miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL PAN Y LAS UVAS

Es muy probable que lo primero que venga a la memoria al contemplar las imágenes de "Bambini" sea el recuerdo de uno de los grandes éxitos de diez años antes en Italia, "I figli di nessuno".
No por la peripecia melodramática, sino por los niños trabajadores en minas al aire libre; no por el peligro de las detonaciones, sino por la polvareda caprichosa que se eleva o se vuelve hacia la cara, adhiriéndose al sudor del cuerpo.
Allí donde compartían labores con adultos y ancianos terminaba dando con sus huesos el pequeño Bruno (Enrico Olivieri, que había debutado poco antes en la muy querida "Fuga in Francia" de Mario Soldati), central para la película de Raffaello Matarazzo.
En "Bambini" no será uno, sino un grupo de chicos, los que filmará Raffaele Andreassi, anónimos protagonistas de este cortometraje que se ha difundido tan poco que complementa fantasmagóricamente  ese recuerdo.
Rodaje de "I lupi dentro"
Qué pena que se mencione tan pocas veces el nombre de Andreassi y casi siempre se haga por su muy mediocre y frío largometraje "Flashback", quedando como menores y "preparativas" sus obras breves, donde se encuentra lo mejor de su cine, como este sublime "Bambini", que es digno del mejor Kiarostami o de Forough Farrokhzad u otras miniaturas tan misteriosas y originales como las que dedicó a pintores como Antonio Ligabue - "Antonio Ligabue, pittore" -, Amedeo Ruggiero - "Autoritratto" - o Giorgio de Chirico - "Agnese" -, filmadas entre el 58 y el 65.
Se murió Andreassi en 2009, casi diez después de completar "el film de su vida"- tres horas tras los pasos de un pintor vagabundo como Ligabue por el margen más desastrado del Río Po y el país que una vez fue, "I lupi dentro", tristemente inaccesible - y ni los esporádicos revivals sobre los grandes documentalistas transalpinos lo reponen al lugar que merece.
No es fácil saber el por qué de ese olvido precisamente en una cinematografía que cuenta con quizá el mejor abanico de directores interesados permanentemente o en alguna fase de sus carreras por la "no ficción": del primer Vancinide Seta, de Emmer a Piavoli, de Rossellini a Olmi, de Baldi a Mingozzi, de Antonioni a Visconti, de Pasolini a Cima, sin olvidar a Questi, Taffarel, Amicode Santis, de Robertis... allí menos que en ninguna otra parte debiera haber contado que, por ejemplo "Bambini", sea exactamente lo contrario de lo esperable.
Desde la rica Toscana de "I figli..." hacia la modesta y meridional Puglia, del noble mármol de Carrara hasta la plebeya piedra, parecían marcadas las cartas para que el film fuese un descenso a la realidad y la dureza, una ocasión para contagiar desazón y denunciar la vergüenza.  
Pero Andreassi no tenía por qué renunciar a la belleza, la elegancia y la ligereza y no lo hace.
La música y los etéreos travellings acompañan gestos muy poco extraordinarios, repetitivos, sin historia, con ese mimo perdido que si pudiese confortaría y con esa mirada generosa que si pudiese se haría también inconsciente, no se quejaría, se alegraría de lo que encontrase.
Algo bastante indescriptible y eterno, entre Shimizu y Rouch, alumbra la opción de no registrar sus conversaciones mientras habla Andreassi y les acompaña y se levanta con ellos y se mueve con ellos y se ensucia con ellos y se alegra con ellos.

5 comentarios:

Luis S. dijo...

Está bien eso de no renunciar a la belleza. Incluso científicamente, en TED se puede leer y escuchar una defensa de la belleza:
http://ideas.ted.com/why-beauty-matters/

Otra cosa ya son las bellezas demasiado grandes...

En fin, otro director del que no tenía ni idea, ¡lista eterna!

manu dijo...

Jesus me recomiendas alguna serie de television, el otro dia vi la fantastica El detective cantante de Dennis Potter y me reconcilio bastante con el medio.

Jesús Cortés dijo...

No veo series de TV, así que ni idea del tema. Conozco gente muy enganchada a varias, pero mis intentos han sido en balde. Es bastante probable que haya infravalorado lo poco visto, pero nada me gustó ni un ápice. Tampoco tengo tiempo, la verdad. Ni aparato de TV, aunque eso ya no es excusa.

Rodrigo Dueñas dijo...

Sí, Andreassi no renuncia a la belleza ni a los recursos cinematográficos, que utiliza con sutilidad. Vemos en primeros planos los rostros de los niños… en los momentos en que están ellos solos: cuando esperan la llamada del patrón, mientras se ponen la ropa de faena, cuando comen el pan en el descanso, cuando disfrutan de las uvas robadas. En cambio, mientras trabajan son tomados con planos generales. Y justo ahí, en la jornada laboral, del único de quien se ofrecen primeros planos es del patrón. Y al contrario que pasa con los niños, los planos cercanos no lo humanizan: las gafas de sol y sobre todo la sombra que produce el ala del sombrero impiden distinguir sus rasgos y, menos aún, revelar sus expresiones.

Jesús Cortés dijo...

Sí, las distancias dan mucho que pensar al ver su sobras.
No quise extenderme en el texto, pero también sería interesante pensar en "Agnese" considerando las muy posteriores y diversas "La belle noiseuse / Divertimento" de Rivette y "Lo sguardo di Michelangelo" de Antonioni, como se sabe, una muy extensa y otra igualmente corta.