sábado, 15 de octubre de 2016

MISHNÁ

Como probablemente le ocurra a tantas grandes obras de la historia del cine, no solo toda la propia película, sino toda la carrera de Chantal Akerman e incluso todo el cine de su tiempo - que es, sobre todo, con el que se "nace": hacia 1972 y "Hôtel Monterey" -, está encapsulado esencialmente en los minutos de apertura de "Histoires d'Amérique: food, family and philosophy".
Es llamativo. Se mire a la época o al lugar que se quiera, si hay algo que permanece es el esmero que siempre han tenido los realizadores por los principios y los finales de sus films; muchas veces hasta el extremo de dar la sensación de que todo el mecanismo se mueve en función de lo pensado para esos momentos.
Recordemos las dos escenas: una aproximación por mar llegando a Nueva York, con voces en varios idiomas de fondo, una brumosa mañana; más tarde aparece la ciudad mágicamente iluminada de noche y ya una sola voz, su voz, la voz cargada de acento de cualquier inmigrante o viajero, nos dice, con aire de proverbio, que aunque no exista ya el objeto, no se recuerde el lugar y no tenga vigencia el mensaje, aún quedan las historias, para contarlas y para guardarlas en la memoria. De esa misma noche quizás, emergen un puñado de relatos y sketches encuadrados sobre suburbios que tan pronto pueden poetizar como regurgitar cualquier drama.
Esa dualidad tan extrema entre emociones opuestas en que puede derivar la representación - esta no es una película ni documental ni inquisitiva - es vieja conocida en su cine, siempre dispuesto a consentir la falta de control sobre el lirismo de un plano, construyéndolo para que tome sentido y no al revés. No deja de tener, tantos años después, aspecto de paradoja lo que es una consecuencia lógica del momento cinematográfico que a cineastas como Chantal les tocó alumbrar, donde efectivamente ya se había dicho todo, donde habían vivido hace muchos años los elocuentes y los retóricos, donde habían brillado duraderamente los más maravillosos grises y colores... pero aún quedaban películas por hacer. Que ninguno quisiera reanimar muertos, les apremió a plantarse con el objetivo presto para filmar ¿qué? y sobre todo ¿hacia dónde?
No hace falta volver la mirada atrás más de veinte años, por qué no al momento en que Jean Renoir rodó "Le petit théâtre de J.R." para imaginar cómo pudo haber sido este film concebido en el último esplendor del cine que se iba conforme llegaban ella y otros inquietos. Qué difícil poner en marcha la función prescindiendo de un "colaborador excepcional" como Hans Christian Andersen, sin poder jugar a entrelazar Demy con Tati, sin que suene la música de la Belle Époque revivida por Crémieux, sin poder citarse a uno mismo y finalmente deponer las máscaras brindando por ello.  
Pero en un viaje como el emprendido por Chantal hasta el triste final que todos conocemos, buscando el motivo y el sentido de la marcha de cuanto captaba su cámara a que me refería antes, también hay paradas placenteras, donde no asoma la urgencia por volver a salir ni la depresión por quedarse ensimismada en lo que no deja seguir caminando.   
Y no era mal momento 1988, una década después de haber sido ella quien remitiera las cartas de "News from home", para mirar con más perspectiva a otros trasplantes culturales entre Europa y Estados Unidos - más adelante volverá a ver cómo se las apañan otras semillas, plantadas en tierra más seca y salitrosa -, variando el enfoque, enriqueciéndolo con una variada compañía de storytellers y cómicos que interesan y divierten a su cámara.
Divierten, sí, porque si se trata al fin y al cabo de distinguir entre películas que encuentran resuello en lugar de martirio en los más nimios detalles, esta es una de sus grandes comedias. Chaplin siempre reverberó en sus bobinas, recónditamente a veces, y no es ninguna casualidad que la única datación posible para las imágenes de "Histoires...", aparte de los detalles de atrezzo, está en lo que emparentan sus imágenes con las más regocijantes de varios "hijos" contemporáneos del maestro activos en este fin de los ochenta, emparentados y vivos cada uno a su manera: Otar Iosseliani, Aki Kaurismäki, (el último) Federico Fellini o Jean-Claude Biette.
La diferencia con el pasado la hace el efecto de cada palabra y cada acción, claro. Actuar siguiendo un instinto, reaccionando y siendo tan duro de pelar como fuese necesario, como en las viejas cintas de Charlot, ha perdido el significado definitivo que tuvo y es necesario hacerse oír.
Ni a los personajes más parlanchines ni a los más reservados de todos los cineastas citados, les bastaba ya con el gesto espontáneo para hacerse entender a la primera y a estos judíos - que se sienten parte de algo que dejaron atrás y supervivientes de lo que tienen alrededor y por delante - los mantiene Chantal en plano el tiempo suficiente como para que asome un elemento jocoso o mundano - relacionado a menudo con la comida -, para que cobren un protagonismo cambiante los ruidos de la noche y para que la seria peripecia que están dispuestos a contarnos se revele y alcance un mayor dramatismo o todo lo contrario.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Que opinas de V. Shantaram? Jesús




Saludos

Jesús Cortés dijo...

Supongo que te refieres a Rajaram Vankudre Shantaram, pero no he visto ninguna.
Es una pregunta para Marcos Moure, me temo.

navegandohaciamoonfleet dijo...

Enhorabuena por el magnífico texto, prueba de que nunca está todo dicho, que descubre un punto de vista insospechado para enfrentarse a Chantal Akerman. Y gracias por hacerme descubrir esta película magnética desde el arranque con su dúo de violonchelo y bruma del que emerge la voz que luego hablará a través de otras voces, otras caras. Conocerse a sí mismo requiere saber escuchar a los otros, convivir con el absurdo, dar tiempo a la memoria.

Saludos

Marcos Gómez Moure dijo...

Me dice el amigo Mario Vitale que pase por aquí para ver este comentario. Shantaram fue un cineasta de carrera muy larga con altibajos pero interesante y olvidado. Apasionado del musical y el melodrama, su cine siempre tuvo un sello personal. Resulta muy fácil reconocer un film de Shantaram solamente mirando sus títulos de crédito.(Quien haya visto alguno de sus películas me entenderá).Su cine seguía los cánones del cine clásico indio pero dotó a sus argumentos de una gran modernidad. Criticó los matrimonios apalabrados entre adultos y niños como se puede ver en Kunku (1937),para mí, la primera obra maestra de madurez de la historia del cine Indio. Otra de sus joyas es Manoos(1939) que narra de forma poética y trágica la historia de amor entre un policía y una prostituta. Como dice mí amigo Mario Vitale, los mejores films políticos son melodramas. Manoos es un claro ejemplo de crítica feroz a una sociedad puritana y arcaica. Padosi (1941) Es otra gran crítica social. La construcción de una presa crea un conflicto entre vecinos. La creación de la gran presa destruye la armonía natural y solo la destrucción de la misma volverá a traer la paz. (Por cierto... para el año, espléndidos efectos especiales).Otros film que me gustan mucho son los mitológicos:Maya machindra (1932) y Dharmatna (1935) y melodramas como Shakuntala (1943),Dr. Kotnis Ki Amar Kahani (1946), Dahej (1950), Do Aankhen Barah Haath (1957). El cine de Shantaram tiene la sencillez y calidez de los clásicos americanos y la fuerza crítica de algunos clásicos rusos. Un saludo Jesús

Jesús Cortés dijo...

Gracias, Marcos. Habrá que buscar más de una.

Rodrigo Dueñas dijo...

Supongo que Godard fue uno de los pocos que vieron esta película, y debió apreciarla pues pocos años después retomó la citada fábula del comienzo en “Hélas pour moi”.
Mal iluminada, rodada toda de noche (con un tiempo destemplado) y en un descampado, Akerman nos da este documento sobre la memoria y la forma de ser y de vivir de los inmigrantes judíos de Estados Unidos, relatándolo mediante soliloquios (al poco deducimos que los que narran estos dolorosos recuerdos no son quienes los vivieron sino sus descendientes) y, sorpresa, chistes voluntariosamente escenificados (y que, al estar “mal contados”, desvelan la carga humana y cultural que conllevan). Sí, Akerman demuestra que en el cine quedan muchas cosas por hacer.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Marcos, estoy haciendome un ciclo de cine indio y es complicado, hay tantas peliculas supuestamente grandes pero no me acabo de fiar del todo de sus recomendadores.
Si no es mucha molestia tambien queria preguntarte por H.Mukherjee del que he visto Anand (1971) y me parecio magnifica.

Saludos

Marcos Gómez Moure dijo...

Hola. Creo que no me parece correcto seguir en el foro de Jesús con estos comentarios sobre cine indio que no vienen a cuento con el post. Si quieres saber algo más sobre Mukherjee y demás cineastas indios te ayudo en privado por lo que te dejo mi correo: mouregomez@yahoo.es Saludos.

Luis S. dijo...

¿Merece mucho la pena "El pequeño teatro de Jean Renoir", mencionada en el texto? ¿Está entre sus grandes obras? He comprobado que está en youtube.

Por otro lado, creo recordar (espero no equivocarme) que cuando me recomendasteis libros de cine no se mencionó ninguno de David Thomson. ¿No vale la pena? Lo pregunto porque en una encuesta sobre libros de cine importantes, creo que del BFI, sale un diccionario suyo como el más votado.

Jesús Cortés dijo...

Para mí sí está entre sus grandes obras. No tiene gran fama, como tampoco la penúltima, "Le caporal épinglé", pero encuentro ambas magníficas.