viernes, 16 de enero de 2009

UN AÑO DE CINE


Bueno, no son todas precisamente de 2008, pero estas son las mejores películas, relativamente recientes y más o menos en orden de preferencia, que he podido ver durante el año que ha terminado:

1.- Le petit Lieutenant (Xavier Beauvois, 2005)
2.- Kagami no onnatachi (Yoshishige Yoshida, 2002)
3.- Sharasojyu (Naomi Kawase, 2003)
4.- Un conte de Noël (Arnaud Desplechin, 2008)
5.- La vie nouvelle (Philippe Grandrieux, 2002)
6.- Le chignon d´Olga (Jérôme Bonnell, 2003)
7.- Mr. and Mrs. Iyer (Aparna Sen, 2002)
8.- Fu zi (Patrick Tam, 2007)
9.- La question humaine (Nicolas Klotz, 2007)
10.- Tout est pardonné (Mia Hansen-Løve, 2005)
11.- Les amours d´Astrée et de Céladon (Eric Rohmer, 2007)
12.- Solntse (Aleksandr Sokurov, 2005)
13.- Un couple parfait (Suwa Nobuhiro, 2005)
14.- Haebyonui yoin (Hong Sang-soo, 2006)
15.- Maicliang pelicula nañg ysañg indio nacional (Raya Martin, 2005)
16.- Kagadanan sa banwaan ning mga Engkanto (Lav Diaz, 2007)
17.- Hei yan quan (Tsai Ming-liang, 2006)
18.- Wuyong (Jia Zhangke, 2007)
19.- Autohystoria (Raya Martin, 2007)
20.- Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007)
21.- Kakushi ken oni no tsume (Yoji Yamada, 2004)
22.- Le voyage du ballon rouge (Hou Hsiao-hsien, 2007)
23.- Changeling (Clint Eastwood, 2008)
24.- Sing kung chok tse sup yut tam (Herman Yau, 2007)
25.- Zwartboek (Paul Verhoeven, 2006)
26.- L´heure d´eté (Olivier Assayas, 2008)
27.- Into the wild (Sean Penn, 2007)
28.- Predstavlenie (Sergeí Loznitsa, 2008)
29.- We own the night (James Gray, 2007)
30.- Changhen ge (Stanley Kwan, 2005)
31.- Klimt (Raoul Ruiz, 2005)
32.- Ana y los otros (Celina Murga, 2003)
33.- Boarding gate (Olivier Assayas, 2007)
34.- Centochiodi (Ermanno Olmi, 2008)
35.- Die stille vor Bach (Pere Portabella, 2007)
36.- Old joy (Kelly Reichardt, 2006)
37.- Retour en Normandie (Nicolas Philibert, 2007)
38.- La mujer sin cabeza (Lucrecia Martel, 2008)
39.- El prado de las estrellas (Mario Camus, 2007),
40.- Appaloosa (Ed Harris, 2008)
41.- My blueberry nights (Wong Kar-wai, 2007)
42.- Las variaciones Marker (Isaki Lacuesta, 2007)
43.- The Queen (Stephen Frears, 2005).

Imposibles de ver, muchas, desde "La vie moderne" a "Un lac", pasando por "Aquele querido mês de agosto", "Nanayomachi", "Tulpan", "El cant dels ocells", "35 rhums", "Er shi si cheng ji", "Le silence de Lorna", "Bam gua nat", "Le genou d´Artémide", "Itinéraire de Jean Bricard", "Shirin", "Hunger", "La frontière de l´aube", "Liverpool", "L’Aimée", "He Fengming" …

viernes, 19 de diciembre de 2008

LA VIDA Y NADA MÁS



A pesar de que hacía ya once años desde que la escritora Fumiko Hayashi había muerto, en 1962 Mikio Naruse aún conserva su firma en los títulos de crédito de "Horoki (Crónica de una trotamundos)" como guionista del film.


Es "Horoki" la biografía cinematográfica menos convencional que haya podido rodarse junto a "The wings of eagles" de John Ford sobre Frank "Spig" Wead.


Tanto Ford como Naruse conocieron y tuvieron gran amistad con los dos protagonistas y el lapso de 10 años que en ambos casos transcurre desde su muerte hasta que decidieron rememorar su figura, les dio una perspectiva que les permitió contemplar su vida con una amplitud de miras que no excluye la crítica (ni son hagiográficas, ni maniqueas) pero que sobre todo les permitió incardinar de alguna manera todo lo que con ellos compartieron en un discurso cinematográfico adecuado a la edad y las circunstancias de sus carreras en aquellos momentos.


Las novelas de Spig y de Fumiko les proporcionaron a Ford y Naruse material para rodar algunas de sus mejores películas ("They were expendable", "Ukigumo", "Meshi" e "Inazuma" entre otras, nada menos) y qué mejor forma de agradecerles esos maravillosos guiones que contando cómo fueron y encima regalándonos dos de las obras máximas de su carrera.


Tanto el Ford de 1957 como el Naruse de 1962 están enfilando ya la parte final de su obra, enlazando obras cenitales que recogen toda la sabiduría acumulada durante una vida dedicada al cine y también nuevos elementos que prueban que estaban más vivos que nunca, que no habían perdido la capacidad por hacer cosas nuevas.


Algo en "Horoki" la hace inevitablemente contemporánea de "The hustler", de "The apartment", de "Beloved infidel", de "Strangers when we meet", de "The man who shot Liberty Valance" incluso de Godard, Rouch y Rozier y de todas las obras agridulces que abrieron la década que apagará la llama del cine clásico, tan vivo y vigente que nunca parecía que fuese a morir.


Quizá sea que hablan de algo que ya no existía o que nunca más podría volver a existir; en unos casos una forma de ver la vida, en otros unos valores: los últimos románticos, los últimos gangsters, los últimos hombres de una pieza, la última mirada a los que viveron sin calcular las consecuencias de sus acciones, a los apasionados sin representante.


Ni Fumiko Hayashi ni Spig fueron lo que hoy entendemos por triunfadores.


Fumiko pasó muchas penurias, malvivió, pasó hambre, estuvo en la cárcel, murió joven (48 años) y tuvo que luchar mucho para que alguien reconociese su talento (una facultad, la de escribir, que le brotaba a borbotones como una cascada imparable pero que nunca se planteó como algo parecido a un modo de ganarse la vida).


Spig Wead casi quedó paralítico y sacrificó su vida privada por una idea y una pasión, dejando de lado a una mujer que lo quiso mucho más de lo que probablemente merecía.


Naruse y Ford los admiran y consiguen que los admiremos sin que necesitemos leer su obra, por lo que fueron sin tener en cuenta su legado. Naruse ni siquiera menciona en su película que Fumiko tuvo el menor contacto con el cine ni por supuesto con él. Ford, como siempre hacía, reparte el cariño que tenía por su personaje, que era su amigo, entre todos los personajes de la película; todos lo querían y seguramente todos tenían algo malo que decir de él.


Y sobre todo lo más importante es que por muy poco que nos importen la marina de los Estados Unidos y las revistas de poetas japoneses de entreguerras, salimos de las proyecciones de estas películas reconciliados con el mundo y hasta puede que menos cínicos y más sensatos.






martes, 16 de diciembre de 2008

OSHIMA EN BUSCA DE LA VERDAD


La última película política de los años 60 y la primera de los 70 (quizá también la última, porque constata la imposibilidad de seguir luchando) es "Tokyo senso sengo hiwa" de Nagisa Oshima, que tomando la traducción del título que se le puso para su distribución anglosajona sería algo así como "El hombre que filmó su última voluntad".

Oshima había sido despachado de la Sochiku, una productora tradicional para las que las películas de un agitador como él eran demasiado incómodas y demasiado incomprensibles.

Desde "Nihon no yoru to kiri (Noche y niebla en Japón)", de 1960, Oshima le estaba dando vueltas a cómo plasmar en un sólo film todos los cambios que la nueva era estaba trayendo a su país (un reflejo de lo que pasaba en occidente, a veces empobrecido por los filtros "oficiales", en otros casos magnificado por la propia forma de ser de sus conciudadanos).

Estaba pasando. Había dejado de tener sentido luchar contra el sistema y menos desde barricadas. La política ya no era una ciencia y menos un instrumento de gobierno, más bien se había transformado en un sistema de control que permitía a los ricos mantener su estatu quo.

La película plantea, dando un rodeo considerable, un asunto sin solución y del que ya no vale la pena DISCUTIR, pero del que no hay que dejar de hablar.

Motoki ha perdido su cámara mientras rodaba una carga policial durante una manifestación. Un amigo, del que no sabremos a ciencia cierta nada más, se la robó y grabó su huida... y su suicidio. Cuando Motoki llega al lugar de los hechos e intenta recuperar su cámara la policía se la requisa.

En un intento por reconstruir los hechos, Motoki vuelve a rodar el mismo itinerario que su amigo dejó filmado... para llegar al mismo punto y acabar arrojándose desde el mismo edificio.

En el trayecto le acompaña una chica, que se supone era la novia de su amigo y que se involucra sentimentalmente con él. Su papel será fundamental. En una metáfora genial, ella saldrá en cada uno de los planos que Motoki rueda dando pie a una auténtica explosión de violencia, como si su presencia fuese el último y vano reflejo de que aún es posible luchar. Motoki ha tenido que reproducir la realidad filmándola para llegar a la conclusión implícita de que todo lo que ve no es más que la consecuencia de lo que sucede ante sus ojos. Ha perdido la capacidad de mirar porque ya no cree en ella. Tan sólo es capaz de sentir como real lo que está rodado, lo que ya ha sucedido, no lo que acontece en tiempo real. La carrera final hacia su muerte es inevitable. Tan sólo rodándola la sentirá como verdadera.

Oshima sabe que había llegado la época en que las luchas cuerpo a cuerpo contra el sistema se habían terminado y nadie volvería a conseguir nada usando ese método, porque ya nadie iba a volver a creer en ello.

Su película, su obra cumbre en este terreno y tal vez el punto límite alcanzado por el cine político en esos años junto a algunas cosas de Godard (su referencia) no tiene moraleja ni enseñanza, ni siquiera extrae conclusiones. De hecho, la conclusión de su pensamiento es la propia película, que no actúa como vehículo para opinar sino como acta final en imágenes de algo que ha terminado incluso antes de ponerse en marcha la propia proyección.

Igual sucedería el año antes con la excepcional "Shonen (El chico)". La estoicidad con la que el pequeño actúa no es más que el reflejo de la "educación" por llamarla de algún modo que recibe de sus padres, que no conocen la palabra moral. ¿Qué se puede hacer cuando todo viene dado?. Ni siquiera el sueño de vivir con su abuela es realmente una posibilidad. Oshima corta abruptamente ese interludio negando en redondo que algo así pueda suceder.

Es una lástima que la imagen que haya quedado de Nagisa Oshima sea la de sus películas escándalo de los 70 y 80 (alguna de ellas, muy buena de todas formas). Durante una época fue un director muy valioso.

viernes, 5 de diciembre de 2008

LOS ESPEJOS ROTOS


El cine de Yoshishige Yoshida nunca lo ha comprendido bien nadie. Hay algo en sus películas que desconcierta y que impide captar adeptos. En unas es la historia, en otras el tono. Siempre hay algún elemento que provoca extrañeza, desasosiego, desapego.
"Kagami no onnatachi (Mujeres en el espejo)" de 2002 es, tras varios años de ausencia y por ahora, su última película. Cada vez se hacen más espaciadas sus obras y resulta difícil prever su próximo movimiento.
Su última película es árida y seca, triste y desoladora, seria como la muerte, sin humor. No es el tipo de cine que entusiasma. Recuerdo lo que comentaba Ángel Fernández Santos de la proyección de "Ningen yo yakusoku (La promesa, 1986)" en San Sebastián. Acabó la proyección y el auditorio se quedó mudo: ni aplausos, ni pitos, ni pataleos, ni murmullos. La película, una durísima reflexión sobre la vejez y el olvido había golpeado en primera persona a los asistentes, que se habían visto reflejados en un espejo que les devolvía una imagen de lo que eran o podían llegar a ser: miserables, crueles, egosístas. En la rueda de prensa posterior, Yoshida decía echar de menos una época en que se podía aprender de los mayores y se les respetaba.
He ahí la clave de su cine. El respeto por los personajes. Por lo que dicen y por lo que hacen. Por sus decisiones.
Y lo demuestra en la práctica utilizando a Mariko Okada, la protagonista de las fundamentales"Onna no mizuumi (La mujer del lago, 1966)" y "Kokuhakuteki joyûron (Confesiones entre actrices, 1971)" tantos años después.
"Mujeres en el espejo" es una intrincada (diáfana, pero misteriosa) peripecia sobre el recuerdo de Hiroshima y cómo afecta a la vida de tres mujeres, de las que el personaje central podría ser la hija de la mayor de ellas y la madre de la más joven. Esa ambigüedad vertebra un relato espeso, punteado por una partitura de piano de ultratumba, de colores grises y rojos, blancos y negros, como las películas de Resnais y Masumura.
Yoshida rueda con una mezcla (de proporciones alquimistas, un secreto ancestral) de cercanía y distancia única. Es capaz de cortar una escena en siete planos de acercamiento hasta dos primeros planos sublimes (la escena del restaurante, modélica), insertar unas imágenes a cámara lenta (un recuerdo, tal vez oníricas) que se presentan como solución a un enigma y que resultan a la postre quizá otra pieza de un puzzle sin resolver y por otro lado, planifica dentro de un edificio o en el interior de una casa con la fuerza de la "precisión de lo cotidiano" de Ozu (Yoshida es a Ozu lo que Desplechin a Blake Edwards, un sublimador) .
El conglomerado resultante avanza con una determinación extraordinaria (pocos directores saben mejor adónde llevan una película), casi se diría que Yoshida disfruta con el puro control de los resortes de la continuidad entre escenas. El personaje de Isshiki Sae, la chica más joven, un poco la receptora de las consecuencias de la historia, la que verá su vida más condicionada por ella (por el simple hecho que le queda más tiempo), va del paroxismo a la catarsis y vuelta a empezar. Yoshida la rueda de espaldas cuando la empuja a actuar y de frente cuando trata de hacerla decidir qué camino tomar.
El valor de esta incómoda película es incalculable.
Pedro Costa, que tiene curiosas concomitancias con este último Yoshida, no ha llegado tan lejos con "Juventude em marcha" en esa búsqueda de la verdad del desarraigo. Ha recurrido a la poesía como una especie de "valor añadido" que rellena huecos (simplificando y sin pretender quitar un ápice de mérito, sería algo así como "cuando los personajes no saben o no pueden expresarse, el director toma la palabra"). Yoshida no. Yoshida se permite el lujo de no tener que decir nada en primera persona. El lujo de los maestros.



jueves, 27 de noviembre de 2008

... Y JONÁS LLEGÓ A LOS 33




Pues sí. El niño de la esperanza de la generación que perdió en las barricadas de mayo del 68 la ilusión porque este mundo fuese distinto de lo que ha acabado siendo ha cumplido esos presuntamente fatídicos 33 años.
El aparantemente muy cerebral suizo Alain Tanner, el único verdadero heredero de Jean Luc Godard, rodó en 1975 "Jonas qui aura 25 ans en l´an 2000", la cumbre de su carrera y una de las tres o cuatro películas que más me han conmovido de esa década.

Volver a ver "Jonas...", un film deshilachado, con sonido directo, libre y rural es una experiencia que desembota los oídos y limpia la mente. Uno realmente quiere a esos personajes que no han perdido la fe en poder vivir una vida digna a pesar de que de antemano saben que no será justa. Cada cual tendrá sus favoritos. Yo estimo sobre todos al padre de Miou Miou, ese viejo ferroviario que añora cuando su locomotora se adentraba en el paisaje (que no es lo mismo que contemplarlo pasar, remarca) y al "rey de la mierda", que en uno de los travellings (en vespa, por supuesto) más hermosos de la historia del cine, se declara "resistidor" para el resto de sus días.

Esta sí es una verdadera película coral, que se acaba amalgamando en un canto colectivo a la ilusión porque todo es mejor si somos mejores, sin rencores y sin ironías, sin segundas intenciones, sin mentiras, de frente.

Para mí una de las cimas del cine europeo de la década, a la altura de "Angst essen Seele auf", "Lancelot du lac", "Nous ne vieillirons pas ensemble", "Bubú" o "News from home".

domingo, 23 de noviembre de 2008

LA GUERRA HA TERMINADO






Con el estreno de "L´heure d´eté", la última película de Olivier Assayas, aquí titulada (no por parecido, exacto, el sentido parece otro) "Las horas del verano" me acordé inevitablemente de la aún pendiente "Le petit Lieutenant" (2005), el impresionante último film de Xavier Beauvois, que tengo por el mejor "polar" de los últimos 15 años.



La película de Assayas, preciosista, de cadencioso y exacto ritmo, que se sigue con mucho interés, pero también en cierto sentido, timorata y sin acabar de tomar partido a tumba abierta por algo que desarrolla "en tercera persona" durante todo el metraje, viene a constatar que lo estamos haciendo tan rematadamente mal con este ritmo de trabajo o placer (tanto da, todo se acaba haciendo más rápido: hablar, comer, follar, dormir, desear, respirar... ) acelerado y sin tiempo para nada en que estamos inmersos, que estamos olvidando las cosas importantes de la vida. Perdimos la perspectiva y el pasado ya no nos importa: si fue glorioso, no sabremos valorarlo, si fue vergonzoso, lo olvidaremos sin aprender nada.



La película de Beauvois, actor correcto, es una de las experiencias más estimulantes de los últimos lustros en el género policiaco. Tiene la autenticidad de "Police" de Pialat, la elegancia de un gran Chabrol (de los de hace años) y el hálito del todavía gran Clint Eastwood.



Y viene a decir más o menos lo mismo que la película de Assayas. Ya nada podemos hacer. La delincuencia, las mafias organizadas, las hordas de maleantes (venidos de la Europa del este en este caso) ganaron la partida. A la policía le queda ir tras sus pasos, arreglando lo que puede, enmarañada en burocracia, oyendo mil barbaridades para olvidarlas al día siguiente como dice el personaje de Nathalie Baye, porque ya, como dice un taciturno bebedor en otra portentosa escena en la que Baye vuelve a beber después de creerse limpia durante dos años, ni siquiera París es ya lo que era, sin que nadie sepa cuando empezó a perderse esta batalla que ha resultado la Guerra.



El cine francés, siempre en vanguardia... incluso desde la retaguardia



viernes, 14 de noviembre de 2008

¿ESTÁ TODO PERDONADO?


Dentro de la programación del muy venido a menos (tampoco es que partiese de un punto muy alto, pero al menos otros años había donde elegir) Festival de cine de Sevilla se ha proyectado la ópera prima de la directora francesa Mia Hansen-Love, quien a sus 26 años ha conseguido con "Tout est pardonné" (2007) el casi unánime reconocimiento de crítica y público.
No es fácil poner de acuerdo a tanta gente, pero viendo el film se comprenden las razones: se trata de una gran película y además es perfectamente apreciable por cualquiera tal extremo.
Es un film equilibrado, sincero, con un gran trabajo de dirección de actores, que no cae en manierismos, de ritmo perfecto y encima bien resuelto; tanto el final como cada uno de los bloques que lo integran. Impecable.
Es asombroso que una chica tan joven tenga este dominio del cine. Es un caso parecido al de Jérôme Bonnell, el precoz director de las igualmente excelentes "Le chignon d´Olga" (2002) y "Les yeux clairs" (2005). Algo así es imposible verlo en España.
La película es el retrato de un fracaso personal, interpretado por un tan desconocido por mí como adecuado Paul Blain, contado como drama de pareja en un primer momento y a través de la mirada de una chica en su parte final.
Es una historia que no tiene nada de excepcional excepto lo que la puesta en escena es capaz de sacar de cada personaje. Cine con mayúsculas, vamos.
Escrita sobre un papel pudiera parecer sin interés y muy trillada. En pantalla es excitante, misteriosa, tiene suspense (el auténtico suspense tal y como lo definió Sam Fuller, el del comportamiento humano), es elegante y en ciertos giros, deslumbrante en su puesta en imágenes.
Para mi gusto la mejor película francesa que he visto este año en un cine junto a "Un conte de Noël" de Arnaud Desplechin (ninguna de las dos estrenada comercialmente en España).