sábado, 21 de junio de 2014

VOLVERÁN LOS VIENTOS CÁLIDOS

No debería haber mucho acuerdo si hubiese que elegir el momento en que "Kauas pilvet karkaavat" se convierte en una película especial.
Algunos quizá se decanten por la última noche del Dubrovnik, el restaurante demodé que cierra sus puertas porque sus clientes son demasiado viejos y ya no pueden consumir como antes. 
En un plano memorable, la dueña saluda uno a uno a los comensales - de gala, con echarpes ellas y pajaritas ellos, como cuando era el mejor sitio de la ciudad... después de la guerra -, pero no capta cuando se van y toca agradecerles la fidelidad de tantos años, sino cuando llegan y se sientan y hacen como si no sucediese nada. Aki Kaurismäki no abre el objetivo para recoger cuando media más cercanía entre ellos y la directora y se funden en un abrazo en lugar del ceremonial apretón de manos, creando esa pequeña incertidumbre, tan escurridiza al captar un gesto, la de la intimidad.
Otros quizá saltaron (saltamos) de la butaca con una sencillísima escena en que Ilona (Kati Outinen) espera a Lauri (Kari Väänänen) cuando termina su jornada y él viene conduciendo el tranvía de vuelta a las cocheras.
Ella sube y le besa sin decir nada más; plano del lateral del vagón cuando se cierra la puerta y descenso hasta las vías mientras arranca la música; plano frontal que recoge a ambos viajando solos: ella agarrada a la barra, él ajustándose la corbata; plano fijo de otros tranvías dirigiéndose a su lugar de reposo y panorámica cuando el que atraviesa el encuadre es el de nuestros protagonistas; finalmente plano del coche aparcado en que abandonarán el lugar, mirando en dirección contraria (ella puede cada noche ahorrarse el trayecto, pero no lo hace).
Sirviéndose tan sólo de su magisterio para la composición (como ya avisó por entonces Jean-Luc Godard), Kaurismäki aprovecha el plácido reencuentro de cada noche para transformar un medio de transporte público en uno privado a través de un cotidiano interludio romántico que completa la "metamorfosis" hasta el modesto utilitario de él. 
Podrían ser otras escenas, otros detalles, quizá haya mejores ejemplos, pero todos se rigen por un mismo principio tan elemental como es el de saber qué mostrar de los personajes y cómo hacerlo.
En los confines de la Europa del bienestar, tan cercanos sus rebeldes aún a los de Robert Bresson (no es ningún secreto la correspondencia, casi anticipatoria con "L'argent" que brilla ya en su debut "Rikos ja rangaistus") como a los de Robert Guédiguian - a los que se fue aproximando progresiva, chaplinianamente conforme avanzaba desde la soledad a la solidaridad - la extraordinaria habilidad de Kaurismäki para delinear espacios y para reducir conceptos a los más elementales diálogos y movimientos, "evitaron" que se convirtiera en otro cineasta realista, una auténtica tentación después del éxito de "Tulitikkutehtaan tyttö" en 1990.
Y se quedó tan solo como Ioseliani
Tal capacidad para elegir es la clave para que en "Kauas pilvet karkaavat" se detenga más en lo que sucede a Ilona no porque la encuentre más interesante, o porque el público comprenda mejor el drama desde un personaje que le resulta más simpático, sino debido a sus circunstancias. 
Cuando los despiden a ambos casi simultáneamente, veremos reducido el trato de la empresa (pública, se supone) dado a Lauri - que cree estar por encima de la situación y olvida rápido todo - en una sola escena: debe escoger una carta de una baraja manejada con manos de croupier (el capitalismo en un inserto) por el jefe de personal que comunica la noticia.
Para ella, que sí tuvo un lugar donde convivir cada noche y mayores afectos (y hasta un hijo que murió y que sólo vemos en un portarretratos y en una visita de ella al cementerio), un personaje más reflexivo y sentido, asistiremos en cambio con detalle a todo el ritual de la llegada de los nuevos compradores del restaurante, la noticia de la despedida, el desmantelamiento de la sala, la recogida de efectos personales y el abismo de tener que empezar de nuevo.
Un proceso que veremos invertido y que percibiremos reforzado cuando al fin se levante y ande.
El punto de vista no se balancea de un personaje a otro en busca de complicidades con el público, sino que se filtra entre las situaciones en busca de donde quiera que prenda ese absurdo sentimiento de encontrar un resquicio emocional cuando el drama arrecie. 
Si uno se abstrae sólo con la belleza formal de la película (un tratado de equilibrio e iluminación en cualquiera de sus planos) y no le afecta cuanto dice o sugiere el film, probablemente se perderá la bobina final más admirable que ha rodado Kaurismäki y que se haya visto en una pantalla de cine en las dos décadas transcurridas desde su rodaje.
En esos minutos, sin cambiar una octava el ritmo, se concentran toda la dignidad, el humanismo, la comedia y la épica que alguna vez pudo tener como aspiración de materializar en celuloide.
 

13 comentarios:

Luis S. dijo...

Gran texto pero, qué curioso, hay varias películas del gran director finlandés que me gustan más. Que me parecen, no sé, menos ambiciosas o menos obvias que la que comentas. Aunque quizá ésta no la supe apreciar de la manera en que tú lo haces.

Hay una obvia homogeneidad temática y estilística en su carrera, pues Kaurismäki es primeramente, supongo que estarás de acuerdo, un estilo (que yo creo que en ocasiones ha sido en exceso una "marca de fábrica"): lacónico, a la altura humana, estático, irónico, dulce, esencial y, como dices, bressoniano, que parecería una apuesta por volver en cierta forma a las conquistas básicas del cine mudo. En las películas de Kaurismäki muchas veces sobran las palabras. En "Juha", de hecho, si no recuerdo mal, no hay palabras.

Lo que me pasa con el cine de Kaurismäki es que, gustándome todas sus películas (las que he visto suyas, que son diez hasta hoy), no hay ninguna que llegue a entusiasmarme, ni siquiera "Le Havre" (quizá la mejor), "Un hombre sin pasado" o "La vida de bohemia", que creo que son mis tres favoritas. Yo, modestamente, aún espero su gran obra maestra. Aunque quizá, por su propia manera e idiosincrasia de representar las historias sencillas que le interesan, su cine no esté hecho para entusiasmar. Al menos, no a mí. Aún.

Jesús Cortés dijo...

Esta es mi favorita (y una de las grandes películas de los 90 para mí) por delante de "Tulitikkutehtaan tyttö"; las siguientes serían dos de las tuyas, "Boheemielämää" y "Mies vailla menneusyyttä".
Y hay varias más que también me entusiasman dentro de sus pretensiones nada epatantes.
Es un caso poco común (en el cine contemporáneo) porque siendo tan brillante estéticamente (que no preciosista) no se queda embobado en las formas y primando tanto lo significativo de los silencios, la información que se comunica con la imagen, sus diálogos suelen ser brillantes.

Rodrigo Dueñas dijo...

Afinidades.
Como bien señalas y explicas, Jesús, Bresson y Guédiguian son los directores más cercanos a Kaurismäki. Él, por su parte, muestra en un cine de estreno (con lógica artística) carteles de Bresson y Vigo.
Junto a otros que nombras (Ioseliani, Godard, Chaplin -de quien oímos música suya en la película-) añadiría a Sternberg, en concreto su "The salvation hunters". Obra en bruto y totalmente personal, que va de golpe al corazón de Sternberg y por ello más reveladora que creaciones posteriores (hechas con más medios, con grandes colaboradores, con argumentos ajenos -y más válidos para desarrollar su genio-) más grandes y definitivas.
Riqueza visual, sobriedad, estoicismo, tristeza, gente sin importancia, dignidad, gestos y emociones callados, protagonistas atascados en un punto muerto en el que se abandonan o del que no saben salir. Como en Kaurismäki.

Jesús Cortés dijo...

También aparece un cartel de "Night on Earth" de Jarmusch, con el que algo tiene en común o tenía por entonces. Las dos últimas que ha rodado (sin que la anterior "Broken flowers" fuera ninguna maravilla), "The limits of control" y "Only lovers left alive" me parecen verdaderamente lastimosas.

Luis S. dijo...

Pues hace poco vi en pantalla grande una de las primeras de Jarmusch, "Down by Law" y la encontré también bastante lastimosa, muy lejos del gratísimo recuerdo que conservo de "Stranger than Paradise". Pero mi favorita suya es "Ghost Dog", que me hipnotizó de principio a fin; al contrario que "Dead Man", qué curioso.
Sí que es verdad que Kaurismäki y Jarmusch guardan semejanzas, sin duda.

Jesús Cortés dijo...

Las que más me gustan de Jarmusch son "Permanent vacation" (no tanto como el disco de Aerosmith, claro), "Stranger than paradise", "Mystery train" (de nuevo mucho menos que la canción de Elvis), "Dead man" (también por debajo de la BSO de Neil Young) y la muy hip hop "Ghost dog".
"Down by law" me ha decepcionado siempre.
Curiosa esta deriva musical porque precisamente de Kaurismäki las que menos me interesan son las que consagra a esa mezcla de banda militar rusa y Dread Zeppelin que son los Leningrad Cowboys, que casi parecen del insufrible Kusturica.

Tomás Sánchez dijo...

Es un poco hilar de un nombre a otro, pero... insufrible Kusturica? Excesivo y muy irregular lo entiendo, pero no salvas "Otac na sluzbenom putu"?

Jesús Cortés dijo...

Bueno, me refería a su faceta musical. Dos veces nada menos lo he visto en festivales y ya tuve suficiente.
De sus películas, no he visto nada desde "Zivot je cudo".
Hizo algo sobre Maradona, ¿no?. Menudo tipo ese.
De las conocidas, la que citas me pareció en su día interesante aunque ya se intuía que anunciaba bastantes de las derivas posteriores.

Sergio Sánchez dijo...

También es la película que yo prefiero de Kaurismaki, aunque en mi caso, además de las evidentes virtudes, creo que ya sólo escuchando el tema musical de los créditos iniciales ya lo tenía decidido. Jarmusch es tan cercano a Kaurismaki que su segmento finés de "Night on earth" casi se convierte en el recuerdo en una obra más de Kaurismaki. Un ejercicio de mimetismo extremo bastante entrañable.

Jesús Cortés dijo...

Sí, es un tema muy bueno, una canción de amor. Luego todas las demás hablarán de esas nubes que algún día pasarán y que nunca filma, ni siquiera en el último plano.
Jarmusch ha perdido la mano, como Cronenberg, Ferrara y otros. Están hundidos en la indecisión y lo que les sale es vulgar, acomodaticio a nuevos aires que respiran aquí y allá, no tiene estructura y se cae mientras acumulan golpes de efecto y vaguedades.
Momento muy malo del cine americano si una película sólo interesante como "Ain't them bodies saints" es casi lo mejor reciente.

Miguel Marías dijo...

Luis S. hace un comentario (subjetivo) interesante. Se "queja" de que (o lamenta que) las películas de Aki Kaurismäki, gustándole, no lleguen a entusiasmarle. Yo creo que eso, si no llega a ser deliberado, es parte esencial del carácter (y por tanto del tono, el estilo, el sentido) de las películas de Aki, y por tanto parte de lo que, en mi opinión, le hace grande, como sucede también con - son ejemplos un poco al azar - Allan Dwan, Jacques Tourneur, Henry King, RAffaello Matarazzo, Vittorio Cottafavi, Luigi Comencini, Robert Guédiguian, Budd Boetticher, Edgar G. Ulmer, Edward Ludwig, frente a otros cineastas que se proponen (en un sentido u otro, lo consigan o no) entusiasmar, y a veces no dudan en recurrir a cualquier medio, de Eisenstein o Welles a - no hace falta que le entusiasmen a uno personalmente - Scorsese o Spielberg. Ese "tono menor" y no excesivamente lírico, exaltado o triunfal, jamás grandilocuente, junto a una resistencia frente a la desdicha y un rechazo (quizá "Hawksiano") de la autocompasión, de la queja y del lloriqueo, son parte de lo que hace grandes, para mí, las pequeñas y modestas películas, tristes pero no deprimidas, melancólicas pero no derrotistas, de Kaurismäki, sobre todo, a mi entender, de la que muy bien comenta Jesús, que es de todas las suyas mi preferida, y la película más adecuada para ver cada tres meses en estos tiempos.

Luis S. dijo...

Muy interesante lo que comenta M. Marías en un paréntesis: "quizá hawksiano". Modestamente, también yo había pensado alguna vez en Hawks ante una película de Kaurismäki. Mis débiles reticencias respecto del finlandés (que es un cineasta que me gusta entre bastante y mucho) se deben sobre todo a que quizá en ocasiones el estilo se le "impone" demasiado, o esa es mi impresión, como marca de fábrica obligatoria sobre trama y personajes. Algo que, me parece a mí, no le ocurría a Hawks y su famosa invisibilidad de estilo que, más que imponerse, se fusionaba con argumento, moral y personajes.
Dicho esto, puede uno fantasear con gran curiosidad, por ejemplo, con una quizás inviable versión de "Río Bravo" dirigida por Kaurismäki con Kati Outinen en el papel de Angie Dickinson...

Jorge dijo...

Disculpen por el offtopic pero recomiendo algunas películas peruanas herederas del neorrealismo y del buñuel de "Los olvidados". Personajes abandonados en medio de la cruda pobreza cuyos sueños se mantienen intactos en un país como Perú donde existen tantas brechas sociales donde de un paisaje con bancos y supermercados en una zona exclusiva de Lima pasas a una zona periférica en medio de los cerros donde no existe agua potable, donde los únicos espectáculos que tiene la gente es un circo precario que en vez de leones tiene cabras y carneros amaestrados, un lugar que se llama Paraíso pero donde abunda la miseria aunque haya dinero para libar licor y tener encuentros sexuales en las calles oscuras. Películas como "Paraíso" o "Juliana" reflejan al Perú más profundo al Perú de los migrantes de la Sierra que invaden terrenos que nadie reclama para construir viviendas precarias que han escapado de la violencia terrorista de antaño en busca de un mejor futuro en una Lima capital que los margina. Este es mi país y el cine que mejor lo refleja...Añado los trailers para el que desee verlas...

Trailer de "Paraíso" de Héctor Gálvez
https://www.youtube.com/watch?v=Olxlac0U-o0

Trailer de "Juliana" de el grupo Chaski
https://www.youtube.com/watch?v=yRfApat9dEE