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jueves, 10 de diciembre de 2009

MANELA

"It is only when I sense the end of things
that I find the courage to speak
the courage
but not the words". Gideon Koppel, hacia el final de "Sleep furiously".
Aquel no es su mundo.
Aurelio se despierta por la mañana y sólo encuentra al asomarse por la ventana un patio interior por el que se atisba el horizonte.
No se ve el mar, ni se siente el viento en la cara ni el respeto de la gente por lo que uno demostró, no por tener el dinero para comprar subordinados.
En una conversación con los que serán sus nuevos socios cae en la cuenta de que además se enamoró sin quererlo ni saberlo de una muchacha asilvestrada, sin modales, que no sabe leer (pero sí mirar, como le dice en uno de los últimos momentos que comparten juntos antes de marcharse él en busca de la comodidad de su hogar en México DF, que al final resulta un piso minúsculo), capaz de cortarse el pelo con un machete para hacerse el collar que él no quiso regalarle.
"Tiburoneros", la obra maestra de Luis Alcoriza, es, y no lo parece hasta sus últimos veinte minutos, un grito.
Por el ímpetu, por la pasión por vivir (por muchas penurias económicas que puedan venir), sin los peajes de la civilización, por el elogio de la camaradería - que es la forma menos codificada de amistad - por la alegría (son tiburones los que apresan, pero parecen mansos delfines; el riesgo está ahí y nadie se las da de héroe: la épica del pobre), por el cariño áspero y desgarrado, por la nítida plasmación del escaso apego que se le tiene a la seguridad y el sosiego cuando se ha conocido la aventura.
Con qué fuerza se sienten entre esas cuatro paredes de su hogar en la ciudad las botellas brindando, las carreras de los niños harapientos, los motores rugiendo...
La maravillosa Dacia González (reconozco que cualquier interpretación suya me sirve; hay que verla en películas de títulos tan marcianos como "Las hijas del Zorro", "Aventuras de las Hermanas X" o "Las vengadoras enmascaradas" de Federico Curiel o "Sobre el muerto las coronas" de José Diaz Morales, con historia de Arniches, todas ellas muy recomendables para fans de Angelopoulos) es el eje del film. No tiene el misterio de aquella Aissa de "Outcast of the islands" de Carol Reed, ni vive una historia prohibida como Reri en "Tabu" de Murnau, ella es el perfecto compendio de lo que cualquiera debería aprehender nada más tuviese oportunidad de encontrarlo, una oportunida de ser libre.
No sirve "Tlayucan" ni "Tarahumara", si es posible, evítense "Mecánica nacional", "Presagio" y todas aquellas. No hay que dejar escapar "Tiburoneros" por nada del mundo.