martes, 11 de octubre de 2011

INFORME CONFIDENCIAL

La carrera de Cyril (Cy) Endfield queda frustrada apenas cuatro años desde su comienzo.
El precio que tuvo que pagar por rodar las dos películas que sentía debía hacer tras un par de films de aprendizaje, búsqueda de su sitio y preparación para tomar la palabra, fue demasiado alto.
Venía de Yale, tenía un nombre en la escena teatral neoyorkina y la admiración de Orson Welles (quizá, de todas sus facetas, debido a sus habilidades como mago, terreno que siempre interesó a Welles tanto como el cine)...
Ahora es fácil glosar su valentía, su arrojo para dar semejantes bofetadas a todo lo que detectaba y detestaba, pero pasada la tormenta, él fue el que se se quedó mojado y tiritando, maltrechamente guarecido, sin nombre propio siquiera (se puso o le pusieron Charles de la Tour).
Siguió rodando, durante muchos años y por la exigua parte vista, con cosas realmente buenas, pero ya nada volvió a ser lo mismo, se truncó un espíritu.
Tanto "The underworld story" como sobre todo "The sound of fury" ambas de 1950, las "culpables" de su sino, que ya desde sus llamativos y rotundos títulos pueden anticipar una inquietud y una vibración incorfomista de buscar por debajo de las apariencias y las mentiras de su época, son dos auténticas dentelladas en la realidad americana que empezaba a recomponerse después de la guerra en Europa y ya tenía encima otro conflicto: Corea.
Una víctima propiciatoria para el Senador McCarthy, lógicamente, que tiró del hilo de su fama de "progresista" para concluir que era una amenaza.
Es muy probable que Endfield no fuese demasiado consciente de que poco más le iban a dejar decir, porque desde luego no ahorra ni un sólo Ã¡ngulo escabroso, ni por contrapartida apuesta firmemente por opción futura alguna que no fuese el más absoluto caos, con lo que, en unos años de recuperación de la normalidad - pero en los que algunos mayores viran inesperada o progresivamente a negro, pierden esperanzas o confirman malos augurios (Lang, Vidor, Mizoguchi, Matarazzo, Ford, Naruse, Guitry... y son pocos en comparación con la ola de pesimismo que arrasará los 60)  y debutan en su país los jóvenes rebeldes dispuestos a remover cimientos (Ray, Fleischer, FullerLupino, LoseyKarlson, Aldrich, Polonsky, Kazan... alguno muy "descreído" al poco de empezar, el resto simplemente escépticos por naturaleza) - no es extraño que su voz, nada popular entre las de esta última hornada, resultara molesta a los oídos de los que mandan.
Porque no queda títere con cabeza ni institución a salvo ni gran concepto que preside la sociedad bendecido tras contemplar ambos films, complementarios: la justicia, la prensa (la amarilla y la que cree ser guardiana de valores), los políticos, los grandes hombres de negocios, las empresas que más poder acumulaban...
Por desgracia Endfield acertó y no sólo desenmascaró tantas medias verdades contemporáneas suyas sino que pasados los años no ha quedado como un agorero, que es lo más preocupante.
"The sound of fury", la parte social del díptico - no fue planteado como tal - tuvo la mala suerte de ser confundida con un remake del "Fury" langiano con la que poco o nada tiene que ver - sólo la coincidencia de un linchamiento por una masa enfurecida - y hasta le cambiaron el nombre por "Try and get me" para diferenciarla, con poster y locandina distintas, equívocas incluso, con una caricatura del despreciable personaje que incorpora Lloyd Bridges que le da un aspecto de cómic, alejado del espíritu realista con que está tratada la historia.
No era la primera vez que una película suya cobraba notoriedad por sus conexiones con algún clásico. "The Argyle secrets" del 48 sólo se recuerda por lo que se parece a "The Maltese Falcon".
"The sound of fury", muy afín sobre todo a los primeros Losey - como él, tuvo que largarse a Inglaterra pero sin tomar allí predicamento alguno- y con uno de los asesinatos más impactantes jamás rodados, es un film durísimo, de una virulencia casi insoportable.
Si con algún Lang tiene cosas en común - y esto vale también para "The underworld story" - es con el que anticipa, el del periodo "Clash by night" - "Beyond a reasonable doubt", pero claro, no es lo mismo decir algo siendo un viejo alemán de viejo prestigio que un joven norteamericano sin traumas personales a cuestas que justificasen su ira que se supieran o se sepan, ajeno al esfuerzo nacional por pasar página y construir un futuro.
En ese pobre tipo en paro (un magnífico Frank Lovejoy) que cae por necesidad de subsistir pero sin quererlo ni saber cómo en la órbita de un auténtico desalmado estaba retratada con una precisión asombrosa y sin un adorno melodramático (hasta su "aventura" extraconyugal está cargada de Ã¡spero dramatismo, con una chica claramente desequilibrada) la cara amarga de la América de pequeños pueblos y ciudades que oían hablar de la nueva felicidad y donde tal vez el progreso empezaba a vislumbrarse por la ventanas de los vecinos en forma de aparatos de televisión, pero donde nunca iba a haber grandes oportunidades.
Cualquiera que haya visitado Estados Unidos en los últimos veinte o veinticinco años (el sur, el norte, la forntera, qué mas da, todo lo que quede lejos de grandes ciudades) habrá comprobado que efectivamente, como decía la canción, la gente corriente sigue pagando por los escalofríos, las facturas y las pastillas que matan.
"The underworld story", que se estrenó antes, todavía contaba con un ramillete de actores conocidos (Dan Duryea de protagonista, el ilustre Herbert Marshall o un secundario como Howard da Silva; en "The sound...", aparte de Bridges, reconocemos a Art Smith, el inolvidable amigo de Bogart en "In a lonely place" y a Renzo Cesana, recién salido de "Stromboli", todos perfectamente adecuados) y hasta se pudo pensar que anunciaba a un futuro clásico - variante "combativa", ya que no habían prestado mucha atención al debut de Abraham Polonsky hasta que fue destacado por medios británicos - del que enorgullecerse el cine americano.
Analiza pulcramente un caso de corrupción en el mundo de la prensa sin reparar siquiera en lo ajeno a la vida de la gran mayoría del público que estuviese un asunto de esa clase, pues se presentaba como plausible de alcanzar a cualquier rincón del país, a sus valores más elementales, no a grandes centros de noticias en Nueva York o Los Ángeles, sino a pueblitos en cualquier punto de la geografía americana.
Tal vez si "The sound of fury", su incómoda compañera de viaje, no hubiese sido tan descarnada e inevitablemente cercana a los espectadores que acudieron al cine a contemplarla, ahora la ubicación de "The underworld story" en las mismas páginas de las antologías del cine negro donde aparecen los films de Phil Karlson, William Dieterle Joseph H. Lewis con los que es fácil agruparla, sería distinta.
Porque sus conclusiones son tan demoledoras como las de "The sound of fury".
La clave es que se decide a reducir a la mínima expresión los elementos de evasión que siempre tienen las historias con el hampa de por medio, de paso anticipando - atreviéndose a hacerlo en la dudosa persona de Duryea - el futuro que soñará y la oportunidad como realizador que nunca le fue concedida: la de volver a la batalla que le interesaba tras ser desterrado.
Con una fotografía tenebrista, impresionante, de Stanley Cortez, el film vendría a ser la otra cara del espejo de "Park row", en el sentido de que insufla melodrama donde Fuller recurre a la comedia.
Un melodrama de apariencia estándar y en el fondo, brutal, irreal, muy pronto se diría que sirkiano. 

19 comentarios:

TOMA ALISTAR dijo...

Off-topic:

Descubrí una entrada sobre el cine de la esposa de A. Dovzhenko y me preocupé por buscar las tres películas más recomendadas, que veré a pelo, estos días. Echándole un vistazo a las copias que tengo ya en mis "garfios" (por lo del parche y la pata de palo), observo unos movimientos de cámara extraordinarios, así como unas escenas de fusión con la naturaleza llenas de verdadera poesía, no de ecologismo facilón. Ya lo que no sé es si estas películas serán demasiado propagandísticas (debido a la ausencia de subtítulos), pero visualmente se salen de lo común.

Saludos y perdón por el off-topic (o como se diga en la jerga)

Jesús Cortés dijo...

Nada propagandísticas, exultantes y cercanas.
En la web Cine-Clásico están "Poema o more" y "Povest..." ya subtituladas en inglés.

Teo Calderón dijo...

Tras leer con gran atención tu reseña dedicada a esos dos títulos de la etapa americana de Cy Endfield, los "culpables" al parecer de su exilio europeo, me siento algo avergonzado como cinéfilo por mi desconocimiento de ambos (ignoro si alguno está editado en formato DVD, así que buscaré mi redención por las estanterías de El Corte Inglés o de FNAC.
En cambio, sí conozco varias de sus películas no americanas. De "LA ISLA MISTERIOSA", solo me quedo con la música de Herrmann. "ZULU", en su día, me pareció un extemporáneo ejercicio de cine colonial, filmado en clave de gran espectáculo con cierta dosis de realismo al servicio, pero, de un discutible enfoque de aquel episodio. En cualquier caso, tendría que revisarla.
Pero hay dos películas que despertaron mi interés por este director: "RUTA INFERNAL" (Hell Drivers), cinta adscrita a la tradición de títulos como “LA PASIÓN CIEGA” y “MERCADO DE LADRONES” y que conseguía dar un retrato plausible aunque algo aterrador de la dura realidad de los camioneros y el transporte por carretera en la Inglaterra de la década de los cincuenta. Todo ello, dentro de una trama que si bien en algún momento rozaba el absurdo, supo mantener la tensión y provocar el escalofrío merced a una realización que muestra un gran pulso narrativo. Y mi gran favorita, "ARENAS DEL KALAHARI" (Sands of the Kalahari), en la que a partir de un esquema argumental muy utilizado por el cine de aventuras, se consiguió, sin embargo, un film extraño cuya atonalidad na­rrativa neutralizó cualquier tentativa de dramaturgia convencional en beneficio de unos comportamientos lógicos en unos personajes perfectamente dibu­jados sin recurrir a psicologismos de manual. Yo destacaría el interpre­tado por Stuart Whitman, mezcla de hombre y fiera, cercano a la imagen de un tarzán desmitificado, instintivo y amoral, para el que no existe más ley que la supervivencia (impresionante y reveladora, su lucha final con el mandril).

Jesús Cortés dijo...

"Hell drivers" y "Sands of the Kalahari" son también de las mejores suyas posteriores que conozco. "Sands..." es la mejor junto a "The sound of fury" probablemente.
No he visto nunca "Zulu", de la que algunos hablan bien. "The limping man" no es gran cosa pero tiene interés. "Mysterious islands" la tengo muy lejana y tal vez valga mas de lo que mi recuerdo me dice. "Jet storm" acabo de conseguirla y aún no sé si será mejor de lo que a priori promete.
"De Sade" parece temible pero en cambio tiene buena pinta "Impulse". En "Universal soldier" al parecer sale Jimi Hendrix y ya por eso ya valdría la pena buscarla.

Miguel Marías dijo...

De las pocas que he visto, aparte de la impresionante y magnífica "The Sound of Fury", veo más que interesantes "Zulu", "Sands", "Hell Drivers", "Impulse". Las demás son flojillas, pero todas tienen algo interesante. Habría que investigar a fondo a Endfield, aunque su carrera fue cortada de raíz, como varias más, sin que nadie se interesara por él. Parece que se ha hablado más de (y compadecido más a) algunos de los que "hablaron" que a los que optaron por callarse, y casi siempre por el exilio.

TOMA ALISTAR dijo...

Estimado Jesús Cortés, acabo de ver 'Crónica de los años de fuego (traducción algo libre que hago de 'Povest...') y 'Lo que no se olvida (lo mismo a partir de 'Nezaby...')'.

Presunción aparte, y por desgracia, es poco lo que me queda por descubrir de la historia del cine. Sin embargo, esta tarde me he llevado una alegría.

'Crónica de los años de fuego', que he visto o visionado a pelo, es visualmente extraordinaria, y no me cabe duda, además, de que influyó en su narrador, Bondarchuk, al rodar 'Guerra y paz', especialmente las escenas de batalla en campo abierto. También el momento en que el príncipe Andrei cae abatido parece inspirado en esta película (el personaje se tambalea, sueña, la cámara acaricia el paisaje, como si la naturaleza fuera el añorado rostro de la amante perdida), etc.

Pero no fue al ver 'Povest...' sino 'Lo que no se olvida' cuando se me encogió el corazón, quedando ya hipnotizado desde el momento en que la madre deja caer el vaso al escuchar el primer cañonazo y la imagen se congela. 'Nezaby...', además, no tiene el inconveniente de una banda sonora chirriante, a diferencia de 'Povest...' Al contrario, esos acordes líricos intensifican lo nostálgico de sus mejores pasajes, entre los que, al menos para mi gusto, sobresalen las escenas de amor, magníficas.

En definitiva, 'Nezaby...' se va grabando a fuego lento en la memoria. Y la he visto igualmente "a pelo". Y aún así la revisaré, a la espera de que aparezcan subtítulos en formato srt, o bien una edición comercial.

Gracias por el descubrimiento.

PD: Voy a hacerme ahora con 'Borets i kloun', que ensalzas en otra entrada, y no he visto todavía.

Jesús Cortés dijo...

Tienes suerte. A mí me falta una barbaridad por descubrir.
"Borets..." me parece uno de los grandes Barnet junto a "U samogo...", "Polustanok" y "Devuschka...", pero aún me faltan algunas de las presumiblemnte buenas por ver como "Poet", "Lyanna" o "Noch v sentyabre".
Sólo en cine ruso me queda una montaña por encontrar: más cosas de Raízman, Pyriev, Romm, Room, Gidai, Donskoi, Kheífits, Khutsiyev, Bauer, Protazanov, Kozintsev, Yudin...

Anónimo dijo...

Hola, Jesús. Gracias a tu entrada me he decidido a ver "Zulu", una película de la que no esperaba mucho y a la que por ello había ido postergando para mejor ocasión (la verdad es que hay tantas películas para ver o para volver a ver que se me van amontonando aquéllas de las que no tengo buenas o suficientes referencias).
"Zulu" es excelente. Si el guión (que debía de haberse depurado fundiendo escenas) hubiera estado a la altura de la realización (precisa y de una belleza sobria) estaríamos ante una obra extraordinaria. Y si, como dices, las dos películas que recomiendas, son aún mejores, deben de ser impresionantes.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Como decía, no he visto "Zulu", pero tal vez sea mejor que la muy interesante "The underworld story". La mejor suya que he visto es esa tremenda "The sound of fury", que apenas tiene una mácula en forma de escena con ominosos planos inclinados, quizá no del todo injustificados.
Si hablaba de ambass, aparte de porque me parecen buenas y poco valoradas, es porque suponen un cambio en su carrera y están afiladas como un cuchillo en un momento de cambio del cine americano que no va "a ninguna parte" por culpa básicamente de la política y las circunstancias industriales no ajustadas a individualismos. Diez años después todo serán oídos y ojos abiertos en Europa para cualquier atisbo de modernidad.

TOMA ALISTAR dijo...

OFF TOPIC

Bueno, como decía antes de mandar al limbo mi comentario, siempre queda algo por descubrir, especialmente de los cines del este, aunque haya que ver las películas "a pelo".

Por ejemplo, la semana pasada di con una polaca de Janusz Morgenstern, cuya traducción vendría a ser 'Y entonces estará todo tranquilo' visualmente extraordinaria. Se trata de un film bélico que en ningún sitio hallé referido, salpicado de pasajes analépticos, de saltos en el tiempo, igualmente extraordinarios, especialmente aquellos en los que se recuerda a la mujer amada (Barbara Bryslka), desde el miamo estruendo del campo del batalla.

En cuanto a la cinematografía rusa (soviética, en extensión), aparte de los tesoros ocultos que muy probablemente se encuentren en los archivos sin desempolvar, ¡qué cimas no habría alcanzado de haber podido desarrollarse en otras circunstancias, más proclives a una mayor libertad de expresión!

Aún así tiene obras de una fuerza visual e intensidad, emoción..., difícilmente comparables. Muchas todavía desconocidas a pesar de circular por ahí, tanto en el mercado como por la red, entre ellas las del rumano de origen, nacionalizado moldavo, E. Loteanu.

Saludos

TOMA ALISTAR dijo...

OFF TOPIC

Me olvidé: es cierto que Solntseva era muy, muy buena. Sinceramente, era bastante mejor que su marido.

TOMA ALISTAR dijo...

OFF TOPIC

Si no supone ninguna impertinencia, te enviaré al correo algunas recomendaciones de cine soviético, tratándose títulos que difícilmente se citan, por no haber sido comercializados en Occidente. Ahora bien, la única posibilidad de ver estas películas, es "a pelo".

Anónimo dijo...

Efectivamente un cineasta muy interesante. Yo tengo debilidad por "The Underworld Story", quizá no tiene la fuerza de "The Sound of Fury" pero es un noir muy efectivo. Por cierto que si coges el periodismo de la primera y la parte social y el linchamiento de la segunda te lleva a la estupenda "The Lawless", del mismo año y firmada por otro blacklisted.
De las posteriores me gustan "Hell Drivers" y "Zulu", y estoy deseando ver "The Argyle Secrets" de la que tengo excelentes referencias.
Ángel

Jesús Cortés dijo...

"The lawless" está muy bien y es visualmente espléndida, como "The underworld story", pero en ambos casos las veo por debajo de "The sound of fury", "The prowler", "M" o "The big night" (esta también muy desconocida y excepcional, la más cercana a su amigo Ray junto a su debut).

Anónimo dijo...

Gracias Jesús, una de las grandes virtudes de tu blog(no la única, ni mucho menos, ni la más importante) es que animas a ver obras que uno tiene archivadas desde hace tiempo (demasiado) en la estantería de los dvds o en el disco duro. Ambas son espléndidas, The Underworld Story es más modesta y ligera pero cuenta de forma magistral una historia que se ha visto unas cuantas veces pero quizá no muchas anteriores a ésta; además de tener oportunidad de ver al gran Duryea en un papel más positivo (aunque con matices) de los habitual en él, me molesta eso sí la maldad excesiva del hijo de Herbert Marshall. The Sound of Fury es simplemente impresionante casi perfecta salvo los encuadres efectistas de la cena/baile con las chicas, el exceso de simbolismo de la escena del predicador que antecede a los títulos de créditos y el exceso de bonhomía del personaje del científico (quizá necesario como elemento de contraste y para suavizar la dureza del fuerte contenido social del resto de película. para acabar destacar dos personajes soberbios por su realismo el marido (magistral Frank Lovejoy) y el personaje de la delatora que Jesús califica de desequilibrado y yo prefiero resaltar su patetismo y su completa alienación en incacidad de adapatación al mundo que la rodea: solterona frustrada de escaso atractivo (que continuamente se compara ella misma con la mirada con su amiga, mucho más atractiva que ella, ya sea dentro de la casa o en el club) además Endfield destaca con la planificación la diferencia de altura de ambas (la rubia le saca casi 30 cmts) y de atractivo (la sensualidad de una frente a la soledad de la otra). Es un personaje que inspira antes que nada verdadera pena (destruida y rota en el juzgado) casi la otra cara del personaje de Lovejoy.

Mario Vitale dijo...

No había visto THE SOUND OF THE FURY y es, desde luego, impactante y, en algunos tramos, conmovedora dentro de su durísima realidad.

El tema de los planos inclinados siempre ha dado lugar a polémicas. ¿Son efectistas, necesarios, redundantes? ¿Armonizan o no con el conjunto? Creo que depende de varios factores. No siempre tienen que ser efectistas. Recordemos que alguien como John Ford, en un año de completa madurez como 1957, rodó casi todo el último episodio de THE RISING OF THE MOON, "1921", con planos inclinados para mostrar una situación injusta o inaceptable para el pueblo. Al final del mencionado episodio, una vez reestablecida la situación, los planos cejaban en su inclinación. En MODERN TIMES son pocos y rápidos, pero los hay. Mientras el ingenuo obrero permanece en la cárcel por un malentendido, Chaplin selecciona un rápido montaje de planos inclinados para mostrar la furia y desequilibrio de los tiempos modernos. Los de THE SOUND OF THE FURY no me molestan demasiado. Supongo que son una prolongación del estado mental de Frank Lovejoy, absolutamente desubicado en un ambiente que no conoce y al que no está acostumbrado (sus primeros planos cuando es objeto de las bromas del mago me parecen de una gran potencia emocional).

Estoy de acuerdo con que la única pega que le pongo a esta película es quizás el tono aleccionador del personaje del científico, con un discurso claramente progresista y necesario pero excesivamente evidente, y más si aparece de nuevo en off en el último plano de la película.

Hay otras actitudes, frases y gestos que tienen para mí más relevancia dramática, pues THE SOUND OF THE FURY trata sobre la dificultad de resistirse al arrastre. No sólo la masa es arrastrada al linchamiento, si no que los personajes principales se ven -por debilidad, por necesidad o por ambas cosas- de alguna manera vampirizados por otros: el marido por el personaje de Lloyd Bridges, que desde la bolera hasta el primer atraco no ha dejado, en el fondo, de darle órdenes. El periodista por su jefe, utilizando además ese arma de efectos secundarios llamada halago. Y, claro, la pobre manicura a la que intuimos siempre sometida y en un segundo plano respecto a la otra chica.

A destacar un momento: la detención de Frank Lovejoy delante de todos, pero sobre todo de su hijo, rompiendo para siempre su idílico mundo infantil, se adelanta en 5 años a THE NIGHT OF THE HUNTER.

Jesús Cortés dijo...

La justificación de los planos inclinados suele ser siempre la misma: el desequilibrio. El problema no es tanto el efectismo como la antinaturalidad y la obviedad de hacerlo, hasta para John Ford.
La cosa se reduce para mí a que se ve peor lo que pasa en el plano y por tanto no funciona.
Naruse o Bergman introducían flashbacks o sueños sin difuminar ni temblar la imagen, sin "preparar" ni advertir al espectador y no tenían por qué ser escenas subjetivas.
A la tercera vez que la ves, al menos en mi caso, te acaba molestando el plano inclinado y sin embargo sigo interesado en cómo y cuándo entra el flshback.
En música pasa algo parecido. Hay recursos que simplemente no están pensados para quien repite la escucha continuamente (intros, solos largos, fade outs...) y terminan saturando.

Anónimo dijo...

Hola lo primero es corregir algo que he escrito en un mensaje anterior :
(...) y su completa alienación en incacidad de adapatación al mundo que la rodea(...)
Lo que quería escribir es: alienación e incapacidad de adaptación. Por ir rápido no suelo cuidar mucho la forma en los mensaje (uso de signos de puntuación, etc.) pero hay veces que lo que escribo es incomprensible.
Creo que el debate que introduce Mario es muy acertado ya que hay veces que consideramos defectos el uso de recursos formales que no son los habituales en el cine más clásico cuando lo que deberíamos ver es si son pertinentes (o funcionales) y si el director al incluirlos pretende que el espectador amplíe o complemente el sentido de un determinado plano o escena con respecto al discurso de la película. Tu justificación puede ser perfectamente válida, lo que pasa, en mi opinión, es que hay veces que depende del estilo de la película, para centrarnos en los planos inclinados no es lo mismo un plano inclinado en una obra de Walsh (que los hay) o Hawks (no recuerdo ahora ninguno) que en El Proceso de Welles donde el director busca continuamente atentar contra el sentido lógico de la planificación como parte del discurso de la película, además de que para este director sea una figura de estilo.
Ahora bien viendo The sound of fury por segunda vez (e influido un el título tan faulkneriano) me he preguntado hasta que punto la película de Endfield no sería casi una obra experimental con respecto al género (y al cine de su periodo), viéndola de esta forma la secuencia que antecede a los títulos de crédito tiene más sentido (con esas masas que atropellan al predicador y casi a la cámara como The Naked Kiss de Fuller) y escenas como la de la detención del protagonista, la escena del juzgado donde se reúnen casi todos los personajes importantes de la película o el linchamiento final, escenas como éstas me hacen cuestionarme si el director quiere realizar un documento enormemente realista (casi de cinema verité en el linchamiento) como Losey o Karlson en The Phenix City Story o mostrar un clima casi onírico (yendo un poco más lejos que Lang en algunas de sus obras de los 40) y dar su particular versión sobre la justicia cercana a la del proceso kafkiano (y con mayor efectividad discursiva que la adaptación de Welles); David Bordwell ya ha escrito en alguna ocasión lo poco que tiene The Killers de cine clásico y como con su estructura, tono, uso del punto de vista y personajes es casi una sinfonía modernista más cercana a Proust y a Faulkner que a Hammett. Para mí The Sound of Fury es como una historia de Kafka (aunque aportando las causas y motivaciones reales) reescrita por Jim Thompson en una noche de borrachera, en una de esas noches que le daba por matar al narrador de la novela antes del final de la misma.
Roberto

Jesús Cortés dijo...

El "estilo", aparte de lo que se repite, es lo que haces y funciona adecuadamente y entonces dirimes cuándo no debes usarlo.
Welles usaba mucho el contrapicado, algunas veces porque sí, sin que mediara un objetivo de punto de vista, como siempre en Ozu y eso le restaba efectividad y acentuaba la teatralidad, que quizá es lo que trataba de evitar.
Y que conste que me gusta mucho "The trial".
Rossellini usó mucho el vituperado zoom de su pancinor desde el año 60 más o menos y suele ser un modelo de utilización porque pretendía algo muy concreto que se guardaba de usar en partes muy largas o en films enteros (no lo recuerdo en "Blaise Pascal" y abundaba llamativamente en "Il Messia").
Godard sobreimpresiona frases, poemas o palabras sueltas (ya menos y quizá desde "Film socialisme" nunca más) y logra resultados espléndidos. Greenaway va más allá hasta añadiendo otra pantalla dentro del plano y la mayoria de las veces es una calamidad.