sábado, 25 de enero de 2014

A UN DIOS INVÁLIDO

Los recuerdos, las fantasías y la mezcla, no menos vívida, de ambos, siempre contados con humorismo y satisfacción, constituyen la materia prima de "Karl May", la segunda de las tres grandes películas filmadas por Hans-Jürgen Syberberg en los años 70 del pasado siglo.
Aunque sólo fuera por esas obras (ésta, "Ludwig. Requiem für einen jungfräulichen König" en 1972 y su monumental "Hitler, ein Film aus Deutschland" en el 77), ya debería ser muy extraño que el nombre de Syberberg haya quedado enterrado en el fondo de un pasajero episodio de auge en el cine alemán del que casi cualquiera de sus compatriotas ha salido mejor parado.
Quizá sean películas muy ambiciosas, demasiado largas, tengan una estructura poco narrativa, se sienta (como en Schroeter, Kluge y otros; curiosamente casi en mayor número que los franceses que los siguieron) la esencia del cine más radical de la nouvelle vague francesa - Jacques Rivette y Jean-Luc Godard -, tal vez se respiren horas y horas de lectura y de fascinación con personajes del pasado pero que no se quieren traer al presente para darlos mejor a ver, mas en cualquier caso sigue siendo incomprensible el olvido en que han caído.
Mucho menos conocido el dato desde luego que en el caso de "Smultronstället", en "Karl May", Syberberg toma ejemplo de Ingmar Bergman y utiliza como actor a otro cineasta ya inactivo y de gran ascendencia en el cine de su país, aunque directamente quizá no su mayor influencia, Helmut Käutner.
Con su composición, enérgica pero melancólica, Syberberg consigue dar una visión de May y de toda la tradición cultural de su época (fue contemporáneo de Jules Verne o Salgari y siempre a ellos se equipara) en que era tan apasionante y popular lo transmitido oralmente, como lo escrito y lo representado, en una amalgama de conocimiento que fascinaba por igual a niños y a adultos y, entre estos, a iletrados y a cultivados.
Así, el film se estructura sobre un encadenado de escenas de sus últimos años, alguna teatralización de sus aventuras, ensoñaciones y reflexiones sobre otras que su anciana imaginación quiso haber vivido y cómo todo eso deleitaba a estudiantes, profesores, hombres de negocios, mercaderes, mujeres de la alta sociedad y casi cualquiera que entraba en contacto con su mundo, mientras él se debatía en un conflicto inesperado.
Para sobrellevarlo, el verdadero balance y el sustento de sensatez venía para May de su mujer Emma (Kristina Söderbaum, famosa por sus películas en los años 40 y 50 con otro de los mejores directores alemanes, Veit Harlan), entregada a sus últimas quimeras en esos últimos años del siglo XIX en que arranca el film y en los que May había sido acusado de inmoral.
Sus textos eran tan peligrosos que muchos de los niños que serían abducidos por la Hitlerjugend a la vuelta de unos años, iban a crecer con ellos. No sólo conocerían mejor los Apalaches que muchos niños americanos sino que ¡tenían ganas de saber cómo era el resto del mundo!.
Para alguien como May, que escribía sobre indios americanos y sobre emires del lejano oriente, sin representante ni publicista aconsejándole cómo hacer más dinero sino cómo salvaguardar su intimidad, a sus años dispuesto a salir en el próximo barco por fin con destino a alguno de los lugares que habían excitado su imaginación (pero que nunca había visitado), lo que le pudieran ordenar o siquiera preguntar acerca de sus actividades privadas, resultaba tan intolerable como incomprensible.
Esa última carrera suya en busca de autenticar su fama de viajero y defenderse de las risotadas de la prensa secuestrada por el Estado que trataba de desacreditarlo por haber hecho tan "mal uso" de la confianza de su público, es el centro del film y donde Syberberg prepara el asalto a la gran historia del siglo para su país, materializada al fin en su siguiente largometraje, que recorre el periplo completo del Nacionalsocialismo.
Me parecen muy bonitas las transparencias, maquetas y decorados de sus viajes finales, patentemente poco realistas, como juguetes, cromos y postales, como si quisieran ponerse al nivel de lo que él había soñado - nació ciego y no recuperó la vista hasta los cinco años, con lo que aprendió cómo era todo sólo escuchándolo - y no resultar verosímiles por simple respeto a quien los imaginó.

9 comentarios:

Sergio Sánchez dijo...

El nombre de Karl May lo conozco por la primera versión de "La tumba india", que me gusta mucho, pero siempre donde lees parece que la sombra del más conocido Fritz Lang se imponga, como si sólo la hubiera dirigido May circunstancialmente. Curioso saber que es todo un personaje.

Jesús Cortés dijo...

No, Sergio, ese es Joe May y no hay parentesco, que yo sepa.
Karl murió en 1912 y no rodó películas. Le gustaba el cine y en esta película salen proyectadas dos, una de Méliès ("Le voyage a travers l'impossible") y otra de Lumière ("La fée Carabosse").
Por cierto que si te gusta ese viejo Joe May del 21 y el venerable díptico langiano, no dejes de ver (otra cosa es que entiendas algo porque no hay subtítulos) precisamente el último film de Harlan con Söderbaum, "Die blonde frau des Maharadscha", estrenada en el 62, pero rodada años antes que la de Lang.

Santi Gallego dijo...

Estupendo artículo para una gran película y un gran cineasta, al que algunos no acertaron a valorar justamente. El otro día, repasando el estupendo diccionario de Richard Roud, me detuve en la entrada del "German Cinema since 1945" a cargo de Ennio Patalas y comprobé con espanto que ni se le menciona. El libro es de 1980, y la entrada probablemente estaba escrita algún tiempo antes, pero por allí se hace mención a Straub, Kluge, Herzog, Fleischmann, Lemke, Thome, Fassbinder, Wenders y hasta el desconocido y olvidado Vlado Kristl, además de, claro está, el "das andere Kino" de Schroeter y Nekes, pero ni rastro por sitio alguno de Syberberg...como si se lo hubiera tragado la tierra, absolutamente inexplicable. Un cordial saludo, Jesús. Por cierto, he intentado varias veces escribirte a tu correo y me devuelve los emails.

Jesús Cortés dijo...

Sí, resulta extraño. Yo he revisado ahora todo lo que tenía por aquí, por ninguna razón en especial y veo lo no conocido, como el interesante documental "Romy. Portrait eines gesichts" del 66 sobre Romy Schneider.
No conozco a ese Kristl, investigaré.
Vi "Der bomberpilot" de Schroeter después de tu post y me pareció interesante. Lo que no localizo es el film de Pippo Delbono que señalabas. Lo último italiano que me ha gustado es el breve y hermoso "Frammenti" de Piavoli.
Mi correo sigue siendo el mismo, pero a veces parece que se toma un descanso y no admite nada, ni spams siquiera.

Santi Gallego dijo...

Yo vi el otro día "Tag der idioten" (buena pero realmente durita) y "Nel regno de Napoli". Ésta última, aunque no le gusta a algún amigo muy fan de Schroeter, a mí me parece una excelente película; tal vez, junto a "Nuit de chien" (que es aún mejor), la cinta ideal para adentrarse en el alemán sin estar habituado al cine de vanguardia, experimental, no narrativo, etc. Si me sale algo medio decente intentaré escribir de la de Delbono, película "complicada" especialmente por la parte en la que muestra la agonía de su propia madre y que da voz y protagonismo a un antiguo miembro de las Brigadas Rojas. Como todo diario filmado puede parecer obsceno y exhibicionista, pero tiene un discurso de fondo potentísimo sobre ese irresoluble conflicto que recorre la Historia moderna de Italia y del cine italiano: catolicismo vs comunismo, y un puñado de torpezas, audacias y esas maravillosas locuras que se permiten a veces las gentes que no conocen el cine.

Jesús Cortés dijo...

A mí me han bajado varias de las que me gustaban mucho como "Malina", "Eika Katappa" o "Der tod der Maria Malibran" y me han subido otras en las que no reparé o ví sin entusiasmo como "Abfallprodukte der liebe" o la que mencionas, "Nel regno di Napoli". "Nuit de chien" estaba muy bien y hubiera sido interesante ponerla en paralelo con "The third man" de Carol Reed.
De este Delbono no he visto más que entrevistas y no me fío. Hasta donde llega mi italiano, el tipo tenía una considerable indigestión político-estética. Tal vez haya sabido resolverla con imágenes.

Miguel Marías dijo...

Aunque a mí no me gustan tanto ni el "Ludwig" (mi visión preferida de Luis II de Baviera sigue siendo la muy denostada y luego olvidada de Käutner; y prefiero también la de Visconti) ni el "Hitler", "Karl May" sigue siendo un prodigio. Ahora bien, no encuentro tan raro el olvido general de Syberberg, pues yo no he logrado ver nada posterior a su "Parsifal"(que encuentro magnífico) de 1982, y eso que durante los quince años siguientes siguió, si no rodando cine, haciendo "cosas" (qué no sé exactamente), de aire cuando menos interesante e intrigante. Por otro lado, si no se quitaba años, debe tener ya cerca de 80...

Jesús Cortés dijo...

Yo tampoco he visto nada posterior y difícil parece acceder a ello. Lo que decía no comprender es que esta película y otras que hizo, siendo tan buenas o mejores que muchas filmadas por sus compañeros de generación, sean desde hace tanto, desde casi el mismo momento en que se hicieron como decía Santi, un fantasma. Que se renueven los fans de Kluge o Herzog me parece bien, pero ninguno en mi opinión hizo nada tan bello como "Karl May".
De acuerdo con el excelente "Ludwig" de Käutner como el mejor. Segundo yo pondría el de Syberberg, no tengo en mucha estima el Visconti.

Sergio Sánchez dijo...

Gracias por la aclaración, un poco raro mi lapsus cuando en tu artículo no se menciona nada de dirigir películas. No he podido todavía con Schroeter, estas cosas me suelen llegar solas, pero no todavía, y con Syberberg es probable que empiece por "Parsifal", porque la ópera suele ser un buen reclamo para mí.