viernes, 26 de octubre de 2012

SIN UN RASGUÑO

Pocas películas de su tiempo lo contienen todo.
Se puede pensar que era el sino de esos años, donde sonaban truenos porque se anunciaba una buena tormenta tras el verano.
Mirando a la música que sonaba en la radio, ahí estaban las desconcertantes melodías de "Transformer", miraban desde un sofa lascivamente las feas "New York Dolls", llegaba como un boomerang la gran respuesta "negra", directa desde el continente donde todo empezó, "There's a riot goin' on", explotaban sorda o animosamente "Raw power" y "Maggot brain"... pero también afloraban, incólumes, los "Tapestry", "All the young dudes", "American beauty", "#1 Record" o "Grievous angel".
En algún lugar privilegiado y lo suficientemente alto para poder divisar ambos lados de la borrasca está "The new centurions".
Algunas de las imágenes más exultantes y comprensivas aún con las circunstancias reinantes (también en el cine), fordianas todavía que se podía respirar el mismo aire que llenaba los maltrechos pulmones del de Maine, jalonan buena parte de su metraje.
Casi sepultan a las muy duras, que lo son como pocas veces antes y desde luego impresionan ahora bastante más por mucha cruda autenticidad que traten de compensar.
Recordemos el "carromato" de putas contando anécdotas sucias (que poderosamente lleva la memoria hasta otra reunión de gente de mala reputación en un Cafe visto desde un cristal en otro film a contracorriente, "Bubù" de Mauro Bolognini), la cara de aquel tipo que parecía intimidante sonriendo por primera vez de camino a la cárcel, los burritos compartidos a las tantas de la madrugada, con qué ganas le hubiésemos pisado el cuello también al casero que explota a aquellos chicanos, cómo uno que fue como ellos y ahora quiere ser Sargento deja escapar en off a un compatriota y se desfoga destrozando un coche (su pasado, un Buick con la tapicería a rayas), la felicidad en la cara de esa enfermera apaleada horneando un pollo como si fuese un faisán y creyendo cada una de las sinceras palabras que escucha en boca de quien se despeñaba sin remedio hasta encontrarla a ella.
Quizá no se prestó la atención debida a la belleza en el cine de Richard Fleischer.
Es cierto que se detenía apenas un instante, que siempre preferió un encadenado o una elipsis - aquí reinan por doquier - a un fundido, que pretendía ser diáfano y huía de ambigüedades, que tendía a ponerse del lado de los arrepentidos y los desviados antes que del de los triunfadores, pero pocas mujeres me han parecido tan atractivas y al mismo tiempo cercanas, no importa los decenios o siglos que las contemplen, como Lee Remick en "These thousand hills" o Janet Leigh en "The vikings", pocos cromatismos recuerdo tan equilibrados como los de "The girl in the red velvet swing", pocos flashbacks tan balsámicos como los de "Between heaven and hell", pocos films mejor encuadrados que el monstruoso "Mandingo".
Eran los últimos minutos del cine que fue, como versaba Godard en su "Dans la nuit du temps". Después no quedará nada.
Muchos años más tarde, en una actualización de algunos de sus aspectos principales, con otro policía novato, "Le petit Lieutenant" (Xavier Beauvois, 2001), ya no habrá un resquicio para sentir que ese trabajo, como cualquier otro, puede acoger una forma de ser.
Todo vuelve y no es la música ni los cortes de pelo ni la decoración lo que data un film sino su moral, cuán lejos (asumiendo corrupciones y derivas, sin idealismos) se encuentren sus personajes de admitir que ahí fuera debe haber, no algún tipo de orden que se da ya por quebrado, pero sí al menos una posibilidad de volver a casa todos los días sin sentirse mancillado y no tener que habituarse a salir por la mañana con un cuchillo entre los dientes.
En ese sentido, "The new centurions" es más inalcanzable que intemporal.
El viejo Kilvinski (George C. Scott, a quien aprendimos a querer tras interpretar al más despeciable personaje de la década precedente) proclama sin grandes esperanzas sus leyes para enmendar, lo poco que se pueda, la noche.
No creía una sola de sus palabras: aspiraba a que su rutina fuese su vida, disfrutaba de los pequeños triunfos de su intuición y no se iba a ahorrar la gratitud a quienes compartieron con él tantas horas porque la había transformado en cariño.
Todo el film, esté presente o no (y desaparece físicamente bien pronto, en una de las grandes audacias de puesta en escena que recuerde), "aprende" de su ejemplo, nada ejemplar.   
Recorre el personaje de Stacy Keach en meses lo que él vivió en 25 años, pero aún tendrá otra oportunidad para "volver" a su edad. Lo que se le negaba en "Fat city".
Que no pudiese aprovecharla es la mayor de las crueldades que reserva la película. Lógica y consecuente, pero difícil de digerir. 

20 comentarios:

delanubealaresistencia dijo...

Que película mas especial y emocionante, de las que más deberíamos recordar y recomendar de su época; y me da la sensación de que, al igual que Fleischer, está demasiado olvidada (si es que alguna no lo estuvo). Y una parte final tan dramática y emotiva... uno de esos filmes que crece constantemente.

Mario Vitale dijo...

Hace una semana, precisamente, se la copié a una compañera diciéndole que era una de mis dos o tres favoritas de los 70 y que el instante en que el policia le dice a la enfermera que se encuentra bien después del antentado que sufrió para luego sincerarse en breves instantes y reconocerle con la mirada, la voz y la expresión que está destrozado, desorientado y hundiéndose me parece uno de los más grandes y emocionantes momentos que yo he visto en el cine. Tristísimo, conmovedor y apasionante este Fleischer.

Anónimo dijo...

Que es una excelente película, sin duda; que ha sido injustamente olvidada y menospreciada, como tantas otras de este gran director, de acuerdo; que es una las visiones más duras y desoladoras de una profesión que jamás se han mostrado en una película y uno de los mejores tratamientos sobre la soledad humana y la destrucción a la que puede llevar la inacción del individuo y la falta de motivaciones y esperanzas, también. Pero de verdad creéis qué es una de las mejores películas de los años 70, a mí me parece excesivo, podría estar entre las más infravaloradas con otras de Fleischer de esos años como Mandigo (aunque ésta tiene defensores tan conspicuos como Andrew Britton, Robin Wood o Adrian Martin y enemigos tan nulos y sospechosos como Roger Ebert o Leonard Martin) o The Last Run (aunque ésta tiene una aureola mítica quizá porque la empezó Huston) pero entre las mejores (tres, cinco o quince) me parece excesivo. En cualquier caso una muy justa reivindicación. De hecho recordar al gran (enorme) Richard Fleischer siempre una magnífica idea y acto de justicia poética.

Jesús Cortés dijo...

Para mí sin duda sí; no sé si acotaría tanto como hace Mario pero por el estilo y si nos circunscribimos al cine americano suscribo su comentario.
Y además están dos obras maestras como "Mandingo" y "10 Rillington place" (un poco rediviva ahora gracias a "Barbara" de Petzold) y otras cuantas buenas en esa misma década.

Rodrigo Dueñas dijo...

Aunque no he leído la novela en la que se basa la película, constato que la adaptación que hizo Stirling Silliphant es excelente. Las numerosas situaciones, anécdotas y personajes que a lo largo de unos cuantos años supongo que describe la novela, el guionista las condensa en pequeñas escenas que se suceden inmisericordes (no hay grandes personajes, no hay situaciones heroicas); cuando nos damos cuenta, han pasado años, ha pasado la vida para unos seres que no han caído en que la malgastan en rutinas y nimiedades.
De Joseph Wambaugh sí he leído la extraordinaria “El campo de cebollas”. También sigue las vidas de unos personajes a lo largo de varios años, personajes cotidianos arrastrados por una situación tan trágica y absurda como sólo puede ocurrir en la realidad (la obra se basa en hechos reales). Pero en esta ocasión, el guión, hecho por el propio escritor, no logra narrar de forma efectiva y dramática los numerosos incidentes que se van desarrollando a lo largo del tiempo.
He visto que Wambaugh no es un escritor muy valorado, pero lo poco que conozco de él me anima a conocer su obra. ¿Alguien ha leído alguna novela suya tan buena como “El campo de cebollas”?
P.D. Las tres películas que citas, Jesús, bastan para considerar a Fleischer como uno de los grandes de los 70. Y, claro está, Fleischer además hizo antes al menos otras ocho películas de una grandeza semejante a éstas.

Jesús Cortés dijo...

Aparte de esas tres y las otras cinco mencionadas en el texto, están para mi gusto también a semejante altura "Child o' divorce", "20000 leagues under the sea", "Bandido", "The Boston strangler", "Violent saturday" por supuesto, "Compulsion", "The narrow margin", y no andan lejos "Armored car robbery", "Barabba", "Tora, Tora, Tora", "The last run" y alguna otra.
Cuando hablas de "The onion field", Rodrigo ¿te refieres a la adaptación de Harold Becker?

Rodrigo Dueñas dijo...

Hablo sobre todo de la novela, que es excelente, y que dio lugar a la película de Becker, que me parece sólamente buena, y que fue escrita (y creo que también producida) por el mismo novelista.
Joseph Wambaugh también fue el guionista de, al menos, dos películas que adaptaban novelas suyas: "The Black Marble", también de Becker, y que tiene buena fama, y "The Choirboys" de Aldrich, que vi en su momento y que, por lo que recuerdo, no estaba mal.

Miguel Marías dijo...

Wambaugh es un antiguo policía, y sus novelas (al menos las nueve que he leído) suelen estar muy bien, casi siempre (aún) mejores (las dos de Harold Becker, un tipo interesante al que he perdido la pista; la de Aldrich) que las películas basadas en ella, pero con "The New Centurions" ocurre lo contrario, y no tanto por el guión sino por la dirección de Fleischer, que toma a uno y otra como materia prima para construir con los actores y la cámara una "realidad física" (ficticia, por supuesto) absolutamente ejemplar, a mi entender. Fleischer hizo películas malas y regulares, pero siempre trató de que fueran buenas o al menos lo mejor posibles (y ver ahora "Che" con un poco de objetividad prueba que de algo servía esa autoexigencia, hoy parece que perdida); y el número de extraordinarias que hizo (para mí una quincena)sobrepasa con creces el de muchos directores mucho más considerados; además, pocos de sus colegas americanos lograron en los 70 (entre alguna de sus peores películas) obras tan admirables como "The N.C.", "Mandingo" o "10 Rillington Place", e incluso otras tan apreciables, a otro nivel, como "The Don Is Dead" o "The Spikes Gang".

Rodrigo Dueñas dijo...

El problema de Fleischer es que, al contrario de otros directores que participaban en la elaboración del guión o que tenían capacidad y libertad para irlo modificando a lo largo del rodaje, él era más bien un profesional a quien se encargaban proyectos. Si el guión era sólido, como le ocurría en los 50, Fleischer podía desarrollar su genio. Pero si los guiones y los proyectos que aceptaba (seguro que porque no le llegaba nada mejor) eran medianos o de cortos vuelos, por mucho interés y oficio que le dedicase, no podía hacer milagros. Todo lo bueno que tiene “The Spikes Gang” viene del trabajo de Fleischer, que tuvo que lidiar con un guión indigno de él: ni la elaboración de personajes, ni la de las situaciones concretas, ni la construcción dramática de todo el relato, hubieran sido aceptadas para ser rodadas en una producción decente veinte años antes. Tampoco Tourneur, por mucho oficio y por mucho genio que tuviera, logró hacer grandes películas con proyectos que incluían guiones como el de “La batagglia di Maratona” o el de “The City in the Sea”.

Rodrigo Dueñas dijo...

A los grandes Fleischer que habéis ido citando yo añadiría “Barabbas”.
Y como música que podría oírse en la radio y que acompañara bien a la película (aunque seguro que no gustaría nada a ninguno de los protagonistas) pienso que “Exile on Main St.” (que se terminó de grabar y se editó justo ese año) es perfecta.

Jesús Cortés dijo...

Ese álbum de los Stones era la opción más obvia pero no lo mencioné porque se grabó en LA (rondó Gram Parsons al que sí aludía) y sin embargo viene a ser la antítesis de lo que se ve de la ciudad.
Seguro que Quincy Jones (discutible elección, pero hasta Peckinpah (!) contó con él) trató de esquivar cualquier sonoridad parecida.
Igual un oportuno "Happy" en el primer tramo hubiese hecho más popular el film.

Crusoe dijo...

Hombre, milagro. Encuentro a alguien más a quien le parece una obra maestra 'Mandingo'. Lo más gracioso del caso son las acusaciones de "racista" que le han dedicado algunas lumbreras.

En cuanto a la película que inspira el post, perdí mi copia al reconvertir los viejos VHS a DVD, pero tengo un buen recuerdo de ella. No así de la que hizo este director sobre Guevara, que a pesar de sus virtudes cinematográficas, es ejemplarmente maniquea.

Un saludo

Miguel Marías dijo...

"Che" no es ni de lejos tan maniquea como cabría esperar en esa fecha de una película americana y de la Fox, y creo que precisamente gracias a la dirección de Fleischer. En cuanto a que Fleischer no interviniera en los guiones y los aceptara tal cual, es casi siempre lo contrario lo que sucedía en el cine americano; lo que pasa es que no firmaban casi nunca y que a menudo no "escribían", pero hacían escribir (o reescribir) o cambiaban diálogos o escenas, o las suprimían directamente, o las filmaban de tal modo que no era lo mismo ni siquiera su sentido o su "contenido". Basta ver las entrevistas y comentarios de Fleischer en - al menos - la edición americana en DVD de "20000 Leagues Under the Sea"(o cualquiera de sus escasísimas entrevistas) para darse cuenta de que era un tipo extremadamente inteligente y nada rutinario.

Anónimo dijo...

Estimado Miguel Marías, independientemente de lo que cupiera imaginar tratándose de la Fox (pues ya si hablamos de épocas, abundan ahora más que antes las diatribas contra todo lo que no se ajuste al ideario mal llamado "liberal", es decir, "neoconservador"), y coincidiendo en que la habilitad o talento de Fleischer equilibra (hasta cierto punto) la balanza, yo sólo he dicho que la película en cuestión me parece "ejemplarmente maniquea", no que sea "tan" maniquea, esto es, especialmente maniquea de entre lo maniqueo surgido de la cinematografía estadounidense, donde hay, en ese sentido, para dar y tomar.

Un cordial saludo

Crusoe

Anónimo dijo...

Como siempre, habiendo tantos grandes cineastas en la actualidad como Tarr, Sokurov, Hou, Tsai, Yang, Kiarostami,Wong Kar-Wai, Haneke, Dumont, Desplechin... que abre nuevas puertas y ventanas a la modernidad, como diría F. Jamenson, perder el tiempo con esta obrita de Fleischer, ni muy buena ni muy mala, ni frío ni calor, me parece perder el tiempo con banalidades; de paso buscando la autocoplacencia que produce la palmadita del maestro,y negándose a entrar en menús mucho mas sustanciosos. Replegándose en caminos trillados, será eso de que mi vaso es pequeño pero yo bebo de ese vaso que decía un poeta francés.

J. R.

Miguel Marías dijo...

Ud. perdone, pero si Yang es el magnífico Edward, está muerto, más recientemente que Fleischer pero con mucha menos obra (y, a mi juicio, menor comparativamente); en cuanto a los restantes adalides de una supuesta modernidad, algunos - supongo que tengo derecho a ello - me parecen infectos (como Dumont), otros a menudo bordean la estafa estético-intelectual (a veces Tarr, casi siempre el ilustre misántropo Haneke) o son (Sokurov) más "irregulares" que Fleischer. Por muy buenos que sean (y en algún caso no sé si habría que decir "hayan sido"; varios no están muy activos o no atraviesan su mejor momento) Hou Hsiao-hsien, Kiarostami, Wong Kar-wai, Tsai Ming-liang, a los que cabría añadir bastantes otros menos "reconocidos" en festivales (pero no por ello menos contemporáneos y valiosos, ni menos innovadores aunque no alardeen), no veo razón alguna para que nadie (ni una revista ni, menos aún, un "blog" personal como el de Jesús; y menos todavía cada cinéfilo particular, que lógicamente se interesará por lo que encuentre interesante, no por lo que le dicten) tenga que someterse al criterio de la "actualidad", que - además de no ser tal en las pantallas españolas - sólo "vale" desde un punto de vista estrictamente "comercial" y de sumisión a modas y lanzamientos.

Anónimo dijo...

Ahora que sale el nombre de Sokurov, y que alguien del prestigio crítico_merecido_ de Miguel Marías habla de irregularidad a propósito de su obra, he de decir que he tenido que esperar a ver cinco films suyos para encontrar uno que me haya interesado (e incluso emocionado en algunos momentos), me refiero a Madre e hijo. Los cuatro anteriores, que incluían algunos de los más prestigiosos como El Arca Rusa (algunos fragmentos muy hermoso no redimen de la sensación de irregularidad, pretenciosidad y exhibicionismo a la película, de verdad era necesario rodarla en una toma que no plano secuencia, más bien es un plano/varias secuencias), Días de eclipse (empieza con unos planos muy bellos pero conforme avanza demuestran que no va en ninguna dirección, es un barco a la deriva), Moloch (sin comentarios) y Krug Vtoroy (The second circle), que es más humilde (adjetivo que no cuadra con este cineasta pero que tampoco va más allá de la curiosidad; miedo me da de ver las siete horas de Spiritual Voices o las otras partes de la trilogía del poder (Taurus, Solntse). Por cierto a Miguel Marías le preguntaría dónde ve la estafa intelectual de Tarr, no es que no lo entienda porque tampoco entiendo muy bien para qué necesitó 7 horas en Satantango para contar menos cosas que en La Condena o en las Armonias de W (lo que sea) que ya duraban más de dos horas y a veces se hacían largas.
Me gustaría saber que será de algunos de estos supuestos genios dentro de varias décadas, no es que pretenda despreciarlos pero mucho me temo que el paso del tiempo nos demostrará que sus grandes aportaciones era menos grandes (y menos novedosas) de lo que sus hagiógrafos nos vendieron.
Roberto

Anónimo dijo...

A M. M. : Sí era era ese Yang, y sabía que ya había muerto, en ningún caso dije lo contrario; entiendo y respeto que algunos de esa lista como Dumont no le gusten, a mí no me gusta Brisseau que a Cortés y a usted le encantan y no pasa nada; que otros no estén en su mejor momento, las fluctuaciones cualitativas en la obra de un cineasta no son algo reciente, siempre han existido; también sé que hay más autores importantes y francófonos como ustedes añadirán los nombres, interesantes, de Denis, Desplechin... además de otros cineasta menos conocidos de múltiples latitudes.

A R.: aunque la irregularidad de Sokurov, citada por Marías, sea algo difícilmente cuestionable, se me saltan los empastes al observar las películas que usted discute: dos de las tres o cuatro mejores de su autor, Russkiy kovcheg y Dni zatmeniya aunque sea para después alabar otra de sus cuatro mejores, Mat i syn ; no será que sus problemas con Sokurov serán consecuencia de cierta gazmoñería por su parte y de la negativa a participar en el desafío intelectual que conlleva la visión de las obras de Sokurov, visión que exige un espectador activo y deseoso de aprehender de las investigaciones pictóricas, poéticas, filosóficas, plásticas y morales de su poética de la incertidumbre de la invisibilidad ; evocar de nuevo el uso del plano secuencia es, como enunciar la utilización de las lentes anamórficas, el uso del filtro de un determinado color y tantos otros lugares comunes, es (repito) quedarse en la mera superficie del aparato formal, esto es, debatir si son galgos o podencos. Profundice en su mirada con Sokurov, no se arrepentirá.
En cuanto a Sátántangó es una de las tres mejores películas de los años 90, junto a Gu ling jie shao nian sha ren shi jipan de Yang y Bad ma ra khahad bord de Kiarostami; eso lo sabe hasta mi perro.
Saludos cordiales a todos.
J R

Jesús Cortés dijo...

Así que el que no participa en ese concurso intelectual para el que hay que "activarse" es un gazmoño y su perro sabe todo eso.
Me gustan muchos Sokurov, incluso ese objeto de "debate", "Russkíi kovcheg", me gustan mucho Yang y Kiarostami, Hou y Tsai (salvo su calamitoso último film francés), Wong (incluso "My blueberry nights") o Desplechin, pero me interesan muy poco sus proclamados exégetas si se comportan con esta suficiencia y pontifican desde tal altura; nada aprendo de ellos porque no sé escucharlos.

Miguel Marías dijo...

Aunque yo no sea tan listo como ese perro que por lo visto hace listas de las 3 mejores de cada década, me atrevo a considerar una estafa estético-intelectual por parte de Tarr anunciar que una película suya será la última (cosa que yo, como no soy boyerista, no deseo) e iniciarla con una cita de Nietzsche que nada tiene que ver con el resto de lo que muy morosa y repetitivamente nos muestra ("El caballo de Turín", que se me hace, pese a ser más breve, tan innecesariamente larga como "Sátántangó", cuando todo lo que en ella había lo hicieron mucho antes, mucho mejor y con más sentido su compatriota Jancsó y el griego recientemente fallecido Theo Angelopulos). Lo que, por cierto, no impide que me gusten mucho "Karzohat", "Werckmeister H." o "El hombre de Londres". Lo mismo que de Sokurov me entusiasman varias de las muchas que he visto, sobre todo "Eliegiia dorogi", "Mát i síin", "Solntse" y "Russkií kovcheg", aunque otras se me deslizan en exceso hacia misticismos supuestamente eslavos y esteticismos fumistas.
Y lo que no veo, nos gusten más o menos (o según cuáles) a cada cual las películas de varios cineastas más o menos recientes - que no por ello más modernos que Griffith, Rossellini o Godard -, es por qué no vamos a poder hablar de lo que nos apetezca, sobre todo, claro está, Jesús Cortés, ya que este blog es su casa y los demás ni siquiera estamos invitados; somos meros visitantes, quizá inoportunos. Y una visita debe guardar un mínimo de cortesía hacia quien le deja llamar a su puerta, creo yo.