miércoles, 26 de diciembre de 2012

LAS ALEGRÍAS DEL AMOR

Tras un periodo de dos años algo inestables en su carrera, donde parecía se apagaba la llama que había iluminado su brillantemente sostenida alternancia como director de musicales y comedias, casi todas al fin melodramas - desangelada "Kismet", exitosa pero peligrosamente tosca "Lust for life", incomprendida la que trataba de abrir nuevos caminos, la mejor de las tres con diferencia, "The cobweb" -, "Tea and sympathy" viene a fijar definitivamente qué era lo mejor y también qué sería el cine de Vincente Minnelli en el futuro.
Desde ese momento haría sólo dos musicales puros más ("Gigi" en 1958 y "Bells are ringing" en 1960, más un "revival" extemporáneo, "On a clear day you can see forever" con la Streisand, que eclosionó tarde para la época dorada, afortunadamente para unos y desgraciadamente para otros) y llegarían en cascada los melodramas, diez hasta el final de su periplo. 
Versión descafeinada y acobardada de la polémica obra teatral de Robert Anderson para una parte significativa de la prensa en su momento, siempre buscando alimentarse de asuntos cuanto más esquemáticos y (así facilmente) vendibles mejor, "Tea and sympathy", más allá de otras consideraciones, es, desde "Brigadoon", la siguiente película de Minnelli con la que es demasiado complicado no establecer un vínculo, algo que será habitual a partir de "Some came running", arranque y sin embargo quizá cumbre de un magisterio sostenido, amplio, duradero.
¿Quién no ha sentido en primera persona ese irresistible deseo de dejar cuanto le rodea y marcharse para siempre como Gene Kelly al final de "Brigadoon"?
Esa en pequeñas dosis coreografiadas es la esencia misma del musical y no importa lo pintoresca y naive que nos pueda resultar su leyenda, que recordaremos muchas veces su lícito, su necesario anhelo.
El otro lado de la vida, el más resistente de los escenarios y el menos propicio para sentirse a gusto, el que nunca se va a disipar por mucho que intentemos escapar de él porque en buena medida lo llevamos dentro, es el que plantea un film tan poco fantasioso, tan duro, realista y hasta cruel como "Tea and sympathy".
Puede chocar - y el tiempo y las revisiones no solucionar demasiado - las primeras veces que se entra en contacto con el film su insistencia en exponer abiertamente las heridas, sin tratar de sanarlas con mejunje alguno.
Más aún que las inadaptaciones y confusiones varias de Tom Lee (John Kerr) - más certera y valientemente expuestas que en varios recientes éxitos de James Dean: Kerr no podría ser un símbolo de nada ni para nadie -, sobre todo las de Laura Reynolds (Deborah Kerr), con más perspectiva vital y más certezas y sin embargo mucho más víctima de todo cuanto acontece, con todo en contra, sobre todo el factor que hará encajar algunas piezas para él: el paso del tiempo.
Llamativa es esa dedicación dolorosa a urgar en los reflejos exteriores de tales conflictos pero, con el apoyo de otras obras de sus autor, se puede concluir que necesaria para el punto de vista que adopta el film, disfrazado, casi mimetizado entre las hostiles y débiles mentes de cuantos rodean a ambos, tratando de ver "desde fuera" para comunicar "desde dentro".
Se puede pensar que se trata de una de las más inteligentes y audaces posturas seguidas nunca por director alguno, casi insólita en el cine americano "de estudio" pero era simplemente el "método de trabajo" normal para su creador, que la aplicará igualmente en - especialmente y abiertamente - "Home from the hill" o "The sandpiper" y la había aplicado ya, tamizada y sutilmente en una de sus obras máximas, "The clock" en 1945.
En vez de obcecarse con resaltar la sensibilidad, pasear triunfante la intimidad en un mundo maniqueo y reaccionario, se dedica a presentarlas como problemáticas, tratar de aplastarlas contra la pared, ridiculizarlas incluso, llegando a un dilema donde lo fácil, lo conveniente, es medir bien los pros y alinearse contra ellas y sus contras, en lugar de imitarlas.
Decía necesaria, porque permite así que afloren como fundamentales los verdaderos problemas.
Alguno es bastante manifiesto, como la falta de independencia económica de ella, que una vez fue actriz de teatro de carrera "nada espectacular", a la que nadie inundó el camerino de esas flores que ahora se afana en aprender a cultivar. Ese hecho la ata a su marido y apremia/condena a seguir buscando, entre una montaña de brusquedades, pequeños detalles cariñosos o tiernos, de los que le parecía había muchos hace años y ahora quizá se culpa por haber magnificado.
Pálidos reflejos en fin de belleza aquí y allá, en tulipanes amarillos incluso y ahora de nuevo nítidamente en el joven Tom, de lo que sentía por su primer marido muerto en el frente, al que recuerda como la Gretta de "The dead" de Huston a aquel chico, Michael Furey, aterido de frío tirando guijarros a su ventana, trágica y desesperadamente. "¿Por qué la prueba de todo tiene que ser su durabilidad?", se pregunta ella en el transcurso de la más sublime escena del film.
 
Otros no son tan obvios, como las consecuencias de las malas relaciones de los padres de Tom, que lo concibieron cuando su matrimonio se hacía pedazos ("es terrible fracasar en la primera misión que tienes en la vida" dice él refiriéndose a que debió "servir" para mantener unidos a quienes ya no se querían), encarnadas en lo que no dice ni hace su progenitor (encarnado por Edward Andrews, que ese mismo año 1956 sería otro padre "recto" en un film que deviene monstruoso y que algo tiene que ver con este, "The unguarded moment" de Harry Keller).
Y desde luego y por encima de cualquier otro, un asunto tan central en Minnelli como es el de la valentía, las agallas necesarias para vivir, para no tratar de librarnos de lo que somos, cuánto y cómo cuesta hacerse entender y respetar si no se actúa de cara a los demás sino siempre desde lo que se siente por muy contradictorio que nos resulte y si, sea lo que sea, no lo tenemos claro ni nosotros mismos.      

18 comentarios:

Luis S. dijo...

Hola. Me gusta lo que dices de la valentía como tema principal de Minnelli. Un ímpetu personal, a veces al borde del ridículo, el peligro o incluso la locura. ¡Qué bien nos vendrían algunas dosis de valentía hoy día a todos!
Si entiendo bien el último párrafo (quizá no), ¿es la primacía del "sentimiento" lo que detectas en el cine de Minnelli o en esta película concreta? Me refiero al sentimiento y a la aceptación del mismo, por muy duro que resulte o por muy ambiguo que sea (hasta el punto de no comprenderlo del todo bien...). ¿Y esa primacía... sería recomendable, por así decirse? No sé si la reivindicas en ese párrafo o simplemente la señalas. En fin, no sé si me he explicado, disculpa.
Por cierto, de las que he visto de este director (que son sólo un puñadito), la que más me ha gustado es su sólida "Madame Bovary" y la que menos "The Bad and the Beautiful", tan famosa y tan (me parece a mí) autocomplaciente.

Jesús Cortés dijo...

Reivindicar debería sonar un poco burdo para algo tan patente, pero parece pertinente vistas la cantidad de afirmaciones relacionadas con la superficialidad (el decorativismo, el pueril adorno, adjetivos que ya podían haber adornado, valga la redundancia, el currículo de otros con más prestigio y mucho menos profundos que él) vertidas en torno a este gigante, uno de los verdaderamente grandes del cine americano y uno de los más inteligentes, sin nada que envidiar a otros que tienen esa vitola como Preminger.
A cada cual le importa algo de un director que defiende; a mí desde luego me dicen poco (y no los tengo presentes) los que no me emocionan por muy buenos que me parezcan, pero muy "recomendable" no debe ser visto el predicamento de otros que se preocupan mucho por resultar "racionales".
Para emocionar a veces hace falta titubear, jugársela, ponerse al filo del fracaso absoluto, ese terreno donde hay verdaderos supervivientes como Godard o Barnet.
"The bad..." me parece muy bien por muy ajenos que me resulten los "códigos" de la peripecia. Prefiero mucho antes y me llega mucho más su (falsa) continuación, "Two weeks in another town".
Mi principal problema con las adaptaciones de "Madame Bovary" (y prefiero de las vistas - entre las que no se encuentra por ejemplo la de Sokurov - la de Renoir a la de Minnelli) es la misma novela, que nunca ha estado entre mis favoritas

Rodrigo Dueñas dijo...

Un saludo lo primero, Jesús; me alegro de que estés de vuelta.
Y además de que vuelvas con este Minnelli amargo y lúcido, con este melodrama discreto y sereno en el que los sentimientos (que muestra y que nos hace sentir) están a flor de piel.
Los protagonistas son los personajes más delicados, pero en absoluto los más débiles: continuamente hacen lo que creen que tienen que hacer. Y finalmente llevan sus actos, sus opiniones, sus vidas, hasta las últimas consecuencias: verdaderos héroes a los que ni se les pasa por la cabeza que lo sean.
En esta última visión me ha sorprendido el respeto con que están tratados personajes tan patéticos como el padre (con su cobardía, con su afán de integrar a su hijo como sea) o como el marido (con su tosquedad, con su incapacidad para expresarse y para darse). O como el compañero de habitación, que, a sabiendas de que no actúa bien, obra en función de la opinión de los otros.
Es una de las más grandes de Minnelli.

Jesús Cortés dijo...

En mi ranking particular "Tea and sympathy" ha ido escalando poco a poco y ahora mismo casi la pondría entre las cinco mejores (las otras podrían ser "Some came running", "Two weeks...", "The four horsemen..." y "The clock").
El tratamiento de los "perdedores", el marido y el padre, es ejemplar. Ves al primero, abandonado, contestando llamadas inclinado sobre el teléfono y ese jardín asilvestrado y no hay condena ahí, sino compasión. Simplemente no supo comprenderla ni tampoco a él, al que no recibe de uñas, sino derrotado, asumiendo su sino.

Y ando bastante liado con un libro en el que participo (sobre cineastas europeos) aparte de otras cuestiones, con lo que vengo poco por aquí, pero no me he ido.
También para mí es una alegría leerte.

Anónimo dijo...

¿Libro? Pero si no tienes pajolera idea, tío.

Jesús Cortés dijo...

Eso mismo pensé yo.

Carlos C. dijo...

Esperaremos con impaciencia el libro. ¿Sobre qué cineastas vas a hablar en él?

Saludos.

Jesús Cortés dijo...

Casi preferiría Carlos no decirlo hasta que esté todo más avanzado.
Me encargaron dos y otro lo "recuperé" cuando andaba casi descartado porque es de mis favoritos totales y jamás había escrito nada sobre él.
Esperemos que resulte legible.

Roberto Amaba dijo...

Anónimo, joder tío, no seas tan cabrón y deja a los mortales emborronar algunas páginas, que no todos van a ser capaces de escribir el Lazarillo de Tormes como tú.

Anónimo dijo...

Celebro tu regreso pero no puedo menos que expresar mi mosqueo por el comentario de Anónimo (Roberto sugiere que puede significar el regreso del autor de nuestra primera gran novela, ignoro si se tratará Diego Hurtado de Mendoza o alguno de los Hnos Valdés). A Jesús Cortés se le podrán reprochar algunas cosas (como a todos, supongo) pero no el hecho de que escribe con conocimiento de causa y huyendo de los tópicos manidos y más a la moda de los dictados de la doxa. Soy escéptica, en cambio, en que su libro (que adivino interesante) sea publicado en este país que malgasta el papel en libros como los Javier Memba o los de la editorial T&B Editores que se limitan a repetir lo ya dicho mil y una vez sobre los mismos temas de siempre (Cine de terror de la Universal, Hammer, ...) y en cambio no ha publicado ninguno de los libros escritos por Robin Wood en los últimos 40 años, como Sexual Politics & Narrative Film, el indispensable Essential Cinema de Jonathan Rosenbaum, las antologías críticas editadas en Inglaterra o EEUU que reúnen los escritos de Manny Farber, Raymon Durgnat o Andrew Britton, los libros de Serge Daney y en fin tantos libros fundamentales sobre cine que demuestran a que niveles se sitúa en interés de los lectores de cine de este país donde Carlos Agular debe ser considerado el trasunto perfecto de André Bazin y los crítico de Dirigido o Caiman los grandes popes de nuestra crítica, bueno y gran Boyero, claro.
En semejante panorama muchísima suerte señor Cortés, ojalá salgan adelante ambos proyectos que tendrán en mí una lectora fiel, y no nos fastidies Diego Hurtado de Mendoza o el Valdés que seas y vete a leer el último libro de Jesús Palacios que seguro que éste sí es para ti un sabio de cine y estilista de la prosa que merece publicar todos los libros sobre Satán que ha escrito (unos 50 o así)
Ido(i)a

Jesús Cortés dijo...

El libro, no precisamente porque participe yo o hasta una estrella de twitter como Roberto, se publicará porque lleva en marcha tiempo y en mi caso por lo menos, he cubierto la baja de alguien que en principio iba a estar (no sé quién), con lo que la cosa estaba casi hecha.
No es "mi" libro, cosa que sí adivino hipotéticamente impublicable por puro desinterés de quienes se dedican a esos menesteres.

Un lector habitual dijo...

Jesús, precisamente deberías escribir un libro propio y no en colaboración. Fíjate que hoy es muy fácil estudiar Historia del Cine gracias a internet. Por eso lo interesante de un libro es la originalidad, que sea subjetivo, y no el estilo de divulgación. El enciclopedismo lo suple hoy la red.
Como también suple el diván del loquero, y si no, observa cuánto resentido y desquiciado hay atacando desde el anonimato.

Un saludo y felices fiestas

Sergio Sánchez dijo...

Estupenda la noticia del libro, sea sobre quien sea. Ya adiviné yo y así lo dije que quien se ausenta de un blog es que tiene cosas interesantes que hacer. Buena elección , siempre, volver con Minnelli.

Un saludo y felices fiestas

Jesús Cortés dijo...

Felices fiestas para todos y más que nunca buena suerte para el año que se avecina.

Anónimo dijo...

Pero mira que diplomático que publicas las críticas y deseas feliz 2013. ¿Y que pasa en el 2013si se puede saber, o eres de la cuerda izquierdosa catastrofista?

Jesús Cortés dijo...

Se termina el mundo ¿no?
¿O eso era en 2012?
En cualquier caso conozco mucha gente y muy cercana que lo pasa mal y las perspectivas son peores.
La única "cuerda" que se me ocurre es la de presos y ahí estamos todos con los grilletes bien ajustados mientras unos pocos, antes y ahora, de todo pelaje y autoproclamada idelogía siguen amasando a costa de quienes les aplauden.

miguel dijo...

Es genial este Minnelli, sobre todo por su contraposición entre los espacios interiores y los exteriores, algo que ya estaba en la opresiva The Cobweb y también en la posterior Home from the Hill, para mi las tres películas de Minnelli que mejor mezclan lo novelesco con lo, por decirlo de alguna manera, conceptual (siempre hablando del melodrama). Diría que Some Came Running, Two Weeks in Another Town y Four Horsemen no tienen eso, aún siendo excelentes películas. Bueno, a mi la tercera me interesa menos, ya que la veo algo ahogada por sus excesos de producción, aunque toda la parte inicial es indudablemente brillante, de lo mejor de Minnelli.

Me faltan varias de Minnelli por ver, siempre he tenido interés en sus comedias finales, especialmente The Reluctant Debutante, The Courtship of Eddie's Father y Goodbye Charlie, siempre muy menospreciado, dentro de la ya de por si menospreciada filmografía de Minnelli.

¿Y The Sandpiper? Yo creo que tiene una injusta mala fama. Es un Minnelli más languido y melancólico, sin esa furia que suele corroer las entrañas de sus personajes. Pero bueno, yo creo que es otro momento de su filmografía.

Jesús Cortés dijo...

"The courtship...", "Goodbye Charlie" y "The sandpiper" (también "Designing woman" de entre las de la parte final) me parecen obras maestras y "The reluctant debutante" o "The long, long trailer" casi están a esa altura.
"The four..." es de sus cumbres románticas, en el otro extremo que representa "The clock".