lunes, 20 de diciembre de 2010

UNDERWORLD U.S.A.

Es un caso singular en la historia del cine.
Cineasta joven, más que prometedor, que había empezado su carrera tan sólo tres años antes debutando con un film nacido clásico ("The boy with green hair" en 1948) y habiendo hecho una segunda película ("The lawless")  que, sin llegar al nivel de la primera, había cosechado merecidos elogios de parte de la crítica y además era necesaria para crecer, asentar una serie de intereses, filiaciones, intenciones para el futuro... y que de repente acomete el remake de un film mítico, de esos llamados intocables, condenado de antemano a ser mirado de reojo o, a lo sumo, con la curiosidad que se presta a los "pecados de juventud".
Pero resulta que, arengado (mal aconsejado se pensará sin haberla visto) por el productor Seymour Nebenzal que ya intervino en el original veinte años antes y contando con la estrecha colaboración del actor - al que todos recordamos hasta sin conocerlo por ser quien da la voz de alarma para denunciar el robo que prende la mecha de "Marnie" - y director de un único film (el olvidado y estupendo "The lost moment" en 1947) Martin Gabel, "M" de 1951 resulta ser extraordinaria.
Sorprendentemente para quienes la hemos conocido hace poco  y evidentemente para los pocos que ya lo advirtieron en su día. Una película, para no dar más rodeos, tan buena o mejor que la que Fritz Lang había señalado como su preferida de cuantas él mismo había dirigido.
Hay realmente de todo más tarde en su filmografía (con para mí al menos otras seis películas excelentes: "Mr Klein", "Time without pity", "Blind date/Chance meeting", "The damned", "Figures in a landscape" y "The sleeping tiger"), pero una estrella al menos debería lucir en el pecho de Joseph Losey: ni siquiera su buen amigo Nicholas Ray cuenta con cinco obras consecutivas (a las tres citadas, hay que añadir las espléndidas "The prowler/Cost of loving" y "The big night", ambas igualmente de 1951... eran otros tiempos) sin bache en el inicio de su fulgurante carrera.
"M", que en ningún momento parece que esté americanizando ninguna historia y se arriesga a olvidarse sanamente de casi todo lo que hizo tan llamativa a su ilustre predecesora (que no hay que olvidar que no era una obra de madurez ni nada parecido en la filmografía del maestro, que a su vez trataba de probar, sondear muchas nuevas cosas que había traído el cine sonoro), se aplica en alumbrar y poner el acento en algunos aspectos ya presentes en "M: eine stadt sucht einen mörder" sin cebarse con los dos más obvios: el desequilibrio del asesino y la alarma social que causa.
Antes bien se ocupa de mirar a fondo desde los dos puntos de vista "corporativos" simultáneamente, ambos bien conocidos.
El de la policía,  sin pistas, poniendo en tela de juicio su reputación ante la opinión pública, incapaz de encontrar a ese desequilibrado que está asesinando niñas y por otra parte el del hampa que ve como la policía, practicando redadas en bares y garitos de juego, pone en peligro el negocio que tan bien organizado tienen y dándose cuenta de que más les vale arreglar el problema por sus medios en lugar de quedarse a la expectativa. 
Las principales novedades llegan en la escritura.
Es un film tan dinámico que no parece depurado. No tiene un solo subrayado de cámara o en la planificación de las escenas, que siempre están tomadas desde el ángulo más significante (pareciendo culminar constantes retos de encuadre), haciendo que se confundan - y hasta que en cierto sentido se complementen, sin ironías ni alusiones sociológicas - los métodos de actuación legales con los que no lo son, que curiosamente anticipa al Lang más "langiano" de la última parte de su carrera en Estados Unidos y de su mayestática obra final, todos sus personajes enjaulados, oprimidos en decorados neutros, el Lang que menos creía en las personas, pero tampoco ya en la justicia.
Losey escoge para encarnar al perturbado a un actor (David Wayne) sin carisma ni un aspecto físico peculiar, en las antípodas de Peter Lorre, pues será la base de su planteamiento.
Con sus traumas infantiles, desviaciones sexuales o esquizofrenias recurrentes a cuestas, qué más da, podría ser cualquiera, no es otra cosa que el desencadenante y el catalizador de la quiebra cual castillo de naipes de toda la estructura que protege a los ciudadanos... y de la otra "organización" (aunque menos eficiente, más eficaz, sin burocracia, sin intereses superpuestos)  que les proporciona lo que el sistema legal les prohíbe.
La precisión con que Losey es capaz de mirar desde tan alto teniendo tan pocas horas de vuelo es algo que impresiona, especialmente en la larga escena que se desarrolla en el centro comercial vacío donde ha ido a esconderse finalmente el criminal, un alarde de construcción "arquitectónica" del suspense, a varias alturas, con uso ejemplar de la perspectiva, digna del mejor Hitchcock.
El impactante final, con el, estoy seguro, muy pensado escenario de un aparcamiento, con la rampa por la que termina bajando la policía (sus difusas siluetas más bien) a ese submundo donde ha sido juzgado, condenado y ha cumplido el veredicto el asesino, es el mejor de la carrera de Losey.

4 comentarios:

bruno andrade dijo...

Cada vez mais me parece o filme central da obra do Losey - nele o Losey tanto aperfeiçoa os experimentos de The Boy With Green Hair e The Lawless quanto prefigura os universos de The Big Night e Time Without Pity e as estruturas de Mr. Klein e The Sleeping Tiger. Como você muito bem disse, é um ponto de culminação da obra dele.

Jesús Cortés dijo...

Sí, una de sus tres o cuatro mejores películas. También Ray (primera película), Mankiewicz (cuarta película, pero en su segundo año), Polonsky (primera película de nuevo), Lupino (segunda película), Fuller (primera película), Wise (segunda película) y otros que se me olvidan alcanzaron rápidamente la cima o una de las cimas indiscutibles de su carrera. El cine americano en esos años tenía un nervio increíble.

bruno andrade dijo...

Realmente tinha, basta ver a espantosa lista de créditos deste filme - Losey na direção, Aldrich na assistência de direção e Don Weis (assistente da Lupino em Never Fear) trabalhando junto a Aldrich na função de 'dialogue director'.

Anónimo dijo...

Tampoco hay que olvidar la presencia del magnífico director de fotografía (un frecuente cómplice de Aldrich), la excelente música del misterioso Michel Michelet (futuro compositor de Lang) y toda una legión de técnicos y de actores secundarios que, junto al sentido visual de Losey (entonces más nítido y claro que a partir de "The Servant"), ayudado por John Hubley, la fotogenia de cualquier calle americana y otra serie de elementos en cierto sentido "dados", permitían más fácilmente que hoy que un novicio con talento e ideas claras crease una obra que es hoy, sin duda, mucho mejor que en 1951, y que mejora con cada revisión - cosa infrecuente en Losey -, hasta el punto de haberse convertido para mí en la obra máxima de este cineasta.
Miguel Marías