lunes, 30 de enero de 2012

DILEMAS

Todas las películas de la última década de trabajo en la vida de Anthony Mann, desde "Cimarron" en 1960 hasta su despedida in situ con "A dandy in aspic" ocho años después, fueron un fracaso.
Que Mann no ha conquistado un lugar entre los verdaderamente grandes se ratifica fácilmente atendiendo a cómo se han tratado las películas consideradas fallidas o no comparables a las obras maestras de su carrera y en especial estas últimas cinco, sin apenas defensores pese a sus múltiples cualidades.
Si a eso se le suma la categoría menor otorgada a todo lo que había rodado hasta "Winchester 73" - ahí se encuentran para mi gusto algunas de sus más atractivas películas como "Strange impersonation" o "He walked by night", que para ser "de aprendizaje", enseñaban mucho y debieran ser un modelo para todo el que empieza -, su legado queda reducido a lo producido en un lapso de diez años: un puñado de westerns legendarios y varias obras complementarias que a saber a cuántos gustarían verdaderamente si no fuesen eso, un aditamento que se considera desde una alta perspectiva.
Teniendo en cuenta que Mann cuando rueda "Cimarron" tenía la misma edad que algunos cineastas afines como John Ford cuando dirige "Fort Apache" y poco más que el Hawks que filma "Red River", estamos hablando probablemente de un momento en que llegaba la madurez a su cine.
Las tres consecutivas, las más largas de su carrera, con que inaugura esa década, la citada "Cimarron", "El Cid" y "The Fall of the Roman Empire" son las que se llevan la peor parte.
No porque se estimen menos que "The Heroes of Telemark" o "A dandy in aspic" - dos films tan buenos como sumamente exentos de apegos -, sino porque fueron los últimos grandes esfuerzos de Mann, para el que ya nada sería igual a partir del asesinato de su admirado JFK, en que tantas esperanzas había depositado.
Prolijos empeños con tibia o indiferente consideración crítica y sendos batacazos en taquilla. 
Es particularmente lastimosa la suerte corrida por la última de las tres - que quizá de ser la última de su vida, se hubiese mirado de otra forma -, "The Fall of The Roman Empire", verdadera despedida del mundo del cine y del mundo que había conocido y desde luego uno de sus películas más bellas y pródigas en hallazgos visuales y poéticos.
Cuando en el último plano, se eleva la grúa en medio del caos y el jolgorio previo al saqueo y la desintegración de lo que una vez había sido un Imperio aglutinador de culturas, también Mann da por finiquitadas las promesas que en su país se habían hecho desde la guerra: ya no más Estados Unidos bandera de pueblos, en permanente cohabitación y auxilio de sus habitantes venidos de todas partes y de sus amigos exteriores, de los que interesaba tanto su cultura y su idiosincrasia como sus recursos naturales y su disposición a "ceder" en cualquier negocio.
Presidido por ese sentimiento, se aplica Mann sobre todo en el primer cuarto de film, hasta la muerte de Marco Aurelio (Alec Guinnes), el ultimo rescoldo de las maneras llamadas viejas por quienes se abren paso como mercachifles del porvenir.
Es seguramente uno de los mejores y más hondos trozos de celuloide que jamás rodó.
Mann no combina intimidad y espectáculo.
Ir, en un alarde de dominio escénico, de la gran planificación para que se vea lo costoso del decorado y el despliegue de medios a las escenas interiores con escenas más o menos significativas donde se muestre el lado humano del artefacto, le interesa personalmente poco o nada. En Mann la intimidad es el espectáculo.
En toda clase de escenas.
Ya sean pequeñas y breves como las que contienen dos encuentros con el paisaje inmenso al fondo de bosques nevados y con la soledad y el futuro, muerto al nacer, como temas, sin el menor aire solemne, una con el César y su fiel Timónides (James Mason) y otra con Lucilla (Sophia Loren) y Cayo Livio (Stephen Boyd), que dicen más de la grandeza a punto de ser abrasada por el fuego de la ambición de lo que podrían hacerlo mil batallas.
Pero igualmente son ejemplares del control y sutil orientación de cualquier momento a una visión única, otras escenas, mucho más largas y anchas.
Por ejemplo la del desfile de Cónsules y representantes de territorios colonizados, aprovechada por Mann para hacer una divertida nota a pie de página, algo fordiana, sobre el escaso conocimiento que el mismo César tenía de su propio Imperio.
Cuando casi desemboca en la parodia, Guinnes pronuncia un discurso improvisado, tan inteligente y sensible que le devuelve al instante el aura divina momentáneamente perdida. Es un momento de cine esplendoroso. 
O también está la encarnizada carrera de cuádrigas entre Livio y Cómodo (Christopher Plummer) que diría rodada (al menos en bruto) por Yakima Canutt y que no trata de remedar la famosa de "Ben Hur" sino que sirve claramente - por temeraria, extemporánea, extrañamente sobrehumana, nada climática ni rebajadora de tensión, pura violencia: como siempre en Mann estallando sin acumulación visible de circunstancias, derivada del diseño del pasado y el carácter de los personajes - para presentar una de las muchas constantes disyuntivas y callejones sin salida que el film plantea y propone como imposibles escapatorias de una situación de derrumbamiento. Aquí, ni siquiera si hubiese muerto uno de los dos habría podido esquivarse el destino que se cernía sobre sus cabezas. Como se verá más adelante, los alrededores del poder "omnímodo" - en el fondo, el más manipulado por adláteres de cualquier tiempo y lugar -, los senadores y generales, más ávidos aún que el propio César en esgrimir el poder, empujarán a cualquiera que ostente el trono a no tener piedad de bárbaros, sirios, armenios o quienes osen poner en solfa su dominio de siglos. 
Todo este inicio, donde más brillan los diálogos de Philip Yordan y que se asimila tanto a Welles (anticipando no sólo "Campanadas a medianoche", sino también "The immortal story") como al gran Preminger, que por entonces estaba en la cúspide de su poder como cineasta - y también a punto de abandonar para siempre la clave que engrandeció como pocos -, no tiene continuidad ni siquiera dentro del mismo film, que desde que aparecen los despejados cielos de Roma, consigue en gran medida, aunque más precariamente, no ceder a la búsqueda de la grandilocuencia del productor Samuel Bronston.
Hasta entonces (y habría que remontarse tres años antes a "El Cid", con la que enlaza) había pertenecido sólo a Mann y desde ese plano cenital que baja para que veamos el Foro, es un error entender el film como una puja - de la que seguro Bronston se proclamaría convenientemente perdedor visto el resultado final en caja - porque a Mann ya le importa sólo entresacar, de entre el sinsentido en que deviene todo, los gestos inútiles de Timónides, Lucilla, Livio o sus fieles amigos.
Esa lucha hay que buscarla en el Nicholas Ray de "King of Kings" y "55 days at Peking".

43 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Jesús. Sigo con mucho interés tus posts, pero de Mann solo me gustan "La pequeña tierra de Dios" y "La colina de los diablos de acero". Cucufate.

Claudio dijo...

Hablando de Mann y de Kennedy, hace poco pude ver "The Tall Target" con Dick Powell haciendo de un policía llamado justamente John Kennedy tratando de salvar a Lincoln de un posible atentado. Una enorme película de sólo 80 minutos y una de las grandes películas que transcurren en trenes.

Jesús Cortés dijo...

De acuerdo con "The tall target" como una de las muy grandes de Mann. Probablemente la mejor en blanco y negro fuera del territorio del western, más original y vibrante que "Men in war", que también es fantástica.
Esa coincidencia del nombre de Kennedy es curiosa porque por esos años era sólo uno de los relativamente abundantes "héroes de guerra" metidos a políticos; poco después sería Senador.
Quizá Mann ya lo conociera, es difícil rastrear ese dato.

Teo Calderón dijo...

Samuel Bronston fue un productor aventurero ciertamente atípico y con delirios de grandeza que le llevaron a embarcarse de forma un tanto suicida en empresas millonarias que no produjeron los beneficios esperados, provocando su "caída", en la que por otro lado intervinieron circunstancias extra-cinematográficas. En cualquier caso, hay que agradecerle su sentido del riesgo a la hora de elegir para la realización de sus proyectos a directores de contrastado prestigio y talento, en lugar de buscar la disciplinada eficacia de mercenarios del tipo J. Lee Thompson o Ken Annakin. En esta ocasión, Anthony Mann (que como apunta Jesús Cortés, ya había realizado para Bronston "EL CID") conseguía, dentro de las premisas de un film espectacular de gran presupuesto, una obra de inusual densidad en su contenido y enérgica narrativa que no excluía una impresionante belleza plástica, especialmente en su primera mitad. Secuencias como la que abre el film, el soliloquio de Marco Aurelio o las honras fúnebres bajo la nieve tras su muerte (todas con sabor shakespeariano), o por otro lado, la desbocada carrera de cuádrigas entre Livio y Cómodo o su duelo final a jabalina, dan la medida del vigoroso talento e inteligencia desplegados por el autor de "HOMBRE DEL OESTE" en unas condiciones de trabajo que a veces no eran las idóneas para la libre elección (las superproducciones tienen sus pros y sus contras).

Anónimo dijo...

Anthony Mann es uno de los tres o cuatro mejores directores de westerns, todos con una personalidad propia única, y con una capacidad de contar las historias con la planificación con la que muy pocos se pueden comparar. Conciso y claro como pocos, pocas veces sus películas se alejaban del camino en el que se iniciaban. No conozco otro director con una concentración visual tan exigente (quizás los mejores Nicholas Ray). Sus películas más hermosas son las películas más hermosas de la historia del cine. No concibo que solo gusten dos películas de este maestro sin magisterio. "The naked spur" es una de las películas más redondas jamás rodadas. Se puede preferir la poesía de Ford, el dinamismo de Hawks, la sencillez de Dwan, pero Mann está a su altura al menos en casi una decena de películas excepcionales. Desde "The furies" a "Man of the West".
M.A. Gomez

Jesús Cortés dijo...

Yo con Mann lo que nunca he tenido es una favorita clara, todas mis favoritas me gustan casi por igual: "Man of the west", "Winchester 73", "The tin star", "The man from Laramie", "The last frontier", "The naked spur", "El Cid", "The tall target", "The Glenn Miller story", "The far country", ésta que comento, "He walked by night", "Bend of the river", "Men in war", "Devil's doorway", "Reign of terror", "Thunder bay"... vaya colección de obras maestras.

Anónimo dijo...

EL CID me parece horrorosa. Mann las tiene muy buenas, por la energía que tenía tras la cámara, y no tan buenas, por no decir flojas. Luego está que muchas de las bien hechas son algo superfluas, según esa división entre el bien y el mal tan americana. MEN IN WAR me parece su obra maestra. Pero ya se sabe, opiniones hay para todos los gustos.

Duke dijo...

Yo rompo una lanza a favor por The Last Frontier, un western infravalorado por el protagonismo de Mature, pero de un dinamismo muy conseguido.

Sobre He Walked by Night, leí por algún sitio una declaración que hizo Mann diciendo que él solamente asesoró a Werker en algunas secuencias, pero que todo el mérito de la película era de Werker. No sé la veracidad exacta de esas palabras, pero con todo, Werker me parece un director muy hábil. De lo que recuerdo de él, su película de Holmes me gusta mucho, así como varios de sus westerns de los 50, especialmente The Last Posse, Tres horas para vivir y la magnífica Rebeldes en la ciudad. Tengo por aquí suyas en VO Canyon Crossroads y The Young Don't Cry, pero aún no las he catado...

Claudio dijo...

Leyendo la cantidad de películas citadas por Jesús, la mayor parte de la década del 50, sin duda la mejor etapa de Mann, me gustaría plantear un tema que nunca deja de asombrarme: la seguidilla de grandes películas que filmaban montones de directores en el cine clásico norteamericano. Basta pensar, solo como pequeños ejemplos, en el Capra de los 30, Hawks o P. Sturges (8 películas en el período 1940-44) en los 40, Ford, Hitchcock, Lang, Fuller en los 50 y otros muchos nombres que se podrían buscar no sólo en directores de primera linea. La continuidad de buenas películas de muchos de esos directores creo que es difícil verla en algún autor norteamericano de los últimos 30 años (pensando en la ecuación cantidad-calidad sólo se me ocurre el Eastwood de los 90)¿Ustedes creen que esto se da porque había mayor talento en aquella época, por el sistema de estudios, porque se filmaba mas o por ninguna de estas razones?

Jesús Cortés dijo...

Por todas esas razones.
Un cineasta - en pequeños y en grandes sistemas de estudios, en cinematografías asentadas y sin casi tradición - antes era además un hombre de cine. No perdía contacto con su oficio ningún año, como cualquier guionista, iluminador, atrezzista, músico o actor. De Kazuo Miyagawa, Cedric Gibbons o Alexandre Trauner a nadie sorprende que trabajaran en seis o siete films al año y lo mismo pasaba con los realizadores.
Desde hace muchos años ya no lo son. La mayoría pasan el tiempo, meses y años, escribiendo y buscando dinero y cada uno paga la inactividad de alguna manera. Lo más corriente es que se empiezen a parecer unos a otros (consecuencia de trabajar con equipos y eso le pasa hasta a Eastwood a veces) como los coches, como saben que tardarán en volver quieren asegurar el tiro demasiado y se vuelven discursivos o redundantes, se ponen una venda y tratan de volver a cuando tenían veinte años y más "libres" eran... se perdió una naturalidad que era clave.

Jesús Cortés dijo...

Algunos comentarios fuera de lugar han sido borrados y lo mismo tendré que poner, en contra de mi idea de siempre, la moderación de los mismos.
No por mí, que estoy acostumbrado a leer letras de discos de Butthole Surfers, sino por respeto a Rodrigo, Ángel, Antonio, Mario, Roberto y compañía, que han colaborado desde hace años aquí con sus comentarios.

Anónimo dijo...

Jesús se te han pasado dos joyitas : Raw deal (1948) y side street (1949), aunque claro tiene tal repertorio de obras maestras que nos faltan dedos
y muy buenas me parecen "T-men" y "Border incident", sin menospreciar las muy interesantes "Desperate", "The great Flamarion" y "Railroaded"

Antonio Muñoz

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, Jesús, en que “The Fall…” es una de las grandes obras de Mann. Incluso me parece (gustándome muchísimo “Cleopatra”, “Spartacus”, “Land of the Pharaons”, “The Ten Commandments” y “El Cid”) la mejor de cuantas superproducciones se han hecho. Recuerdo la impresión que me produjo la primera vez que la vi, pues sólo sabía de ella que venía del denostado Bronston (que había producido decepcionantes –en buena medida por sus interferencias- trabajos de Ray y Hathaway… aunque también la precedente y excelente obra de Mann) y que había sido un fracaso comercial y, presumiblemente (pues no encontraba referencias suyas), crítico. Pues bien, para mi sorpresa me encontré con una obra serena, densa, inteligente, melancólica.
Tampoco tengo yo un Mann favorito claro: dudo entre “Man of the West”, “The Man from Laramie” y “The Far Country”, y también me gustan mucho la, efectivamente, demasiado olvidada “The Last Frontier” y el resto de las que conozco de las que citas (entre ellas la emocionante e infravalorada “The Glenn Miller Store”). Mann padece la desgracia de que, cuando se votan las mejores películas, al tener varias muy buenas y al no descollar claramente una, queda siempre sobrepasado por directores menores que realizaron una gran película en la que muchos coinciden en votar; algo parecido le pasa a otros grandes como Buñuel, o Preminger.
Rodrigo Dueñas

Anónimo dijo...

Alguien tan alejado como Wim Wenders ha declarado en alguna ocasión haber aprendido la narrativa cinematográfica y la “capacidad de orientación” de las películas de Mann. No puedo imaginarme un primer maestro mejor, un clásico, un narrador puro, cristalino en su puesta en escena y nada pomposo. Ni siquiera Walsh, que tiene en su amplísima filmografía obras más enérgicas y complejas.
Si bien “El Cid” fue un éxito comercial (gracias a la presencia de Heston) y, todavía hoy, goza de cierta reputación, es en “La caída del Imperio Romano” donde se encuentran más elementos extraños (de autor, si se quiere llamar así), tanto en la composición como en la mirada, destilando un tono de melancolía que yo no recuerdo en ninguna otra de sus grandes películas (por otra parte menos ambiciosas y, seguramente, más redondas).
Ángel

Jesús Cortés dijo...

Llaman mucho la atención esos planos con tanta profundidad, con todo el fondo enfocado, tanto en los interiores de los palacios como ese tan turbador con la cara del ciego traidor Cleandro (Mel Ferrer) en primerísimo plano, que recuerdo impresionante e inesperado en pantalla grande, como algunos de "Ivan Groznyy".
Vaya batiburrilo de influencias que tenía Wenders, proclamadas por él o evidentes: Mann, Ozu, Kazan o Antonioni, C. David Friedrich y Hopper, Robert Frank y Walker Evans...

Mario Vitale dijo...

Ese primer plano de Cleandro, en realidad todo el personaje, puede ser la verdadera clave de la película, una perfecta encarnación de la ceguera del destino, del peligro de confiar ciegamente en un destino ciego y traidor, y por lo tanto abocado a la tragedia. Mann -el Virgilio del Cine, le llamó Félix Martialay- era ideal para plasmar esa pugna entre destino y ambiciones, tragedia y drama. Marco Aurelio intuye la locura de Cómodo y la nobleza de Livio sin sospechar de su oráculo. Son inevitables las referencias shakesperianas e inevitable acordarse de Donald Crisp, amenazado por la ceguera física, culminación y metáfora de su ceguera moral en “The man from Larame”. Pienso que, tal vez, a esta enorme película intimista le hubiera ido mejor otro título menos grandilocuente, menos bronstoniano, pues la película plasma inmejorablemente que la decadencia anida no solo en batallas y parlamentos, sino también en alcobas, cuevas, tiendas, miradas… Y lo digo porque “The fall…” , donde pugnan moderados y fanáticos, lúcidos y salvajes, tiene hermanas casi coetáneas de igual categoría, pero con nombres más hermosos: “A Distant Trumpet” o “Il Gattopardo”.

Jesús Cortés dijo...

Hubiera estado bien ver a Donald Crisp en ese papel de Alec Guinnes. Un poco de cast against type le da siempre aire a un film tan grande.
Mejor desde luego que la idea de dar el papel de Cómodo a Christopher Plummer para que en los momentos más dramáticos haga un remedo joven y apolíneo del Peter Ustinov que incorporó a Nerón en "Quo Vadis".
Mann al parecer quería trabajar con Richard Harris (y lo utilizó en "The heroes of Telemark") pero igual no hubiese funcionado.
Mann se las arreglaba mejor de lo que pueda parecer con los "desajustes" interpretativos. No hay más que ver cómo frena el ímpetu de Lawrence Harvey por ser James Bond en "A dandy in aspic", que se transforma de esa manera en una de sus muy escasas comedias.

Anónimo dijo...

También para mí, las mejores, las que hizo con Robert Ryan.

Unknown

Anónimo dijo...

Side street promete mucho al principio, pero en mi opinión su desenlace es demasiado convencional. Quizá porque tengo en mente la hermosa They live by night, de N. Ray, debido a la coincidencia de actores. En cualquier caso, resulta inevitable compararlas, tanto por los actores como por la pobreza que sufren los personajes.

Anónimo dijo...

Superfluas sus películas y su división entre los conceptos del bien y del mal, habremos visto películas diferentes ya que los westerns de Mann supusiern precisamente todo lo contrario, un mayor enriquecimiento de la psicología de los caracteres del género con la presentación del personaje de Stewart como un héroe casi neurótico en ocasiones inchester 73 The naked spur), , o asocial (The Far Country), con un pasado oscuro que redimir (Beyond the River, Man of West), igualmente los personajes negativos distaban de representar el mal en abstracto sino que presentaban una grandeza o un patetismo que los convertía antes que en nada en seres humanos (Link Jones sería el mejor ejemplo). Yo en sus westerns veo una especie de invención de lo humano (en el sentido que le ha dado H. Bloom a este concepto en su análisis de la obra de Shakespeare) y veo historias de una dimensión y una complejidad difícil de encontrar en obras de directores (también excelentes) como Antonioni o Fellini mejor considerados.
Otro matiz el primero en hablar de Mann como un equivalente de Virgilio fue Godard antes que Martialay pero hay que valorar en éste que fuera uno de los primeros en España en valorarlo en su justa medida y de haberle dedicado un espacio importante (aunque merecido, por otra parte) en su revista Film Ideal.

Roberto B

Mario Vitale dijo...

Un aspecto muy interesante en esa complejidad y enriquecimiento del universo del western que Mann aporta indudablemente consiste en el revestimiento de su protagonista y estrella principal, en la galería de personajes que James Stewart interpretó antes de incorporarse al equipo de Mann. Pensaba esto ayer, después de ver de nuevo uno de mis tres Hitchcock favoritos, “Notorious”: ¿qué galería de chulazos, pícaros, truhanes, reales o potenciales, encarnó Grant con Sternberg, Hawks, Cukor y demás… para llegar a ese personaje que Andrew Britton calificaba de repulsivo, Devlin, pero que a mí me parece moderno, complejo, fascinante, a pesar de ser un torturado torturador, un reprimido emocional PERO con emociones? De la misma manera, las neurosis de los personajes de Stewart iban cociéndolas gente como Lubitsch, Capra o Hitchcock, dejándolas a punto para que explotaran con Mann.

Jesús Cortés dijo...

Sí e incluso, ya que se le nombra por aquí, el Robert Ryan de "The naked spur" es considerablemente más interesante y falsamente opaco que el de "God's little acre" o "Men in war" y ahí no cabe evolución temporal (es anterior a ambas) sino un claro desdoblamiento, multiplicación y ensanchamiento del diseño de personajes que en los westerns practica Mann con tanta naturalidad como claro propósito para reincidir una y otra vez en ese género.
No es nada fácil hacerlo. La violencia y la ambigüedad controlada de Gary Cooper en "Man of the west" dista mucho del esquematismo con el que (además) enfatiza su personaje de "The naked edge", sobre el papel mucho más turbio y digno de poca confianza y en la práctica simplemente maniqueo.

Anónimo dijo...

Man of the West es quizá el punto culminante de maduración y modernización de los personajes (me niego a llamarlos arquetipos) del género, no hay más que observar las miradas de Cooper durante toda la película, la sensación de repulsión hacia lo que no deja de ser su origen (su familia) y el no poder soslayar que como dirá en un diálogo ese viejo fue quien lo crió, y que por lo tanto es lo más parecido que jamás tuvo a un padre, la conversación con su primo sobre la reacciones de Tobin cuando Link lo abandonó son dolorosas hasta alcanzar casi lo impúdico, cómo su primo le comenta que él nunca traicionará ni abandonará al viejo por muy chiflado que esté porque lo quiere aunque sea consciente de su monstruosidad; igualmente Tobin es un personaje inolvidable con una extraña grandeza pese a su delirios y anacronismo, hay que observar sus miradas cuando descubre que Lasso es una quimera fantasmagórica, una tumba de espectros (cercana a la Comala de Rulfo), hay que ver el cariño de Mann en los detalles que configuran a este personaje con esa bufanda que humaniza, con ese sentimiento (pese a los excesos de Cobb) de dolor cuando piensa que Link ha regresado porque no tenía otro lugar donde ir. Y todo ello sin que Mann nos engañe, ni nos oculté su lado oscuro (la violación de las últimas secuencias).
Si esto es maniqueísmo tendremos que convenir que todos nosotros somos en nuestra vida diaria títeres de un teatro de marionetas. Pero lo más apasionante es que esto que comento de esta película no es exclusivo de ella es una constante de toda su obra desde algunas obras negras de los 40 hasta The Fall of Roman Empire. No es un accidente, sé que a esta alturas decir esto apenas significa casi nada pero Mann es sin duda un AUTOR en el sentido que se le dio a este término en los años 60.
Se ha hablado mucho de Virgilio, la tragedia griega o isabelina o Dostoyevski a propósito de la obra de Mann, creo que citar estos nombres nunca ha sido nada gratuito ni exagerado, al contario que tantas otras veces.
Roberto B

Anónimo dijo...

Añado que por uno de tantos lapsus (debidos a la velocidad de la escritura del mensaje) se me ha olvidado matizar que me refería a culminación de los personajes del género EN LA OBRA de Mann.
Espero que Ford, Walsh, Hawks y compañía podrá perdonarme.

Jesús Cortés dijo...

Bien visto lo de Rulfo.
También habrá que estudiar algún día las conexiones, quizá indirectas, de Fuller o Fleischer con otros escritores sudamericanos como el magnífico uruguayo Horacio Quiroga.

Anónimo dijo...

Habláis de “Man of the West”, justo la película de Mann que anoche volví a ver.
La miraba comparándola con “The Fall of Roman Empire” y veía aspectos comunes: la pugna entre barbarie y civilización (por cierto, esta última no se ve en “Man…”, pero se intuye en el pasado reciente de Cooper; nueva vuelta de tuerca: su pasado más distante debió ser sangriento y salvaje); violencia y crueldad veraces y que por ello, al contrario que en la mayor parte de las películas de acción, provocan tanta desazón; los paisajes hermosos, solemnes, inmensos… Mann consigue algo que pocos consiguen en el cine: que nos impresionen tanto como lo hacen (los que lo merecen) cuando los vemos en la realidad; la lógica y la lucidez del final, la profunda amargura que nos deja.
Es injusto que alguien que haya hecho estas dos películas (y, encima, el resto de las que señala Jesús) no sólo esté considerado entre los grandes sino que sea ignorado: no se le cita, no se le ve, no debe de ser imprescindible conocerle. Se pasó de modesto: tanta riqueza y complejidad muchos son incapaces de verlas si aparecen, sin subrayados, en géneros poco serios.
Rodrigo Dueñas

Luis dijo...

Desde hace años he notado controversia en relación a "El Cid". Hay detractores muy concienzudos, a la vez que fans acérrimos. Creo que yo estoy más cerca de los que disfrutan con "El Cid", sin parecerme una de las más grandes de Mann.
Estoy con Anónimo (entrada primera), cuando menciona "La pequeña tierra de Dios" (God's Little Acre), una pequeña película (de raíces cristianas) que a mí me emociona. La fiebre del oro vista de otra manera.
Mi western favorito de Mann quizá sea "Horizontes de grandeza" (Bend of the River), aunque tendría que volver a ver algunos que hace años que no veo. Y descubrir otros, para mí desconocidos.
También me divierte el Mann de "Two O'Clock Courage" (pequeña joya de suspense y hasta humor).
Pero, en cambio, no le veo enorme mérito a "A Dandy in Aspic", esa intriga internacional con toques psicodélicos que, en mi modesta opinión, carece de la maestría de sus grandes obras. Y esos zooms son más bien feos.
Luis S.

Jesús Cortés dijo...

"A dandy in aspic" tiene creo que tres o cuatro zooms no demasiado molestos y más que toques psicodélicos, acusa la alargada sombra de "Blow up", como "Frenzy", "The Boston strangler", "A doppia faccia" y tantas otras. Como el film lo terminó Laurence Harvey, no sabemos - o yo al menos no sé - si Mann era sensible a esa corriente o fue el director de la sumamente molesta "The ceremony" (muy prendada del nuevo Losey que llegó con "Eva") el "culpable".

Miguel Marías dijo...

Salvo que no se haya visto ninguna más, encuentro estrictamente incomprensible que a alguien puedan gustarle de Anthony Mann sólo dos películas, ciertamente ambas de las mejores suyas, pero las dos un tanto excéntricas dentro de su obra, y casualmente las únicas que parecen tomarse "en serio" los críticos americanos pretendidamente "serios", cuyo desdén por el western es sintomático. Aunque varios de los pequeños films "negros" del comienzo de la carrera de Mann son muy buenos, me parecen curiosamente algo sobrevalorados en términos relativos (en particular "T-Men"), y no creo que puedan compararse con sus mejores westerns (entre los que no incluyo "The Furies" ni "Cimarron" por los pelos) y alguna otra obra aislada de los 50 o 60, claramente más personales (y en esa categoría yo metería tanto "El Cid" y "The Fall of the Roman Empire" como la muy olvidada "The Glenn Miller Story", así como "Men in War" y "God's Little Acre", o la genéricamente ambigua "The Tall Target"). No entiendo ningún género de reticencias hacia "El Cid", al menos vista en copia decente (es decir, no en el infecto DVD que se publicó en España hace unos años) y en VO, que considero complementaria de "The Fall of the Roman Empire", y ambas menos "virgilianas" que lúcidas reflexiones políticas. "A Dandy in Aspic", para su fecha y pese a haberla terminado Laurence Harvey, es una de las mejores películas de espionaje y guerra fría que se han hecho, su apostilla final a un mundo que no parecía evolucionar sensatamente, y que debiera hacer recordar que Mann (como Ford, Walsh, Dwan, y otros tantos clásicos americanos) no era un cultivador exclusivo de ese género al que tantas obras memorables aportó que resulta casi imposible elegir sólo una; durante mucho tiempo sentí predilección por "The Man from Laramie", luego por "Man of the West", después por "Winchester '73", desde hace algunos años tiendo a pensar que la más perfecta (y tremenda) es "The Naked Spur" (misteriosamente apodada aquí "Colorado Jim"), pero sin por ello tener nada clara su superioridad "objetiva" sobre "The Last Frontier", "Devil's Doorway", "The Tin Star", "The Far Country" o "Bend of the River". Me permito añadir que encuentro también excelente "Night Passage", de la que al parecer Mann no rodó ni un solo plano, y que dirigió el nunca nada interesante James Neilson, pero que me parece de inspiración totalmente manniana, un poco como "Poema o morie" es de inspiración dovzhenkiana o "Young Cassidy" fordiana: misterios de la "autoría", hasta cuando el autor se ausenta.

Anónimo dijo...

Curiosidades.
Retomo un asunto que se debatió al principio de los comentarios: la asombrosa productividad de los creadores del cine clásico. Es de sobra conocido que Ford estrenó en 1950 tres películas (obras maestras las tres, además). Bien, pues Wellman hizo cinco películas en 1931, otras cinco en 1932 y siete en 1933; diecisiete películas en tres años, no está mal. Walsh lo supera: cinco películas en 1914, ¡once! en 1915, siete en 1917, cinco en 1918 y otras cinco en 1925. Excelente marca ¿la mejora alguien? Pues sí: el DeMille de los comienzos, que hizo doce películas en 1914, ¡¡trece!! en 1915, siete en 1917 y cinco en 1918. Pasemos al Curtiz de comienzos del sonoro: hizo seis películas en 1930, cinco en 1932, seis en 1933, cinco en 1935, cinco en 1938, otras cinco en 1939. No está mal, diréis, pero es que ya se superó a sí mismo dos décadas antes: hizo siete películas en 1916, ¡¡¡catorce!!! en 1917 y once en 1918. Sí: treinta y dos películas en tres años. ¿Alguien puede superar tales marcas? Pues el Ford de los inicios, que hizo treinta y tres películas en tres años: diez en 1917, ocho en 1918 y ¡¡¡¡quince!!!! en 1919… y sólo siete en 1921. Si es una pena que se haya perdido la mayoría de estas películas, mayor desgracia aún es que apenas se conserven de las de Ford de estos años, cuando trabajaba con ese prodigio de nobleza y sobriedad que era Harry Carey. Bueno, vuelvo a los creadores hiperproductivos con Borzage quien (aparte de hacer nueve películas en 1918, cinco en 1922 y otras cinco en 1925) aventaja a Ford en la realización de películas en un año: en 1916 hizo… veinte.
Me acabo de dar cuenta de que todo esto lo supera el Chaplin de sus tres primeros años y que a Chaplin parece ser (no dispongo de una filmografía completa) que lo adelanta el Dwan de sus inicios.
Miro la filmografía de los primeros seis años de la carrera de Griffith y me canso de contar: supera a todos con creces.
Rodrigo Dueñas

Duke dijo...

Revisé hace unos días Música y lágrimas, que hacía eones que no la veía, y como es lógico, se subió al pedestal en el que merece estar. La verdad que tengo muy olvidados sus trabajos de los 50 fuera del western y Men of War. Voy a ver si en las próximas fechas le doy un vistazo a God's Little Acre, Bahía negra y Strategi Air Command (esta última sí que no la he visto nunca). La que me da miedo de verdad y ya presupongo que será un lapsus en su carrera es Serenade, pues lo poco que he oído de ella no es muy halagüeño (prejuicioso que es uno, oiga).

P.D: Aprovecho la ocasión para mencionar un western de Gordon Douglas que vi ayer y me dejó maravillado, The Doolins of Oklahoma, que trasciende el elemento romántico de los films de outlaws de aquella época para dar un tono sombrío y fatalista de la banda. Muy recomendable.

Anónimo dijo...

Strategic Air Command me temo que es una asignatura pendiente que arrastramos muchos admiradores de Mann (ajena a nuestra voluntad ya que nunca he tenido ninguna noticia de que se haya editado o emitido);pensando en ese western de Douglas (junto al otro que rodó en esas mismas fechas, antes de su versión de la historia de Jessie James, el único que desconozco) me ha asaltado un sentimiento de relativa tristeza, qué pasará cuando ya no nos queden más westerns de Douglas que conocer (a pesar de algunos decepcionantes uno de los grandes de género), cuando ya no quedan por conocer ninguno sonoro de Ford ni de Walsh, ni de Daves, Sturges, Boetticher..., qué pasará cuando el filón se agote, quedará la revisión de los títulos, algunos (muchos de ellos no melodramaticemos, sic) tan fresco como la primera vez, y alguna rareza muy de vez en cuando que conocer.

Otra cuestión totalmente distinta es no creéis que a Mann como a otro director de su generación se le ha ninguneado por razones verdaderamente cabreantes, concretamente como a Fleischer (extraordinario cineasta pese a sus irregularidades. manifiesta ya en los 60 y exacerbadas en la última etapa 1970-1985, nunca un director tan bueno filmó tantas obras prescindibles junto a joyas como Mandigo, The Last Run o 10 Rillington Place), Ray siempre ha sido considerado como el más personal e indomable lo cual le ha garantizado un respeto, Fuller siempre ha sido el que ha convocado mayores sentimientos encontrado recibiendo mayores entusiasmos a la par que odios viscerales por lo que no veían o no sabían ver sus películas, y Aldrich que no es globalmente mejor que ninguno de ellos también tiene mejor prensa, como también Richard Brooks. Si hasta cierta actriz española que se casó con él casi siempre habló de él con suficiencia, gracias a él conoció a algunas estrellas como Gary Cooper y poco más. Supongo que Mann y Fleischer deben de ser menús de segunda fila al lado de Kieslowski, Von Trier y otros platos.

Roberto.

Jesús Cortés dijo...

Al hilo de la sugerencia de Duke, vale la pena buscar quien no la conozca la espléndida "Trooper hook" de Charles Marquis Warren (57) que acabo de ver, con diferencia la mejor suya que encontré.
En cuanto al ninguneo de Mann en España, este país es imprevisible para estas cosas. Tan pronto se desprecian o se les buscan las vueltas para "desmitificarlos" a gigantes como Sinatra o Mann como tan pronto se acoge con los brazos abiertos y se eleva al cubo el orgullo de haber sido bendecido con la presencia de mediocres como Guillermo del Toro o Eli "paperboy" Reed

Mario Vitale dijo...

Roberto, al lado de las estupendas tres películas que mencionas de Fleischer yo pondría, en primer lugar, THE NEW CENTURIONS, una de mis tres o cuatro favoritas norteamericanas de los 70. Creo que de las cuatro es la única que sigue teniendo mala prensa.

Anónimo dijo...

Muchas Gracias, Jesús, por poner en Patio The Shadow Box (Paul Newman).

Anónimo dijo...

Mario a mi me parece extraordinaria, no la puesto porque el mensaje ya era largo y me he limitado a tres, de esa época aunque es inferior a éstas yo también guardo un recuerdo muy bueno de Soylent Green, y había otras cuantas que eran buenas como el extrañísimo western que rodó con Lee Marvin y las menospreciadas pero despreciables, ni mucho menos, El don ha muerto y Mr Majestyk. Para compensar hay están Sara, The jazz Singer, Ashanti (que hace años que no reviso y lo mismo ahora la encuentro divertida), supongo que El Che (no la he visto nunca), El hombre más duro, El príncipe y el mendigo (no mala pero sí bastante decepcionante), La tercera parte de Armitville (aun así mejor que las dos primeras), Tora Tora Tora (nunca la he aguantado hasta el final) pero bueno parece que estoy trabajando para el enemigo Fleischer tiene tantas obras maestras como películas acabo de citar y otro tanto de buenas y muy buenas películas. recordemos siempre aparte de las ya citadas en otros mensajes Los vikingos, Duelo en el barro (sé que el título original es precioso pero los cito en castellano porque tengo que ir muy deprisa), La muchacha del trapecio roto, Impulso criminal, sábado trágico, El estrangulador de Boston, Barrabás, 20000 leguas en viaje submarino, The narrow margin, Los diablos del Pacífico, Bandido, Ven tras de mí, Hija de divorcio (supongo porque no la he visto pero Miguel Marías la cita como una de las joyas de su año en la lista de los 40) e incluso he de reconocer que Viaje alucinante cada vez me gusta más. Ése es Richard Fleischer y el director actual que tenga un currículo semejante que lo desprecie. No hay muchos en la actualidad que puedan.
Roberto.

Miguel Marías dijo...

Sin ser maravillas, Roberto, "Ashanti" es sorprendentemente buena (e infinitamente superior que otras más pretenciosas y famosas, como "Diamantes de sangre", por ejemplo); "Che" es aún más sorprendente, desde luego la Fox de entonces no es la Fox de hoy, y ni siquiera Omar Sharif está tan mal (ni Jack Palance como Fidel) como a priori cabe temer... y "Tora, Tora, Tora" me parece enormemente interesante, con un sorprendente intento de imparcialidad; su "Amityville" y su "Conan" no estaban nada mal, ni tampoco "Mr. Majestyk". A Fleischer, a partir de los 60, le tocaron en suerte (o como única oferta de empleo) varios disparates, que siempre trató de enderezar y realizar lo más dignamente posible. A veces no tenían salvación - como la última, "Million Dollar Mystery" -, otras quedaron muy por debajo de su capacidad (pero apostaría que hasta las peores estaban por encima de sus guiones). Curioso: el primer país que yo sepa (vaya Ud. a saber por qué) en el que se valoró a Fleischer, se le dedicó espacioy se le entrevistó fue este, en "Film Ideal". Si no recuerdo mal, Javier Sagastizábal escribió cosas muy interesantes sobre él (como sobre Jacques Tourneur en una época en que se le consideraba "un capricho de una banda de chiflados").

Anónimo dijo...

Sr. Marías, ¿le suena una película sobre un soldado perdido en el desierto y una hembra de guepardo, o algo así? Creo que es una película francesa de los noventa. Me preguntó por ella mi novia por un trabajo, pero ni rastro.

Anónimo dijo...

Miguel lamentablemente nunca he leído ese estudio de Sagastizábal aunque sí que he leído muchos artículos suyos en Film Ideal algunos largos (como los que publicaban Gimferrer) llenos de reflexiones interesantes y también recuerdo un muy buen estudio suyo sobre Franju, incluso compré un libro de este crítico que editó casi artesanalmente en el País Vasco (yo lo compré en la librería El Espectador en Barcelona) y que reunía una antología de críticas no publicadas por él desde el cine mudo hasta los 90 (me decepcionó un poco e incluso en sus críticas más recientes me parecía más próximo a los críticos de Nuestro Cine en su primera época (Eceiza, Guerín o Egea) que al admirador de Walsh que yo había leído en FIlm Ideal. Por otra parte no olvidemos que sobre Fleischer se han publicada en España, al menos, cuatro entrevista, tres de ellas largas, lo que demuestra interés hacia su obra por parte de la crítica española. Lo de Ashanti es algo que sospecho que vista ahora puede resultar como mínimo divertida, además el reparto es excelente, lo de mis relaciones con Tora Tora Tora lo veo más difícil, las de Conan y El guerrero rojo que vi con en mi adolescencia en el cine eran divertidas pero flojas pero eran modélicas en su claridad expositiva y narrativa, algo que la de Milius, mejor visualmente, no tenía ,ésta era un ceremonia (en ocasiones) de la confusión aunque muy hermosa visualmente (Milius tenía talento indiscutiblemente). De todas formas no sólo le paso a Fleischer, Aldrich rodó El rabino y el pistolero (que hacía buena Cuatro tíos en Texas) y el final de carrera de Brooks (Objetivo mortal, Juego sucio en Las Vegas) tampoco fue memorable.

Por cierto MIguel supongo que si alguien puede haber visto Strategic Air Command eres tú, qué tal está esta obra misteriosa para casi todos y sobre todo por qué extrañas razones crees que puede estar perdida una obra en la que participó James Stewart, yo adivino en ella (o creo adivinar) como mínimo una obra sólida, pero supongo que algún día lo sabremos. Ojalá.
Roberto

Duke dijo...

Con respecto a lo que decía Jesús de Trooper Hook, la han editado hace poco en DVD, pero según me han contado gente cercana, la calidad de imagen es más de un ripeo "hinchado" a DVD, como tantas otras que se están editando últimamente.

De Warren también me gusta mucho Hellgate (1952) un remake del Prisionero del odio de Ford en ambientes westernianos y una conseguida atmósfera de brutalidad y sordidez.

Sobre Strategic Air Command, se puede conseguir por "vías paralelas" de distribución.

Miguel Marías dijo...

No sé qué es un "ripeo hinchado", y desde luego no está en el formato (1x1,85) en el que exhibió (sospecho que "matted" a partir del standard), pero la calidad de imagen de "Trooper Hook" me parece excelente. Cierto que muchos DVDs publicados recientemente en España (tanto hablar de piraterías...) están grabados de TV (hasta suele aparecer el logo de TCM.com).
En cuanto a "Strategic Air Command", y pese a repetir la pareja de "The Glenn Miller Story" (aunque no suelo ni aguantar a June Allyson), contar con buenos secundarios, el que Stewart fuera aviador (y general nada menos de las fuerzas aéreas), la excelente fotografía en VistaVision, la música de Victor Young, y ser yo un aficionado a la aviación, me parece, después, claro, de la vergonzosa "Serenade" (que se carga, para colmo, una de las más geniales novelas de James M. Cain, en la práctica nunca filmada por razones de censura), la peor película de Anthony Mann (y he visto ya casi todas), aburridísima, propaganda de la disuasión USA en la guerra fría con elementos de baseball (que suele aburrirme salvo en el telefilm de Ford con, de nuevo, James Stewart).

Anónimo dijo...

Anónimo:

http://www.filmaffinity.com/es/film461386.html

Luis dijo...

Sé que este comentario no viene a cuento de lo que se estaba tratando en el blog, pero no puedo resistirme a recomendar una película que está ahora mismo en la cartelera en Madrid (eso sí, en un solo cine y una sola sesión).
"El caballo de Turín", de Béla Tarr (el autor de la escalofriante "Armonías de Werckmeister"). Si alguien tiene curiosidad, hago un (pasional, desacertado seguramente) comentario en mi página El Cine en Que Vivimos.
La película más desoladora que he visto jamás. Un poema cinematográfico anudado a una música excepcional de Mihaly Vig. Para mí, una obra de arte a la altura de cualquiera.
Un saludo y mil disculpas por salirme del tema.
Luis S.