lunes, 3 de marzo de 2014

HONORES

En blanco y negro, siempre un poco triste por muy ligero o jocoso que sea lo narrado, sabio pero inevitablemente adherido al único estado mental fuente de dicha: el de la juventud.
No parecen esas características del cine de John M. Stahl si se atiende a su obra más reconocida, esa explosión de color y emociones llamada "Leave her to heaven"
Sus pequeñas historias repletas de grandes conflictos morales son una de las mejores plasmaciones de unos tipos de drama y comedia antaño abundantes, de aspecto poco llamativo, que se sienten exultantes sólo si se les llega a tomar auténtico cariño a sus protagonistas, que no son carismáticos ni modélicos, pero sí sensibles, justos, inteligentes, honestos pese a que tarden mucho tiempo en recibir lo que merecen.
El film que quizá mejor sintetiza su maestría, "Holy matrimony", es una comedia de maneras antiguas, invernal y muy inglesa, monótona si se quiere en su encantadora marcha, modesta, pero tocada por la magia.
Basada en la deliciosa novela "Buried alive" del oscurecido y olvidado escritor Arnold Bennett, "Holy matrimony" es básicamente - y se vuelve una y otra vez a sus imágenes para en ello recrearse - el retrato de fondo de una mujer extraordinaria, Alice.
Una mujer que ronda los cuarenta años, de gráciles maneras, decidida aunque no muy agraciada físicamente, que no pierde el tiempo en tonterías, ni se ha contaminado de novelitas rosas esperando un hombre perfecto.
Alice respondió a un anuncio en la sección de contactos y ha intercambiado algunas cartas bastante formales con Henry Leek, el mayordomo del primero entre los pintores ingleses, Priam Farll, plácidamente retirado en los mares del sur. 
Una mañana importunan a Farll queriéndolo nombrar Caballero y obligándole a emprender un viaje de vuelta a su país.
Leek enferma y muere nada más llegar a Londres y Farll, reticente a cualquier boato, aprovecha para intercambiar roles con su sirviente... que había a su vez enviado una foto de Farll a Alice como si fuera él.
Tan atractivo arranque (y entusiasta guión de Nunnally Johnson) sirve a Stahl para armar una loa no al matrimonio como institución ni al amor como fe, sino a sus dos más "terrenales" (que no comunes) encarnaciones, la feliz convivencia y el placer de estar junto a quien se admira.
Y de paso, asestar un divertido golpe al concepto de arte, ese que tan esquivo fue con su cine, recordado sólo por ser antecedente o contemporáneo de otros.
Farll marchó lejos, muy lejos, hace mucho, porque quería vivir sólo, "a su manera", sin engrasar un mercadeo que sólo tiene en cuenta quién firma una obra, su valor nominal.
Otra suerte hubiese corrido esta maravillosa película tal vez si se hubiese "expuesto" junto a un par de Lubitsch finales, "Heaven can wait" y "Clunny Brown", con los que comparte varios actores y actrices, parecidos convencimientos y rebeldía, una similar ausencia de momentos deslumbrantes y una absoluta falta de otros prescindibles.
Se habla muchas veces y gratuitamente de química entre intérpretes, de cómo de bien lucen en sus escenas conjuntas y la "electricidad" que generan sus diálogos y cuerpos.
Monty Woolley y Gracie Fields, pareja en la vida, secundarios habituales (tardío en el cine él, a menudo Doctor por su aspecto instruido, que era real; característica en comedias británicas no muy conocidas ella), no necesitaban ni siquiera hablar o tocarse para transmitir lo bien que se compenetraban sin oponerse a los demás, más bien ignorándolos, despreciando sus códigos.
El amor maduro de estos dos outsiders tiene mucho de infantil, de juego frente a lo que acontece en la realidad, que es un aburrimiento.
La proverbial contención del cine de Stahl, capaz de "domar" las situaciones más desdichadas, apenas se resquebraja en una escena, en Westminster, cuando él asiste a "su" funeral y se derrumba clamando por la proclamada grandeza que secretamente cualquier artista anhela.
Una escena fundamental porque era necesaria esa catarsis para que realmente pueda ser creíble su punto de vista.
Ese íntimo deseo de ver reconocida su obra, que tantos se han llevado a la tumba insatisfecho, deja Stahl que fluya sin ironías ni remilgos, contraponiendo como solía el drama insoportable de un sólo personaje mientras todo transcurre con una normalidad lenta y previsible.
De esos contrastes, nada altisonantes ni simplificados, sin desenlaces efectistas como si el mundo entero de repente pudiera reparar en el problema de alguien, está hecho su cine.

19 comentarios:

Rodrigo Dueñas dijo...

Debe ser ésta una de las películas más inglesas que existen y desde luego, con permiso de “The trouble with Harry”, la más inglesa no hecha en Inglaterra (pero, claro, Hitchcock nació inglés y siguió siéndolo aunque cambiara de nacionalidad).
Formalidad, contención de los sentimientos, urbanidad, gusto por la paradoja y la ironía, humor negro matizado, cortesía, equilibrio, despreocupación, confianza en el futuro… Todos son razonables, todo es razonable (hasta la excentricidad).

Ricar2 dijo...

Qué gran película; tuve el placer de verla por vez primera hace poco, esperando ver un Stahl menor, porque no era de esos títulos suyos que vienen a la cabeza mecánicamente, alejado de su terreno habitual. Y vaya sorpresa, qué delicia. Y coincido contigo en el precioso papel de la mujer, Alice.

Jesús Cortés dijo...

Lleva a cuestas el sambenito de especialista en melodramas, pero tan buena como "Holy matrimony" es otra comedia un par de años anterior, esta vez sí "americana", la espléndida "Our wife".
Y no son dos excepciones dentro de una carrera brillante que terminó, como la de La Cava, en un momento en que faltaba demasiado para las reivindicaciones de la nueva crítica.
Gran cineasta.

Mario Vitale dijo...

Aparte de la escena en Westminster, que destaca Jesús como pequeña quiebra del tono, hay una maravillosa situación (y digo situación porque está dentro de una escena) originado por un desplazamiento cargado de sutileza y contención, pero con verdadero undercurrent. Siento que representa otra quiebra, pero más íntima y emocionante aún que la anterior, pues está alojada en el personaje de Alice al ver tambalearse su futuro junto a su compañero del alma. Cuando, tras conocer la verdadera identidad de su amado, ella dice "Debí enterarme. Siempre has sido tan caballeroso como poco práctico" y se va a un escenario compuesto y cargado de gran poder metafórico, un territorio eminentemente fordiano en varias de sus películas, westerns y no westerns: el dintel de la puerta, que hace que todos los epítetos que tan bien enumera Rodrigo sean justos en el cine de Stahl.

Miguel Marías dijo...

Siempre me ha intrigado que la obra más famosa de Stahl sea una decidamente extraña y única como !Leave Her to Heaven", que no se parece a otros melodramas suyos. Y no llego a entender que permanezca tan poco visible su obra muda, en la que hay obras maestras: a mi juicio, de haberse muerto o retirado Hitchcock, Hawks, Renoir y Ford antes de la llegada del sonoro, Stahl sería superior a ellos.

Luis S. dijo...

Me parece interesante, en un sentido general, eso que comentas sobre la falta de ironía en el cine de Stahl, o en esa película. También lo que comentas sobre la ausencia de efectismos.

Parece que, desde hace tiempo, los cineastas tienen la obligación (y no sólo ellos, también los escritores y otros creadores y, acaso por contagio, también lectores o espectadores) de querer parecer más listos de lo que son y de parecer modernos a toda costa. La distancia irónica, ciertas dosis de cinismo y el mencionado efectismo (dramático, narrativo) son características habituales de productos culturales de los últimos decenios (características posmodernas, si se quiere). Son rasgos, acaso, que no suelen aparecen en cineastas mudos y clásicos como Stahl, quizá más conscientes de su labor ética, o menos conmovidos por la estética del "autor", o menos modernos, en todo caso... No sé qué piensas.

Por otro lado, y cambiando de tercio (perdón de nuevo por esta práctica mía) ¿me recomendarías que buscara y viera "Bronco Billy" y "Firefox"? Estoy viendo ahora mucho cine de los 80 y, llegado a Eastwood y, tras haber descubierto "Bird" (y ya conozco "El jinete pálido", "El aventurero de medianoche" y otras), me preguntaba si esos dos títulos (a priori, menores y poco valorados) merecen algo la pena.

Saludos.

Jesús Cortés dijo...

Lo que opino es que ambición y conciencia de ser un (gran) artista son cosas muy distintas.
Lo primero se puede quedar en el ámbito de lo privado, lo interior, del reto personal; lo otro parece sólo para quienes necesitan que los consideren como tales grandes creadores y ahí se excluyen casi todos los que realmente lo son.
Se hace muy buen cine ahora, en poca cantidad respecto a otras épocas, pero prefiero mucho antes un western simpático de Charles Haas que casi ni se recuerda él mismo, que estas porquerías "de autor" tipo "Her", "Nymphomaniac", "The tree of life", el último y obsceno Scorsese, "Stockholm", "La herida", "La grande bellezza" y demás, encantadas de ser ellas, que lo inundan todo.
Esos dos Eastwood me parecen entretenidos, que es lo que son por lo menos casi todas la suyas; los vi en el cine cuando más criajo era y luego no me han parecido mal al revisarlas. No son complejas ni maduras pero tampoco tienen pretensiones de serlo.

Miguel Marías dijo...

Todo cineasta "consagrado" (y "oscarizado" equivale a ello para muchos) corre el riesgo de convertirse él (o ella), o al menos sus películas, en estatuas (casi siempre de sal, además), aún si no hace trailers de 3 horas (como "The Wolf of Wall Street") en lugar de películas. Son 2 Eastwood modestos y divertidos, simpáticos, nada solemnes, nada estatuarios, que yo, desde luego recomiendo ver, y que he visto varias veces. No hay que olvidar que los cinéfilos vamos al cine porque nos gusta, y que una manera de disfrutar es divertirse. El "entertainment" no es sinónimo de bobería, vulgaridad ni aburrimiento, como creen algunos cursis y muchos productores, distribuidores, exhibidores, festivales de cine y responsables - es un decir, más bien suelen ser unos irresponsables - culturales.

Luis S. dijo...

Gracias a ambos, Jesús y M. Marías, por la recomendación, me haré con ellas.

Aitor dijo...

Tienes razón Jesús en lo que dices. La de Scorsese en el cine y con amigos (como la vi yo) pues te puede resultar graciosa en momentos ya que la risa se contagia, pero más allá de eso no vale nada. Yo destacaría del 2013 a 'Tokyo kazoku' por parecerme un remake bastante correcto y sobre todo 'Nebraska' que me parece la mejor y en la que no se ve ese encanto de que está haciendo una obra maestra, es más bien todo lo contrario. '12 Years a Slave' me parece reiterativa teniendo a 'Django' (que tampoco me gustó) el año anterior, yo creo que incluso McQueen usó las mismas localizaciones que Tarantino.
Y hablando de cosas recientes tengo que destacar sí o sí 'True Detective' que es una serie brutal, te atrapa desde el minuto 0 y no te suelta a lo largo de solo 8 episodios. La recomiendo.

Jesús Cortés dijo...

"Nebraska" me pareció buena, un poco larga. La mejor americana de 2013, no. De las vistas, encuentro muy superior "The immigrant" de James Gray y me gustó más la tenebrosa "We are what we are" de Jim Mickle.
McQueen ha salido rana y eso que la interesante "Hunger" parecía anunciar otra cosa. No conozco sus cortos, pero el segundo largo, "Shame" era una cosa ridícula y esta nueva se ve y a mí al menos se me borra de la memoria en media hora.
No tengo tiempo ni paciencia para series, lo siento´, pero si engancho algún capítulo de esa "True detective", me acordaré de tu consejo.

Aitor dijo...

Me apunto esas dos para verlas cuanto antes. Tengo que decirte que yo tampoco soy partidario de las series, pero ésta al ser corta no me he podido resistir.

Quería comentarte otra cosa aunque se vuelve a salir de tema y es si has visto 'Cuando los hijos se van' (1941) de Bustillo Oro. Me pareció de lo mejor que he visto de cine mexicano y tiene mucho puntos en común con 'Make Way For Tomorrow'. En IMDb solo tiene 62 votos, muy desconocida pero de una emoción como pocas.

Jesús Cortés dijo...

No, no la he visto. La buscaré.

Rodrigo Dueñas dijo...

Despertada mi curiosidad con tu mención a "Enterrado en vida" (investigando sobre ella caí en la cuenta que hace años leí que Borges la tenía en alta estima) la he leído con placer y admiración.
Como bien señalas, la clave, el corazón de novela y película es Alice, prototipo inesperado (por su sencillez, sensatez, devoción) de la mujer ideal.
Portentosa obra (por su ingenio, su modestia, su humor, su respeto al lector) la de Bennett, uno de los muchos que no han pasado a la Historia de la Literatura. Tan docta señora (y los insignes especialistas que sobre ella investigan, analizan, fundamentan y objetivamente proponen) se lo pierde.

Jorge dijo...

A mí "Shame" me dejó tocado pocas veces he visto que el tema de la adicción al sexo sea tan brutalmente expuesto (la escena de Fassbender al borde del llanto en plena orgía es una de las más intensas y desoladoras del cine contemporáneo) me parece una gran película y no comparto la opinión de que sea ridícula todo lo contrario es honesta y un espejo en el que duele mirar seas o no adicto al sexo en todas sus formas (sé de lo que hablo porque la pornografía ha ocupado gran parte de mi vida). Por otro lado "Her" tampoco me decepcionó me pareció muy acorde con todo el tema tecnológico que nos invade hoy en día y la deshumanización y aislamiento vital que eso genera. No me parece una obra maestra pero devela con mucho acierto esta necesidad afectiva suplida por realidades virtuales que se desbaratan desde la misma concepción de que es posible amar a algo incorpóreo, una ilusión platónica que le de sentido a vidas entumecidas en estado terminal. "Nebraska" también me parece genial. La de Scorsese sí me dejó frío y me parece penosa y la grande belleza más de lo mismo. Y sobre la que se comenta "Holy Matrimony" de John M. Stahl pues decir que me parece una de las mejores comedias que he visto y que deberían hacerse más comedias con personas de la tercera edad que recuerdo muy pocas. Saludos.

Jesús Cortés dijo...

Los temas, las intenciones, donde quisieran llegar "Shame" o "Her" pueden ser asuntos muy interesantes, pero son películas sin alma, sin nada que decir aparte de "instalarse" en el punto de partida, arrítmicas, ridículamente cursis cuando quieren conmover y odiosamente correctas cuando se acercan a los "precipicios". No siento por ningún lado nada verdadero.

Jorge dijo...

Ser cursi no es malo ahí tienes a "An affair to remember", "Jennie" o "Ghost and Mrs. Muir" que son extremadamente cursis pero en el buen sentido de la palabra y yo me he sentido conmovido por estos dos personajes que son modelos perfectos del hombre del siglo XXI reflejan con total impudicia el aislamiento en las grandes urbes y el hedonismo y culto al cuerpo en el que se ha caído con mucha mayor vehemencia gracias a las nuevas tecnologías que 'inmediatizan' todo, algo que anteriormente no se había plasmado en el cine. El personaje de Shame es el reflejo de miles de hombres consumidos por el sexo lo que no le permite poder entablar una relación estable con ninguna mujer pero no es porque no quiera o no lo desee sino que este tipo está enfermo, es un consumidor compulsivo de pornografía y un asiduo a las prostitutas, su mundo gira alrededor a eso y llega un momento donde todo el placer carnal se desfoga con dolor porque se vuelve incontrolable son trozos de carne que apelan al puro instinto de manera frenética y tanto vacío abruma y duele.

Jesús Cortés dijo...

Cursi no tiene "buen sentido", es un defecto, de los más extendidos e incurables y nada de eso veo en esas películas que citas.
Jonze y McQueen se refugian en la "enfermedad social" por excelencia, la incomunicación, pero ni de la alienación ni de la alineación (con sus propios personajes) parecen querer saber nada.

Jorge dijo...

Pues para mí sí son cursis en el buen sentido de la palabra por ejemplo los finales de las películas de McCarey o Mankiewicz son bien cursis pero no son cursis deplorables como por ejemplo "Love Story" o "Forrest Gump" que manipulan la cursilería para provocar una respuesta lacrimógena en el espectador en cambio las otras dos no provocan esto sino que fluye de manera natural por la inteligencia de sus directores que puede llevar al llanto de los espectadores pero sin manipularlos.

"La vida es bella" me parece cursi manipuladora y "Que verde era mi valle" me parece cursi inteligente. Para mí ser cursi no es malo ahora lo que yo entiendo por algo que no es cursi pues serían relaciones como las de Susan Hayward y Arthur Kennedy en "The Lusty Men" o Glenn Ford y Jocelyn Brando en "The Big Heat" es decir se notan que son parejas que se aman pero no enfatizan en eso sino que todo se sobreentiende en la pantalla por los detalles que tienen uno con otro.