viernes, 25 de octubre de 2013

COSAS QUE ME GUSTARÍA HABER DICHO

a R.M.D.C.

Imagino que muchos de los que conocimos el cine de Abbas Kiarostami con "Zire darakhatan zeyton" allá por 1995, cuando empezó a hablarse insistentemente de su obra en festivales, o los que pudieron hacerlo aún antes, nos dedicamos a retroceder en su copioso pasado y no tardamos en llevarnos sorpresas.
Si fueron un par de años ("Zendegi va digar hich"), siete ("Khane-ye doust kodjast?"), doce ("Hamsarayan") o veinte ("Mossafer") los que conseguimos remontarnos, no encontramos sino films tan buenos o mejores que el último y nuevas facetas de un cineasta que quizá habíamos hecho de menos si llegamos a pensar que "Zire..." era una especie de cumbre al fin avistada desde Occidente. 
Tal vez por ser aún más diverso, "Namay-e nazdik" (1990) vino a acabar de poner un poco de desorden, que siempre viene bien, en una obra que aún no había quien abarcara y realmente comprendiera inequívocamente.
Lo propuesto por "Namay-e nazdik" antes que aclarar, reforzaba esa impresión.
Eran tan elementales cuantas palabras e imágenes emanaban de sus películas, que las argumentaciones que se habían encaminado a "demostrar" su valor, era fácil, irónicamente, que contribuyeran a rebajarlas y fiar su efectividad a aspectos exóticos.
Las escasas certezas (tratamiento de niños, paciencia en las descripciones, texto exiguo...) con "Namay-e nazdik", se tambalearon y eso que no sabíamos que no era sino el principio de un camino que lleva, de momento, hasta "Shirin".  
Otra vez el viejo asunto de las distancias.
Sus declaraciones en prensa o revistas desarmaban al más pintado y era habitual leer cómo "encendía la luz" al entrevistador de turno si se enredaba en interiorismos y un metalenguaje del todo contraproducente.
Frente a un material como el suyo, tan poco críptico y con tan pocas pretensiones, si se quería llegar cerca del corazón de su proceder, había que hacer algo tan simple como escuchar y observar.
La elaboración, la reflexión, la implicación personal eran para colmo muy poco rígidas - una actitud antes que una meta, muy poco "resultadista" y por tanto imprevisible -, tanto como para aprovechar cualquier inconveniencia, aparición inesperada o cambio de rumbo acontecido en el rodaje para beneficio del film, que permanecía abierto hasta el mismo instante en que, recuperando en toda su verdad un recurso godardiano - recolectado por Jean-Luc de resquicios que nadie relacionó - se congelaba la imagen.     
Casi desafiante en su complejidad, "Namay-e nazdik" sólo produce dos frutos, que hasta podemos confundir con sus materias primas dado lo rico de su mecanismo narrativo: sencillez y humanidad.
Acaso el mayor homenaje filmado por un cineasta como tributo a una obra ajena (un buen film, "Bycicleran", convertido ipso facto en hito neorrealista, recién fallecido el Ayatollah) junto a diversos capítulos del vastísimo "Histoire(s) du cinema", "Namay-e nazdik" construye como se sabe un suceso real y permite a Kiarostami, mientras registra los acontecimientos, pensar.
Construye, no reconstruye, pues el prefijo privaría de sentido a su proceder. Precisamente en esa edificación, que no se hace por imitación al original o utiliza sus despojos para volver a levantarlo, está el auténtico quid de la cuestión.
Pensar, como digo, en las apariencias (todos los personajes muestran una cara y esconden otra), pensar en una gran utopía (el anhelo de que el cine signifique algo importante para la gente, no sólo para los cinéfilos), pensar, inevitablemente, en el mismo cine.
Un tipo, quizá no muy cuerdo, sacado de la cárcel por Kiarostami, aturdido y con esa extraña calma de los "culpables", resulta, en medio de esta disquisición a la que a veces es ajeno, una de las más inolvidables y emotivas corporeizaciones del creador cinematográfico.
Humildemente encomendado a un amigo, Mohsen Makhmalbaf, el propio Kiarostami jamás enarbolaría tal bandera. 
"Un cineasta es también un actor" dice el malogrado Hossain Sabzian al juez, que se interesa por su caso pero no acierta a explicarse por qué es la parte menos vistosa del oficio la que le obsesionó. Según lo movilizado que quede con sus palabras, se convertirá, sin saberlo, en espectador o en actor.
Ese tipo de conversión o transformación según la implicación es la única que podemos encontrar en el cine de Kiarostami, singularmente laico y nada proselitista.
Todos, todos y cada uno de los que aparecen haciendo de ellos mismos, se convierten en actores al mismo tiempo que la realidad se torna ficción en cuanto Abbas ha precisado la distancia correcta. La suya, que es la misma distancia del espectador, porque él es el primero que mira a su propio film, el primer interesado en comprender.
Esa mirada puede armarse sobre una coreografía exacta (la prodigiosa escena en que detienen a Sabzian en la casa, que pudiera haber estado en "Topaz"), sobre una textura rugosa y difusa (la escena, real, en que se encuentran Sabzian y Makhmalbaf, hábilmente elíptica y secreta por el uso del teleobjetivo y la simulación de un problema de sonido: lo que se tienen que decir debe quedar en buena medida entre ellos*) o sobre una perspectiva múltiple (de nuevo, la estancia en la casa, que vemos dos veces, desde fuera y desde dentro).
Toda esta exuberancia acude a Kiarostami cuando empieza a abordar la juventud y la madurez de sus personajes, una vez explorada a fondo la niñez, a la que volverá.
Sobre las "edades del hombre" da vueltas sin cesar su cine, geográficamente siempre estrecho, acontezca donde acontezca la acción. Ahora con "Like someone in love" ha llegado a la vejez, pero parece difícil que se quede ahí.
Sin ser tan sistemático y quizá mucho menos ambicioso que Roberto Rossellini - del que recordaba Truffaut en la introducción del libro escrito por José Luis Guarner, que pasó de filmar islas y ciudades a países, luego continentes y hasta periodos históricos muy amplios - parecido espíritu los impulsa.

* Es divertido que en IMDB y en varias páginas web copiadas en cadena de ahí probablemente, ¡aparece  la foto de Sabzian donde debía estar la de Makhmalbaf!

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo le entré, precisamente, con "A través de los olivos" y ninguna otra de sus obras me ha causado la misma impresión, ni siquiera desconociendo las anteriores entradas de la trilogía de Koker. Es en la que encuentro mayor equilibrio entre su estilo personal y esa mezcla de simplicidad y complejidad con la que cuenta las historias.
Parece que Kiarostami no es profeta en su tierra, donde preferirían a Mehrjui, Beizai y algunas películas desconocidas en Occidente.

Ángel

Sergio Sánchez dijo...

Yo necesité el orden cronológico de la trilogía para captar la grande de "A través de los olivos" que no supe ver en aquella eclosión de película y director en España. Viendo las dos anteriores la tercera pareció otra película.

Jesús Cortés dijo...

Yo prefiero por mucha diferencia "Khane..." y "Zendegi..." (dos de mis cinco favoritas, junto a "Nemay-e...", "Copie conforme" y "Shirin") a "Zire...", en la que veo un bajón importante y quizá el único momento en que detecto concesiones en su cine a quienes, de repente, lo apreciaban.

Rodrigo Dueñas dijo...

También yo descubrí a Kiarostami con "A través de los olivos", que sí me parece una de las mejores suyas -y todo cuanto he visto de él lo considero genial-, y también, como es lógico, se me agrandó sorpresivamente cuando conocí "La vida y nada más". Bien mirado no está tan lejos de "Primer plano": un protagonista terco, iluminado, frágil, desconcertante; el juego del cine captando la realidad que se transforma en ficción para acabar con el cine modificando la realidad; la dignidad y el orgullo de los humildes; la misma mirada respetuosa y atenta.
El único momento de su carrera en que sí vi un peligro de repetición, de ensimismamiento e incluso de pérdida de empatía, fue con "El viento nos llevará". Y justo entonces dio un fuerte vuelco.

Anónimo dijo...

La primera película que vi de Kiarostami fue "Y la vida continúa". Fue un auténtico shock. Un milagro en la pantalla proveniente de Irán. Una inteligencia, una modestia, un respeto, por lo filmado, que pocas veces se ve en una película. Viendo sus restantes películas, las previas y las posteriores, en las que todas son resonancias unas de otras, en las que para entender cada una del todo hay que conocer el resto, me di cuenta del juego de la ficción, realidad, truco, etc, de las que están hechas. Es decir, estábamos delante de un tipo que hacía a la vez las películas más sencillas y más sofisticadas del mundo. Un milagro. Es posible que sus películas antes de ser conocido en Europa, con Palma de Oro incluida, esa sofistificación fuese más natural y menos efectista, más elaborada. Un poco como Godard, su evolución ha tenido que ir siempre en busca del límite de lo visible. De hecho, no hay película más radical, o no puede haberlo mucho más, que "Shirin". Mi hijo adolescente me pregunta, "¿cómo te puede gustar ver durante hora y media a unas mujeres iraníes viendo una película? ¡Es absurdo!". Y yo le doy la razón. Pero el pálpito de la emoción esta ahí.
Por otra parte, debo ser de los pocos que le gusta "ABC Africa". Los diez o quince minutos de imagen sin luz, en negro nocturno, porque una tormenta ha dejado sin electricidad el hotel donde se encuentra el equipo, me parecen alucinantes. Me dan la sensación de que estoy en Africa. Es posible que el mejor cine de Kiarostami sea aquel que parece hecho por un videoaficionado, un tipo que filma las calles y la gente sin importarle la "estética", sin darle a la imagen una profundidad del paisaje digamos a lo Ford, pero que contara historias a lo Borges, en el sentido de asimilar el nombre del escritor argentino a las narraciones basados en laberintos conceptuales, y nunca pareciera que lo estuviera haciendo. Bueno, el paisaje en Kiarostami es fundamental y básico. Muchas de sus películas son viajes en los los protagonistas suben, bajan, se encuentran, se pierden. Una poética rara y peculiar que también hace único a este cineasta.

Jesús Cortés dijo...

Yo tampoco sabría explicar muy bien - sobre todo a quien no esté dispuesto a hacer precisamente lo que la película demanda: escuchar, imaginar, tener curiosidad - qué me fascina de "Shirin", pero no difiere demasiado de lo que encuentro tan interesante en las otras.
Es un punto límite (y "Copie conforme" lo corrobora, al virar completamente en otra dirección) desde lo que ya había hecho en "ABC Africa", "Dah" o "Five", en que parece trataba de "zafarse" de la responsabilidad de tener que dirigirse o tener en cuenta al menos a unos espectadores en los que no había reparado demasiado en veinte años de carrera y que de repente se agregaban como un cada vez más numeroso coro junto a él a sus películas.
En ese sentido no es un "experimento" ni una negación de nada (como tampoco lo eran "Branca de neve" ni "Le gai savoir" ni varios Eustache), sino más bien una muy deliberada posibilidad de exponer una idea.

Sergio Sánchez dijo...

Me gusta mucho "ABC Africa", por otro lado puedo intuir cuáles son las virtudes, la emoción y el interés de "Five" o de "Shirin", no me parecen ni fallidas, ni ridículas, ni incomprensibles, ni puramente experimentales, pero escapan bastante de mis intereses y casi diría que de mis necesidades. No las he podido ver, francamente.

Jesús Cortés dijo...

Por aquella polémica con el crítico de El País, parece que, en España al menos, "Shirin" forzosamente alinea a un lado u otro a cuantos opinan de ella.
No me gustan estos tests masivos, estas películas clave "públicas", porque digo yo que cabe, como en cualquier otra, que haya quien le pueda gustar un poco, o medianamente o bastante, sin que se haya perdido nada, simplemente porque le interesó pero no le subyugó o incluso no le atrajo lo suficiente lo visto.
A mí no me gustó demasiado "ABC Africa" de primeras y ahora la aprecio más. "Five" me encantó, pero no me apetece volver a ella. Prefiero aún la segunda, pero no sé por cuánto tiempo.

Sergio Sánchez dijo...

Yo no acabé de ver "Shirin", tampoco descarto volver a ella algún día, aunque creo que si hubiese estado a gastos pagados en Venecia lo habría hecho sin dudarlo.Se convirtió en un asunto de opinión algo que era un asunto de profesionalidad, qué menos que terminen las películas (yo en mi caso no lo hago, pero no cobro por escribir sobre ellas).Qué escribir después es otra historia, puede ser muy realista decir que no le va a gustar a casi nadie y que no se va a estrenar nunca, pero por otro lado desanimar de entrada tampoco parece noble ni justo. Parece ser que es habitual que los distribuidores se desanimen con los textos de ese crítico.

Tomás Sánchez dijo...

Acaso sea ya apartarse del debate puramente cinematográfico, si acaso se suscitó polémica a propósito de "Shirin" fue a cuenta de las memeces que se oyeron en defensa del crítico de El País, del tipo de que se había atacado su "libertad de expresión", la "libertad de prensa" etc.

Nadie impidió al referido crítico escribir lo que quisiera sobre Shirin. Únicamente un grupo de personas envió una carta al Director de El Pais en que se denunciaba la falta de rigor profesional de su crítico de cine, negándose a ver una película como "Shirin" y se conminaba a que desde el diario de información general más leído en España se cuidase más el tratamiento informativo de la cultura cinematográfica.

Y luego que El País, como medio privado que es, hiciese lo que mejor crea, que si quiere seguir manteniendo a ese crítico tan proclive al insulto fácil contra cualquier película que no provenga de EE.UU., allá ellos.

Tomás Sánchez dijo...

Eso sí, si hay algo que particularmente me revienta, son todos estos "críticos" que con tanta facilidad denostan las películas de Kiarostami, Tsai, Hou, Garrel... pero luego da la casualidad que todos adoran a Dreyer, Rossellini, Murnau, Ophuls y hasta el primer Godard les parece maravilloso. Al parecer el miedo a desafiar el "argumento de autoridad" es más fuerte que su propia coherencia.

Sergio Sánchez dijo...

No creo que tengan miedo a desafiar el argumento de autoridad, me inclino por pensar que los segundos ya han llegado masticados y digeridos por el tiempo y las enciclopedias, pero hubieran escrito lo mismo en su día de Dreyer o de Rossellini. Imagina, Tomás, que hubiera escrito este crítico en su día de "Gertrud" o de "Viaggio in Italia" (salí a fumar cuando Ingrid Bergman mira estatuas, con lo mona que estaba en Casablanca). De todas formas estoy completamente de acuerdo en que es un asunto de profesionalidad y no de libertad de expresión. Pueden escribir lo que quieran, aunque lo más normal sería que denostaran unas sí y otras no, a unos sí y a otros no y no siempre las mismas y siempre los mismos

Luis S. dijo...

Hola, ¿de verdad colocarías a Kiarostami en la misma tradición o senda que Rossellini?

Lo digo porque, aunque veo similitudes en cierta austeridad fotográfica y en una ambición por capturar de alguna forma "lo real", el cine de Kiarostami, irremediablemente hijo de su época, tiene un componente de jugueteo posmoderno y auto-conciencia que el de Rossellini no podía contener. De hecho, las películas más "playful", menos serias, por así decirse, de Kiarostami son las que menos me gustan. Prefiero "Y la vida continúa", la algo denostada "El sabor de las cerezas" (que contiene su elemento posmoderno, sí, sobre todo en su final) y, por supuesto, "¿Dónde está la casa de mi amigo?". También me gustó "Ten", pese a su radical propuesta.

Saludos y ánimos con la web.

Pd. Por cierto, saliéndome del tiesto, ya hace muchos meses te pregunté por el cine de los 90. Ahora tengo pensado escribir un articulillo en mi web, dentro de unos meses (o un año o algo más), sobre mi cine favorito de los 80. ¿Qué me recomendarías (o recomendaríais, en plural), más allá de lo más evidente o famoso o premiado? Gracias, Jesús.

Jesús Cortés dijo...

Rossellini es muchas cosas y, como Kiarostami, no pertenece a nada, ni época ni tendencia.
La "modernidad" no existía cuando filmó "Viaggio in Italia" ni antes con "Paisá". Menos aún lo postmoderno.
Estar en vanguardia o sumido en la más absoluta incomprensión o desconocimiento seguía siendo lo mismo: estar sólo.
Rossellini es un inventor y Kiarostami uno de los que mejor ha sabido aplicar algunas de sus audacias, que no todas.
La pregunta sobre el cine de los 80 es demasiado amplia. Por decir algunos títulos vistos o revisados con placer este año, citaría "Turumba", "The right stuff", "Fu rong zhen", "Les favoris de la lune", "La guerre d'un seul homme", "Tender mercies", "Il dialogo di Roma", "Soft and hard", "Tarang", los "portraits" de Cavalier, "Beiging chengsi", "Haitan de yitian"...

Luis S. dijo...

Gracias, de las que mencionas sólo he visto "Elegidos para la gloria", me parece.

Bueno, más que en películas me quiero centrar en directores con varias obras grandes en este decenio.

Jesús Cortés dijo...

Ah, pues ya te puedes imaginar los que destacaría yo: Godard, Hou, Pialat, Paul Newman, Brisseau, Garrel, Bergman, Erice, Axel Corti, Ishmael Bernal, Monteiro y compañía.

Anónimo dijo...

Para mi la mejor película de los 80 es, que yo haya visto claro, "Grandeur et decadence d´un petit commerce de cinema", de Godard. No es por hacerme el estupendo al citar un mediometraje hecho para televisión para una serie titulada "Serie noire" de la que esta película es la aportación de Godard y que no debe haber visto casi nadie. ¡Es extraordinaria! Tan radical como las últimas y tan emocionante como las primeras.