viernes, 22 de octubre de 2010

WHITE TRASH

De todas las grandes películas de Luis Buñuel, son seguramente las dos que filmó en habla inglesa, "The adventures of Robinson Crusoe" y "The young one", las que menos atención han despertado.
Como sucede con Renoir, quizá también con Ophüls - con la excepción de "Letter from an unknown woman" y seguramente debió influir desde siempre que fuese una adaptación de Stefan Zweig, europea, de prestigio y no un film de género - el reconocimiento otorgado a - y que merece - esa parte de su filmografía ha solido caminar a un ritmo más lento, con pertinaz puesta en duda de cualidades dadas por asentadas antes de acometer el reto - lleno de desconfianza desde el mismo momento en que se supo que probarían suerte, un poco como sucede ahora con las aventuras francesas (algunas veces y por desgracia con razón: la pésima "Visage" de Tsai Ming-liang), de directores orientales.
Diría que es más fácil encontrar reales o potenciales partidarios a estas alturas de "Robinson Crusoe", cuyo mayor hándicap es que es una de las películas menos vistas de su obra, orillada por prejuicios apriorísticos (y sin fundamento porque la afinidad con los cuentos, las historias de aprendizaje, estaba ya presente en "El gran Calavera", "El bruto", "La ilusión viaja en tranvía", "Subida al cielo", "Don Quintín el amargao", etc.) sobre la adecuación de la gran novela de Defoe al universo buñueliano. Es una adaptación elíptica, fulgurante, modélica.
"The young one" (de producción más mexicana que americana) en cambio la conoce casi cualquiera que se ha interesado por su carrera y aún así permanece en ese pelotón de las obras atípicas (que automáticamente se etiquetan como no del todo logradas), impura, con interés no más que complementario.
Para mí, que siempre me parecen muy interesantes y reveladoras las salidas del "hábitat" natural de un cineasta, que a veces prueban sus fuerzas, muestran nuevas habilidades o recursos y hasta consiguen engrandecer y reforzar su potencia creadora si consiguen tener éxito aunque se trate de una victoria interior, poco entendida o hasta pírrica, Buñuel, nómada involuntario, es un canon.
Por supuesto hay resultados para todos los gustos, pero, por ejemplo, creo que sin los sinsabores de la última parte de la carrera en Estados Unidos de Fritz Lang, hoy día no tendríamos o no serían tan grandes ni "Der tiger von Eschnapur/Das indische grabmal" ni "Die tausend augen des Dr Mabuse". Es también significativo comprobar lo bien que consiguió ambientar Ingmar Bergman su "The serpent´s egg" en la Alemania pre-nazi, rodando en inglés y alemán, sin alejarse y hasta dando una nueva dimensión  a sus temas y obsesiones, quizá por reducir los diálogos casi a la minima expresión, demostrando una versatilidad admirable. Y Abbas Kiarostami acaba de hacer su mejor película en un pueblito de la Toscana y hablada en francés, inglés e italiano.
"The young one", que sería más apreciada de haberla firmado Tourneur, Fuller o Vidor y que como "Robinson Crusoe", demuestra que Buñuel era consecuente cuando mencionaba a "White shadows in the South Seas" entre sus películas favoritas, es en mi opinión una de sus obras maestras.
Tal vez le ha perjudicado que haya sido repetidamente catalogada como una obra de encargo fallidamente erótica y exótica - que es precisamente lo que no es - en lugar de ser vista como un drama primitivo, sobrio y tenso, con un vociferante y sucio Zachary Scott, lo más cercano a un western que nunca hizo, mejor y bastante más atrevido, menos recurrente a "marcas registradas" que "Viridiana", que sí lo colmó de premios al año siguiente.
Y es desde luego uno de los mejores retratos que el cine ha dado sobre la intolerancia que nace de la ignorancia, encarnada en la versión rural de aquellos desheredados que dejó la Segunda Guerra Mundial y que poblaron tantos thriller de los 40 y 50, incluído el negro Traver, que podría haber sido, de haber podido regresar a Estados Unidos, el mismo de "Senza pietá", "Paisá" o "Vivere in pace".
Al no centrar el punto de vista en el personaje inocente e inexperto (quizá con algún tipo de retraso) que interpreta la efímera actriz Key Meersman, ni tan bonita ni catalizadora de los acontecimientos - como sí lo fue la protagonista de "Susana" unos años antes - evitando que surjan comportamientos ocultos o embarazosos que pudieran dar pie al humor o la ironía, "The young one" es la más seca de sus películas, donde conceptos que suelen generar debates éticos como el racismo o el estupro son presentados de la forma más brutal, como puros impulsos salvajes de quien no conoce o se sabe lejos de la civilización y su moral, quizá la más exacta de las encarnaciones de la revolución de los dictados de la psique sobre las costumbres y las cortapisas sociales.
Sobre esa masa de deseo y violencia que se abre paso con perfecto clasicismo, bellamente encuadrada pero sin ese efecto mágico de "The night of the hunter", de la que parece inspirarse en planos exteriores, poco tiene que "corregir"  y menos aún espiritualizar el sacerdote que aparece (con traje y corbata, bien peinado, limpio, urbano, equilibrado) a la hora de película, una especie de contracopia del personaje atormentado que interpretara Paco Rabal en "Nazarín".
En aquellos inhóspitos y sordos manglares no queda lugar para orden alguno y el fracaso de cualquier intento por establecerlo, como en "Wind across the everglades", conlleva el riesgo de terminar comprendiendo y adoptando las conductas que se quieren reconducir.
Buñuel, como siempre hizo y a diferencia de Ray, lo resuelve sin tragedias, insuflando aún si in extremis ese tipo de humanismo con el que se identificaba, asocial, impulsivo y, cuando fuese posible, epicúreo.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo con tu aprecio de esos dos Buñueles anglófonos, ta despreciados y tan poco conocidos. A mí "The Young One" me recuerda dos Renoir americanos, "The Southerner" y su versión de "The Diary of a Chambermaid", además de "God's Little Acre" de A. Mann y "Tobacco Road" de Ford, otras dos películas (basadas en Erskine Caldwell) poco apreciadas y raras en las carreras de esos directores, y hasta un poco "The Lawless" de Losey.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Buñuel. Como es propio de él, cuando toca un tema conflictivo (aquí, el racismo) no lo hace del modo "conveniente" (y complaciente) que se espera. Imagino que si en su momento pasó sin pena ni gloria (sobre todo en Estados Unidos, que es donde más debía interesar) es porque no hay rastro de lo que entonces se denominaba "humanismo" (hoy sería "buenismo"), propio de películas como "Edge of the City". "The Young One" debió disgustar tanto a los racistas como a los antirracistas, quienes no se encontraron con ningún personaje inmaculado con quien identificarse. Quizás gustó a los pocos negros que la vieran: si en 1960 era insólito que una persona de su raza fuese el protagonista, más aún lo era (no recuerdo otro caso) que no fuera amistoso, servicial y de buen corazón. El protagonista es decidido, obstinado, inteligente, mañoso y tiene un espíritu libre y orgulloso. No hace el mínimo esfuerzo por caer simpático.
Pero supongo que, hoy día, tampoco gustará a los negros: los personajes racistas no son seres abyectos ni totalmente condenables.
Si Buñuel viviera ahora, tendría problemas con la moral vigente, la políticamente correcta. Aunque él estaría encantado.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

No, ese mismo año 1960 precisamente hay otro negro nada servilista ni adocenado, "Sg. Rutledge" de Ford, también y no sé si por parecidas razones, persistentemente subvalorada.
Y hay una coincidencia más entre ellas: el personaje que interpretaba Woody Strode respetaba al de Constance Towers como lo hace este Traver a la adolescente Evvie, más que nadie en la película, sin tomar ventaja de ella.

Anónimo dijo...

Rutledge, siendo un personaje absolutamente digno, tiene sin embargo asumido que su puesto (y el de su raza) en la sociedad ha de ser de segundo orden.
Traver, el personje de Buñuel, sabe que el orden social es así, pero no lo acepta. Y responde y se enfrenta a los que le atacan, tratándoles de igual a igual.
Rutlegde es un personaje que puede ser aceptado sin problemas por la sociedad blanca de la época. Traver no.
Por otro lado, la película de Ford (que fue un fracaso comercial y, como todas las de su última época, no fue bien recibida por los críticos, luego su intención crítica fue rechazada o ignorada) presenta a una sociedad blanca que recela de la amistad de un negro con una joven blanca y que acepta sin titubear que éste sea el culpable de una violación y asesinato. Pero al menos están los protagonistas, cuya entereza moral permiten un asidero al espectador.
En la de Buñuel no. Los tres blancos son, en mayor o menor grado, racistas. El único personaje puro es la adolescente, pero con quien tampoco llegamos a identificarnos (como por lo demás con ningún personaje de la obra de Buñuel) quizás porque su ingenuidad más bien se deba, como tú señalas, a un ligero retraso mental. Buñuel es más desasosegante.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Es interesante el tema de la identificación con los personajes de Buñuel. Rara vez alguna de sus películas resulta verdaderamente emocionante porque no se suele expresar nunca a través de ninguno de ellos y los hay admirables o por lo menos de una pieza, inteligentes y coherentes. Que pudiese controlar que tampoco el espectador sintiera total empatía con ellos responde claramente a un dominio de la puesta en escena y de la dirección de actores, que siempre fue minusvalorada o dada por "ausente", extraordinaria. En eso es en lo que más se acerca a Hitchcock, en haber sido capaz de establecer una relación con sus personajes igual a la que consigue que tenga el espectador, suministrando sólo la información que le interesa. Cuando se habla de "creadores de universos personales" y se les situa por encima de cineastas que aparentemente sólo aplican su talento a un material determinado, se piensa sólo en ambientes y derivas puramente estéticas y se olvida el verdadero control de qué se da a ver, qué se oculta, qué se sublima o qué se reprocha de lo mostrado.

Anónimo dijo...

Muy bien, Jesús, hablemos de la identificación y de la narración.
Pienso que, hablando a grandes rasgos, los anglosajones son los maestros de la narración. Y para conseguir que el lector o el espectador se introduzca más en la historia que cuentan utilizan, entre otras estrategias, la identificación. Identificación no hasta el punto de pensar o sentir lo mismo que los protagonistas (lo cual sería imposible) sino de comprenderlos, compadecerlos, conmovernos con ellos. Los protagonistas suelen ser jóvenes, agradables y bastante agraciados físicamente. Si además son "estrellas" la identificación funciona aún mejor. Hitchcock es ciertamente quien mejor ha dominado estos principios que tan básicamente expongo; principios a los que precisamente por dominar tan bien, les da la vuelta o juega con ellos para innovar en el relato y/o para burlar las expectativas del espectador (por lo demás, en todas sus grandes películas, comprendemos y sentimos lo que viven los protagonistas... pero no todo, ni mucho menos, pues hay en ellos gestos, reacciones, zonas de sombra que ni tras repetidas visiones terminamos de entender).
Buñuel, que es uno de los más grandes narradores, no utiliza en cambio la identificación. Comprendemos en buena parte a los personajes pero también, continuamente, éstos nos sorprenden haciendo que nos distanciemos o que les miremos críticamente. El hecho de que no empaticemos con ellos (al menos de forma continua) no implica que no sean películas emocionantes (¿quién no se quedó impactado la primera vez que vió "Los olvidados"?). Ocurre que en Buñuel, pesimista radical, los sentimientos que prevalecen no son los que llamamos "positivos".
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Bueno, yo decía emociones y me refería a las que conmueven y dejan al descubierto una intimidad quizá hasta en contra de los intereses del propio director; eso es muy particular de cada uno y lo que a uno le electriza a otro le deja indiferente o no le llega con esa intensidad, pero creo que a Buñuel le satisfacía más, en general, hablar en tercera persona. Por supuesto que me provoca emociones Buñuel, pero sobre todo relacionadas con su inteligencia, como Preminger.
El riesgo que tomó Hitchcock en “Vertigo”, a pesar de la gloria que le ha dado, no creo que se lo recomendara él mismo a nadie. Y de “Topaz” mejor no hablamos porque ni siquiera ha conquistado el lugar que le corresponde.
Ahora, visto con perspectiva, es una lástima que un libro tan importante para la crítica como aquel que hizo con él Truffaut, esté bajo el prisma de un director de “emociones reconstruidas” como François, que yo aprecio, pero que dejó en penumbra una parte fundamental de su obra.
Y estoy seguro que Billy Wilder quería mucho más “Kiss me stupid” o “Avanti!”, que adoramos (y preferimos, sin complejo de culpa) cuatro excéntricos que “Double indemnity”, que gusta a todo el mundo y tan famoso lo ha hecho.

Anónimo dijo...

Efectivamente, Jesús, Buñuel reprime o rechaza sentimientos como la ternura, la emotividad o el cariño amoroso. Y esto es una limitación suya (aunque este menosprecio se le aplaudió desde un comienzo como un valeroso rechazo del "sentimentalismo").
Hitchcock acepta la ternura y la emotividad y sobre todo el afecto amoroso (y no sólo la pasión como Buñuel). Al menos hasta "Marnie". Tras ella, obvia la intensidad del amor romántico: "Topaz" no está muy lejos de la visión del mundo de Buñuel.
Jesús, me gustaría que desarrollaras lo que dices sobre el libro de entrevistas con Hitchcock, el cual pienso que es, junto a sus críticas y a sus cuatro primeras películas, lo mejor que hizo Truffaut. ¿Quieres decir que debió preguntarle por los contenidos o por los sentimientos o por las implicaciones personales y no sólo por las cuestions formales?
Creo que no hubiera conseguido mucho: eran aspectos sobre los que Hitchcock se negaba a debatir.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Ten en cuenta que es de los primeros acercamientos populares a su obra, junto a los de Chabrol y Rohmer. Sus películas eran demasiado taquilleras para haber sido objeto de veneración crítica. Se nota a Hitchcock en ese libro, por fin tratado con honores, muy pendiente de conducirse por los caminos que le marca ese joven francés tan estudioso, que prefería "Notorious" (eso estoy cerca de compartirlo) y "Rear window" (mucho menos) sobre el resto y encontraba una complicidad en el maestro sobre los defectos que veía en casi todas las demás, incluídas las más grandes suyas. Truffaut por su parte tendía a "elevar" de categoría las obras más fácilmente defendibles, las más perfectas e irreprochables, buscando asentar una nueva clase de prestigio. Y lo consiguió; nadie más ha vuelto a ver su cine como un divertimento.
Pero ahí quedaron atrás "The trouble with harry", "Topaz", "Marnie", "Vertigo" y otras que refejaban un lado más privado, personal, romántico, mucho menos brillante e inmediato. Truffaut, buen director desde luego, algo sobrevalorado en mi opinión, no entendía toda la complejidad de Hitchcock y ahí tienes sus intentos (simplificadores) por aproximarse a su mundo para comprobarlo.
Es fácil laurear a poetas y héroes efímeros pero muy complicado hacer justicia a creadores de esa magnitud y trayectoria, que aún crecían cuando se les empezaba a mirar con respeto, que habían multiplicado por cinco su potencia creadora. Spielberg o Milius también señalaron "The searchers" como una película clave pero no dijeron nada de "7 women" ni de "They were expendable". Hacer justicia a gigantes como Hitchcock o Ford es un trabajo "común", estratificado, de aproximaciones sucesivas. Fíjate Godard, que aún hace guiños a "Marnie" en "Film socialisme", consciente de que aún no hemos acabado de considerar o deberíamos volver a hacerlo, un film tan mayestático.

Anónimo dijo...

Jesús, antes te respondí pero, por lo que veo, el texto se ha perdido.
Te decía que creo que Truffaut, dentro de las limitaciones que tuvo, consiguió un resultado extraordinario. Pero las limitaciones vinieron por parte de Hitchcock, que aceptó la entrevista en los términos, y tocando los aspectos, que él creyó conveniente. Por lo demás, de una forma o de otra, debía de ser lo habitual: recuerdo una entrevista filmada en la que, antes de comenzar con las cuestiones, Hitchcock (muy afablemente) procedía a marcar el encuadre, la iluminación, etc.
Truffaut consiguió que Hitchcock pasara del tono anecdótico y humorístico del primer capítulo (que era el que normalmente preferían los periodistas) a otro más riguroso, más apropiado para analizar su trabajo. Quizás no hablaron de "Marnie" o de "The Trouble with Harry" todo lo que merecen estas obras, pero debió de ser porque Truffaut pensó que Hitchcock no tenía más que decir o porque directamente no le apetecía hablar más de ellas (a fin de cuentas, y según su modo de pensar, si no habían interesado a los espectadores, eran en cierta forma un fracaso).
De cualquier manera, lo que le interesaba a Hitchcock comentar eran aspectos relativos a las cuestiones formales, la relación con el espectador, la audiencia... Esto es de lo que habla en las entrevistas serias que concedió antes y después que conozco (con Domarchi y Douchet, con Bogdanovich, con Lightman, con Nogueira y Zalaffi). Quizás Douchet consiguió sacarle algo más que juicios sobre técnica y narrativa en una entrevista que le hizo en 1963 y en la que parece ser que se mostró bastante colaborador. ¿Alguien sabe dónde se publicó?
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

De ese año 63 sólo tengo por algún sitio una entrevista que le hicieron Ian Cameron y Victor Perkins. Lo mismo está en alguna edición de su libro del 67 que se reeditó si la memoria no me falla a finales de los 90.
Era un entrevistado difícil, eso es evidente; tenía casi 60 años cuando alguien publícó la primera vez un libro sobre su obra, tres vidas y pico con una carrera como la suya. Tampoco a Buñuel, back to the topic, le sacó todo el provecho el libro más famoso, el de Carriére, un aprovechado.
Sobre la mayoría de directores falta ese libro definitivo y hay que hacer acopio de unos cuantos para hacerse una imagen más o menos completa.
Ahora ya es muy complicado y quizá baldío escribir sobre algunos de ellos para iluminar o hacer conjeturas sobre aspectos inéditos de su personalidad o sus intenciones, hace muchos años que murieron, ya no queda casi nadie que los conociera en vida (y esté activo y/o lo escuchen) y todo se vuelve "de segunda mano". Sólo quedan las películas, esa forma de inmortalidad como dice Apichatpong Weerasethakul, y por eso seguimos hablando de ellos.
Respecto a los comentarios, si son largos, lo más práctico es seleccionar y copiar antes de pinchar el botón de publicar, por lo que pueda pasar.

Anónimo dijo...

Hola, Jesús. Tengo el libro de Douchet sobre Hitchcock en una edición de Cahiers de 2006, pero en él no aparece ninguna entrevista. Quizá se deba a que, por ser de bolsillo, sea una edición reducida.
En cuanto a los libros sobre los grandes directores, las biografías(si están bien hechas y si el escritor no adopta una postura displicente sobre el autor) me parecen una lectura entretenida y los de entrevistas pueden llegar a ser reveladores cuando el artista quiere y sabe expresarse. Aunque éstos sean más fáciles de leer, los mejores libros son aquellos que muestran bajo una nueva luz aspectos de la obra del artista. La obra, no la vida o las intenciones de éste es lo que a fin de cuentas lo que de verdad importa.
Por lo demás, en cuanto a las intenciones ¿cómo podemos conocerlas? Incluso si el artista las declara ¿tenemos que creerle? ¿sabe definirlas? ¿están conseguidas?
Termino regresando a tu estupendo artículo (que, por cierto, no necesita ni de la biografía ni del saber las intenciones de Buñuel) que concluye con un inesperado paralelismo con Ray. Además, es excelente tu observación de que, al contrario que Ray, Buñuel no resuelve sus historias con tragedias (si no lo pensamos, la sensación que nos da su obra es la contraria). Un último detalle: siempre me ha parecido "The Savage Innocents" (por su acercamiento antropológico, por su desconfianza de la civilización, por su violencia, por su humor) muy buñueliana.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

"The Savage innocents", que es la película de Ray con más ramificaciones hacia detrás y hacia delante, conecta para mi gusto por un lado con Flaherty, Ford o Henry King y por otro con Straub, Garrel, Cottafavi y hasta Brisseau, el único vivo que sería capaz (quizá también Claire Denis ahondando mucho en su lado más lírico) de aproximarse a algo así hoy día.
No hay compartimentos estancos en el cine y dos mundos tan alejados en teoría como el de Ray y el de Buñuel pueden comunicarse y de hecho lo hacen, por el lugar más insospechado. Como lo hacen también Bresson con Lubitsch, Hitchcock con Dreyer, Walsh con Rossellini...
El tema de la muerte es las películas me parece siempre muy interesante. Cuándo se liquida un personaje y porqué. Creo que Welles muere en todas sus películas. En Buñuel hay relativamente muy pocas muertes (¡hasta la de "Abismos de pasión" se resiste a serlo!) y en su etapa final, abiertamente se ríe de ella, la ridiculiza. Fíjate la explosión final de "Cet obscur...", que deja a los terroristas aquellos en ridículo, como si nadie más tuviese derecho a matar un personaje excepto su director.