lunes, 17 de junio de 2013

1962

Consumadas dos de las tres revoluciones propiciadas por el estreno de "Psycho" en 1960, la tercera de esas rupturas para Alfred Hitchcock, la que concernía a su propia obra y la única privada de ese trío de grandes transformaciones, no llegó a consolidarse.
Detonaron digamos las de mayor "radio", por sorpresa y masivamente.
En primer lugar la que dinamitó los cimientos de los géneros a los que pertenecía dicho film - el thriller, el terror, el fantástico - que cambiarían para siempre. En segundo término, la que cambió al propio cine comercial, que replanteó varios postulados de su carrera contra la TV al ver ese ejemplo de inversión exigua y resultados abrumadores en taquilla.
El entusiasmo de Hitchcock cuando creyó ver el espejismo de que sí había detonado la carga de profundidad que probablemente más le importaba porque era la única que podía controlar, merced a los grandes números arrojados por "The birds", tres años después, se fue al traste para siempre con los malos resultados que cosechó "Topaz" y los mediocres que arrojó antes "Marnie". De "Torn curtain" habría que descontar el "efecto Newman".
Alguna tentativa no muy bien acogida por el público como fue el caso de "The trouble with Harry" ya había tratado de proponer sin fortuna "otro" Hitchcock dentro de su periplo estadounidense, pero es con "Psycho" - como siempre, en las películas con menos presión es donde aparecían gustos ocultos - y la popularidad que generó, cuando había dado un tajo maestro a su cine largamente construido sobre la identificación del espectador, dependiente de un carismático protagonista (y en numerosas ocasiones de su atractivo antagonista), aprovechando placenteramente las condiciones y el formato "pequeños"... y abriendo de repente un campo infinito para provecho de otros.
Ni siquiera eran parejas las que habían llevado ese peso antes de la campanada dada con "Psycho", pues o eran precarias, desequilibradas, o se formaban in extremis tras superar mil y una dificultades; en realidad solía ser un solo personaje el depositario de la mirada de Hitchcock, una responsabilidad que devenía "insoportable" para una secretaria bastante vulgar y un siniestro regente de motel de carretera (que inspiraría canciones de The Sonics: conexión inimaginable unos años antes la de su cine con el rock n' roll) lanzados al vacío del montaje y el vértigo de una de las más brillantes puestas en escena que en el cine han sido.
"The birds" ilustra bien la euforia de esa liberación porque trata de llevarla más lejos. 
No sólo a posteriori, cuando los reparos a las actuaciones de un insípido Rod Taylor y una abrumada "Tippi" Hedren apenas llegaron a los oídos de Hitchcock llenos de los clamorosos aplausos a tamaña partitura orquestada por el averno, sino sobre todo mientras la ideó minuciosamente, en cada plano y especialmente en los que quedaban libres de humanos, que delataban más que nunca la presencia rectora y "campando a sus anchas" de alguien que parecía haber alcanzado la cima de su capa concéntrica más íntima como creador. 
La vuelta a los romances que significaron "Marnie" y "Torn curtain", más híbridas de lo que parecen e independientemente de su valor cinematográfico, cortó de repente esa tendencia.
Romances sin duda insatisfactorios para muchos y muchas que vieron a Sean Connery como un pervertido y a "Tippi" Hedren como una reprimida en la primera de ellas y a Paul Newman y Julie Andrews más fríos y desubicados que ambiguos y apropiados en la segunda.
Quizá Hitchcock pensó en que la alternancia era posible o quizá recayó en el "error" que dijo haber cometido con Ingrid Bergman en "Under capricorn" al utilizar a intérpretes célebres como fue el caso de Hedren o Newman sólo por el prurito de poder hacerlo, pero lo cierto es que esa evolución hacia un cine estratificado en varias texturas, sin anclaje en héroes, de relaciones personales tan intensas como escasamente escenificadas y apegado a la actualidad (del cine casi más que de los tiempos) que había brillado en "Psycho" y "The birds", una opción que lo posicionaba además en las vanguardias de aquellos años, las que iban de "Wild River" a "Pierrot le fou", languidece hacia el final de esa década.
Lo que "Marnie" y "Torn curtain" habían tratado de apuntalar menos abiertamente, de poco sirvió para mantenerlo en ese escenario.
En "Topaz", pensada por otros, sin mucha idea de lo que hablaban, como "un Hitchcock" (treinta años después de "Rebecca" y el mismo tópico), asume el maestro con la habitual cara de compromiso incómodo que le provocaban las inseguridades, un enorme riesgo después de cuatro años alejado de las carteleras.
Sobre el tapete estaban todas las fichas, las jugadas en sus films recientes, las que le quedaban por jugar de los gloriosos años 50 y las que abandonó seis años antes.
En esa disyuntiva, "Topaz" sorprende doblemente, ya que lo que no encontramos es lo que deliberada y audazmente opta por suprimir o sustituir, de vuelta a las andadas "experimentales" pero por otro lado, cada encuadre y cada rima cromática, cada movimiento de cámara, sólo puede pertenecer al más indeleble y consagrado cine de Alfred Hitchcock.
Esta circunspecta (burda a veces, pero ni por un instante críptica) intriga internacional que tanto había gustado en forma de novela, es mirada por Hitchcock desde un ángulo nada politizado, un punto de vista casi opuesto del que diez años atrás había utilizado Otto Preminger cuando abordó la precisa y diáfana adaptación de otro best seller del, no lo olvidemos porque no lo parecía, muy joven Leon Uris ("Exodus", en 1960 e igual serviría como ejemplo "Advise and consent"), inesperado "destinatario" Uris con su prestigio in crescendo, del ingente esfuerzo didáctico de dos gigantes.
Tan diverso enfoque porque a Hitchcock no podía importarle menos la política como concepto, menos aún como noción "superior". "Topaz" es tan anticomunista o anticastrista como "The wrong man" anti-policial. Sólo le interesaban las víctimas del funcionamiento normal de cualquier sistema, que comporta errores y métodos poco éticos y que por mucho que él proclamase siempre que se apoyaba en lo plausible, también podemos llamar, por qué no, realista.
Que haga un velado gag con un discurso de Castro (lo corta justo antes de que abra la boca; ya eran famosos por durar horas) o que unas gaviotas den la pista a unos soldados sobre las actividades de los espías que fotografiaban los misiles rusos, puede dar idea de lo interesado que estaba Hitchcock en profundizar o hacer balances sobre una situación que pudo ser muy grave.
Sería difícil saber cuántas películas hay en "Topaz", para cuántos largos, medios y cortometrajes habría historias (desde la muy elíptica de amistad, a lo "Madigan", de Deveraux y Nordstrom - Frederick Stafford y John Forsythe - a las interesantes de varios secundarios como el temeroso Uribe, el intrépido Picard, el traidor Jarre, los Mendoza o el muy carismático Dubois) engarzadas sin montaje paralelo alguno y en asombrosa continuidad, sin una coralidad que buscase asegurar al menos algún blanco.
Una cuestión reveladora es la intensidad desmesurada pero a destiempo (y en esto recuerda al Hawks más incomprendido, al de "Red line 7000") de los enamoramientos reflejados en los rostros de Juanita de Cordoba (espléndida Karin Dor) o Nicole (Dany Robin) por el agente Deveraux.
Las lágrimas que llenan sus ojos mientras él se marcha o llega para irse en cuanto pueda, son un buen síntoma para apreciar cómo había quedado abrasado el romanticismo en su cine, escindido de correspondencias desde por lo menos "North by northwest".
El lúcido e inmaculado Deveraux, nunca una arruga en el traje ni un riesgo de más, le pone cara finalmente, con su mujer de espaldas, a la soledad del mayor de los perdedores, en un plano sublime que es la contracopia del que cierra "An affair to remember" de Leo McCarey.

12 comentarios:

Miguel Marías dijo...

Sólo hay un punto en el que no estoy muy de acuerdo, y es la famosa teoría identificatoria, tan repetida a cuento de Hitch, y que nunca he visto en ningún cineasta, salvo como tentativa fallida de torpes (como Montgomery en "Lady in the Lake", que no en otros films), y su corolario. No veo muy carismáticos (aunque los intérpretes lo fueran, a menudo en otras películas) a los Cary Grant de "Suspicion", "North by Northwest" ni (sobre todo) "Notorious" (sólo, si acaso, el de "To Catch a Thief"), ni al James Stewart de "Rope", "Rear Window" o "Vertigo"; no, ni siquiera el de "The Man Who Knew Too Much". Y no digamos al Farley Granger de "Strangers on a Train". Ni el Joseph Cotten de "Under Capricorn" ni - menos aún - el de "Shadow of a Doubt". Tampoco (salvo que alguien se identifique con un mártir casi "voluntario a la fuerza") el Montgomery Clift de "I Confess" ni el Henry Fonda de "The Wrong Man". Nadie, desde luego, en "The Trouble With Harry", "The Birds", "Psycho", "Marnie", "Torn Curtain", "Topaz", "Frenzy" o "Family Plot". No podía extrañar, pues, que el agente 007 fuese "descarismatizado" radicalmente por Hitchcock en "Marnie" o que "Family Plot" o "Topaz" estuviesen protagonizadas básicamente por actores desconocidos para la mayor parte del público, cinéfilos incluídos. ¿Hay alguien más intenso en "Torn Curtain" que Gromek(Wolfgang Kieling) y la silenciosa granjera(Carolyn Conwell) que asiste a su torpe asesinato por Paul Newman, o más digno que Hanjörg Felmy y Ludwig Donath? ¿O alguien en "Topaz" más noble y emocionante que Juanita de Córdoba(Karin Dor) y Rico Parra(John Vernon)?

Jesús Cortés dijo...

No es un tema muy demostrable que digamos, pues entramos en el terreno de las suposiciones, personales además, pero diría que sí hay identificación con sus protagonistas, que en efecto debían ser gente normal porque él no se veía a sí mismo precisamente como alguien especialmente valeroso, audaz, seductor o intrépido.
La popularidad y el aura de inteligencia, merecidos desde luego, una vez maravillosamente filmado, musicalizado, montado y demás, "revertía" de esa forma casi íntegro en su propia figura.
El carisma supongo que se compra y se vende o al menos se construye, pero hay camisetas, memorabilia, canciones como decía, juegos de mesa, campañas publicitarias y todo lo que se le pueda ocurrir a uno en ese sentido con los rostros de Scotty, Norman Bates, George Kaplan, LB Jeffries, Bruno Antony, Melanie Daniels y muchos más personajes de sus films y en todos debe haber pequeñas o grandes porciones de su personalidad.

Mario Vitale dijo...

¿No fue Godard quien dijo algo así como “Demasiadas personalidades, pocas personas”? Cito de memoria y desde luego puede fallarme. Es indudable que Hitchcock filmó personas, las más de las veces débiles, dubitativas, temerosas, supongo que todo lo que conforma lo que podemos entender como angustia, y decir angustia en Hitchcock a mí me hace pensar y sentir en ese vértigo no sólo ante una situación más o menos comprometida o previsiblemente peligrosa, si no ante el amor y el deseo. ¿Conservar, además, el carisma ante todo eso? Entiendo y comparto los ejemplos que ha puesto Miguel, pero, por otro lado, no puedo dejar de sentir fascinación ante la debilidad, represión y cobardía de alguien como Devlin en “Notorious”, que hace que, al menos para mí, el rescate final sea, eso, un rescate, pero acompañado de a) una declaración de amor acompañada de b) una de culpa y redención, c) de los mejores abrazos y besos que he visto en cine (y mira que se insiste en los que se dan los mismos protagonistas en la terraza mientras tratan de comer) y d) lo que motiva una suspensión en el tiempo acongojante –angustiosa para el espectador al que le gustaría gritar “¡Cárgatela al hombro y salid de ahí!”- y que no empieza sólo en la archicitada bajada de escaleras si no en el dormitorio mismo, un espacio donde los puntos a), b) y c) son tan importantes como el d).

Jesús Cortés dijo...

Es un tema complejo, sí y que trasciende ese concepto del carisma un poco reductor para llegar a la más pura fascinación, por personajes no muy virtuosos pero sobre todo por el poder mismo de la imagen.
Ni Marker se libró de ese influjo al visitar San Francisco (me refiero lógicamente a "Sans soleil") y hablamos de un plano que es (originariamente) en un 50% puramente subjetivo y que tiene como protagonista a un tipo solitario y patoso con las mujeres.
Asunto como digo complejo y hasta confuso, más conforme pasa el tiempo, porque de acuerdo en que Cotten no tenía gran atractivo en "Shadow of a doubt" pero ahí está este film muy reciente, "Stoker" tratando de presentar desde el primer plano al tío Charlie como un personaje atrayente.

Rodrigo Dueñas dijo...

Es magnífico, Jesús, tu acercamiento a esta película tan vilipendiada en su momento como ignorada desde entonces. Desisto de señalar (aunque sería lo justo) los hallazgos y la originalidad del texto para no alargar mi intervención (que temo que no será corta).
Una de sus principales propuestas es considerar a “Topaz” como la culminación (interrumpida ahí al ser un absoluto fracaso crítico y comercial, el mayor con diferencia en la carrera de Hitchcock) de los intentos que acometió para hacer algo distinto a lo que se esperaba de él y que fue precedida por “The Trouble With Harry”, “Psycho” y “The Birds”. A estas propuestas radicales de cambio yo añadiría (sin entrar en su mayor o menor éxito artístico y sin detenerme en todo cuanto tienen de novedoso en su obra) al menos “The Rope”, “The Wrong Man”, “Vertigo” y “Family Plot”. Digo “al menos” porque todo su cine, pero de forma extremada en su última etapa, es una continua búsqueda de las posibilidades de este arte y que, al resultar ininterrumpidamente coronada con éxito, es una continua sucesión de novedades y sorpresas. Por otro lado, es muy significativo el que, con la excepción de “Psycho”, todas las películas citadas, con las que –repito- Hitchcock pretendió salirse de la imagen que se hacían de él, fueron fracasos (o semifracasos) comerciales, incluyendo a “Vertigo” y “The Birds”, que dieron beneficios, pero no cuantiosos y por lo que su resultado, frente a la elevada inversión y a las expectativas, fue decepcionante (incluso “Marnie” tuvo más ganancias que “Vertigo”).
Por otra parte, “Topaz” es una salida tan drástica de lo que se espera de una película de Hitchcock que puede que ello explique el desconcierto y rechazo no sólo de críticos y espectadores habituales sino incluso de buena parte de los hitchcockianos. Quizás la mejor manera de verla por primera vez (y bastantes aficionados, tras ésta, no le dan otra oportunidad) es contemplarla como si no fuera de Hitchcock y así no defraudar las enormes expectativas que cualquiera se hace ante una obra que no conoce de este autor. Porque, para sorpresa y frustración, se descubre que en “Topaz” no hay humor, no hay protagonistas, no hay estrellas, no hay una gran historia romántica que se desarrolle a lo largo de toda la película, no hay una historia trepidante o intrigante y que además avance con progresiva celeridad, no hay antológicas escenas de suspense, no hay identificación con los personajes [no coincido con lo que dice Miguel en este aspecto, en cuanto pueda lo tocaré], no hay final feliz o un final sorprendente, no hay un gran antagonista (un malo inteligente, atractivo y amenazador), no es una película para ver en una gran sala con una multitud (y bien que lo siento por los cinéfilos jóvenes que desconocen la experiencia, intensísima, de ver y reaccionar ante un hitchcock junto a otras muchas personas y a sus semejantes, pero también en algún caso dispares, reacciones) y por último no es una película para pasar un rato entretenido, lleno de emoción y sorpresas. Porque “Topaz” es amarga, desoladora, cortante. Es una película que si hubiera estrenado afirmándose que había sido realizada por uno de los directores de prestigio del momento (uno de los que entonces ganaban los oscar), seguro que se habría recibido con respeto e interés, y críticos y espectadores se hubieran fijado en la historia y en lo que se contaba (como hacían casi en exclusiva con estos directores); eso sí, no habrían caído en que, entre otras muchas cosas, como bien dice Jesús, “cada encuadre y cada rima cromática, cada movimiento de cámara, sólo puede pertenecer al más indeleble y consagrado cine de Alfred Hitchcock”.

Jesús Cortés dijo...

Para mí es una de sus cinco mejores películas y una de las que más disfruto en las revisiones de tan variada y suave en el engarce de cada escena.

Anónimo dijo...

He aquí una buena película, incluso muy buena; despreciada por muchos en su momento y sobrevalorada por otros.
El episodio cubano es excepcional como brillantes son muchas secuencias; después de dicho episodio cubano cuando se traslada a Francia la trama se vuelve mecánica, la musiquilla de Jarre campa a sus anchas con su extrema vulgaridad y el largometraje decae. Algo que no le pasa a Vertigo, Notorious, North by Northwest, Rear Window, The Birds, Psycho o Marnie por mucho que en algunas de ellas no haya escenas equivalentes a la de la muerte de Juanita de Córdoba o personajes tan inolvidables_ en sus complejidad, en sus contradicciones o en su amor verdadero_ como el de Parra.
Por cierto la escena del episodio en la delegación cubana en Nueva York aparte de modélica tiene uno de los usos más inteligentes del zoom y del teleobjetivo que se hayan rodado jamás, revelando, de paso, las miserias de éstos.
Raúl Ferrer Graminde

Jesús Cortés dijo...

Me parece buena la música de Jarre, no siendo un compositor que me guste particularmente y no encuentro nada "mecánico" (entendido como ejecutado con corrección pero con desgana) en todo el film, de los más intensos y sostenidos de su carrera. Desde que muere Juanita y Parra se vacía "emocionalmente", el film "encuentra" un punto de vista en el ahora confundido y desconfiado Deveraux y eso repercute en una frialdad que encuentro totalmente adecuada; melodramatizar en toda esa media hora final desoladora hubiese falseado por completo el film.
De acuerdo con el acierto del uso del zoom en el hotel de NYC pero me parece aún mejor cómo lo utiliza en la escena del salón de juntas hacia el final cuando individualiza a Piccoli magistralmente, dando en un solo plano el descubrimiento de la conspiración, cómo el resto se aparta para no involucrarse y la antesala de su derrota con un gesto y ni una sola palabra.

Anónimo dijo...

"Topaz" me sorprendió y maravilló la primera vez que la vi. No tenía referencias sobre ella, nada más que era un gran error en la carrera de Hitchcock. Es la historia más desesperanzada que he visto sobre la condición humana. Todo el mundo traiciona a todo el mundo. Desoladora. Siempre pienso, puede ser una "boutade", que sería la película de espías que podía haber realizado Bergman. Tal y como "The wings of eagles", la película sobre la vida familiar de un militar.

M. A. Gómez

Luis S. dijo...

Quizá me equivoque, pero yo no rebajaría tanto el componente político del cine de Hitchcock. "Topaz" es una película obviamente anti-comunista (su Cuba de chiste, sus espías caricaturescos, sus conflictos esquemáticos), lo cual está en línea con (digamos) la ideología cinematográfica de Hitchcock desde sus primeros años.
A mí me parecen muchos los puntos de contacto de Hitchcock con Chesterton: británico conservador, anti-totalitario (anti-nazi y anti-comunista), cristiano, individualista, escéptico pero patriótico. Esto queda ya muy claro en películas de Hitchcock de los años treinta y principios de los cuarenta como "La mujer solitaria", "El agente secreto", "39 escalones" o "Enviado especial".
No digo que su cine sea político, ni que la política le interesara demasiado, no; lo que digo es que en varias de sus películas ese componente, si bien no prioritario, es indudable.

Anónimo dijo...

A Raúl y a Jesús : pero qué os pasa con Jarre, fue un gran compositor que con Lean alcanzó un altísimo nivel.
A M. A. Gómez yo veo más bergmaniana La carta del Kremlin, una muy buena película de Huston inferior a Topaz, es más nihilista y están Anderson y Von Sydow.
Como Jesús no observo ninguna caída de ritmo en Topaz, tiene una estructura perfecta y un final espléndido: el contraste entre la HISTORIA con las grandes potencias jugando su enésima partida de ajedrez y la historia de las víctimas de esa inhumana maquinaria: el sufrimiento, el dolor y la muerte de los peones de la partida.
A Luis: como se ha dicho ya una cuantas veces la película es todo lo anticomunista que podía ser una película norteamericana de esa época ... y un poco (bastante) menos ya que todos los lados del rectágulo reciben una dura crítica, el comunismo pero cambie´n el capitalismo que fabrica burócratas como el del personaje de Forsythe; espías tan mentirosos, manipuladores e hipócritas como el interpretado por Stafford; mercenarios sin principios, ideales ni ética en todos los bandos y los mismos métodos deleznables en todas las potencias convocadas (en especial Francia, quizá la que peor parada sale,broma de un inglés al que tanto admiraba la crítica francesa). Más bien es una película que se acerca a la visión que daba LeCarre en El espía que surgió... y en la trilogía de Smiley-Karla, es decir el punto de vista de un capitalista que observa con una mirada crítica y sin ninguna complacencia la forma de actuar del sistema al que pertenece. Quizá el personaje mejor tratado (y sin quizá, sin duda) sea el de Vernon que es fiel a sus ideales y a su corazón (aunque entren en conflicto porque el asesinato de Juanito es un acto que implica por igual celos y piedad ante las torturas a la que será sometida su amada).
Una obra maestra absoluta que se encuentra entre las 4 o 5 mejores de su autor. Y nunca entenderé por qué entendemos mejor lo panfletario es la excepcional Octubre que el difícil (y sabio) equilibro de esta joya de Hitchcock.
Roberto

Jesús Cortés dijo...

Creo, repondiendo a todos, que hay varios Bergman si no con espías, sí con secretos y misterios varios, algunos "institucionales", como por ejemplo una de las más infravaloradas, precisamente americana, "The serpent's egg" del 77.
Por supuesto a Hitchcock le interesaba la política, en Inglaterra y en Estados Unidos y mantuvo una postura coherente. En "Topaz" no creo que haya nada especialmente profundo relacionado con ese tema, pero tampoco ninguna caricatura chapucera. En todo caso, están tan estilizados hacia la parodia los cubanos como los agentes rusos del comienzo. Es importante señalar que el film se ocupa (a su manera, es una ficción) de acontecimientos de siete años antes y no viene a aportar gran cosa sobre Bahía Cochinos ni sobre la crisis de los misiles.
Maurice Jarre me parece un buen compositor, pero no es de los que más me gustan, simplemente.
Y sí, parece que seguimos mirando con mejores ojos la excelente "Oktiabr", en el fondo rebajando a ese cine a una categoría aparte. Apenas hay películas americanas que traten la política más o menos a fondo que hayan generado consensos.