es aterradora. Y es cierta. Ayer y hoy.

Muchos de los cineastas que van de duros porque filman atrocidades, deberían ver esto y alguna cosa más de Griffith. Algunos se lo harían encima y se darían cuenta de que lo suyo, por más barbarie que contenga, nunca será lo mismo, no dará miedo, no despertará la mínima empatía. Que lo que están haciendo es la mejor forma forma de separarse de unas personas que no reconocen ni como suyo ni como posible, nada de lo mostrado. Esas pelis forman el verdadero género de la ciencia social-ficción. The Struggle es lo contrario.

Un saludo.

Jesús Cortés dijo...

Sí, ya que mencionaba a Pialat, no conozco muchos films que retraten la muerte y todo lo que acarrea (la espera, la nueva vida que viene, el egoísmo, la soledad) como "La gueule ouverte" y Griffith o Godard han dejado alguna de las historias más terroríficas y desapegadas sobre muchos grandes temas sin aspavientos ni pretensiones (sí, Godard) del cine.

Roberto Amaba dijo...

Citando ese travelling... era casi como un corte directo al de la Magnani.

Por otro lado y siguiendo con lo que comentábamos en mi blog. Yo, por lo menos, te agradecería que también pusieras cualquier texto aquí. Un copia-pega, hombre, no seas vago, jajaja.

Un abrazo.

Jesús Cortés dijo...

Bien visto lo de "Roma, citta aperta". También algo de "Paisá" y "Deutschland im jahre null" hay en "Isn´t life wonderful?".

Roberto Amaba dijo...

Creo que adelantamos más diciendo qué no hay suyo en los otros, jajaja. Puede sonar a tópico, pero es la verdad, y si no, uno se pone otra vez The Massacre (y otras tantas pre-1915) y lo comprueba.

Un saludo.

Jesús Cortés dijo...

No sé cuántos Griffith vió Rossellini, probablemente muy pocos; en esos años imagino que sería muy difícil acceder a ellos y peor en la Italia de los 30 y 40. Pasa muchas veces que se dan coincidencias de puntos de vista y "afinidades electivas" porque la historia se repite. La niña que vaga por las calles de esta "The struggle" recuerda al niño Edmund de "Deutscland..." porque por desgracia todos los desamparados se parecen.
Sólo cuenta para mí la sensibilidad con que lo cuentes; el vano intento de resultar el primero en decir algo o ser original o caer en la cuenta de algo sorprendente se viene abajo fácilmente en cuanto encuentras que ya se dijo o se pensó y te deja sin nada. Lo mismo se puede aplicar a la crítica de cine.

Roberto Amaba dijo...

Exacto Jesús, en el cine y en todo. Qué no se habrá dicho ya. Lo importante es decirlo (volver a decirlo) no sólo como una variable de estilo (que es lo que argumentan muchos escritores, por ejemplo), sino de sentimiento, de actitud. Se puede ser un cero en originalidad pero ser honesto, y se puede descubrir la veta de la originalidad en un campo siendo un cretino.

Aunque todo termina relacionándose, no es sencillo separarlo.

Un saludo.

Jesús Cortés dijo...

En esto yo he aprendido más del rock que del cine. Es cierto que "Kill city" de Iggy Pop (y James Williamnson) suena a The Rolling Stones, pero es un disco maravilloso de todas formas. Y algunos de mis grupos favoritos (de todas las épocas: Mott the Hoople, Drive-by Truckers, Mother Love Bone, Tom Petty...) son claramente "derivativos" pero yo aprendí a amarlos igualmente que a T. Rex o Bowie, Lynyrd Skynyrd, Queen o Buddy Holly.

alberto de mieres dijo...

Extraordinaria película de Griffith.
Y ya que mencionas algunas de tus bandas preferidas, y sabiendo de tu buen gusto musical, estaría bien que de vez en cuando comentaras algunos de tus conciertos favoritos -no en disco,claro-, y de paso tus cintas predilectas que traten de una manera directa o indirecta el mundillo del rock n' roll y sus artistas, incluyendo también un estilo tan cinematográfico como el Jazz.
Uno de mis preferidos sería sin duda el interesantísimo Elvis on Tour, por ponerte un ejemplo, hay un buen puñado.
Saludos

Jesús Cortés dijo...

Conciertos favoritos, muchos, desde Blind Melon en el 95 a Raging Slab en la gira de "The dealer", pasando por Hanoi Rocks, Kiss, Stones, Iggy, Monster Magnet, Redd Kross, Faith No More, Soundgarden, Jayhawks, AC/DC, Dylan, Anthrax, Neil Young... "Elvis on tour" está muy bien, pero siguen faltando grandes películas sobre rock, no biografías ni crónicas de sucesos; quizá no sea posible transmitir esa pasión de otra manera y está bien así, no sé.

C. V. Moure dijo...

Me gusta la imagen que has puesto en la cabecera, Narciso Negro, impresionante.

Un saludo

Anónimo dijo...

Hola, Jesús, es un poco tarde (he tenido unos días muy complicados), pero no quería dejar pasar la ocasión de felicitarte por una de las mejores cosas (tuyas y no tuyas) que he leído; de las pocas, además, mínimamente dignas que pueden leerse sobre Griffith (un cineasta al que unos insultan y del que otros escriben "de oídas", repitiendo tontadas de segunda mano). Precisas, además, todas las conexiones con películas posteriores. En especial por recordar a Pialat, que (puede que sin conocerlo) era muy griffithiano, y al que habría que recordar más a menudo.
Ah, la palabra "perezoso" es muy inadecuada para Erice. Pero ¿creéis que a algún productor de este país le gustan "Alumbramiento" o "La Morte Rouge", incluso "El sol del membrillo"? Un problema adicional para Erice es que parece el único no dispuesto a renunciar al montaje final.
Miguel Marías

Jesús Cortés dijo...

Gracias, Miguel.
Nunca es tarde si pasas por aquí, aunque me ponga colorado al leer estos comentarios viniendo de quien vienen.

Anónimo dijo...

Muchas veces no añado ni comento nada porque no tengo que añadir nada (como "Sansón y Dalila"). No sabes el trabajo que me ahorras. A algún loco que pretende que haga yo un blog le digo que lea el tuyo.
Miguel Marías

Sergio dijo...

¿Y Lluis Miñarro?, ¿no podría ser un buen productor para Erice?, seguro que por Europa también los hay, pero por quedarnos cerca...

Un saludo

Jesús Cortés dijo...

Sergio, a mí también es de los pocos que se me ocurren.