martes, 16 de julio de 2013

SUS PERTENENCIAS

La idea de romanticismo en el cine de Frank Borzage, desde sus primeros éxitos en los años 20, había quedado ligada para el gran público a circunstancias especiales que se asociaban, tanto como sus protagonistas, a la carga emotiva desplegada. 
Fueron entonces sus películas mejor apreciadas que nunca, en unos años en que confluyeron factores muy diversos.
Quizá pudieron afectar a la popularidad de su obra algunos de ellos como pudo ser el clima que se respiraba en muchos países que dejaron atrás la posguerra - de un conflicto más grande que ningún otro conocido -, tratando de respirar de nuevo aceptando la normalidad de las nuevas desigualdades y el empobrecimiento (que no hizo sino redoblarse en los años de la Depresión). De ese extracto social salieron la mayor parte de sus personajes.
También, por otro lado, estaban las corrientes surrealistas, que habían privilegiado los automatismos mentales como verdaderos centros de la razón, despreciando la moral (sinrazón para quienes no comprendían que podía amarse de esa forma, incluso a quien no existía ya) y tuvieron en estima su cine, menos onírico y místico de lo que proclamaron de todas formas, contrario a todo escepticismo sentimental, simplemente.
Y más que ningún otro elemento, quizá fuese la sacudida experimentada por el mismo cine, propiciada por algunos Griffith, Vidor y el colofón que supuso "Sunrise" de F.W. Murnau, que habían colocado a las historias de amor contemporáneas a la altura de las heredadas y recreadas de los siglos pasados. 
En cualquier caso, poco pudieron hacer las películas, muy variadas y nada retro, situadas por Borzage en aquellos Estados Unidos de los años 30 para aunar el interés (no sólo del público: un peso histórico y un eco fuera del ámbito cinematográfico) que despertaron una "7th heaven", una "Street angel" o sus "sucesoras" ("A farewell to arms" básicamente), elevadas a la categoría de clásicos inmortales de un cine que había sublimado unas formas expresivas en franco abandono con la llegada de una nueva era.
Mirando en perspectiva, desde el cine de Borzage posterior, particularmente el de la segunda mitad de los años 40 y sus muy dispersas obras de los 50, la época en que más imprevisible se hizo (a veces extemporáneo y a continuación realista, de aspecto pobre encarando la serie C y sin previo aviso, casi opulento...), se pueden conocer mejor sus intereses, qué le movía, qué quiso dar a ver.
El amor, la búsqueda de alguien con quien vivir y ser plenos el tiempo que nos quede, que habían sido grandes bazas y banderas de aquellas emblemáticas películas, quedan entonces, como ocurre en la obra de posteriores (y mucho mejor comprendidos, o eso creemos, como Jean-Luc Godard), cineastas "críticos" con sus valores y recursos, ampliamente rebatidas, discutidas, mostradas a la intemperie de las contradicciones.
Pero no hace falta recurrir a ellas.
"The shining hour", filmada en los albores de la otra gran contienda bélica del siglo, rodeada de dramas (de nuevo) amenazados por un vendaval que lo iba a arrasar todo y que devolvían pasajeramente a su cine a un primer plano, puede parecer una comedia melodramática tan lustrosa como amable e inocua, sobre problemas que poca gente tenía además.
Interesante ya sólo sería por sus escenarios prósperos, que tan poco frecuentó (y por parecida razón, es valiosa y resulta a la postre extraordinaria, su película de aventuras "The Spanish Main" de 1945), pero es que "The shining hour", de misterioso título con resonancias - muy poco casuales - en una vieja canción infantil referida a la pereza y la malicia, plantea además una muy dura reflexión sobre una serie de aparentes convencimientos y principios en que se asentaba y a los que parecía aferrarse Frank Borzage.
Y aún más llamativa porque muestra y trata de comprender cómo funcionaba el mundo en la práctica ausencia de los mismos.
Lo que tuvo Borzage de empedernido romántico desde luego poco tuvo que ver con un idealismo inmaduro perpetuado luego en inmovilismo y sí con una fuerza tal que remontaba pruebas, zancadillas y desengaños de todo tipo, una fe si quiere llamarse así, pero que es lo más opuesto a una creencia.
Esa actitud, que devino "adecuada" cuando surgió a la desesperada, en el filo de la batalla y la muerte, en la ceguera, en la pobreza más miserable, igualmente aparece como primordial en los tranquilos dominios de estos conservadores Linden, a los que traerá muchos problemas una cuestión clave y central: la verdad.   
De la experiencia y la observación de cuantas relaciones humanas acoge en su cine, prefiere Borzage la horrible verdad como acababa de bautizarla McCarey; sin duda la integridad y el reconocimiento de lo que interiormente se siente, antes que otros elementos como puedan ser la entrega y el sacrificio, que bajo su mirada son sucedáneos del equilibrio.
"The shining hour" se estructura para "estudiar" esa tesitura en tres estadíos de la convivencia como el del incipientemente consolidado amor a primera vista (Henry y Maggie), la relación estable de varios años (Judy y David) y la cerrazón total a los demás (Hannah) y plantea con la mera pulsación de esa desnuda tecla, amargas cuestiones sobre la pareja, la familia, la pasión y la soledad.
El envoltorio elegante, la prestancia de sus actores y actrices, el aparato de la Metro funcionando a pleno rendimiento, apenas atemperan un drama con muchas preguntas y muy pocas respuestas, sin un sólo ventajismo desplegado sobre un terreno donde a Borzage se le había considerado "especialista", tan agudo (pero más sobrio) como los grandes Sirk que llegarían quince años después.
Sólo un personaje de "The shining hour", y no el principal, es capaz de atreverse hasta las últimas consecuencias con esa apuesta por destapar la mentira y es el que sale peor parado.
Mirando de ese modo (y toda ella queda reducida en el último plano a sólo dos ojos que brillan entre vendajes), Judy (Margaret Sullavan) sufre, debe arriesgarlo todo y es la que tiene más que perder si no actúa.    
Desde el punto de vista de los caracteres que dudan, quizá porque ofrecen poco y reciben demasiado a cambio, Maggie y David, (Joan Crawford y Robert Young), ni el futuro garantizado de entrada ni las posteriores catarsis liberadoras que dispongan las piezas aún más propiciamente a su favor (incluyendo probablemente la resolución del film), sirven de mucho.
Sólo lo fugaz, lo ilusorio, quizá el optimismo inconsciente, les sacia.
Borzage no los oscurece ni los hace de menos por haber "modernizado" o directamente negado, reducido a cenizas su credo.
Brillan y acaparan todo la luz.
¿Fue el run for cover particular de Borzage el más incómodo, porque no derivaba del tributo o la creación de un mundo a su medida?

6 comentarios:

Rodrigo Dueñas dijo...

Otra de las muchas obras maestras de Borzage que no se han editado. De todos los grandes americanos es aquel cuya filmografía presenta peores y más amplias lagunas. Seguramente porque sois muy pocos los que lo recordáis.
Acabo de volver a ver “The Mortal Storm”, una de las más grandes de las que conozco de él. Aprovecho, Jesús, para preguntarte, tú que la citas entre tus diez películas favoritas, qué ves en ella para tenerla en tan altísima consideración.

Jesús Cortés dijo...

Pues esa es de las películas sobre las que me es difícil decir algo porque me emociona y afecta demasiado. Las últimas veces que he vuelvo a verla ya me ha parecido la mejor de la historia del cine, cosa que no imaginaba cuando la vi por primera vez, doblada y coloreada.
Es el cine de Borzage elevado a la máxima potencia, aunando lo que más me gusta de Ford, Preminger, Minnelli, Capra, Renoir o McCarey (nada menos) en una sola película, de rigurosa actualidad por desgracia.
Hay pocos Borzage ambiciosos, su perfil suele ser discreto, excéntrico (por poco usual y más en los desarrollos que en los planteamientos), con claras raíces en las conquistas del cine mudo hasta cuando el film se rodó en los 40 o 50, muy "endógenos" (todo sucede entre dos personas).
En ese sentido "The mortal storm" es una rareza, una mirada expansiva y penetrante (pero desde lo privado) a un momento (y a todas las épocas) en que se propaga con fervor una alternativa a los valores del pasado que arrasa con la esperanza no de las buenas y las decentes personas que hacen girar y funcionar una forma de vida civilizada sino también con las que la defienden, la propugnan, luchan para instituirla o recuperarla.
Ahora disfrutamos de un panorama perfectamente anti-borzagiano. La gente con la cabeza agachada, temerosa de perder lo que les queda, acumulando odio y los más idiotas, necios, incompetentes y sectarios instalados en todos los sitios que deciden el destino y lo que debe hacer la gente o esperan turno para imponerse a ellos y copar su lugar.
Pertenece por tanto "The mortal storm" a una "raza" de películas extinguida, las que no dan por bueno (o asumen o no se molestan en siquiera decir), que el mundo es, ya sin remedio, un montón de basura donde sólo caben pequeñas victorias, encontrar quizás rastros de humanidad, una rebeldía puntual.

Luis S. dijo...

Más allá del cine de Borzage y de esa joya que seguro que es "The Mortal Storm", me llama la atención, en el comentario tras el de R. Dueñas, tu visión tan negativa del mundo, ese "montón de basura" del que hablas. ¿Te refieres al mundo de ahora mismo, al siglo XX (llegando hasta el XXI) o, en general, la historia de la humanidad?
No son preguntas retóricas. No puedo compartir una visión tan negra de las cosas. En algunos aspectos estamos (estoy generalizando, claro) mejor que nunca: parece ser que esto es "objetivo".
¿O quizá tu comentario era más cinematográfico que otra cosa?
Saludos.

Jesús Cortés dijo...

Hablaba de la asunción que tienen muchas películas del mundo como un sitio corrompido, sin remedio, donde pocos recuerdan que es básico el respeto y el aprendizaje para poder seguir conviviendo. Partiendo de eso, resaltar algo verdadero es más sencillo de entender por cualquiera, porque ¿cuántos comportamientos admirables de personajes del pasado se perciben ahora como incomprensibles por el mero hecho de que correspondían a otra forma de proclamarlo?.
Cada uno encuentra cosas importantes a las que aferrarse donde puede, ya que sólo importa que consumamos y para eso se ha mejorado técnicamente, a nivel de infraestructuras o de calidad de vida todo. Si no hubiese repercutido en un incremento de demanda de productos o servicios, no se hubiese hecho.
Tienes un internet más rápido y carreteras estupendas, derecho por escrito a más cosas y demás porque eso enrriquece a gente.
"The mortal storm" no proclama lo bonito que era el mundo antes de Hitler, hay que recordar que arranca literalmente desde fuera de este planeta, tratando de mirar desde lo más alto y lo más lejos posible. Igual servirían sus alforjas para escenarios como el del final de "The fall of the Roman Empire" o el arranque de "L'età di Cosimo de' Medici".

Rodrigo Dueñas dijo...

Cierto, Jesús, “The Mortal Storm” se separa del resto de la obra de Borzage que conozco, siempre centrada en una pareja (dos que –tras luchar contra otros, contra ellos mismos- se unen hasta ser uno). Aquí, además de la pareja, la película se abre a otros muchos personajes (en especial el padre) hasta pintar un fresco que notamos que va más allá de ese momento y esa pequeña ciudad para –conteniendo como es lógico Alemania y el nazismo- abarcar la Humanidad; resulta significativo cómo personajes muy secundarios (el bedel, el rector, la criada) cambian a tenor de las circunstancias (excusándose avergonzado, amoldándose sin problemas, agregándose a la sinrazón sacando a flote un resentimiento inexplicable, respectivamente) o cómo otros (los encantadores hermanos y novio de la chica), uniéndose libremente a ellas, consienten que les cambien hasta anularles. Y es muy hermoso que el personaje con que acaba la película, que se rebela y recupera la integridad, sea uno que no se ha distinguido hasta ahí.
Me doy cuenta de que la película, como muy pocas, nos confronta con la entereza, con la decencia, con la moral. Ver cómo tanta gente se amolda al mal, la cobardía ante el poderoso, la autojustificación (“No tuve elección, era mi deber”) y pensar qué haría uno entonces, qué hará cuando corresponda.

Mario Vitale dijo...

La bofetada final a Robert Stack, en "The Mortal Storm", es una de las más grandiosas y hermosas del cine, con su valor aniquilador y reparador al mismo tiempo, que prepara el grandioso final, de nuevo abandonando la Tierra, rimando con el principio que decía Jesús antes.