viernes, 10 de junio de 2011

AGUAS TRANQUILAS BAJO PUENTES DE MADERA

La continua revisión, incluso mental, retrospectiva del legado de Yasujirô Ozu, en pos de diferenciar argumentos, tonalidades y sobre todo encontrar las películas y momentos que más nos pueden emocionar e impresionar más duraderamente de una carrera coherente como pocas, es una de las tareas más agradecidas imaginables.
Rara vez queda empequeñecida alguna de ellas y es habitual verlas afianzarse, crecer y calladamente competir unas con otras, sean de cualquier época, las más discretas y sucintas con las más complejas, las que parecen variaciones sutiles de otras precedentes con las que suponen algún giro o introducen algo nuevo o no tenido muy en cuenta anteriormente.
Las hay que quizá nos habían parecido pasos en alguna dirección más depurada - "Hijosen no onna", "Tôkyô no yado", "Hitori musuko"... y no sólo en los 30 donde tantos problemas tuvo con la censura y presumiblemente le fueron amputadas o camufló algunas de sus inquietudes, también "Kaze no naka no mendori" y hasta otras posteriores - claramente influídas por el cine de su tiempo que más le había importado (de Sternberg a McCarey, de Borzage a Chaplin, bastante menos su admirado Orson Welles) que se revelan de repente perfectamente definidas, de una asimilación de conceptos asombrosa, nada esquemáticas por breves que fuesen.
Otras, más adelante, desde la sublime "Banshun" que marca el comienzo de la alianza con el arquitecto en la sombra, su guionista Kogo Noda, con "Tôkyô monogatari" como gran referencia y donde están las de mayor metraje y las únicas seis que filmó en color, parecen por fin "materializar" ese estilo que - y es un caso sólo comparable al de Robert Bresson, pero mucho menos inspirador de vocaciones - cimenta su prestigio.
Externamente, ahí están los característicos títulos de crédito sobre tela de arpillera que tanto recuerdan a aquellos bordados o a punto de cruz de Henry King, sus perfectos planos frontales que a su vez ahora ha reverdecido Eugéne Green, sus exteriores siempre llenos de música, sus escenas "circulares" que arrancan y finalizan con el mismo plano, las sonrisas de sus actrices siempre tintineando por mucha incertidumbre que las rodeara y esos, por comparación, drásticos cambios de expresión, los más terribles que ha dado el cine y que no suelen percibirse hasta el borde mismo de las grandes y las pequeñas tragedias, sus pasillos, recepciones, oficinas, bares y calles... nada nuevo en realidad en su cine desde los 30. 
Quizá el gran cambio es que Ozu se consolida, junto a John Ford y Paul Newman, como el gran cineasta sobre la familia.
Antes, cuando era joven, había mirado como hijo, como amigo o como hermano a los conflictos familiares, a aquellos que tenían que ver con la familia "dada", de la que cualquiera forma parte por puro azar o no sé qué alineación de planetas.
Con el paso del tiempo mirará desde el punto de vista del que está en disposición de crear una segunda familia o reconstruir la que se rompió.
Mirará pero no como Ford a la familia como refugio, añorado equilibrio que se busca y si no se encuentra se improvisa (congregaciones religiosas, la milicia) o simplemente se añora. Ni como Newman que se siente atraído por los avatares de la convivencia, qué difícil se hace verse obligado a ver a diario a quien nada en común tiene con uno excepto un lazo de sangre.
A Ozu le interesará sobre todo el momento de la elección y cómo presente y futuro quedarán alterados por ello.
Serviría casi cualquiera, pero "Kohayagawa-ke no aki" es ideal para aproximarse al corazón de su cine y constatar cómo quizá producto de sus especiales circunstancias personales y por simple efecto acumulativo de la depuración y el cierre sobre sí mismo de lo que había venido desarrollando desde principios de su carrera, abundan sin embargo los elementos que combaten las perezosas monotonías del recuerdo y enriquecen ese extrañamente estrecho margen en que nació y creció su grandeza.
Penúltima de las que pudo realizar antes de su prematura muerte y segunda protagonizada por el simpático Ganjiro Nakamura (que ya había destacado con su viejo amigo Naruse y que podría aventurarse hubiese sido aún más importante en su cine y una alternativa a los personajes que había encarnado su eterno Chishu Ryu), cuenta una historia no demasiado diferente de las narradas en las muy próximas en el tiempo "Bakushu" o "Tôkyô boshoku" o una de sus primeras obras maestras, la lejana "Haha o kowazu ya".
Los matices llegan en su tono. No sé si por estar situada entre dos films tan serios y amargos, empapados en sake, como "Akibiyori" y el postrero "Samma no aji", quizá los dos donde más claramente se percibía el desencanto de su autor con la vida y las relaciones personales - quizá no tanto con el cine, que tanto le había dado, ni achacable a la vejez, que no conoció pero entendió como pocos -, "Kohayagawa-ke no aki" resulta súbitamente luminosa y plácida, divertida incluso, consecuencia más de la acción y la pasión por disfrutar lo que a cada cual le quede de vida que contrarresta los malos momentos que por la aceptación budista del paso del tiempo, esa que presidirá su tumba (un sólo carácter, , que significa que la nada es todo).
Tan serena y profunda como las más reposadas y sabias, el film tiene ese valor añadido de ser más dinámica y colorista que sus compañeras de viaje, siendo un ejemplo de tolerancia.
Ni condena las travesuras del viejo Kohayagawa, delicado de salud, con su amante, que le conducirán a la muerte, ni comenta (menos aún justifica erigiéndose en paladín de la integración o el perdón) la presencia de un par de novios americanos de la frívola ahijada de él, ni presenta como fríos y calculados los arreglos matrimoniales en torno a Akiko (Setsuko Hara, la fidelidad hecha actrriz), todo ello sin llegar a la ligereza de "Ohayo" - que tal vez anunciaba algo de su cine futuro -, y no estando muy lejana ni estilística ni vitalmente de otros grandes melodramas - con mayor o menor porcentaje de comedia - de Minnelli Delmer Daves que aún hablaban de la resistencia, la libertad de querer o encaraban el futuro con la mejor cara, que no se resignaban.
Eso sí, antes de cerrar desasosegantemente su obra con "Samma no aji", queda el final más ambiguo de su carrera, armado sobre un atípico encuadre, que dura justo ese par de segundos de más que atraviesan la frontera entre la conclusión jocosa y el más desconcertante de los augurios.

26 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Jesús. Tal y como yo las recuerdo (siempre mezclando escenas que creo son de una y resulta que son de otra), 'Akibiyori' sería la más relajada (una especie de variante humorística de Banshun), 'Kohayagawa-ke no aki' podría considerarse una tragicomedia y 'Sanma no aji' tendría mayor poso melancólico. Yo tengo debilidad por la primera, con todo ese entramado de personajes secundarios magníficamente dibujados e interrelacionados.
Ángel

Jesús Cortés dijo...

Sí, "Akibiyori" es un remake virtual de "Banshun" pero no por tener más comedia resulta menos triste. Sólo por el papel de Setsuko Hara (que hacía de madre de Mariko Okada y tendría apenas 40 años) y toda la carga de renuncia, desintegración familiar y sacrificio que el argumento conlleva...
Si algo no hay en "Kohayagawa..." es tragedia, ni la muerte lo es y hasta Haruko Sugimura comenta durante el duelo lo poco trascendente que somos en esos momentos, algo que Schrader no debió recordar.
"Samma no aji" es desde luego uno de los grandes films finales, nada testamentario, un nudo en la garganta desde el primer minuto.
Siempre hubo comedia en Ozu, era inevitable, como en Chaplin o Ford desde un cierto momento y eso no pasa con ninguno otro de los gigantes del cine japonés. Yo me refería especialmente a las actitudes, las motivaciones, la capacidad para tomar un camino sin plegarse a lo que la familia, el entorno, las convenciones marcaban como el matiz que hace de "Kohayagawa..." y eso no lo dije, por poca diferencia sobre otras, mi favorita de cuantas realizó.

Anónimo dijo...

Siempre me ha extrañado que "Kohayagawa..." no sea una de las películas más famosas y citadas de Ozu (quizá aplastadas casi todas las demás por "Tokyo Monogatari", la más célebre y conocida quizá), a mí hace tiempo que es la que prefiero de su etapa final, aunque sigan emocionándome más las de finales de los 40-inicio de los 50, dentro de lo difícil, por no decir imposible, que me resulta establecer un orden en la obra de Ozu: depende demasiado de la que tengamos más fresca, de la que - pese a recordarla como genial - hayamos "redescubierto" en una nueva revisión. Por eso conviene estarlas mirando y remirando permanentemente.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Hola, Jesús. Comprendo que ésta sea tu película de Ozu favorita, quizás relegada por considerarse (a causa del color y del humor) un "Tokyo monogatari" menor, cuando es precisamente esa reducción del dramatismo y esa mezcla agridulce de tonos lo que individualiza a esta obra.
Al final de su carrera Ozu retoma no sólo temas y situaciones sino que rehace, de forma más o menos directa, al menos tres películas suyas. Ésta, por su parte, tiene además fuertes ecos de las dos películas precedentes.
Alguno me ha comentado que su Ozu favorito es "Nací, pero..." (1932) (pongo los títulos en español para ahorrar el tener que ir a identificarlos), he visto que algún otro prefiere "Había un padre" (1942) u "Otoño tardío" (1960). Todas son geniales, como casi todo lo que conozco de su obra. En cuanto a mí, coincido con los gustos de la mayoría: mis favoritas son "Primavera tardía" (1949) y "Cuentos de Tokyo" (1953). Las veo, si es posible, aún más sentidas, emocionantes, directas y frescas.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

También están "Banshun" y "Tôkyô monogatari" entre las cinco o seis que prefiero.
Por ahí andan igualmente "Tôkyô boshoku" y "Munekata shimai". Es como dice Miguel más difícil que casi con cualquiera establecer órdenes.
La preferencia absoluta por alguna de los 30 sí que la comparto y la entiendo menos. Salvo con Shimizu, Shimazu o Gosho por falta de datos al no haberse difundido casi nada aún de lo filmado en la última parte de su carreras y Yamanaka, por lo escueta y temprana de su obra, parece que todos los grandes crecieron claramente con los años y volvieron a ampliar, alguno in-extremis, sus registros con el color: tengo también casi como favoritas absolutas a "Midaregumo", "Dersu uzala", "Yokihi" o "Shin heike monogatari" y quizá lo puedan ser "Kiiroi karasu" o "Shitoyakana kedamono".

Anónimo dijo...

Me pasa lo mismo que a tí, Jesús: aunque Mizoguchi, Naruse y Ozu tienen grandes obras maestras en los 30 y los 40 (antes y después de la guerra, con gobiernos imperialistas o bajo la ocupación), en ninguno de los tres casos que mejor conozco ocuparían los primeros puestos las de los años 30. No sé hasta qué punto sea una noción/preferencia influida por Noel Burch, cuya pintoresca (cuando menos) teoría de que todos los grandes japoneses cayeron en la decadencia, rutina y casi nulidad en los 50 parece reposar, para colmo, en la muy discutible apreciación de que eran más "japoneses" en los 30, cuando realmente donde se aprecia influencia del cine americano y francés es precisamente en los 30; por lo demás, esa idea parece tener su origen en el desprecio (y desconocimiento) del cine americano por parte de Burch, que elogia como rarezas excepcionales y "modernas" cosas que hacía cualquier día Raoul Walsh, por ejemplo, mucho antes, y que no se le ha ocurrido buscar.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

"Corneja amarilla" y "Bestia elegante" creo que son la traducción de los títulos (muy buenos) de las obras de Gosho y Kawashima. No las he visto, como tampoco he visto ninguna otra de sus películas ni ninguna de Shimizu, Shimazu, Yamanaka ni Tanaka, extraordinarios todos por lo que sé. El cine japonés parece un pozo sin fondo de descubrimientos gozosos.
En cuanto a la preferencia por la última parte de las carreras de los grandes japoneses está clara en el caso de Mizoguchi y, con las matizaciones que indiqué antes, también en el de Ozu. Pero en el caso de Naruse creo que su apogeo llegó en los 50 (de esta época son para mí las cinco mejores de las suyas que conozco); me da la impresión de que en sus últimos años estaba más forzado a rodar los guiones sin poder modificarlos, sobre todo reduciendo los diálogos, como hacía antes (aunque sí, "Midaregumo" es genial). Y en cuanto a Kurosawa, aunque pienso también que "Dersu Uzala" es su mejor película, creo que las que hizo después dan un bajón considerable (tanto narrativa como plásticamente) respecto a lo que hizo en los 50 y sobre todo en la primera mitad de los 60.
Los casos de Kurosawa y de Donen siempre me han sorprendido: cómo grandes maestros han perdido la capacidad visual de la que tiempo atrás disfrutaban.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Naruse en los 60, aparte de "Midaregumo", hizo otras grandes películas como "Midareru", "Onna toshite, tsuma toshite", "Horoki", "Onna no rekishi", su valioso "remake" de Chabrol, "Onna no naka ni iru tanin" o la en principio menor pero que gana mucho luego "Hikinige".
Kurosawa me parece grande... pero no por las conocidas y recopiadas por cualquiera y en cualquier momento "Shichinin no samurai", "Yojimbo", "Ran", "Kumonosu-jô" o "Rashomon" sino por las extraordinarias "Tengoku to jingoku", "Hakuchi", "Dersu Uzala", "Waga seishun ni kuinashi", "Ikiru" o "Dodes'ka-den", que es una de sus más fascinantes y sabias películas.
Su figura ha caído mucho en beneficio de otros, por esta manía que tenemos de ensalzar algo aplastando otra cosa, como si fuese un partido de fútbol en que sólo uno gana el trofeo, pero hizo un puñado de muy variadas y emocionantes obras maestras.
Ah y aclaro que tengo y he visto esos dos Gosho y Kawashima pero sólo en VO. Tal vez dentro de poco haya subtítulos y yo pueda dejar de hablar en subjuntivo.

Anónimo dijo...

A modo de curiosidad, la lista de favoritas del famoso crítico japonés Tadao Sato: The Lady and the Beard (1931), Tokyo Chorus (1931), I Was Born, But... (1932), Passing Fancy (1933), A Story of Floating Weeds (1934), An Inn in Tokyo (1935), The Only Son (1936), There Was a Father (1942), Record of a Tenement Gentleman (1947), Late Spring (1949), Early Summer (1951), Tokyo Story (1953), Equinox Flower (1958), Good Morning (1959)
The End of Summer (1961), An Autumn Afternoon (1962).
Ángel

Anónimo dijo...

Acabo de volver a ver "Kohayagawa-ke no aki" ("El otoño de los Kohayagawa".1961) y "Seishun no yume imaizuko" ("¿Dónde están los sueños de juventud?" 1932) y también, en las últimas semanas, he vuelto a ver "Higanbana" ("Flores de equinoccio". 1958) y "Umarete wa mita keredo" ("Nací, pero..." 1932) y he de constatar que, siendo geniales las películas de los años 30, las películas que hizo posteriormente son aún mejores. Las obras de madurez son más serenas y más ricas aún visual y narrativamente. Son más originales (no se parecen a nada) e incluso, ahondando más, más japonesas, al igual que el Mizoguchi de, por ejemplo, "Saikaku ichidai onna" ("Vida de Oharu".1951). Son películas que para mí (lo mismo un japonés o alguien de otro país no opinan igual) encarnan lo que tiene de único la cultura japonesa.
Por otro lado, las películas de los 30 de Ozu tienen el don de ser más cercanas a los personajes y de incluir una fuerte crítica social (aunque tan bien integrada y tan unida a la comedia, que no resalta en una primera visión). Visualmente no son tan personales ni tan "japonesas" como las posteriores, como ya he dicho; están bastante más cerca de las últimas mudas que unos años antes dirigieron directores como Capra o McCarey (por citar a dos de los que he visto obra suya de dicha época recientemente). Curiosamente, mientras esos dos directores (al igual que otros grandes creadores) dieron un fuerte retroceso en los primeros años del sonoro, Ozu prefirió aguantar todo cuanto pudo con el lenguaje mudo (realizando, se diría que con total facilidad, grandes películas) mientras terminaba de perfeccionarse la técnica sonora.
Rodrigo Dueñas

Tedro dijo...

Lo que más me gusta de la película es la aparición doble de Chishu Ryu, totalmente al margen del relato, a modo de coro, comentando la fugacidad de la existencia mientras contempla como sale el humo por la chimenea. También el quiebro argumental. Cuando parece que todo va a girar sobre la propuesta de matrimonio de Akiko, esto pasa a un segundo plano. Y esas imágenes repetidas de las conversaciones de Akiko y Noriko arrodilladas en la orilla. La mirada humorística y poco desaprobadora sobre las escapadas del padre. Los pasillos. Los planos de los toneles vacíos. Las repeticiones…

Similitudes con obras suyas anteriores: “La paz de un día de otoño” (nombre y estado de la protagonista); “El comienzo del verano” (triunfo del matrimonio por amor); “La hierba errante” (reencuentro de antiguos amantes); “Cuento de Tokio” (la muerte del padre); “El fin de la primavera” (la boda concertada de Noriko)

Jesús Cortés dijo...

Chishu Ryu efectivamente hace casi de extra con frase en un par de escenas muy humorísticas (y sensatas).
En cuanto a lo que dice Rodrigo, fíjate que "Saikaku..." es la única película de Mizoguchi de después de la guerra de la que, encontrándola muy buena, tengo algo negativo que decir porque me parece larga y a ratos aburrida, extrañamente espesa. Imagino que cosechó tanta fama por ser el primer deslumbramiento crítico con su cine en Occidente, como "Rashomon" con Kurosawa, pero muchos más argumentos para igualarla a las más grandes suyas no veo.

Mario Vitale dijo...

Yo también prefiero otras anteriores o posteriores a "Saikaku", pero, no obstante, tiene momentos maravillosos. Me acuerdo del comienzo de la relación Mifune/Tanaka y posteriormente la muerte de Mifune, en off, gritando el nombre de su amada. Pero sí, supongo que ser una de las más oficialmente reconocidas de Mizoguchi no le beneficia.

En cuanto al debate Ozu años 30, Ozu años de madurez plena, es preferible dejar aparte las visiones reduccionistas de algunos críticos con el asunto de ser más o menos japonés o estar más o menos influido por el cine norteamericano. A mí me da igual, pues mido las películas en función de muchos factores emocionales, combinados y alterados aleatoriamente. "Umarete" me sigue pareciendo una de las cinco o seis que prefiero de Ozu. Que "Ohayô" es más madura, más perfecta, más serena y más japonesa. Seguramente. Pero a mí me emociona más la frescura de la primera, la relación padre/hijos de la primera, el idealismo de la primera (no olvidemos que los niños hacen huelga en las dos películas: en la primera cuando ven expuesta la falta de dignidad de su padre, en la segunda... para que les compren un televisor y poder ver las luchas de sumo). En otra franja temporal, con casi 11 años de distancia, prefiero "Banshun" a "Akibiyori", seguramente por las mismas razones (muchas de ellas centradas en ver a Setsuko con pelo largo, sonriente, enamorada y... (con)vencida en "Banshun" -esa última noche que padre e hija pasan en el balneario me parece la cumbre de Ozu- respecto a la sabiduría, serenidad y madurez de su personaje en "Akibiyori", al que su manzana pelada al final de la película -un plano que Yamada Yoji se atreve a calcar recientemente en "Ototo"- me parece más guiada por una lógica cartesiana que por la intuición y la emoción de reconocerse solo y abocado al final de la vida, como le pasaba a Ryu en "Banshun", teniendo ambos personajes parecidos motivos y circunstancias. Y eso que "Akibiyori" fue el primer Ozu que vi, en la tele y no sé si doblada, y me encantó. Pero cuando vi "Banshun" experimenté un gradual recorrido emocional que no recuerdo en "Akibiyori".

Anónimo dijo...

Jesus espero que ese desdén hacia O'Haru, mujer galante (Saikaku ichidai onna) no se deba a que ésta es la que menos le gusta a Miguel Marías, vale que estéis de acuerdo en muchas cosas, o en casi todo, pero es que a veces vuestra identificación bordea lo patológico. Podías disentir un poco alguna vez aunque sólo fuera un poco.

Jesús Cortés dijo...

Tu comentario es el que hace mil desde que abrí el blog en abril de 2008, mira que oportuno y simpático y encima sin firmar...
En fin, gracias a todos por estar ahí.

Anónimo dijo...

Como Jesús bien sabe, no siempre estamos de acuerdo en todo, y nunca, creo, por estarlo ni por saber las opiniones respectivas, sino por pura casualidad o misteriosas afinidades. Por otra parte, no es "Saikaku ichidai onna" la película de Mizoguchi que menos me gusta, ni siquiera la que menos me gusta de las 25 que me parecen magistrales. Simplemente, todavía prefiero otras 20, buena parte de ellas menos famosas, pero mejores, más perfectas, más emocionantes, más sorprendentes.
Espero que la lista de Sato sea cronológica, de lo contrario sostendría (dentro de lo grandioso) una pertinaz y constante decadencia en la obra de Ozu que no veo por parte alguna. Curiosamente, a mí las que más me gustan de los 30 (precedidas por nueve posteriores en el tiempo) son del 36, 35, 33 y 32.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Sí, la lista de Tadao Sato es cronológica. En las encuestas de Sight & Sound siempre vota por Cuentos de Tokio.
Y en cuanto a Mizoguchi estas son las que el crítico japonés seleccionó: The Water Magician (1933), Osaka Elegy (1936), The Story of the Last Chrysanthemum (1939), The 47 Ronin (1941), Miss Oyu (1951), The Life of Oharu (1952), Ugetsu (1953), A Geisha (1953), Sansho the Bailiff (1954),
The Crucified Lovers (1954). Me consta que tiene predilección por Oharu, ya sabéis que es tan prestigiosa entre los críticos nipones como Ugetsu lo es entre los occidentales.
Ángel

Anónimo dijo...

Buenas noches.
Respecto a “Saikaku ichidai onna”, si la puse como ejemplo no es porque me pareciese genial (que me lo parece) sino porque la considero muy original y muy “japonesa” (también podía haber puesto como ejemplo a “Ugetsu monogatari” o a “Sansho Dayu”). Veo que produce cierto rechazo en algunos quizás porque se nota un poco el esfuerzo de Mizoguchi de demostrar su grandeza a Occidente y a otros directores japoneses. Es un “tour de force”, sí, pero… el resultado es genial.
Mario, en cuanto al debate de Ozu, los ejemplos que puse fueron para señalar que, a medida que avanza, su obra me parece (narrativa y visualmente) más “japonesa” (siendo su “japonesismo” de un orden muy distinto al de Mizoguchi). Pero esto no implica que sea mejor. Siendo las últimas (las filmadas en color, para entendernos) absolutamente geniales, mis favoritas están entre las hechas en los diez años anteriores.
“Umarete wa mita keedo” es también genial (y lúcida y muy emocionante) como muchas de los años 30. Y yo también la considero muy superior a la excelente “Ohayo”, película que creo que NO es un remake de la anterior: fuera de la huelga de hambre de los niños (y encima, como bien señalas, por motivos antagónicos) poco tienen en común esa comedia familiar que deriva en una amarga constatación de las diferencias sociales, de la descripción de costumbres de distintos personajes, parejas y familias de un barrio (podría haberse titulado, como otro Ozu, “Historia de un vecindario”).
Rodrigo Dueñas

Anónimo dijo...

A solas, en la habitación,
tu abanico olvidado
he abierto tres veces,
y tres veces he cerrado.
(Yasujiro Ozu)

Anónimo dijo...

Vaya! me he quedado sorprendido con la lista de favoritas de Tadao Sato, nada menos que 9 de de las mejores películas de Ozu son anteriores a Banshun (1949, Primavera tardía) y pensar que yo anteriores a ésta (para mí la mejor que conozco de él) apenas conozco tres, cuántas maravillas todavía nos quedan por descubrir, en mi orden de preferencia sitúo en las primeras posiciones la que Robin Wood denomina trilogía de Noriko e inmediatamente después Akibiyori (Otoño tardío, 1960), Higanbana (Flores de equinoccio, 1958) y Soshun (1956, Primavera precoz) aunque también tengo la laguna de Kohayagawa ke no aki (1961) y me gustaría revisar este verano su última obra, película que quizá no supe entender bien cuando la vi. Come se ha escrito ya yo nunca he entendido muy bien las teorías de Burch sobre el cine japonés de Ozu y Mizoguchi y la supuesta pérdida de la pureza y posterior decadencia de estos cineastas que se produce después de la 2ª Guerra Mundial. Pero bueno Burch me ha parecido siempre más interesante como teórico que como crítico, además sus opiniones siempre me han resultado tremendamente discutibles, por ejemplo sus entradas en diccionario de directores que editó Richard Round a propósito de Lang (etapa alemana) o Dreyer. Si pese a estas opiniones arbitrarias sigo leyendo sus libros y escritos, algunos como la Praxis del cine, con interés se debe a que sus teorías y argumentaciones aunque sumamente rocambolescas, en algunos casos siempre me resultan sugerentes y atractivas. Tampoco lo que he leído de Ritchie o de Schrader me acaba de satisfacer aunque reconozca que resultan obras interesantes, en ocasiones por ser de lo poco que hay sobre el tema. En España tenemos los números de Nosferatu y los libros de Antonio Santos en Cátedra, éstos están bastante bien sobre todo el de Ozu porque en el de Mizoguchi se pasa un poco en las valoraciones de las películas, parece como si tuviese que encontrar defectos en las películas al precio que sea, y vamos lo que dice de Yohiri es como para desafiarlo a duelo. Me gustaría leer algún día el libro de Bordwell sobre Ozu.
En cualquier caso el cine japonés clásico en como el Jardín de la Delicias, uno nunca acaba de descubrir grandes maestro y el tamaño de Naruse cada día crece (o debería crecer más).

Anónimo dijo...

Se agradecería que algunos si tenéis tanta gana de escribir hagáis vuestro propio blog, los comentarios deben aspirar a ser sintéticos y no competir en extensión con la entrada originaria de Jesús Cortés.
Va por el último en publicar un comentario.

Anónimo dijo...

Anónimo: no sé por qué razón los comentarios deben ser sintéticos. Supongo que cada uno escribe lo que estima conveniente y, si alguien desvaría (lo que no es habitual en este blog), nada nos cuesta a los lectores saltarnos el comentario. Hacer un comentario razonado supone un esfuerzo (quizás no logrado pero que en cualquier caso tiene el noble fin de querer expresar y compartir algo) y también, de forma indirecta, un homenaje al escrito que le ha dado lugar.
Y ya que estamos, yo sí que veo algo que no me gusta nada entre alguno (afortunadamente son los menos, al contrario que en el resto de los blogs) de los que hacen aquí comentarios: la cobarde tendencia a ocultarse en el anonimato cuando se disiente o se quiere atacar a alguien.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Hay comentarios que deben ser extensos y mientras no se bloquee y al guardar se pierda, cuanto más espacio para explicarse, mejor. Yo tiendo a ser sintético, demasiado quizás, pero cada uno se explica como le sale.
En cuanto a lo del anonimato, es bastante tonto no firmar cuando el nombre al pie del comentario puede ser el tuyo verdadero o poner Stan Lee o lo que quiera cada uno, imagino que a veces se olvida y otras se prefiere no ser nadie.
En otros blogs, ahora recuerdo alguno sudamericano, se leen retahílas de parrafadas con gente atizándose y acaban por llamarse unos a otros "anónimo 1 contesta a anóniomo 4", lo cual tendría su punto divertido si no fuera porque se llaman de todo.

Anónimo dijo...

Hombre, Jesús, tan mal me parece (hablo en los casos en que se ataque a algo o a alguien, o cuando se defienda algo que vaya en contra de lo aceptado mayoritariamente) no firmar como firmar con nombre falso: si piensas que lo que dices es justo ¿por qué ocultarse?
El anonimato favorece el insulto. Y los juicios sumarios. Si firmas, no sólo das tu opinión, sino que procuras razonarla.
Y en cuanto a la concisión (al margen de que, como dices, cada uno escribe como quiere, o como puede) ya nos gustaría a algunos expresarnos como otros que explican lo mismo (y encima de modo más elocuente) en la mitad de espacio.
Rodrigo Dueñas

Peter dijo...

Mis películas favoritas son Early Summer, End of Summer, Flavour of Green Tea over Rice, An Autumn Afternoon, Ohayo, I Was Born, But...The Only Son.

Jesús Cortés dijo...

Glad to see you here, Peter.
Yo me refería a poner cada uno un seudónimo... pero siempre usar el mismo, Rodrigo.
Y puede estar tan bien como la concisión la extensión si equivale a riqueza y no pierdes mucho el rumbo. Vamos, que yo prefiero "Independencia" a "Mistèrios de Lisboa", pero por poco.