sábado, 7 de mayo de 2011

LAS FÉRTILES TIERRAS NEGRAS

Las siete películas dirigidas por Yuliya Solntseva tras la muerte de su marido, el gran cineasta Aleksandr Dovzhenko, parecen conformar por las copias nada fácilmente accesibles de tres de ellas y las muy lejanas e intrigantes pistas y comentarios localizados (de la época en que se estrenaron, luego prácticamente nada), un caso único en toda la historia del cine.
Yuliya, que con Dovzhenko aún vivo ya había dirigido un par de films inencontrables, es casi exclusivamente recordada por su icónica imagen cuando encarnó a la Reina de Marte, "Aelita" aquella fantasía extraterrestre comunista a la zaga de "Metropolis" consumada por Protazanov.
La herencia en forma de guiones y notas para rodaje y todas las horas compartidas en la realización de las otras cinco películas y documentales en que colaboraron durante años, cristalizan, desaparecido Dovzhenko, en un fascinante híbrido que contiene algunas de esas ideas visuales y de estructura que otorgaron fama al cine del maestro ucraniano, cuales fantasmas juguetones que no quieren marcharse, y un buen número de elementos sorprendentes filtrados de las más insospechadas fuentes.
Sólo por lo que decía Godard de una de las hoy día invisibles, "Zacharovannaya Desna" de 1964, ya habría que salir corriendo detrás de cualquier cosa firmada por Solntseva y las pruebas vivientes lo confirman.
Esas tres películas, "Poema o more" en 1959, "Povest plamennykh let" del 61 y "Nezabyvayemoye" en 1968 son, perfecta y hasta rotundamente preferibles a cualquiera de las que llevan el nombre de Dovzhenko e independientemente de lo representativas que puedan ser de su cine - y sería mucha coincidencia que fuesen las únicas valiosas - constituyen una suculenta parte del tesoro que tienen enterrados en sus archivos la Mosfilm y la Kievskaya.
Es incomprensible realmente. Por muchos problemas legales o de derechos de edición que pueda haber, muy deteriorado que esté el formato Sovscope que las vio nacer (perdió nitidez, pero parece por las copias disponibles que no más que el trucolor y similares; quizá en el sonido es donde haya mayor pérdida) y mucha indiferencia por la recuperación de algo que debe considerarse poco exportable o poco demandado, la belleza y la inventiva de estas películas es universal y será eterna, con lo que privar a tantos aficionados de su visionado no tiene excusa posible.
Todo el lirismo del viejo cine soviético, sus paisajes y su poesía, combinado con el surrealismo estructural, la explosión de colores y texturas de la iconoclasta nouvelle vague serviría para hacerse una buena idea de lo que esconde el cine de Solntseva.
Hace como 25 años todavía era habitual que la primera de ellas, "Poema o more" fuese citada en listas de favoritos, incluso en puestos altos. Imagino que era la única que se había visto en bastantes Filmotecas, aún se recordaba bien y se sentía muy presente la mano de Dovzhenko sobre ella, muerto tres años antes y tuvo más o menos la atención que merecía.
Para muchos quedó incluso más como la obra póstuma de él - tal y como sucedía en los créditos del film, mencionando en dichas listas su nombre primero y hasta obviando el de Yuliya, una simple ejecutora aplicada pensarían, que debió encontrarse casi todo hecho - que como el debut internacional de ella y en ese segundo caso, como la única, debido a la falta de distribución de las anteriores y las que vinieron luego.
Ahora tenemos el ejemplo inverso con Daniéle Huillet, a quienes todos en mayor o menor medida y quizá equivocadamente también, atribuíamos un papel complementario en el cine producido junto a Jean-Marie Straub.
"Poema o more" parece efectivamente uno de esos films que sólo se ruedan una vez, tan exultante y épico como emotivo y desenfadado, algo así como el resultado de combinar Marc Donskoi con el Rossellini de "India: Matri Bhumi" y el primer Demy, repleto de lo que parecían hallazgos incubados a dúo, quizá se pensó que adornados impúdicamente por ella, no dejando claro en todo caso si sus audacias eran producto de un liberador arrebato de autoría coincidente con el aroma de cambio que flotaba ya en el cine de todas partes o únicamente de la voluntad de plasmar lo más fielmente el último aliento del ilustre cineasta fallecido, acreditado inventor de formas y que se dejó muchas cosas en el tintero, reponiéndose de entre los muetos del fiasco de su última obra.
"Povest plamennykh let", por ser la segunda que filmó y consecuentemente la única que puede dar idea de la continuidad de su cine al perderse la pista luego hasta finales de la década de los 60, es un paso adelante sobre todo en cohesión de un estilo.
Está también basada en una historia de Dovzhenko y su nombre sigue presidiendo - diría que más como reclamo o por respeto - los títulos de crédito, pero ya permite establecer una certeza que tampoco era una idea descabellada contemplando "Poema o more": por mucho que alguna de sus imágenes puedan retrotraer la memoria a "Shchors"o incluso a "Arsenal" (ambas lógicamente sobre la Gran Guerra), no pueden quedar muchas dudas acerca del portentoso talento individual de Solntseva.
Ese fulgurante arranque con el parlamento del soldado que reivindica contarnos su historia, mientras desfilan las tropas vencedoras - repletas de derrotados como dice - con la Puerta de Brandeburgo al fondo, cómo a continuación entra el flashback a 1941 cuando fue reclutado, con los campos sembrados de incendios que se asemejan al mismo infierno y el lamento eisensteniano de su madre al mismo filo de un precipicio, pidiendo a Dios que sea él quien se lleve a su hijo y no las bombas, no son más que el inicio de una de las más grandes peliculas bélicas.
"Povest plamennykh let" equidista tanto de Mann o el Sirk de "A time to love and a time to die" como de "Les carabiniers", Masumura Jancsó, progresando sobre una permanente colisión de imágenes.
Tan pronto se retira a interiores claustrofóbicos que huelen a escombros y pólvora como estalla inesperadamente en algunos de los mejores interludios alucinatorios que en el cine han sido, como ese en que el soldado Ivan Orliuk desfallece en el campo de batalla y brevemente se imagina recorriendo recostado sobre el agua el campo de cerezos que rodeaba su casa, un efecto que de tan mal utilizado tantas veces, haya que verlo para creerlo y sentirlo tan adecuado y emocionante.
Pueden ser esos insertos sumamente breves o inusitadamente largos y conectados con otras subtramas, con lo que, acotando, no cumplen ni una función estructural como en "Between heaven and hell" de Fleischer ni están ahí para contrarrestar la tensión y la sequedad del relato como en el remake que hizo Malick de "The thin red line", antes bien son puntos de fuga por donde desaparece y vuelve a aparecer cualquier parte de la historia transfigurada.
Demuestra Solntseva, puede que hasta sin proponérselo como objetivo, una capacidad asombrosa para la narración histórica, yendo de lo general a lo individual, del frente a la retaguardia, del pasado al presente, sin que parezca que quiera cubrir el terreno a conciencia pero llegando de otra manera - sin plano secuencia, sin concentrar la acción - donde Preminger estaba arribando con sus películas a partir de la suprema "Anatomy of a murder".  
Por último o mejor será decir, por ahora, la última película aún visible de Solntseva, "Nezabyvayemoye" es la más alejada no sólo temporal sino emocionalmente (basada no en un guión, sino en un argumento o idea) del cine de Dovzhenko.
Siendo, en cierto sentido un fim complementario de "Povest...", pero trasladando la acción a lo que la batalla deja atrás y aparta a un lado para poder seguir adelante (los pueblos masacrados, los campos de concentración, las fugas de desertores, las deportaciones, las largas caminatas de los que se quedaron sin nada, los interrogatorios), triunfa en "Nezabyvayemoye" como en ninguna de las otras dos, un estilo plenamente personal que amalgama lo aprendido y sus inquietudes, desprendiéndose de todo rastro tributario.
Uso magistral y siempre adecuado del color y el blanco y negro (y reforzando esa tradición interrumpida de los tintados de interiores o exteriores, intimidad e intemperie, noche y día en las obras de los grandes maestros silentes y que Godard, Resnais o Makavejev retomaron), un romanticismo reducido a círculos familiares y de una pareja - y no por ello con menos apego a la tierra y los recuerdos, pero individual, no colectivo -, una plasmación aún más certera de la barbarie nazi más centrada en lo que parecen corrientes diálogos y quehaceres rutinarios de su ejército que en los grandes gestos de opresión ni sometimiento e incluso una muy plausible mirada interrogante al panorama que pudo haber quedado de haber vencido el enemigo, como ese momento en que un oficial alemán pasea con su hijo, también militar, por un campo de cebada y recuerda sin acritud 1917 cuando tuvo que huir de esos mismos lugares que ahora ocupan, toma un puñado de cereal y siente que ahora ya es suyo, que Ucrania por fin les pertenece.
Es "Nezabyvayemoye" hija de su tiempo. No es difícil imaginar muchas de sus múltiples bellezas en paralelo con las de films de Agnés Vardá, del Ingmar Bergman de "Skammen", de Kubrick, del mejor Siegel, de Bresson o el olvidado Joshua Logan, de Jean-Pierre Melville o el más elusivo Welles de "The inmortal story", Zurlini o Munk.
Y poco o nada tiene en definitiva que envidiar de las grandes obras que jalonan este decenio que será decisivo para el cine futuro. 

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Pese a que Iuliia llevaba desde 1928 siendo ayudante (y yo sospecho que bastante más) de Dovzhenko, y desde 1939 firmando a menudo como co-directora, siempre me ha asombrado el escasísimo caso que se le ha hecho, y no conocer a ni una sola persona que haya visto sus últimas películas (1974, 1979); ni recuerdo ninguna necrológica elogiosa (1989). Es más, he llegado a creerla aún viva, ya que casi todos los que la conocieron o tuvieron con ella algún trato la odiaban de un modo que sus películas, desde luego, no justifican (aunque hay muchos que las detestan igualmente). No sé si fue una pérfida stalinista, ni si tuvo un gran poder en Mosfílm que perjudicó a algunos o suscitó envidias, pero desde "Poema o Morie" he encontrado injustificado reducirla a una especie de albacea (cuando no "explotadora") del legado de Dovzhenko, que para mí prolonga, desarrolla, completa y perfecciona (yo creo que era más hábil como directora, o era más osada, o gozó de mayor libertad, o el nombre ya venerado de su difunto esposo le sirvió de escudo protector). Puede que fuera una celosa dragona protectora de la memoria de su marido, o que limitara o censurara el acceso a sus escritos, en la época de grandes frustraciones que debió empezar con "Michurín" (esbozo, por cierto, de lo que yo veo como el estilo propio de Solntseva, que al parecer dirigió buena parte), pero en cualquier caso admiro como pocas las dos películas que muy bien comenta Jesús y el "Poema", y "Chors" que dirigió con él en 1939, y llevo desde 1964 tratando de ver (sin éxito) "Zachtarovannaia Desna", quizá la película que más deseo ver desde hace más tiempo. La única que no me convence de las que he visto es precisamente su homenaje póstumo (sin duda sentido, pero casi hagiográfico) a Dovzhenko, "Zolotíie vorota" de 1969. Por lo demás, en 1953 dirigió otra película, esta vez con Boris Zhakava, que también sería curioso ver, aunque desgraciadamente ni siquiera en "Mosfilm on line" se pueda ver otra cosa que el "Poema".
Miguel Marías

Jesús Cortés dijo...

No sé qué conexiones realmente tendría con el estalinismo o al menos no parecen tan claras como las de Kristina Soderbaum con Herr Göebels, pero de lo que no me cabe duda es que, a falta de conocer algo de lo que hizo Tanaka Kinuyo, esta es mejor directora que conozco junto a Ida Lupino.

Anónimo dijo...

Lo reconozco, sólo he visto "Poema del mar" y me pasé todo el metraje tratando de identificar conexiones con Dovzhenko en vez de disfrutar de sus propias virtudes. Obviamente un error, y me temo que no soy el único que lo ha cometido.
Debe tener razón Miguel sobre que alguna maldición pesa sobre ella porque he mirado algunas votaciones soviéticas (donde resaltan nombres de otrora mal parados como Iosselani, German o Khutsiyev) y es que ni la mencionan (?)
Y si es tan buena como Ida Lupino, entonces debe ser muy buena. Buscaremos más.
Ángel.

Jesús Cortés dijo...

Solntseva es en mi opinión una de las cinco grandes de ese país (entendiéndolo como era antes, ahora es un lío de repúblicas), junto a Donskoi, Barnet, Bauer y el propio Dovzhenko y por encima de Eisenstein, Vertov, Khutsiyev, Kuleshov, Room, Romm, Kozintsev, Iosseliani y compañía. Eso sin contar lo poquito visible pero prometedor de Raízman, Basov, Iudin, Borisov, etc.

Carlos C. dijo...

¿Y Pudovkin, Jesús? ¿No lo pones entre los mejores?

Saludos.

Jesús Cortés dijo...

Sí, pero para mí dentro de ese segundo grupo. Yo sobre todo me quedo con "Potomok Chingis-Khana" del 28. La afamada "Mat" mucho menos.
No me parece mejor que el muy intrigante y raro Fyodor Otsep, que tampoco lo mencioné y del que últimamente ví varias muy buenas, francesas y alemanas incluso.

Anónimo dijo...

Tengo la sospecha de que el cine "ruso" o "soviético" guarda sólo menos tesoros escondidos que el japonés, con el agravante de que si los nipones han promivido poco fuera su cine, los soviéticos lo han ido censurando y ocultando en etapas sucesivas. Hoy parecen despreciar (u odiar) casi cuanto se hizo durante la larga existencia de la URSS (y especialmente los productos de la era stalinista, aunque muchos no fueran stalinianos), durante el stalinismo se invisivilizó (y remontó, remusicalizó, etc.) buena parte del periodo llamémoslo "leninista",y durante los primeros quince años tras la Revolución se quiso fingir que hasta 1917 no había existido nada que valiese la pena, cuando justo ese año murió el gigantesco Ievgenií Bauer, que a mi entender ni uno de los grandes soviéticos mudos superó. Se ha tardado mucho en hacer de nuevo (o de primeras) algo visible a Barnet, que cada vez me parece mejor, y de Donskoí seguimos ignorando casi todo, con lo maravilloso que es lo que se puede ver. Kuleshov, Kozintsev & Trauberg o Pudovkín son también muy buenos (aunque no siempre, todos parecían caer en desgracia antes o después). Y habría que ver más cosas de Room, Raízman, Píriev, Khutsiev, Yudín, Ermler, Chiaureli, Romm, Mironer, Basov y otros muchos.
Miguel Marías

Amalia dijo...

Ni idea de quién era esta mujer, gracias por las pistas. Las imágenes que pones al menos parecen fascinantes, si quiera visualmente. No sé si conoces el blog http://sovietmovies.blogspot.com/. He buscado a esta autora y solo me sale Aelita.

Jesús Cortés dijo...

Pues no conocía ese blog.
El problema con el cine ruso es que buscar subtítulos es misión imposible la mayoría de las veces, una buena forma de censura como apuntaba Miguel.

Carlos C. dijo...

¿Habés visto algo de Larisa Shepitko y de Elem Klimov? ¿Qué recomendáis de ellos?

Jesús Cortés dijo...

Yo no te puedo ayudar mucho. De Sephitko te puedo decir lo mismo que de Kira Muratova: lo visto (sólo dos, una de los 60 y la última) no me dio ganas de investigar más. Lo mismo me he perdido algo bueno.
De Klimov conozco también dos, la que hizo con Khutsiyev y Romm, que no me gustó demasiado en general y la famosa final "Idi i smotri", durísima.

Anónimo dijo...

Yo tampoco puedo ayudar mucho; a Klimov lo conocí hacia 1987, era simpático, entusiasta y muy aficionado al whisky. Sus películas, interesantes, estaban dañadas por el enfatismo y el efectismo. La que fue su mujer, y murió prematuramente, me parecía más prometedora. "La ascensión" era una película de guerra que me hizo pensar en "Men in War" de Anthony Mann.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Klimov era malillo (efectista hasta la náusea), el pobre. Pero habéis despachado demasiado alegramente a la que fuera su mujer, Larisa Shepitko, una directora excelente, que merece la pena ser recordada, aunque sólo sea por dos grandes películas ("La ascensión", que cita Marías) y "Alas"("Krylya")...guardaos de "Ty i ya", que es horrible.

Anónimo dijo...

Aunque veo que los que priman en vuestros comentarios y referencias (salvo excepciones, la Solntseva sería una, Khutsiyev y Iosseliani, otras) son autores que en la bisagra años 50-60 estaban ya retirándose en vez de debutando, los olvidos (nada inocentes, presumo) de Paradjanov, Abuladze y Tarkovsi son sangrantes.

Jesús Cortés dijo...

Está bien eso de los olvidos nada inocentes, suena muy Melville.
Yo no conozco a Abuladze, con lo que no puedo olvidarlo.
¿Qué me recomiendas?
Tarkovski me gusta, pero en general mucho menos que los nombrados, lo mismo se me revaloriza con los años; de casi todas guardo mejor recuerdo que placer experimenté al verlas.
A Paradjanov lo conozco poco y lo visto no me entusiasma nada.
Será que prefiero siempre la ligereza casual y casi "clochard" de "Polustanok", que alguien debería programar en paralelo con "Calabuch", por cierto.

Anónimo dijo...

De Abuladze recomiendo empezar por "Magdanas durja" y luego pasar ya a sus obras mayores: "Vedreva" y "Monanieba", para terminar con "Natvris khe", todas son fácilmente encontrables (han sido editadas por Ruscico). Dentro del catálogo Ruscico tampoco están nada pero que nada mal "La comisaria" de Askoldov, y especialmente los dos Chukhrai en color ("The Forty-First" y "Chistoe Nebo", infinitamente mejores que la famosa "La balada del soldado") y "Tikhi Don" de Gerasimov. Tanto los Chukhrai como el Gerasimov pueden satisfacer a un admirador de Solntseva, Barnet y Donskoi, y lo digo sin segundas, porque yo me encuentro entre estos y las disfruté bastante hace unos seis o siete años (lo cual, obviamente, no quiere decir que sea extensible a todos los que admiran a esta maravillosa triada), que fue cuando me las eché a los ojos.

Anónimo dijo...

Hombre, no creo que hayamos ninguno intentado pasar revista a todo el cine soviético-ruso (cuyas fronteras son borrosas, ¿incluyes al excelente Ioseliani, por ejemplo?), sino más bien mencionar a algunos olvidados o desconocidos, entre los que, obviamente, no tendría sentido mencionar a Tarkovskií, para mí excesivamente adorado en vida y santificado tras su prematura muerte. Le aprecio, pero está lejos de entusiasmarme la mitad que a todo el mundo. A mí sí que me gusta Paradjanov, aunque temo que más "La sombra de nuestros antepasados olvidados" que las un tanto esotéricas, desconcertantes y plásticamente nada rusas posteriores, las más celebradas y conocidas. De Abuladze ví un par hace mucho, que no me convencieron. "La comisaría" de Askoldov, qué le voy a hacer, tampoco. Antes hubiera mencionado a Pelechian, Kanievskií, Guerman padre... pero no sé si están en activo ni cuál haya podido ser su rumbo más reciente. De Chukrai están bien un par de las que he visto, pero en su época fue más bien sobrevalorado, lo mismo que Kalatozov, que tiene algunas muy buenas y otras (sobre todo ese engendro ególatra que es "Soy Cuba") horrendas. De Kira Muratova he procurado ver las más posibles, pero cada una de ellas me produce la impresión de que "Los largos adioses" fue un espejismo sin continuidad. Ermler y otros contemporáneos suyos parecían tener talento, pero me ahogan los excesos patrioteros y stalinistas de sus películas. El famoso "Don apacible" de Guerasimov era plásticamente atractiva pero, ay, narrativamente morosa, y eso que a mí el academicismo soviético en Sovcolor me atrae mucho más que otros academicismos. Últimamente se ha celebrado y premiado mucho a un tal Badalanov, pero las tres que conozco me han parecido sendos horrores. Hay dos Sergeí Bodrov a los que confundo, ninguno me interesa. Sokurov unas veces me entusiasma y otras me aburre hasta la muerte; su tendencia al misticismo nacionalista me molesta a menudo. Y así podríamos seguir hasta el fin de los tiempos.
Miguel Marías

Ricar2 dijo...

Zachtarovannaia Desna la podéis obtener aquí, http://reviviendoviejasjoyas.blogspot.com.es/2016/10/el-desna-encantado-zacharovannaya-desna.html; la copia no tiene demasiada calidad, subtítulos en inglés.

Saludos