miércoles, 2 de diciembre de 2015

CAMINO DE PERDICIÓN

José Andrés Dulce

Como luego sucederá con Stiller y Garbo, el nombre del director danés Peter Urban Gad aparece indefectiblemente ligado al de su musa, la gran actriz Asta Nielsen, que sería su esposa entre 1912 y 1918 y con la que rodó una treintena de películas que contribuyeron a la leyenda cinematográfica de la llamada “Duse del Norte”. La primera de ellas marca el debut de Gad como director en solitario: “Afgrunden” ("El abismo", 1910), una producción de la compañía independiente Kosmorama, que, al igual que otras por entonces, intentaba hacerle sombra a la todopoderosa Nordisk dirigida desde 1906 por Ole Olsen.
El cine danés anterior a la Primera Guerra Mundial está trufado de asuntos sensacionales, desde cacerías de leones hasta trata de blancas. “Afgrunden” no es una excepción. En apenas 37 minutos, Gad cuenta la desdichada historia de Magda Vang, una joven que, harta de su monótona vida, sucumbe a los encantos de un cowboy de feria, recorriendo un “camino de perdición” que le llevará a la prostitución y el asesinato.
El retrato que Gad y Nielsen hacen del personaje presenta algunas particularidades: Magda es descrita como una mujer independiente (el plano de apertura la expone en el centro de la vida urbana), que vive de su trabajo (da clases de música) y a la que no se conoce familia (sus movimientos en el tranvía están encaminados a iniciar una relación de pareja, propiciada mediante estrategias que indican no sólo una sexualidad libre - los seguidores de Noël Burch hacen mucho hincapié en ello -, sino el deseo de decidir el propio destino).
Pero los márgenes sociales devienen estrechos para la mujer, que pasa de una rutina a otra. Una vez conquista al varón (Knud Svane: Robert Dinesen), éste la conduce hasta los dominios familiares, una vicaría donde la pareja pasa sus vacaciones entre gestos obsequiosos, formalidades y paseos campestres junto al padre de Knud, párroco de Djertev. A fin de no justificar la conducta posterior de Magda, Gad renuncia a describir el hogar de los Svane con tonos oscuros y a Knud como un hombre represor, más bien al contrario, la luz y la amabilidad presiden el nuevo entorno. Es la llegada del circo ambulante la que desata las fantasías reprimidas de la joven, seducida por el “gran macho” Rudolf Stern (Poul Reumert), investido de todos los atributos dominadores: botas de cuero, sombrero, fusta. Todo cuanto sucede a partir de ese momento obedece a las leyes del instinto sexual: Magda es raptada por Mr. Rudolf con su consentimiento y se une a la troupe circense.
Pudiera parecer que la degradación del personaje y su desdichado fin son la consecuencia natural de un planteamiento moralista (“La mujer siempre paga” fue uno de los títulos alternativos de la obra); sin embargo, una visión atenta del filme revela que el propósito de Gad es otro. Mediante la caída en desgracia de la mujer, el director expresa el conflicto entre la convención social y el deseo individual, entre los confortables límites asignados al sujeto y el erotismo que éste adopta inconscientemente como vehículo transgresor. Yendo aún más lejos, el cineasta y su actriz presentan a Magda como víctima y verdugo de una pasión turbulenta revestida de rasgos sadomasoquistas: La famosa escena del baile equilibra de algún modo el ciclo de humillaciones femeninas con una fantasía de posesión del macho, ceñido tanto por las cuerdas que lo atan como por los movimientos escénicos de su “partenaire”, que acaba derribando al vaquero y mordiendo su cuello.
Por supuesto que “Afgrunden” es una película atrevida. Pero su osadía se reparte por igual entre la peripecia de Magda y la puesta en escena de Gad, quien permite que el camarero proxeneta se dirija a la cámara con modos propios del burlesque tras llevar a Magda a la habitación donde habrá de reencontrarse con un cliente que no es otro que su antiguo prometido, obstinado en la salvación de su amada. Si el paso de Magda por el circo está descrito con pocas y certeras pinceladas, un plano magníficamente compuesto basta para mostrar la integración final de los amantes en la bohemia de Copenhague, mezcla de lumpen urbano y la canalla pequeñoburguesa representada por el camarero. Puede que el naturalismo brandesiano y el teatro escandinavo de ideas ejercieran una influencia decisiva en Gad, pero “Afgrunden” demuestra que el director ya pensaba desde el primer momento - y de forma nada primitiva - en términos de cine.

3 comentarios:

Rodrigo Dueñas dijo...

Menuda alegría reencontrar a José Andrés Dulce.
Tras su monumental “Dreyer”, poco más pude conseguir de él: algún artículo en Nickelodeon y un texto sobre King. Que alguien tan valioso vuelva a publicar es una de las más felices noticias que he recibido en mucho tiempo.
Tan sucinto como denso (y a la vez –pocos consiguen todo- ameno y claro), este escrito ha hecho que revise “Afgrunden”, película que injustamente había postergado frente a “Den sorte drom”. Sí, cuánta riqueza en poco más de media hora.

Jesús Cortés dijo...

Sí, habrá más textos suyos por aquí.

José Andrés dijo...

Muchísimas gracias, Rodrigo, por tus palabras. Gratitud que hago extensiva a Jesús Cortés, que ha propiciado este reencuentro con los lectores.

José Andrés