lunes, 9 de febrero de 2009

MÁS ALLÁ DE MÁS ALLÁ DEL OLVIDO

Hay películas que tienen un especial atractivo para los que hemos sentido desde siempre fascinación por el cine de Alfred Hitchcock.
Unas por contener ideas o preparar el terreno para lo que durante un periodo determinado (para mí desde 1954/5 a 1969) desarrollaría Hitchcock con plenitud absoluta e inigualada y otras lo son porque simplemente no existirían o serían muy distintas de no haberse rodado tales obras.
Más allá del olvido” de Hugo del Carril es de las pocas o quizá la única película que es ambas cosas a la vez.
Si evidente y reconocida (hasta el punto de haber confesado Del Carril que intentó evitarlo en la medida de lo posible) es la deuda que tiene con “Rebecca” – la película más influyente de los años 40 junto a “Citizen Kane” - y quizá más aún con las películas que vinieron después y quedan profundamente marcadas por su huella (films del propio Hitchcock y de Cukor, Siodmak, Ulmer, Wyler, Tourneur, Dieterle…), no menos sorprendente (e inquietante; no es probable que Hitchcock la viera) es lo que preludia de “Vertigo”.
Mucho se ha hablado de las huellas en el cine de Hitchcock de las películas mexicanas de Buñuel, en especial “Él” y otras posteriores, sin reparar en que la influencia más directa del cine de Buñuel es precisamente en México y en el cine sudamericano (en particular el argentino).
La afinidad de Buñuel por ciertos temas “hitchcockianos” (la culpa, el sexo, la moral, las apariencias) dejaron un largo rosario de obras en el cine de esos países a partir de mediados de la década de los 40 firmadas por entre otros Carlos Hugo Christensen, Luis Alcoriza, Luis César Amadori, Rogelio A. González, Roberto Gavaldón o Hugo Fregonese, que como un boomerang se acaban mirando en el cine del gran maestro inglés.
La verdad es que la obra de Del Carril no tiene el nivel que anuncia “Más allá del olvido”. De entre lo que conozco, creo que tiene buen pulso con los melodramas desaforados (“La Quintrala” de 1955 o “Surcos de sangre” cinco años antes), hizo al menos una estupenda película de aventuras (“Las aguas bajan turbias”, 1952), una curiosa versión en 1951 de “El negro que tenía el alma blanca” ya rodada por Benito Perojo en España durante la época muda y no está mal la “ophulsiana” “La Calesita” de 1963.
Más allá del olvido” es de largo su mejor película. Los primeros 15 minutos, hasta la muerte de Blanca (muy guapa y efímera en el cine, Laura Hidalgo) son extraordinarios. Hay un movimiento de cámara circular que recoge un beso y una conversación de la pareja ante la chimenea que me parecen sublimes, impresionantes. No en vano, el cartel del film, recoge uno de estos momentos.
A partir del viaje de Fernando a París y el hallazgo de la muy vulgar Mónica, que es la viva imagen de la muerta (no creo que haga falta ni deba contar más), la película bascula entre elementos de melodrama gótico que bien podrían haber sido rodados hasta por Tod Browning (un director más amplio que el tópico que lleva a cuestas) y que de vuelta a Argentina culminan en una muy original trama… si no fuera porque es imposible disociarla de la obra cumbre de Hitchcock y no sirve de mucho repetir una y mil veces que está rodada 3 años antes.
El final, que es una de las mejores escenas, como siempre sucedía con Hitchcock por otra parte, aporta un nuevo giro que enlaza con el romanticismo de los primero minutos pero que cierra un relato sobrio y muy medido, elegante dentro de una complicación técnica notable (otra vez la referencia a Ophüls, que seguro que gustaba mucho a Del Carril) y en todo momento presidida por un sentimiento necrófilo y perturbador sin caer en exageraciones ni resultar teatral.
Toda una experiencia.

1 comentario:

Rodrigo Dueñas dijo...

Veo por fin "Más allá del olvido" y lo hago intentando no tener presente lo que ya sé (que es muy afín a "Vertigo")... y no lo consigo. Aunque al principio parece que la trama va a ir por otros derroteros (el melodrama gótico, el Buñuel -sin su aspereza- de "Abismos de pasión"), pronto compruebo que las semejanzas son asombrosas.
Y a continuación leo, Jesús, tu entrada, donde certificas lo que me había parecido evidente: que la gran influencia (y asumida) que tuvo la película (aparte de, entre otras, "Gaslight", "Notorius" y "La belle et la bête") es "Rebecca".
Puesto que, como dices, Hugo del Carril lo admite, no entro en señalar las coincidencias. El asombro llega al constatar que la profundísima relación con "Vertigo" no viene de la trama (una relación amorosa que casi destruye al protagonista, quien finalmente descubre que ha sido víctima de una maquinación), ni del impacto de la revelación final, los cuales ya estaban en la novela de Boileau y Narcejac (eran el elemento esencial), obra que, al publicarse en 1954, podría haber sido también fuente de inspiración para Carril. No, las similitudes provienen sobre todo de algo hermosísimo (secundario en una primera visión de "Vertigo", pero fundamental para Hitchcock): la resistencia de una mujer enamorada a ser valorada por que recuerda a otra y no por ella misma. Justo lo que sucede en "L'angelo bianco", que es también de 1955 (luego tanto Matarazzo como Carril tuvieron una intuición que asimismo desarrollaría Hitchcock... y que ninguno tomó de la novela, donde, como ya digo, este aspecto no es relevante).
Historia de amor límite, de frustración, de morbidez, de amores desencontrados.
Barroca y, sí, a la vez sobria.
Finalmente, como en tantas cosas en "Vertigo" (¡hasta el asesino desaparece sin ser detenido!), cuando por fin parece que existe una posibilidad para este amor contrariado, para estos amantes desgraciados, él la pierde, pierde su "segunda oportunidad".