lunes, 1 de octubre de 2012

UN AÑO Y UN DÍA

Hay géneros que dignifican una película.
Una escena de "Anne of the Indies", que casi puede pasar desapercibida, serviría de ejemplo.
El Doctor Jameson (Herbert Marshall) va a ser desembarcado para no volver nunca más al barco pirata en el que hace demasiado tiempo fue a enrolarse.
Integraba una tripulación que el famoso Capitán Teach "Blackbeard" (Thomas Gomez) puso al servicio y cuidado de su ahijada, una chiquilla a la que enseñó todo y que ahora, en apenas unos meses, desde que su hermano fue ajusticiado, se ha convertido en el terror del Caribe para los ingleses, Anne Providence (Jean Peters).
Jameson, amante de los libros - pero quizá no muy leído por cómo toma entre sus manos uno que encuentra en un botín, con esa delicadeza propia de quienes hubiesen querido convertir tal arte en su credo pero no pudieron o lo abandonaron y ahora  consagran el propio objeto, el medio que lo materializa - aún íntegro pero vencido y desaliñado, lleva años remojando en ron la vida que sobrio no podría masticar ni tragarse.
Nada sabemos de él, nunca está a solas, nunca vemos cómo vive, la mayor parte de las veces sólo mira lacónicamente y apenas habla, pero inmediatamente cobra importancia y ascendencia en el film desde que pronuncia su primera frase, que - único honor que le es concedido - es la que abre la película.
Tras estrechar la mano de ella (que lo mira sorprendida, sin reconocer la admiración que él profesa a quien ha sido capaz de hacer lo que él no pudo: someterse a su conciencia), la cámara lo toma cenitalmente mientras desciende por última vez la escalinata que conduce del puente de mando a la cubierta, repleta de piratas.
Es justo que se escenifique así su partida porque su lugar no parece haber estado nunca ni en un sitio - implicado en jerarquías - ni en otro - tomando parte en acciones o brindando por conquistas -, con lo que la escalera es en cierto modo su hábitat natural.
No hay emoción ni honores. Nadie se yergue a su paso como en "The wings of eagles". En tantos años, allí no ha hecho amigos.
Caminando entre ellos, cuando casi abandona el plano por la parte superior y falta apenas un instante para que finalize la escena, pasa el brazo por encima de uno de ellos, con el que antes ninguna relación especial hemos sabido que tenía.
Ese gesto, que como decía, no se subraya y dura un segundo, sólo puede comprenderse en el contexto de una tradición destilada de montañas de libros, estampas, leyendas orales y películas que ensalzaron valores como la camaradería y otorgaron un aura casi mítico a las correrías de unos hombres a los que desde que llegó el siglo XX no cabe aplicarles un término más despectivo, un insulto: mercenarios.
En un mundo sin solidaridad, la verdad de ese pequeño ademán cariñoso, aún si postrero, cuyo destinatario es probablemente todo aquel atajo de bárbaros, tiene ese lugar tan poco ponderado dentro del film porque el espectador es tratado como una persona inteligente, que conoce de lo que se le habla y al que le sobran mayores explicaciones.
Un espectador al que se orienta con mapas, al que se proporcionan todos los datos y al que se invita a penetrar en la complejidad del relato haciéndolo atractivo con dos armas que no son añadidos para "captar" su atención, sino esenciales: la claridad y el rigor.
Y no se trata de una rara avis.
"Anne of the Indies" no es más "seria", culta o atrevida, ni nada parecido a una bandera de la sonora quiebra de alguna costumbre o uso sagrado, ni siquiera un reluciente blasón adelantado a su tiempo que brilla sin mirar hacia abajo a sus vulgares hermanas bañadas en salado technicolor.
La obra maestra (y quizá cumbre) de Jacques Tourneur no podría ser más breve y modesta, pero tampoco más intensa.
Remarcada desde que finalizan los créditos la fugacidad de su peripecia con un adjetivo, corto, referido al último año (del que conoceremos los últimos días) de la vida de estos personajes, con la urgencia de todo lo que va a morir, como en "The iron mask" de Allan Dwan, es necesario fijar dicho recorrido en pequeñas y sencillas dosis.
Pudo haber sido una película ambigua y hasta cínica, pero prefiere Tourneur  y prefiere su guionista Philip Dunne, con el que repetirá en otra de sus obras máximas ("Way of a gaucho", que comparte con ella un final mágicamente equilibrado donde todos los protagonistas pierden y ganan algo), que sólo sea equívoca vista desde los azules ojos de Anne, uno de los personajes más duros - y sin embargo más castigados - de la historia del cine, cruel hasta límites insoportables para cuantos la rodean.
No sería de recibo adoptar ese ángulo y en cambio es necesario acompañar el relato cogiéndolo de la mano, poniéndose a su altura, porque el film habla de una decadencia.
Así, como cualquier elemento de este film de asombrosa condensación, es también significativo e imprescindible el libro de registro que asoma al principio y al final de la película, donde son tachados los barcos de los que se tiene noticia que han sido apresados o hundidos, ya sean cargueros como pertenecientes a bucaneros.
Esa marca de tinta, esa negra línea burocrática e implacable, compendia fríamente el punto y final a una actividad que dio muchos dolores de cabeza a los saqueadores institucionales, los que actuaban en nombre de reyes y reinas varios.
Orillado o al menos atenuado ese carácter elegíaco, tan habitual en Tourneur (no muy distinto punto de vista realista y con los pies en la tierra que el de "I walked with a zombie" o "Nightfall") no por ello es menos legítimo su romanticismo, que surge entonces de lo que ven nuestros ojos sin intuir que nunca más vivirá, se pueda aprender algo de ello o sea solamente la constatación de la naturaleza de las cosas: la última lección vital (nunca asimilada hasta hallar en la vida un momento para aplicarla), la última andanada, el último abordaje, el primer amor, el último sacrificio que se dibuja en un rostro (el de Jean Peters antes de ser masacrada, entre los más despavoridos jamás filmados) y la última esperanza truncada (memorable gesto de clausura de Teach, que por ser el único personaje real del film - Anne Providence está basado en Anne Bonny, de vida muy diversa a la narrada - es también el depositario de su testamento).

43 comentarios:

Anónimo dijo...

Algo artificiales estas películas de piratas, pero con el encanto de la vieja artesanía en el cine. Muy interesante el blog, estoy leyendo posts recomendables.

Anónimo dijo...

Todo el arte implica artificio, anda artificial el Potemkin, no digamos Ciudadano Kane, que es puro artificio, películas extraordinarias pero llenas de artificio, de formalismo desautomatizado, que diría Sklovki, cuando pienso en esta hermosa e inolvidable película prefiero recordar el uso del color, la compleja y sutil historia de amor de Ann Providence, el dolor de Barbanegra cuando se ve obligado a destruir el Reina de Saba, la belleza de dos de las actrices más guapa del cine clásico, la crueldad con la que una mano anónima y fría tacha de una lista el nombre de Ann y el Reina de Saba, los parlamentos del doctor que interpreta Thomas Mitchel o el inolvidable sacrificio final de Ann. Cómo eran los finales de este director (Yo anduve con un zombie, Retorno al pasado, Círculo peligroso, Una pistola al amanecer, La mujer pantera, La noche del demonio...), llenos de melancolía, de extraña tristeza, inolvidables y repletos de extraños matices que dejan en nosotros un poso de verdad; ésta es una de las mayores obras maestras del cine de aventuras marítimas y de esas películas con las que con cada visión nos enriquecemos como personas y descubrimos nuevos detalles ocultos porque su belleza es digna de una oda de Keats, de un nocturno de Chopin, de un cuadro de Mauricio Rugendas. Película absolutamente imprescindible.
Roberto

Rodrigo Dueñas dijo...

Roberto, como tú has comentado la primera parte de la primera oración de este sobrado anónimo, voy a comentar yo la segunda parte, indulgente y educadamente menospreciativa.
El encanto de la vieja artesanía… Yo lo llamaría el orgullo del trabajo bien hecho, el gusto por el oficio, la satisfacción de saber que, si aciertas, vas a dar placer a otros. De eso se preocupaban los que hacían películas en esa época y así, sin grandes ambiciones, conseguían obras, como mínimo, decentes. No querían revolucionar nada, ni significarse, sólo hacer un buen trabajo que les permitiera, por lo menos, recuperar costes para poder continuar con lo suyo. Raramente eran aplaudidos por la crítica (y menos, como se merecían), tampoco eran, ni de una manera ni de otra, reconocidos. Y en un entorno dominado por los encargos, los costes, las audiencias, las presiones, las reglas y las rutinas, las luchas de poder, la taquilla, los éxitos económicos como modelo a seguir… de pronto, entre todos esos profesionales, surge uno que, sin pretenderlo, es un creador: sus películas tienen una personalidad incuestionable, poseen una visión del mundo, descubren aspectos nuevos, no se parecen a nada ya hecho.
“Anne of the Indies”, aún siéndolo, no es “película de piratas” como dice el contertulio anónimo. Ni una película de estudio, ni de Hollywood, ni comercial. Es una película de Jacques Tourneur. De un artista que, procurando hacer su labor lo mejor posible, no sabía que estaba haciendo arte.
Si él no se planteaba ser un artista, menos lo hicieron la crítica y el público del momento, y ellos ya no tenían excusa, pues tenían ante sí el resultado, las películas. Lo penoso es que, hoy en día, haya tanto interesado en el cine que ignore, minusvalore o desprecie su valía.

Ricar2 dijo...

Qué tipo más misterioso este Tourneur. Qué sensación de extrañeza me dejan siempre sus historias, llenas de sombras, como subterráneas, como su hubiera más de lo que se ve. La más reciente que tengo es un western con Dana Andrews, "Tierra generosa", ni idea del título en inglés, y hasta en el western tengo esa sensación que comentaba. Tengo la ¿suerte? de no haber visto o recordar esta de piratas, así puedo verla por primera vez.

Anónimo dijo...

De todas formas Rodrigo lo mismo no estamos pasando y esta persona tampoco ha querido menospreciar la película sino dar su opinión que simplemente no es tan entusiasta hacia la película como la nuestra. El problemas es que fuera o no su voluntad, y que nos disculpe si así fuera, pone de manifiesta una especie de menosprecio en mi opinión injusto (estoy seguro Rodrigo que en la tuya también) hacia un tipo de cine y hacia un género que no se lo merece, y ya no es sólo esta gran película que tiene una gran cantidad de defensores (como El halcón y la flecha aunque ésta tenga más prestigio y no sé por qué, o como Martín y en este caso Martín tiene menos prestigio y tampoco sé por qué motivo; las tres igual de espléndidas al margen de que se pueda preferir una a otras), el problema son otras obras con directores menos ilustres que Tourneur, de gente como Thorpe, Sidney, Ludwig, Foster, Salkow, Haskin que por desgracia no tienen la suerte de pertenecer a un género de 1ª división, sino al a menudo menos apreciado género de aventuras, y ése es para mí el problema, el que haya obras que a priori ya jueguen con desventaja, que se vean con cierto tono de superioridad, por considerarse poco importantes o menos importantes; a esta película de Tourneur le pasó en su momento que era menospreciada en nombre de otras obras supuestamente más ambiciosas de Stevens, Zinnemann o Wyler (al margen de que éstas también pudieran tener grandes valores) pero afortunadamente a Tourneur hoy en día no le faltan admiradores que valoran su obra como se merece (siempre podrían ser más, claro está) pero creo que deberíamos recordar que la aventura es un género tan importante como cualquier otro, que aporta valores que otros permanecen ocultos y al que han aportado obras maestras gente como Hawks, Walsh, Ford, Mizoguchi, Lang... y casi todos los más grandes, pero que también es un género que se ha nutrido de excelente, notables o buenas películas de buenos directores que no tienen el estatuto de grandes o que tienen el estatuto de artesanos (palabra por cierto maravillosa) pero es que el Cine necesita de unos y de otros y nosotros como espectadores también. Hay veces que uno necesita ver Scaramouche o La venganza del bergantín y ese día los Ford, Hawks, Lang, Renoir, Mizoguchi y tantos genios deben ceder su lugar a otros directores menos ilustres pero igualmente llenos de cosas apasionantes que decir a quien las quiera ver o escuchar.
Recomiendo (aunque ya tiene sus años y pueda parecer ya superado) ese gran libro de Savater que es La infancia recuperada a quien no lo conozca, en él nos recuerda la grandeza del género aventurero y como los Stevenson, Salgari, May, Haggard, Cooper, Hope, Donan Doyle,Verne, Tolkien y tantos otros son grandes autores como los más reconocidos Conrad, Kipling, Defoe, Swift o Dumas y son libros que entre otros valores nos permiten alcanzar la sabiduría que adquiría Huw Morgan, el niño protagonista de Qué verde era mi valle, en la convalecencia de un año debido al accidente que sufría junto a su madre, Huw decía (y muchos le creímos entonces) que gracias a ese año pudo conocer unos libros que le enseñaron unos valores que siempre lo acompañaron a lo largo de su vida, junto a esas palabras la cámara se eleva en un ligero travelling en contrapicado y nos deja ver esos libros que incluyen a Stevenson, Dickens o Cervantes. Estas películas para muchos de nosotros han cumplido una función equivalente en nuestras vidas.
Roberto

Anónimo dijo...

No sé si sufren algún tipo de complejo o ven el mal donde no lo hay, mi comentario no iba con segundas y no hay nada ofensivo en él, salvo que sea, ofensivo, admirar la artesanía en el cine. El blog es más que interesante, pero parece que los comentaristas buscan la pelea que no encuentran en sus vidas, si pienso en la situación de su país.

Anónimo dijo...

Disculpas por mi parte si te he molestado, no había ninguna intencionalidad de pelea , te lo asegura, lo dicho, lo siento.
Roberto

Anónimo dijo...

Hay un tratamiento de la fotografía en estas "películas de piratas" tan irreal (artificial en palabras de nuestro anónimo) como irrepetible. No es exclusivo del género (por ejemplo, Leave Her to Heaven) pero agrupa una seríe de títulos que van desde The Black Swan y Reap the Wild Wind hasta obras mucho más modestas como Fair Wind to Java que, sin duda, imitan un look. Pero cuando detrás de la cámara esta Tourneur Jr, lo que tenemos es una "película de Tourneur". Y para demostrarlo ahí está Circle of Danger, rodada ese mismo año, en Inglaterra, en B/N... y llena de los mismos matices y sutilezas.
Ángel

Rodrigo Dueñas dijo...

Acepto, tal como dice el comentarista anónimo, que la calificación de “artesano” no sea ofensiva, pero me parece errónea. Por artesano se entiende al que con oficio y diligencia hace lo que buenamente puede y consigue un resultado decente. Tourneur es bastante más que eso: es un artista. Y asombrosamente un artista que se desenvolvió en un medio diría que ideal para que no pudiera serlo. Porque Tourneur no elegía los proyectos ni los guiones, los repartos le venían dados, trabajaba en géneros poco prestigiosos, la mayor parte de sus películas son de presupuesto mediano o bajo. Quitando un caso, nunca eligió un guión (ni mucho menos lo escribió). Hizo las películas que hizo, pero perfectamente pudo haber realizado otras (las que le hubieran encargado, como hicieron, los productores, que se las podían haber asignado a él como a cualquier otro director que estuviera bajo contrato en el estudio: “Way of a Gaucho”, tan inequívocamente tourneriana, la iba a dirigir King, y unos días antes de comenzar el rodaje pasó a sus manos) que hicieron otros (pienso en películas que hicieron King, Wellman, Walsh) y hubieran sido totalmente tournerianas.

Teo Calderón dijo...

El que suscribe siente una indisimulable debilidad por esta bellísima película de piratas en la que los colores, elaborados para sugerir emociones, la medida composi­ción de los planos y la intensidad dramática de algunos momentos, conforman, bajo el envoltorio de una cinta de aventuras, una historia inusualmente trágica: Anne Providence (arriesgada y perfecta composición de Jean Peters), artera­mente engatusada por el francés (un adecuado y odioso Louis Jourdan) lo pierde todo por un amor estafado. Película inolvidable, fascinante, en todos sus apartados.
¿Artesano? ¿Autor? Creí que a estas alturas lo teníamos claro. Pero si hay que seguir este juego, digamos que Jacques Tourneur era un alquimista capaz de convertir el plomo en oro. Y lo hacía con aparente facilidad, aún en las peores condiciones.
Vi "LA MUJER PIRATA" por vez primera cuando tenía siete años en un cine de barrio. Entonces no sabía por qué me impresionó tanto. Ahora sí.

Jesús Cortés dijo...

Yo en buena medida sigo sin saberlo y acepto de buen grado que sea así.
Tras ver cuatro veces más el film recientemente (no por la tentativa de escribir sobre él, eso ha sido un "efecto secundario") sigo encontrando bastante impenetrables los mecanismos y las razones por las que, como "They died with their boots on", me gustó tanto cuando era un crío y conservo ese mismo placer cientos de films después prácticamente intacto y resistente a las visitas por muy seguidas que sean.
Una parte de nuestras motivaciones, quizá más importante de lo que nos pueda gustar admitir - por aquello de que queremos saber siempre analizar nuestros gustos -, permanece oculta a nosotros mismos. Si la aceptamos con naturalidad al mirar un Kandisnky y darnos cuenta que la mirada se fuga siempre hacia un extremo del cuadro o al oir a Bach y sentir debilidad por un pasaje en particular, algo parecido pasa ante muchas películas por combinaciones de colores, cambios de ritmo, un plano sostenido o cortado justo donde más nos agrada, etc. Yo adoro cómo retrocede la cámara cuando Barbanegra dispara antes de la pelea con el oso y no tengo ninguna gran teoría al respecto, simplemente me gusta.
En cuanto a Louis Jourdan, su función es catalizadora. Como en "The Paradine case", es un "homme fatale". Tanto Alida Valli como Jean Peters tratan de reprimir sin éxito el deseo (aquí sin saltar clases sociales, es justo el mismo "nivel", otro capitán), algo no muy halagador para él porque es debido sólo a su físico.
Siempre he pensado que la razón por la que ella se sacrifica al final por él, es en cierto modo (y por eso hago esa alusión en el texto) un legado más que un gesto de amor.
El hecho de entregarle al doctor es como proveerlo de una tripulación, lo mismo que hizo Barbanegra con ella. Ha considerado más casi su derecho a recuperar su barco, su rango, que lo que pueda haber sentido y Jameson se da cuenta al instante y por eso menciona la palabra honor; alguien como él no podría haber "consentido" (en la acepción renoiriana del término) semejante cambio de opinión sólo por haber recapacitado sentimentalmente acerca de ese francés (el Sheba Quuen es la Gran Bretaña flotando: Anne de Bristol, Dougal escocés, Jameson probablemente irlandés y algún galés habrá por ahí) engolado.

Julián M. dijo...

Pues yo pienso que el comentarista anónimo se queda corto. Estas pelis de piratas son irreales e infantiles, aunque nos gusten porque nos hacen volver a la niñez. Yo al cine le pido rigor histórico y en Hollywood veo poco. Quizá me linchéis -metafóricamente hablando-, pero opino que hay que distinguir entre nuestros gustos personales y la calidad de las pelis.

abbascontadas dijo...

A mí me resulta claro que la fascinación que ejerce esta película (y su impacto erótico en los que la vimos de niños) viene de su personaje principal, esa heroína que no renuncia al falo cuando conoce el goce (algo impensable en el cine clásico), y cuyo periplo abocado a la destrucción viene servido por un guión perfecto y un gran trabajo de Tourneur, al que su sobriedad tal vez le haya dado menos visibilidad que a los grandes manieristas "suntuosos" (Hitchcock, Sirk, Preminger o Minnelli, p.e.).
Decir que La mujer pirata es ingenua o infantil...

Ximo Sancho dijo...

Hola. Acabo de descubrir este blog hace unas semanas, mientras buscaba información sobre una mis películas "malditas" favoritas (L'Avventuriero), y sinceramente, Jesús, tu blog no sólo me parece excelente sino necesario. Por otra parte, siendo yo un consumidor de cine occidental (y en su mayoría anglosajón), esta web ha conseguido reabrir mi apetito por clásicos como S. Ray, Kurosawa u Ozu, cuyos DVDs se morían de asco en mi estantería, todavía sin desprecintar desde que los compré hace años.
En cuanto a los comentarios de Julian M. y Anónimo, me llama la atención que hablen de ESAS PELÍCULAS, en plural, y no de la película de Tourneur en concreto. Lo cual me recuerda a las muchas ocasiones en que mis compañeros de trabajo (trabajamos en una serie para RTVV) se reían con desprecio cuando afirmaba que me fascinaban películas de gente como Terence Fisher, Mackendrick o Don Siegel. Y sin embargo babean ante lo último de Nolan o Tarantino. Ellos también hablaban de "Las Novias de Drácula" o "Jason y los Argonautas" como "ESAS mierdas que ponían por la tele cuando éramos críos". ¿Por qué se juzgan en lote sagas como El Planeta de los simios o Harry el Sucio, cuando la primera de la saga es terriblemente superior a las demás?
Hablar de "esas artesanales peliculas de piratas" supone meter en el mismo saco a Curtiz, Tourneur, Rowland Lee, Ulmer y otros muchos. Algunos eficientes artesanos, otros artistas adaptados al engranaje comercial, otros estimulantes rarezas. Poco tienen que ver entre ellos salvo su falta de exhibicionismo estético.

Bueno, Jesús. Que muchas gracias por tu blog. Por cierto ¿planeas publicar más posts sobre Rock?

Anónimo dijo...

La verdad es que en este foro algunos dicen las mayores estupideces con la mayor naturalidad, se cuestiona Ciudadano Kane y El acorazado Potemkin sin duda dos de las tres mejores películas de la Historia, muy por encima de la sobrevaloradísisma Vertigo, se alaban películas tan facistas como la que hizo Walsh sobre Custer o esta película infantil de piratas que ninguna persona mayor de 12 años aguantaría. Y encima dicen estas barbaridades muy convencidos de tener la razón, hay quien apela a ese nuevo facha que es en la actualidad Savater, o a críticos tan delirantes como los de Cahiers du Cinema. Si Mitry o Sadoul levantaran la cabeza, tanto esfuerzo para introducir el rigo no ha servido para nada. Predomina el puro impresionismo.

Antonio Cuevas Barba.

Julián M. dijo...

"Gran manierista suntuoso" Sirk, este comentario sí que es despectivo. Por lo visto se trata de reivindicar a los autores menores frente a los grandes, a los que hay que calificar ("manieristas suntuosos"), eso es snob, chachi, intelectual, hoy día.

Jesús Cortés dijo...

No publico sobre rock desde que me echaron del último fanzine. Curioso que fuese porque debía hacer algo sobre vampiros y les mandé quince folios (de lo peor que he escrito y mira que es difícil elegir) sobre Tourneur.
En cuanto al lenguaje de Abbas al que alguien "puntualiza", se requiere una titulación especial para entenderlo. Ahora se hace gratis en la mayoría de las academias pero hay que tener cuidado porque igual te quieren cobrar. Sign o' the times.

Anónimo dijo...

Menos mal que reconoces que es difícil elegir entre lo peor que has escrito. Todo por sembrar los posts de citas pedantescas.

Anónimo dijo...

Pues yo estoy de acuerdo con el comentario que cita a Savater, lo que no entiendo es el motivo por el cual está tan rematadamente mal redactado, Roberto de verdad tanto cuesta releer el comentario antes de enviarlo.
El foro es interesante y cada uno escribe lo que quiere, el blogmaster, como lo han llamado, no censura los comentarios de nadie aunque sean duros hacia su persona, lo que demuestra una honradez de la que, sinceramente, el valiente anónimo que lo critica carece. Eso sí los buitres carroñeros aprovechan la más mínima oportunidad para hacer acto de presencia, ahí sí que hay que reconocerles una gran eficacia.

José Francisco

Jesús Cortés dijo...

Hay comentarios, bastantes por desgracia en ocasiones, ofensivos, despectivos o de gente que se equivoca de blog y cree que aquí cabe cualquier cosa, que no publico.
Cuando escribía sobre rock pasaba lo mismo; si tocaba a los Clash, que son como la Virgen para mucha gente (y que me gustan mucho por supuesto, aunque no todo), había siempre problemas, pero no sucedía nada si era sobre "Kimono my house".

Lector dijo...

Patéticas estas peleas entre fans del cine clasicista americano y anticlasicistas, entre seguidores de "Cahiers" y sus enemigos, entre sobrados y exaltados. Por favor, un respeto a los lectores, que para eso los blogs son públicos.

Mauricio Lara dijo...

¿Escribías sobre rock? Yo hubiera pensado que te gustaba la música clásica.

Felicidades por tu blog, es interesante y despierta interés por las películas que comentas. Al menos yo que soy poco amigo del cine convencional, te sigo a menudo aunque no comparta todo lo que se dice, pero hay muchas maneras de discrepar.

Anónimo dijo...

Lo irritante es que a veces hagas afirmaciones sin razonarlas, Jesús, y que tus lectores hablen más de MM que de tus apreciaciones. Pero esto, la verdad, son minucias y el blog sirve para descubrir películas, que es lo que se agradece de un blog. Sigue así.

Noodles

Jesús Cortés dijo...

La música clásica me gusta mucho y suena casi cada día en mi casa pero "por culpa" del cine. Si veo "Simone Barbès ou la vertu" a continuación paso a escuchar a G. Fauré y si descubro "Casta diva", un film muy bueno de Carmine Gallone, como hace unos días, voy directo a saber más de Bellini y de rebote termino oyendo otra vez a Maria Callas.
En discos de rock en cambio combino de todo y sin estímulos especiales. No sólo Steve Marriott, Modern Lovers o Vic Chesnutt, también cosas muy recientes como los retornos de Redd Kross (estupendo "Researching the blues") o ZZ Top ("La futura", con buena producción de Rick Rubin), o lo último de John Hiatt, The Hangmen (magnífico "East of western", a la altura de "Metallic IOU"), Cat Power (jubilosamente "liberada" de ese tipo, Ribisi, con un efecto en su música parecido, aunque por causas opuestas, al que cristalizó en aquel mágico "Forever blue" de Chris Isaak), unos The Cult en forma, Bob Dylan, Down - más densos que nunca, reventándose los tímpanos en bosques donde ya se habrán marchado hasta las ratas -, Chris Robinson Brotherhood (algo decepcionante) o ese portento humano llamado Hank III.
Todo esto mezclado con una revisión completa de una de mis bandas favoritas de la historia, Slayer.

Roberto Amaba dijo...

Hola,

Mira que es difícil quedarse con una de alguien que ha hecho Out of the past, Yo anduve con un zombi, La mujer pantera, La noche del demonio, El halcón y la flecha... Por eso siempre me quedo no con una sino con dos que han tenido menos suerte en las historias del cine, y que hoy siguen siendo mis favoritas: Stars in my crown y Tierra generosa.

Un saludo.

Jesús Cortés dijo...

Yo si tuviera que elegir cinco serían, actualmente por este orden, "Anne of the Indies", "Out of the past", "Canyon passage", "I walked with a zombie" y "Nightfall".
Y su padre, tan distinto a él, tiene alguna maravillosa de entre las vistas como "Victory" y del puñado que no conozco debe haber varias buenas.

Roberto Amaba dijo...

La filmografía de su padre, quitando las pocas visibles (¿una docena?), debe ser un misterio para casi todo el mundo. La mano del diablo, la última suya que vi el año pasado me pareció además de simpática muy interesante desde el punto de vista histórico (parábola en plena ocupación de Francia).

Un saludo.

Carlos C. dijo...

¿Qué "Casta Diva" has visto, Jesús, la del 35 o el remake de los 50?

Jesús Cortés dijo...

La del 55, con Maurice Ronet,
Antonella Lualdi y Fausto Tozzi como Donizetti.
Es además uno de los grandes trabajos del maestro Mario Chiari.
La del 35 no la conozco.
Tiene películas sorprendentes en todas las décadas Gallone y con una filmografía tan amplia, bien merecería la pena investigar a fondo.
También hace pocos meses encontré su obra final, "Carmen di Trastevere / Carmen 63" con una Giovanna Ralli en "3D".

Carlos C. dijo...

La del 35 la puedes ver completa en youtube, aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=dU7-3KT3M88

Miguel Marías dijo...

No sé, Roberto: de 17 que conozco de Maurice Tourneur sólo dos (y ambas mudas) me parecen cercanas a las muy numerosas cumbres de su hijo. Cierto que hizo unas cien (incluyendo cortos mudos y sonoros), pero alguna de las francesas sonoras más reputadas me pareció sumamente academicista y pesada, y otras - la mayoría - me parecen más interesantes que estimulantes.

Sergio Sánchez dijo...

1-La calidad de una película no es objetivable. Cualquier cosa que deba tener la película para ser de calidad, como rigor histórico, es una petición tan caprichosa como el impresionismo del espectador y revela un desconocimiento atroz y un desprecio soberbio por querer saber y entender qué es un género cinematográfico y qué pretende.

2- Murieron con las botas puestas es tan fascista como El acorzado Potemkin stalinista.

3-Hablando de falta de rigor, exaltar como los libros de texto escolares de hace 30 o 40 años a Kane y Potemkin y menospreciar a Hitchcock es otro ejercicio de impresionismo como el nuestro tan falto de rigor y de desconocimiento de lo que se ha discutido y cocido en el ejercicio de la crítica en los últimos 40 años. Es una actitud elitista que es incapaz de apreciar la enorme relevancia que ha tenido un artista como Hitchcock en el desarrollo de la cinematografía, yo creo que condicionado por su pertenencia al arte popular.

4-Sigue faltando actitud para preguntarse qué puedo aprender de los demás antes de considerar que lo que dicen son estupideces.

Mario Vitale dijo...

En la fascista THEY DIED WITH THEIR BOOTS ON Buttler, herido en su orgullo cuando Custer pretende librarlo -por ser inglés- de entrar en una batalla de la que todos saben no saldrán vivos, le espeta a Custer:

"What do you Yankees think you are? The ONLY REAL Americans are on the other side of the hill with feathers in their hair."

["¿Qué se creen Vds., yankees? Los AUTÉNTICOS americanos están al otro lado de la colina, con plumas en la cabeza."]

Ah, qué pena no tener ahora fascistas e infantiles como Raoul y Jacques...


Anónimo dijo...

Qué demonios es el formalismo desautomatizado, Virgen Santa y Dios Bendito, puede alguien ilustrarme al respecto.
Genial el blog, se aprende, divertido, a veces sirve como catarsis para mucha gente por lo que leo, que conste que todos los comentarios, además de las magníficas entradas de Jesús Cortés, me parecen como mínimo curiosos aunque sea como estudio sociológico de los gustos estéticos y los intereses críticos de los espectadores de este país. Enhorabuena, este blog no tiene desperdicio y a los que lo criticáis haced uno, a ver si el resultado es la décima parte de interesante que éste.
Manuel

Ricar2 dijo...

De Maurice Tourneur pasaron hace cientos de años un ciclo en la 2 (!Qué tiempos aquellos, hoy parece que nunca haya podido suceder!) No recuerdo nada de aquel ciclo que me pareciera demasiado bueno, aunque, claro, yo era solo un chaval curioso.

Napoleónico dijo...

¿Se puede debatir sobre el fascismo en el cine americano, ya que lo han sacado los fans del cine de Hollywood?

Sergio Sánchez dijo...

Pero ¿existen fans del cine de Hollywood?, yo no lo soy, sobre todo existe lo contrario, quien no ve absolutamente nada positivo en 75 años de películas.

Anónimo dijo...

El cine norteamericano normalmente no es ni más ni menos fascistas que otros cines, existe eso sí elementos ideológicos discutibles pero igual que en todo el arte de los últimos 30 siglos; en todo el arte la mujer suele adquirir un rol secundario y pasivo, pero eso así en literatura o en pintura y es consecuencia de la mentalidad de la humanidad; el cine bélico norteamericano suele adoptar la mirada del propio ejército yanki (a veces con fines propagandístico) pero coño eso es una constante del género bélico desde La Ilíada o las Bellum Gallicum de Julio César y me preguntaría cuando se ha objetivado dicho punto de vista más allá de tres o cuatro ejemplos determinados; el punto de vista de western, pero qué punto de vista se supone que debería haber adoptado el género, joder con esta mentalidad en nuestra cómoda Europa desde la cual opinamos tan despreocupadamente seguiría con la Santa Inquisición sino entendiéramos que el llamado progreso (a veces mal llamado) implica sacrificios (de eso van los dos mejores westerns de Ford, precisamente o la película de los mineros de galés; la misoginia del cine negro ? (por cierto simultánea a una mirada progresista de la sociedad que critica la corrupción institucional y denuncia la marginación social), vale existe en muchas obras, qué se le va a hacer el malo tendrá que se alguien (digo yo) el hombre o la mujer; así se podría estar hasta el infinito viendo que puede existir (no lo niego) elementos ideológicos más o menos perniciosos pero los hay en la misma medida que en el teatro isabelino, en la novela rusa del XIX. Solución: tirar a la basura las películas de Hitchcock, Hawks, Ford, Vidor, Walsh, Wellman, P. Sturges, Sirk, Lang, Wilder.,Lubitsch, Ozu (porque claro al malvado Ozu con ese conservadurismo familiar no lo vamos a salvar), Tourneur, Bergman (por qué la relación entre dos personas de mismo sexo en Persona tiene que ser femenina y además ¡Guapas!), Einsenstein (el estalinismo suponemos que también será condenable o es que en nombre de la supuesta Izquierda se pueden cometer barbaridades) y cuando acabemos con el cine pasamos a tirar a la basura a Dostoyevski, Balzac Flaubert, Stendhal, Shakespeare y tantos otros.
Ya que estamos vamos a crear un canon de lo políticamente correcto (y no lo sólo a los malvados norteamericanos) y a ver si con un poco de suerte salvamos ¿100 películas?, por cierto no importa que no sean muy buenas lo importante es que satisfagan nuestra ideología personal. Por supuesto el que escribe esto será un fascista, bueno qué se le va a hacer

Luis S. dijo...

No parece muy adecuado hacer simetría entre un supuesto fascismo de Walsh y el estalinismo de Eisenstein. Lo segundo es bastante dudoso y lo primero un disparate: el fascismo es otra cosa.
Sobre Tourneur, reconozco que "Anne of the Indies" no está entre mis favoritas y que, dentro del subgénero del "cine de piratas", hay otras muchas que prefiero, como "El capitán Horatio Hornblower" (justamente de Walsh) o la versión de "La isla del tesoro" de Victor Fleming, para mí una joya.

Crusoe dijo...

No quería yo, como simple lector ocasional, entrar en las polémicas que últimamente, según veo, están crispando este blog, pero insinuar que el famoso western de Walsh no es "fascista" (término, por cierto, mal empleado en este caso), es decir, insinuar que resulta "objetivo" en su visión de la conquista, simplemente por una frase, esgrimida a modo de "prueba" (cuando a menudo resulta fácil echar mano de una frase en los guiones para tratar de mitigar el efecto de lo que las propias imágenes expresan), me parece una argumentación, cuanto menos, endeble.

En cuanto a Eisenstein, algunas de sus películas, ciertamente estalinistas, como 'Lo viejo y lo nuevo', son un insulto a la inteligencia del espectador, debido al simplismo con que abordan el conflicto dramático (más basado en hechos que le costaron la vida a tanta gente, como las famosas "colectivizaciones forzosas" en Ucrania). En cambio, otras, como 'El acorazado Potemkin' o '¡Que viva México!' no son, como loas revolucionarias, en absoluto estalinistas, habiendo supuesto el estalinismo, de hecho, la mayor contrarrevolución conocida en toda la era contemporánea.

Por otra parte, politizar excesivamente estos temas no me parece recomendable cuando, y lamento decirlo, como es norma común en quienes se consideran "de derechas", se desconoce la naturaleza de los propios sistemas (el mal llamado "comunista" incluido) que han determinado nuestro mundo moderno. Así, por ejemplo, se corre el riego de caer en el ridículo cuando se insinúa que los "de izquierdas" asumimos el estalinismo (o las diversas imposturas post-revolucionarias) como males menores justificados por la "causa". Precisamente la "izquierda" ha sido víctima, tradicionalmente, de sus divisiones internas, dándose el caso de que nadie se ha mostrado más crítico con el estalinismo (y los totalitarismos de capitalismo de Estado en general) que los "izquierdistas", gran parte de ellos depurados por la propia maquinaria del poder.

No sé si estas polémicas son bienvenidas por el dueño del blog, pero en caso de que así fuera, yo rogaría un mayor rigor a la hora de afrontar ciertos temas. El cine, como todo, está politizado, es cierto, pero politizar un intercambio de pareceres mediante lugares comunes crea demasiada confusión. Por ejemplo, criticar ciertas corrientes del cine norteamericano (que sin duda se ha caracterizado, en ciertos momentos, por un nivel de autocrítica envidiable) no implica denostar el conjunto de la cinematografía de los EEUU. Del mismo modo que aquéllos que no aprecian, qué sé yo, a Rohmer o a Antonioni, son cinéfilos "yanquinizados".

Un saludo

Crusoe dijo...

... que aquellos que no aprecian a Fulano y a Mengano, NO son cinéfilos "yanquinizados", quería decir.

Un saludo

Jesús Cortés dijo...

Ninguna polémica es bienvenida, las crispaciones menos aún.
Por mi parte, prefiero antes que cualquiera de ellas, que alguien nombre un buen film reciente que ha visto o uno que ha revisado y no lo recordaba tan bueno o diga cuál es su canción favorita del último disco de Johnny Hickman.

Crusoe dijo...

Me armo un lío al escribir en este cuadradito. Quería decir que... del mismo modo que aquéllos que no aprecian, qué sé yo, a Rohmer o a Antonioni, no tienen por qué ser necesariamente cinéfilos "yanquinizados".

Hablando de grandes películas, hice ayer un pase de una que descubrí aquí hace algún tiempo, 'Tres años sin Dios', que dejó boquiabiertos a los presentes. Una de las mejores películas bélicas que he visto (o que se han hecho) y, en su posicionamiento cristiano, de lo más profundo que cupiera imaginar.

Un saludo