miércoles, 20 de mayo de 2015

TUS LABERINTOS

La tentación de mirar como si de una rareza se tratase a una película como "Hospital General" es casi menos lógica que la de plantearse por qué no hay más cintas como esta en el cine español de los años 50.
Famoso por su debut, "Harka", marcado para siempre por "Rojo y negro" (recuperada ya en 1996, siete años después de su muerte), Carlos Arévalo parece - contemplando esas películas y alguna posterior hasta su retiro en Italia, independientemente del valor de cada una - el director más improbable que se pueda imaginar para haber alumbrado un melodrama "universal" como este, freudiano, distanciado, tenso y estratificado, pero no menos romántico y evocador, emparentado con muchos de Tulio Demichelli, Julio Bracho, Emilio Fernández, Carlos Hugo Christensen, Roberto Gavaldón, Hugo Fregonese, Hugo del Carril, Mario Soffici y tantos otros cineastas (sobre todo) mexicanos y argentinos que al otro lado del Atlántico mezclaban rescoldos del surrealismo, melodrama americano "contaminado" por docenas de inmigrantes europeos y sombras de cine negro con una libertad extraordinaria.
Entre ellas y con la compañía de algunas películas dirigidas por Manuel Mur Oti, Claudio de la Torre, José Antonio Nieves Conde o (quizás, ha sido imposible saber si tras "El crucero Baleares" había una especie de Francesco de Robertis a la española) Enrique del Campo más el recuerdo de varios films norteamericanos que Arévalo pudo haber visto (de Vincent Sherman, Arthur Ripley, Hitchcock, Siodmak...) y alemanes (varios intérpretes venían de ese país e intervinieron en films de algunos de los directores españoles antes citados) que es bastante dudoso que conociese (de Alfred Braun o Veit Harlan), se normaliza bastante la existencia de "Hospital General" y no por ello se agota la discusión de por qué, siendo tan evidentemente una ficción (y en buena parte un cuento-pesadilla) y sin contravenir o ni siquiera buscarle abiertamente las vueltas a ningún asunto presa de censores, no proliferaron docenas como ella.
El ambiente, los peajes... el talento no crece respirando sin poder henchir los pulmones.
"Hospital General" funciona - como rara avis o como un eslabón de una tradición poco cultivada en según qué cinematografías, qué más da - toda al ritmo de las palabras de Manuel Pombo, su guionista, médico también y diría que pragmático pero irrefrenablemente interesado en elucubrar alrededor de algo sobre lo que tenía pocas certezas: la mente humana o más concretamente el órgano que la contiene, el cerebro.
La película desde luego no es lo que en principio puede esperarse: ni es coral ni se desarrolla en un centro hospitalario, ni tiene la menor connotación sociológica más allá de una visión tan realista de la vida que no conduce a otra parte que al mayor de los pesimismos.
Gira toda ella sobre el vacío, los vacíos de la protagonista, María de los Ángeles (la catalana Silvia Morgan, que en realidad se llamaba como su personaje) y los que provoca en cuantos la quieren, la conocen o la tratan de curar.
Ni la voz en off que aparece aquí y allá, ni que se trate de escenarios y personajes nada ajenos a cualquier espectador contemporáneo, ni el que recurra Arévalo al más antiguo recurso con que contaba el cine para causar extrañeza (el de hacer que actores y actrices miren hacia fuera del encuadre para mostrarse hieráticos, ausentes), la hacen más convencional, ni rebajan la inusual densidad de su andamiaje, levantado sobre la duda.
Hablaba antes de surrealismo, pero en el film aparece exento de provocaciones, como esa parte de lo que se vive no captada por los sentidos sino por el inconsciente y por ello no "fijada" con la suficiente fuerza cuando domina el equilibrio. Pocas veces se ha aplicado tan bien todo ese "mundo paralelo" para analizar cómo un factor, el amor, restituye - no para siempre, pero ¿qué lo consigue? - ese equilibrio en los enfermos y hace temblar el de los sanos.
El diálogo magnífico de Pombo, varios travellings insólitos por su cadencia, la partitura ostinata - y por ello digamos "indetectable": tan pronto recuerda a las de muchos giallo como también a la de "Gertrud" - de Federico Contreras o la casi total ausencia de costumbrismos, modulan la puesta en escena y no dejan mucho espacio para hacer guiños a la platea, una estrategia una y mil veces probada como suicida incluso en esta década prodigiosa.
Tal vez los ocho años que tardó el film en ver la luz (en 1950 se terminó el guión, en el 56 se rodó y a finales del 58 se estrenó) no invitaban a otra cosa que no fuese la plasmación decantada de un libreto originalmente saludado como fabuloso.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Confieso no haber encontrado el medio, por más que lo he intentado, de dar con esta película. Algo parecido me ocurre con Morir, dormir,...,tal vez soñar, de Mur Oti.
Creo haber leído a Miguel Marías que Hospital General es, de largo, la mejor película española de su año. Resulta sugerente la recomendación si se consideran fechadas en 1956 obras como Calabuch, Fedra, Mi tío Jacinto, Calle Mayor,...
J.A.

Jesús Cortés dijo...

Pronto creo que se podrá ver. Imagino que Ángel o alguien de CFC avisará cuando esté lista.
A mí no me parece de largo la mejor o ni siquiera la mejor española de ese año 1956 que es uno de los mejores que ha tenido nuestro cine. Las tres que citas (salvo el Bardem, que ni me gusta) me parecen al mismo nivel y yo particularmente elegiría "Fedra" si sólo pudiese poner una.
Pero es una gran película olvidada, más inesperada, quizá más intemporal que ninguna de las otras y tan original como el Mur Oti, que encuentro más hermosa, más emotiva.

Luis S. dijo...

Muy interesante comentario, no he visto nada de Arévalo aunque sí me sonaba el nombre por algún libro sobre cine español... Busco la referencia, en efecto, en "El cine español, una historia cultural", de Vicent J. Benet, en donde se habla en pocas líneas de "¡Harka!" y "Rojo y negro" sobre todo desde una perspectiva política y sociocultural.

Es cierto, como comentáis, que el año 1956 debe de haber sido de los mejores del cine español, está claro al menos (y no he visto "Fedra") que "Calabuch", "Mi tío Jacinto" y "Calle Mayor" son grandes logros, a mí las tres me gustan mucho, quizá la de Berlanga más que ninguna.

A partir del cine español que he visto, que es escaso, me atrevo a sospechar que otros años muy buenos podrían ser 1951 ("Surcos", "Esa pareja feliz", "Cielo negro" y Buñuel en "Una mujer sin amor" y "Don Quintín el amargado"), 1963 (pese a dos cintas que me parecen más bien malas, "Loca juventud" de Mur Oti e "Isidro el Labrador" de Salvia), año de "El verdugo", "A tiro limpio", "Rififí en la ciudad" y "Young Sánchez", y ciertamente 1955: "La ironía del dinero", "El malvado Carabel", Buñuel en "El río y la muerte" y "Ensayo de un crimen", "Los peces rojos", "Muerte de un ciclista"; peores son, de ese mismo año, la aún así atractiva "El canto del gallo" de Gil y "Tarde de toros de Vajda.
Otros años interesantes que se me ocurren a bote pronto: 1953 ("Cañas y barro", "Condenados", Buñuel en "Abismos de pasión", "El Diablo toca la flauta"...), 1964 ("El extraño viaje", "La tía Tula"), 1961 ("Viridiana" y "Plácido"), 1972 ("Ana y los lobos", "Mi querida señorita"...), 1983 ("El Sur", "La muerte de Mikel", "La línea del cielo"...) o 2006 ("Volver", "La leyenda del tiempo", "Mujeres en el parque", "Ficción", "Bosque de sombras"...).

Jesús Cortés dijo...

Hay pocos años (y ninguna "generación", como sí tantas en literatura o pintura, pese a múltiples intentonas mediáticas) señeros. En los 50, como pasa en muchas cinematografías, está lo mejor probablemente, aunque los que me parecen los dos mejores cineastas españoles, Buñuel y Erice, no pertenezcan a ella, uno por exilio y otro por razones obvias.
Algo de milagroso tiene que hubiese una vez un Neville o un Mur Oti, que existan "Espoir", "Vida en sombras", "Mi adorado Juan" o esta "Hospital General", que José Luis Garci haya llegado a rodar sus mejores películas después de ganar un Oscar con la peor o que haya perdurado un hijo de Garrel y Akerman, de Ozu y del propio Erice como Guerín. En otro contexto, gente tan desconocida como Aitor Gaizka, Andrés Linares o José Antonio Sistiaga quizá hubiesen crecido, encontrado un sitio al menos.

Anónimo dijo...

Gracias por la recomendación, aunque me ha parecido flojilla. Saludos.

Marcos

Rodrigo Dueñas dijo...

Inesperada, insólita, grave, sobria y exacta. Extraña al cine español de la época (sí, me recuerda a películas de esos directores mejicanos y sobre todo argentinos que citas) y también, directamente, a esa época: es difícil de datar.
Tiene numerosas elipsis y, encima, no claramente señaladas: de pronto caemos en que la escena en que estamos desde hace rato sucede mucho tiempo después de la anterior, o que algo importante ha pasado entre los personajes y éstos lo asimilaron hace ya mucho.
Ocurren cosas que no se cuentan, como tampoco otras que debieron suceder tiempo atrás. Finalmente, de sucesos que aparecen no termina de contarse su desarrollo ni cómo acaban.
Es una película llena de huecos y sombras… que los personajes no extrañan.