viernes, 17 de febrero de 2012

G & G

La primera película filmada por Jean-Pierre Gorin después de la disolución del extravagantemente denominado Groupe Dziga Vertov hacia 1972 y el par de trabajos posteriores en que siguió colaborando con Godard y Miéville, es un sumamente poco conocido documento sobre un caso insólito de didáctica.
Grace y Virginia (Gracie y Ginny) Kennedy, dos niñas gemelas de seis años, prácticamente aisladas en un suburbio de San Diego en California - una barriada mimética de casas de aspecto prefabricado construido en la posguerra para la vuelta de combatientes y que alguien dice que se parecen a los departamentos que había en el Berlín oeste -, utilizaban un lenguaje privado e ininteligible por nadie más (probable mezcla de inglés paterno y alemán materno) con el que se comunicaban fluidamente.
Ese mismo año 1979 estaba ya de vuelta Jean-Luc, el factotum y autor (a pesar de todo: imagino que a fin de cuentas haciendo la mayoría del trabajo o tomando casi todas las decisiones, que es de lo que se trata) del citado colectivo  "anti-autoral", al cine, digamos, comercial con "Sauve qui peut (la vie)", con lo que la opción como documentalista tomada por Gorin parece bastante consecuente con su rol anterior, aunque de entre las opciones posibles, no era desde luego la más lustrosa.
Contrasta desde luego poderosamente esta fascinante "Poto and Cabengo" con las dos últimas obras que habían hecho en común Gorin y Godard y no me refiero tanto al contenido sino al ángulo empleado. 
Dos films tan políticos como "Letter to Jane" - una conversación/disección sobre una muy publicitada y activista fotografía de Jane "Hanoi" Fonda - y, ya en 1976, "Ici et ailleurs" - un experimento (y como tal, intervencionista) sobre  la convivencia paralela de dos familias, una francesa y otra palestina - no podían estar en teoría más alejados de esta investigación sobre procesos naturales y para colmo virtualmente involuntarios en la edad infantil, como son los de los aprendizajes.
La clave es ese plural, aprendizajes, pues no sólo le importa el de ellas.
"Poto and Cabengo" fija su atención tanto en tratar de averiguar las causas que habían conducido a ese resultado final de comunicación entre las niñas como y muy especialmente en conocer a contrarreloj todo acerca de los mecanismos puestos en marcha por los familiares y vecinos, educadores, logopedas, pedagogos o psiquiatras y por supuesto los periodistas, no para entender qué decían sino para para que se volviesen "normales" y hablasen sólo inglés lo que de paso deriva en una múltiple y sutil radiografía de los Estados Unidos de la era Jimmy Carter, aquel granjero de cacahuetes paladín de los derechos humanos.
Surgen durante ese análisis los interrogantes sociológicos, que son la antesala de los políticos que tanto le habían interesado a Gorin en los años previos.
Todo el misterio y toda la inocencia de la infancia, todo lo que hacía especiales a las niñas - y si no mediaba un golpe de suerte estarían condenadas a ser olvidadas rápidamente por los medios y vivir una vida rutinaria - condensados, encapsulados antes de que desaparecieran.
Miedosas sin perder la sonrisa, inesperadamente gesticulantes o ensimismadas y consideradas como deficientes por varios especialistas, casos demasiado alargados en el tiempo de fases del habla típicas entre hermanos y especialmente entre gemelos (idioglosia o criptofasia), Gorin las trata sin embargo como seres extraordinarios, sin descartar que quizá hasta fuesen de inteligencia superior.
Trata de esa forma de contagiar el asombro que siente al escuchar sus veloces y entrecortadas conversaciones, cómo se relacionan "dualmente" - a veces parece que a su pesar, preferirían no salirse de su mundo - con su familia y otros niños y con su abuela alemana, aceptada en la comunidad por ser extranjera y a la que parecen comprender sin problemas aunque en diez años ella no haya aprendido ni una decena de palabras en inglés.
Esa mirada a las circunstancias del día a día de las niñas, sin guión ni casi propuesta de actividad alguna, siguiéndolas con la cámara como buenamente podía, resulta curioso que termina por estar más cercana a la que compone y destila Paul Newman en "The effect on Gamma Rays on man-in-the-moon-marigolds" o a la que sueña Hayao Miyazaki en "Tonari no Totoro" que a la antropológica y sobre el papel más "pura" de Flaherty, Rouch o Truffaut que viajaban para conocer otras formas de vida o trataban de hacerlas colisionar con las más habituales.
Porque en este entorno de aparente normalidad con hules a cuadros, schnitzel con ketchup, patios de atrás donde leer el periódico, bibliotecas desiertas, un lugar donde el zoo es la mayor atracción, la única posibilidad de intuir que ahí fuera hay otras cosas, a Ginny y Gracie no se les permitió ser distintas.
Y no lo son.
Hoy día, por lo averiguado, la primera trabaja en una planta ensambladora y la otra es limpiadora en un restaurante.
Un triunfo de la civilización. 

6 comentarios:

Miguel Marías dijo...

Curioso, aunque me lo temía, que este texto no suscite, por ahora, los comentarios que otros provocan: tiendo a sospechar que casi nadie haya visto (o haya creído que puedan tener interés) las películas de Gorin en solitario (dado que no suelen gustar las que hizo como socio/escudero de Godard, a pesar de "Tout va bien" o "Vladimir & Rosa"). Yo encuentro "Poto and Cabengo", y un poco menos "Routine Pleasures", fascinantes y originales en extremo, sobre todo la primera muy modesta y muy atenta a sus sujetos y muy generosa con ellos. Son, si se quiere, una especie (hoy muy rara) de documentos en bruto, poco construidos, con rozamientos, sin pulido, pero bien vivos. Películas de un curioso para curiosos incorregibles.

Jesús Cortés dijo...

Yo no las conocía y me he llevado una buena sorpresa. También está muy bien "Routine pleasures", pero me llega menos. Me falta "My crasy life" del 92 hecha para la BBC.
No lo he visto, pero lo que no me cuadra es que figure como guionista de un thriller que encima se llama como uno de los grandes Borzage, "History is made at night".

Luis dijo...

No he visto nada de Gorin, no. En todo caso no sé si lo de "triunfo de la civilización" es un sarcasmo...
Quizás no venga a cuento, pero sí recuerdo un artículo de Muñoz Molina de hace pocos años, haciendo referencia al Godard más radicalizado o leninista (o maoísta) de Dziga Vertov. Y haciendo notar el asombro de gente como M. Forman, que visitaban la democrática Francia desde la Europa comunista y sabían de la falta de libertades, y comprobaban perplejos el tipo de "reivindicaciones" godardianas (y gorinianas, y de parte del 68)... En fin, es algo que acabo de recordar ahora.
Y siguiendo con vuestras recomendaciones, he visto "Los 10 mandamientos", la versión con C. Heston. Un espectáculo arrollador aunque, siendo sincero, con tanta solemnidad verbal y grandiosidad visual al final termina uno algo agotado.

Jesús Cortés dijo...

Más bien una ironía.
Todo el periodo "Dziga-Vertov" (que poca culpa tuvo de que utilizaran su nombre) tiene interés pero es bastante árido y no acabó con Godard de milagro.
Tampoco fue baldío y desde 1985 o así (con la extraordinaria "Soft and hard") en un sentido algo más subterráneo y sin tanto empecinamiento vuelve sobre esos pasos - que ya eran por supuesto los de "Le gai savoir", los de "La chinoise" y antes con "Made in USA" y hasta en las muy tempranas -, con lo que hay (como por otra parte, siempre, si se revisa a fondo su obra - una continuidad asombrosa y una coherencia estratificada, acumulativa, en toda su carrera.
También recuerdo - hace más de diez años que no la he vuelto a ver y ya debería - "The Ten Commandments" como algo arrollador. Pocas veces me he visto tan sobrepasado por la cantidad de cosas que ofrece un film y al mismo tiempo maravillado por tanta depuración. Es una obra total.

Anónimo dijo...

Yo tampoco la he visto, ni sabía nada de ella, ni (consecuentemente) se me ha presentado la posibilidad de verla. Gracias Jesús a tu comentario no desaprovecharé la oportunidad cuando se me presente.
A propósito de este artículo he recordado a Juliet Berto que, en la época de Gorin, también trabajó con Godard y de quien tampoco conozco nada de lo que dirigió. Cuando se estrenó “Neige” Marías le dedicó (le dedicaste, si me lees) una favorable crítica que, como suele hacer, animaba (o mejor, incitaba a conocerla). Creo recordar (me he puesto a buscarlo pero he comprobado que por desgracia no lo conservo) que cuando prematuramente murió, Marías le dedicó un justo homenaje.
Rodrigo Dueñas

Miguel Marías dijo...

Si no recuerdo mal, antes de su prematura muerte, Juliet Berto dirigió tres películas, las dos primeras con otro "Dziga Vertov", Jean-Henri Roger, las tres sumamente interesantes.