miércoles, 12 de junio de 2024

OJOS VACÍOS

La que me parece no solo la mejor obra de su director sino también, tras numerosas revisiones, la mejor película americana de este siglo XXI, va camino de cumplir veinte años sin que parezca que vaya a conquistar el lugar que merece. Ahora ya pienso que nunca gozará de ese privilegio. 

En su estreno en 2005, "A history of violence" tuvo un relativo éxito entre los espectadores a los que no les importaba nada ni el film ni el cine de David Cronenberg y fue tomada por muchos de cuantos la esperaban ansiosos como una inesperada concesión comercial y una interrupción inexplicable de un ciclo de películas que había tenido en "Crash" (1996) y "eXistenZ" (1999) sus dos puntos más álgidos. El único aspecto de confluencia fue que suponía un replanteamiento de la dirección que su autor se veía obligado a emprender tras el fracaso de "Spider" (2002).

No iba a ser un film aislado, para empeorar un poco más las cosas. 

Su desusada amplitud y hondura y cuanto recuperaba y desarrollaba del cine del pasado - ese cine que algunos de sus seguidores se enorgullecían en proclamar que Cronenberg "ignoraba" -, iba a tener sucesivos ecos en sus dos siguientes obras, "Eastern promises" (2007) y "A dangerous method" (2011), también, como ella, dramas con una latente pero fuerte pulsión hitchcockiana, cambiadas de continente y la última de las tres también de época, pero indagaciones en algunas de las ramificaciones que ya habían quedado expuestas de la manera más fulgurante posible en "A history of violence". El poder en "Eastern promises" y el deseo en "A dangeorus method" siempre, como en "A history of violence", con un hombre que no es lo que parece y una mujer que es al mismo tiempo un alma gemela y una enemiga y lo es en función de su credibilidad, la desnuda, la simple y llana verdad.

Desde la frontera "pacífica" de los Estados Unidos, la mirada del canadiense Cronenberg no a una historia sino a la Historia de la genealogía de la peculiar agresividad inter pares de sus vecinos del sur, concita tanto a westerns como a films de cine negro dentro de su gran tradición. Películas situadas a menudo en los tiempos inmediatamente posteriores a la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial, películas cargadas de duda, de ambigüedad, películas pequeñas incrustadas en la memoria de un puñado de cinéfilos y películas imponentes, como algunas de William A. Wellman ("Yellow sky"), Anthony Mann (especialmente "Man of the west"), John Sturges (sobre todo "The law and Jake Wade"), Jacques Tourneur ("Out of the past"). Sobre esa afilada doble hoja que rasga un escenario abstracto, frío, incomunicado, como es habitual en el cine de Cronenberg, ahí vive "A history of violence".

Violencia en sus más diversas formas. Mercenaria, reactiva, sexual, verbal, la que provocan las falsas alarmas, la que ejercen los medios de comunicación, la que perdurará cuando el peligro haya pasado. Ninguna exclusiva de EEUU por supuesto, pero casi todas las que encontraron allí su mejor oportunidad. La película no las analiza, ni las cita siquiera, quizá porque son de sobra conocidas. Las variables políticas, sociales o económicas se difuminan al fondo de los encuadres: por las dimensiones del territorio y la rápida evolución de los medios de transporte, los que querían huir o cambiar de vida, cruzaban fronteras de estados que serían países en cualquier otra latitud y allí podían mutar o empezar de nuevo; por la concentración de población en un exiguo porcentaje de la superficie del país, en enormes zonas proliferan pequeños modelos a escala de las ciudades-mito donde no es posible vivir con propiedad como americanos, por lo que el relato se transformó en fe...

Importan sin embargo, como pocas veces, los argumentos cinematográficos. Tal vez Estados Unidos solo exista como tal en el cine, la literatura o la música y no hay leyendas ni elementos familiares que no hayan sido en buena medida transfigurados y duraderamente desmentidos por la experiencia real de vivir allí.
 
Cronenberg, un director cerebral y tan valiente como para no dejar en off lo que otros eluden filmar, por terrible que sea, era, cómo no lo supimos antes, el cineasta perfecto para tocar todos estos resortes sin pretender aleccionar o decir nada más, para simplemente mostrarlos en toda su crudeza, sin pecados que expiar, sin Dios en el que creer para rogarle que baje a salvarnos. Los asesinatos de la apertura, la paliza del hijo de Tom Stall (un gran Viggo Mortensen) a su castigador de pasillo de instituto, el impresionante plano de sexo entre Tom y su mujer Edie (Maria Bello, qué actriz más desaprovechada) o cualquier otro suceso a vueltas con el leitmotiv de la película están filmados del mismo modo: impasible, directa, brutalmente. El tópico tan repetido de que la violencia genera violencia, hecho añicos. La violencia nace en cualquier parte, de la nada, sin motivo, sin sentido, sin coartadas, contra natura, sin control por parte de nadie, como el amor o la misericordia. 

Así, nacen monstruos, que por muy ominosos que parezcan, casi se quedan pequeños con los de sus siguientes films. El Tom que retorna a su pasado, su hermano (un William Hurt muy de cómic) o el jefe de los esbirros (Ed Harris) son poca cosa frente al turbio patriarca de la mafia rusa de "Eastern promises" (o el propio personaje de Mortensen en ese film) y al lado del Dr. Jung de "A dangerous method", aún capaz de mantener su hipócrita integridad de terapeuta después de desvirgar a su solícita paciente, admitiéndose lo que que su ilustre colega Sigmund Freud no le recomienda pero tampoco le soslaya: que la represión nos puede parecer muy civilizada pero no es más que un mecanismo de defensa, que es hora de admitir de una vez por todas que somos un cúmulo de contradicciones.
 
Pero si "A history of violence" me parece una película de una envergadura superior, es porque evita ensañarse con sus hallazgos y tiene la suficiente generosidad como para dudar y fijarse, aferrarse a veces, a los sentimientos de sus zarandeados habitantes. Porque nada puede haber más opuesto al equilibrio desplegado por la película que las pulsiones humanas que hacen habitable aún el mundo. Abundará en esta dirección Cronenberg cuando filme "Eastern promises", que es lo más cercano que ha estado nunca a filmar un melodrama, con sus rimas constantes con "Torn curtain" y ese final con un inequívoco recuerdo al que tuvo de uno de los más canónicos films del género, "Written on the wind" de Douglas Sirk.
 
Momentos escogidos que esculpen emocionantemente el film. Cómo resuena en la memoria la frase de Edie cuando le propone a Tom el divertido juego de volver a la adolescencia "que nunca tuvieron juntos" cuando sabemos que él llegó a aquel pueblo con un pasado para enterrar. Cómo duelen las palabras de su hijo, que de repente no sabe quien es su padre. Cómo se aferra Tom a lo que ha logrado construir y se desviviría por repetir al día siguiente las pequeñeces de la vida doméstica. Cómo lo mira Edie en el plano de clausura, por primera vez a su tercer yo, ni el que fue ni el que quiso ser, sino al que será ya para siempre.

30 comentarios:

Anónimo dijo...

Te ha subido "A dangerous method"

Jesús Cortés dijo...

Sí

Santiago Gallego dijo...

Probablemente la gran obra maestra de Cronenberg junto a 'Crash'. Ayer cuando hablábamos te insinué un bosquejo de cuáles serían para mí esas 10 películas americanas memorables de lo que llevamos de siglo XXI. Repensada la cosa, y a día de hoy, me salen 11 títulos y con los tres primeros perfectamente intercambiables. Si se pone uno a pensar hasta, directa o indirectamente, dan una perfecta radiografía del país y su deriva:

-Mulholland drive (David Lynch, 2001)
-Elephant (Gus Van Sant, 2003)
-A history of violence (David Cronenberg, 2005)
-Gerry (Gus Van Sant, 2002)
-The Brown bunny (Vincent Gallo, 2003)
-Death proof (Quentin Tarantino, 2007)
-The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
-Two lovers (James Gray, 2008)
-First cow (Kelly Reichardt, 2019)
-The Village (M. Night Shyamalan, 2004)
-Under the silver lake (David Robert Mitchell, 2018)

Anónimo dijo...

Coincido con Santiago en mis dos preferidas de Cronenberg, decantándome por “Crash”, junto a “The addiction” mis dos preferidas americanas de los noventa. Me alegra ver “Death proof”, el único Tarantino que me gusta de este siglo. Ahora me ha entrado la curiosidad por revisar la de Cronenberg del post para ver si también la considero en tal alta estima y “A dangerous method” que no me gustó nada cuando la vi, al igual que las dos siguientes que me parecieron películas muertas, en paralelismo con Ferrara. Yo si tuviera que decir diez americanas de este siglo serian:

Blood work (Clint Eastwood, 2002)
Two lovers (James Gray, 2008)
Restless (Gus van Sant, 2011)
The brown bunny (Vincent Gallo, 2003)
Battlecreek (Alison Eastwood, 2016)
Gone baby gone (Ben Affleck, 2007)
Hostiles (Scott Cooper, 2017)
The village (M. Night Shyamalan, 2004)
A history of violence (David Cronenberg, 2005)
Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Trueno

Juan Gabino Álvarez Fernández dijo...

Acabo de ver la película por primera vez y, aunque creo que debe de ganar con las revisiones, no me cabe duda de que es excepcional. Cada gesto parece medido para no excederse, para no resultar caricaturesco (puede que con la excepción de los mafiosos, bastante divertidos por momentos) y poder tomarse uno en serio el drama en una historia tan estrafalaria como ésta, en gran medida por la sensibilidad y frialdad de Cronenberg, pero también gracias a un elenco excepcional.
Mi opinión ahora mismo de las once mejores estadounidenses del siglo XXI es, en orden cronológico:
Ghosts of Mars (John Carpenter, 2001)
Blood Work (Clint Eastwood, 2002)
Femme fatale (Brian de Palma, 2002)
The Village (M. Night Shyamalan, 2004)
Before sunset (Richard Link later, 2004)
The cake eaters (Mary Stuart Masterson, 2007)
Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008)
Two lovers (James Gray, 2008)
Ondine (Neil Jordan, 2009)
Restless (Gus Van Sant, 2011)
Out-takes from the life of a happy man (Jonas Mekas, 2012)
Varias podría intercambiarlas por otras de los mismos cineastas y alguna otra se me queda en el tintero. Tampoco incluyo ésta de Cronenberg porque la tengo demasiado reciente, aunque a primera vista podría pasar a formar parte de una lista como ésta de aquí a un tiempo. Por cierto, recuerdo un comentario tuyo, no sé en qué entrada del blog, diciendo más o menos que Kristen Stewart era lo único que te gustaba de "Crimes of the future". Yo no he vuelto a verla, pero tengo un recuerdo magnífico de ella y me gustaría saber por qué no te gusta.

Santiago Gallego dijo...

'Cosmopolis' y 'Maps to the stars' están muy alive and kicking. La primera entiendo que se haga pesada pero no creo que sea una mala película, aunque resulte irritante y fastidiosa por culpa de la insufrible cháchara de DeLillo. Globalmente tal vez sea peor que Maps pero tiene excelentes momentos, sobre todo al final, cuando Pattinson sale del coche, en general todas las escenas fuera del coche son magníficas gracias a Cronenberg y sus poderosos encuadres. 'Maps' es más homogénea, Cronenberg se impone desde dentro (visualmente es menos potente que 'Cosmopolis', no crea un mundo como sí hace la otra) haciendo suya una película en un escenario y con un tema que en principio estaban a años luz de sus intereses. Respecto a Tarantino, 'Kill Bill Vol 1' es casi tan buena como 'Death proof' y por la misma razón: prácticamente todo es pura forma virtuosa y un punto excesiva y no necesita nada más para funcionar (la premisa argumental es mínima: una venganza, y sin embargo la película no deja de avanzar como un cohete). A 'Death proof', en cambio, con el tiempo, casi que le ha salido un (gran) tema à la mode que ni por esas la empequeñece: un incel a la caza (no sexual, porque como buen incel es impotente) que recibirá su escarmiento gracias a la resistencia, el control y el dominio de la técnica por parte del segundo grupo de chicas.

Jesús Cortés dijo...

Me desagradó "Crimes...", pero debo revisarla y tal vez mejore. "Maps..." y "Cosmopolis", no lo han hecho en absoluto.

José Antonio dijo...

Jesús, creo recordar que tus veinte americanas preferidas de este siglo, hace ya unos cuantos años, eran éstas:
Blood work (C.Eastwood)
The brown bunny (Vincent Gallo)
A history of violence (David Cronenberg)
Restless (Gus van Sant)
Loving (Jeff Nichols)
Two lovers (James Gray)
Battlecreek (Alison Eastwood)
Assassination tango (Robert Duvall)
A.I. Artificial Intelligence (Steven Spielberg)
Master and Commander: The far side of the World (Peter Weir)
Mulholland Drive (David Lynch)
Go go tales (Abel Ferrara)
My sister’s keeper (Nick Cassavetes)
Certain women (Kelly Reichardt)
The face of love (Arie Posin)
5 to 7 (Victor Levin)
Protection (John Flynn)
Cold in july (Jim Mickle)
The village (M. Night Shyamalan)
Ondine (Neil Jordan)

Pasado el tiempo, ¿cambiarías muchas de esta lista?
Yo también me sumo a la urgente revisión de algunas de las que estáis citando. En su día 'A dangerous method' no me interesó nada, pero también me pasó con 'Crash' en mi adolescencia y ahora la tengo en alta consideración.

Jesús Cortés dijo...

Quitaría alguna y ordenaría de otra manera. La de Cassavetes seguro que iría fuera.
Cronenberg, Gallo, Gray, Eastwood, Van Sant, Lynch y Spielberg, los primeros.

Santiago Gallego dijo...

A mí me parece bastante horrorosita 'Crimes of the future', que no es por otra parte la única horrorosa que tiene Cronenberg, también me lo parecen 'Scanners', 'The naked lunch', 'Eastern promises' o 'Spider', sin ir más lejos. Muchas veces casi que lo más divertido de estas listas son la segunda línea, donde ya te quitas el smoking y en pijama metes algunos nombres y títulos que nunca habrías metido en la Master list. Yo, dejando a un lado el cine experimental y sin repetir cineastas del listado A, incluiría, sin orden ni concierto, en el Top Eleven del pijama lo siguiente:

-Collateral (Michael Mann, 2004)
-Only lovers left alive (Jim Jarmusch, 2013)
-Femme fatale o Passion (Brian de Palma, 2002, 2012)
-Damsels in distress (Whit Stillman, 2011)
-A Serious man (Joel & Ethan Coen, 2009)
-Everyone wants some! (Richard Linklater, 2016)
-Gone girl (David Fincher, 2014)
-Somewhere (Sofia Coppola, 2010)
-Columbus (Kogonada, 2017)
-Wild life (Paul Dano, 2018)
-4.44: Last day on earth (Abel Ferrara, 2011)

Respecto a 'AI' (Steven Spielberg, 2001), me da miedo volver a verla.


Jesús Cortés dijo...

A mí también me daba mucho reparo revisar "A.I." pero me animé hace pocos meses - debía ser la cuarta vez que la veía y la primera en diez años - y me resultó mejor que nunca, la mejor suya y mejor también para mí que ninguna de Kubrick, ya que se dan las condiciones para comparar.

Anónimo dijo...

Creo que habeis mencionado ya las mejores. Asi que diré cinco que no han salido y quizás lo merecerian en mi humilde opinióm-

-Miami Vice (Michael Mann, 2006)
-It follows (David Robert Mitchell, 2014)
-Funny people (Judd Apatow, 2009)
-Deja vu (Tony Sott, 2006)
-The empty man (David Prior, 2020)


Ruy

Anónimo dijo...

Revisada "A history of violence" me sigue pareciendo espléndida, mi época favorita de Cronenberg es "Crash" hasta "Eastern promises" , y sigo sin soportar al hijo, como tampoco soporto al prota de "AI" o a los hijos en "The bridges of Madison County". Son esas pulsiones internas sin ninguna justificación pero que no te permiten valorar bien las películas. "Miami Vice" la primera vez que la vi la pondría top5 de este siglo pero al revísarla me bajó, como en general Michael Mann, hay veces que deseas no volver a aquello que te entusiasmó para no borrar la exaltación que quedó en tu recuerdo. También me pasó con Brian de Palma pero quiero revisar "Femme fatale" porque entusiasma a mucha gente y no le vi gran cosa.

Trueno

Jesús Cortés dijo...

Yo prefiero decepcionarme con algo al revisarlo y quizá luego volver sobre los pasos y cambiar de opinión que conservar bonitos recuerdos en formol. Poner a prueba todo lo posible a las películas diría que es obligatorio para cualquier cinéfilo al que le interese mínimamente el rigor, tanto propio como ajeno, que a menudo solo es el segundo el que parece contar.

Santiago Gallego dijo...

La utilidad de las revisiones, siendo necesarias, por lo general es muy relativa. Mientras que sí ves el reconocimiento público de que esta película que no me gustó es mucho mejor de lo que en su día me pareció o esta otra sigue pareciéndome esplendida, jamás se suele leer lo contrario: estas que me gustaban hace veinte años, e incluso reivindiqué, hoy me parecen una basura infumable (con el ego hemos topado). Curiosamente, ese tipo de 'evolución' o no se da o se calla, con lo cual tiendo a relativizar mucho los verdaderos cambios personales y sobre todo cinematográficos (lo cual sería lo normal, ay de aquel que pretenda ser el mismo o saber lo mismo de cine a los 30 que a los 60) de los críticos, cinéfilos y aficionados.

Jesús Cortés dijo...

Utilidad privada. Pública, efectivamente poca.

Santiago Gallego dijo...

Siempre que se hacen listas sobre la marcha, al día siguiente descubres con rubor que te dejaste algunas de las mejores: Los Angeles plays itself (Thom Andersen), The Mad songs of Fernanda Hussein (John Gianito), Fourteen (Dan Sallitt)...

Anónimo dijo...

Lo que más transmite el cine americano, casi que todo el cine actual, es una incertidumbre. Ya no confías casi a pies juntillas en que la próxima película de Linklater, Nichols, Eastwood, Gray, Shyamalan - una pena que se cansara y dejará su cine de principios del milenio -, Cronenberg, Spielberg, Mann no vayan a ser engendros.

Trueno

Santiago Gallego dijo...

El cine es producto de una sociedad y su ideología y de un sistema de producción y su economía. De la sociedad americana no hablaré, no soy sociólogo ni conozco en profundidad el país ni la cultura y sus cambios actuales. Respecto al sistema de producción, está claro que ha cambiado en los últimos años, las Majors (que fueron las que controlaron durante gran parte de su historia el cine estadounidense) son ahora las plataformas de streaming, con lo que ello supone: son empresas televisivas con una mentalidad televisiva y enfocadas a un público educado por la televisión, sus códigos y productos de consumo. Aunque sea una obviedad hay que recordarlo: la televisión no es cine ni viceversa, por mucho que una película se pueda emitir tanto en una sala de cine como en la pequeña pantalla, ya que de lo que estamos hablando es de formas de creación no de exhibición. En el Hollywood actual se dan varios problemas, y la mayoría de ellos están determinando la deriva de las carreras de algunos de los cineastas que nombras. Los veteranos (Michael Mann tiene por ejemplo 81 años), lo van a pasar mala como casi siempre lo han pasado mal los veteranos en Hollywood, no solamente ahora; Hollywood ha sido a menudo muy ingrato con sus mayores. De este calvario se salvarán en parte los que tienen sus propias productoras (Spielberg o Eastwood), pues poseen, a pesar de la edad, más capacidad y libertad de elegir proyectos; no obstante, el público es el público y nadie hace cine para arruinarse (salvo que seas Coppola), con lo cual hasta ellos deberán plegarse a los gustos del mercado. Las generaciones intermedias (Fincher, Linklater, etc.) están en manos del streaming televisivo, Netflix o similares, trampa en la que también han caído veteranos ilustres sin productora propia, como Scorsese. El relevo generacional para Hollywood no son Kelly Reichardt, David Robert Mitchell, Paul Dano o Kogonada (ni tan siquiera James Gray, al que han tratado siempre mucho peor que a un Iñárritu o a un Cuarón), y hace mucho tiempo que Hollywood, con sus producciones y sus oropeles, lo dejó muy clarito. El relevo generacional han sido los Christopher Nolan, Denis Villeneuve, Yorgos Lanthimos, Guillermo del Toro, Bradley Cooper, Greta Gerwig, etc., cineastas detestados por gran parte de los cinéfilos de larga trayectoria y que no van a crear amor por el cine ni van a hacer cinéfilos sino que tan sólo rentabilizan una enorme inversión. ¿Alguien se creía de verdad que la codiciosa y ultraespeculativa deriva neoliberal iba a respetar el emporio de Hollywood? No obstante, Hollywood no es solo Hollywood, y siguiendo su estela en pasadas y recientes décadas han aparecido en el país muchas otras pequeñas y medianas productoras (desde Focus Features a A24) dispuestas a hacer, con menos dinero, claro, el cine que Universal, Paramount o Warner no quieren ya hacer, o apostar por cineastas por los que las antiguas Majors no van a apostar ya nunca más a no ser que se conviertan en otra cosa, generalmente deleznable.

(sigue)

Santiago Gallego dijo...

Por otra parte, Estados Unidos casi siempre ha tenido cineastas excelentes fuera de ese sistema de producción y los sigue teniendo, no sé si en mayor o menor medida que en otras épocas porque su eco llega tarde y con cuentagotas, pero en todo caso ahí siguen (de John Gianvito a Dan Sallitt de Jem Cohen a Ricky D'Ambroise, por citar tan sólo unos cuantos nombres). Está claro que a quien solo le guste el cine americano o solo le guste el cine de Hollywood lo tiene crudo, pero nunca antes un amante del cine tuvo la posibilidad, sin moverse de su casa, de acceder, en condiciones envidiables de copias y de visionado doméstico, a tal volumen de material cinematográfico de incalculable valor de todos los países y de todas las épocas. Uno lee los mejores libros sobre cine escritos hace tan sólo 40 años y hoy podría desde su pueblo perdido en la España profunda cubrir, al menos de visionado, las lagunas que tenían la mayoría de los especialistas y profesionales que habitaban entonces en París o Nueva York y no se perdían ni uno de los grandes festivales de cine, o visionar muchas de aquellas obras por las que estos suspiraban con anhelo y amargura. Todo eso me parece una buena noticia frente al irrevocable panorama que aboca a la desaparición de la producción hollywoodiense tal y como la entendíamos hasta hace algunos años.

Tomás dijo...

Si se me permite un off-topic, tuve ocasión de ver Niju-shi no hitomi de Kinoshita. Como cinéfilo tengo muchísimas lagunas, pero de mis visionados de ésta, así como de varias de Ozu y Naruse me llama la atención lo claro y comprensible películas. Abordan situaciones cotidianas muy ligadas a la sociedad de la época y el lugar en que se filmaron y los personajes (ignoro si se corresponde o correspondía con un rasgo de los japoneses) son sinceros y espontáneos a la hora de verbalizar sus miedos, penas, alegrías y preocupaciones, de modo que no se genera ningún suspense cómico o trágico entre los personajes. Por contraposición, el cine americano clásico lo encuentro más complejo, sujeto a unos códigos lingüísticos que exigen una previa familiaridad para una comprensión plena (aunque para nosotros pueda resultar el más fácil por haber sido el más visionado).

Jesús Cortés dijo...

También el gran cine americano contemporáneo de Naruse y el resto de grandes asiáticos era perfectamente accesible para cualquier extracto de público y de hecho uno de los mercados más seguros que tuvo fue el nipón. La diferencia no está tanto en el carácter japonés - que no es uniforme a todo su cine ni mucho menos - porque el cine americano es el más influyente en el suyo propio sino en que el cine americano en realidad es una confluencia de muchos cines, alemán, nórdico, británico, francés, eslavo... y fue una industria claramente exportadora y hasta colonizadora. Hollywood nos invadió desde los hitos de "Gone with the wind" y compañia de finales de los 30 y principios de los 40 y mientras tanto estos cines asiáticos hemos tenido que ir a buscarlos tirando del hilo de lo visto en festivales y las primeras ediciones domésticas que no llegaron hasta los años 80, igual que ellos habrán tenido que hacer lo mismo para acceder al extraño y exótico cine español.

Rodrigo Dueñas dijo...

Un hermoso momento (que creo no haber visto nunca en el cine): en el tan postergado reencuentro los hermanos unen (con reticencia, con afecto, con alivio) sus frentes.

Anónimo dijo...

Que tal estan las ultimas de Lav diaz? Le perdi la pista tras Season of the devil.

Jesús Cortés dijo...

Me ha pasado un poco lo mismo, supongo que me cansé de su cine y tal vez haya algo realmente bueno reciente.

Anónimo dijo...

Saliéndonos del tema, ¿qué opinas, grosso modo, de la filmografía de João Botelho, Jesús? ¿Te interesa algún filme suyo? ¿Crees que ha alcanzado alguna vez la excelencia? No parece haber mucho discurso crítico sobre su cine, y sí muchas comparaciones negativas midiéndolo con Oliveira.

Jesús Cortés dijo...

Los Botelho que he visto son demasiado pocos para opinar, pero ninguno me ha parecido que tuviese gran deuda con Oliveira, así que, por una vez, puede que no sea justa ni lógica la comparación. Es un hecho que lo admira, pero eso no lo convierte en su discípulo.
Hay solo un film suyo que encontré brillante, "Um adeus português" del 85 - aunque me bajó al revisarlo -, pero necesitaría ver más-

Anónimo dijo...

Y que tal estan las peliculas americanas recientes? Linklater y Guadagnino han tenido buenas criticas.

Jesús Cortés dijo...

"Hit man" de Linklater es la que he visto de las dos y me pareció mala.

Santiago Gallego dijo...

A mí al volverla a ver me asaltaron nuevas cuestiones que había minusvalorado en anteriores visionados. La más evidente tiene que ver con la relación que en USA tiene el cabeza de familia con la violencia y que, por supuesto, la tiene o la ha tenido siempre de espaldas a su mujer y a sus hijos, hasta el punto de construirse un nuevo (y falso) 'yo' sin haber contado a sus seres más cercanos nada de su criminal y violenta vida pasada, sin haber confesado socialmente sus crímenes y, por supuesto, sin haber recibido el merecido castigo judicial y la ulterior expiación en forma de condena. Este constructo que inventa el personaje para escapar sin mácula social mediante una huida y un engaño saltará en pedazos porque, como bien muestra Cronenberg, puede que tus crímenes no te persigan, pero tus pulsiones (especialmente en momentos críticos) siguen estando ahí y volverán a aparecer.

Si nos atrevemos a ir un poco más allá y evitamos por un instante la literalidad, Mortensen podría ser desde un militar que ha masacrado a veinte civiles en una aldea de Vietnam hasta un ingeniero que diseña las bombas de fósforo que se lanzan sobre Afganistán sin que nada de esa actividad se conozca, en sus detalles escabrosos, por su familia, ni sea material de debate a la mesa cuando todos se reúnen para comer. En la familia americana nadie habla (porque nadie lo sabe excepto el perpetrador) de la relación con las armas (la primera industria del país) y el asesinato del que trae dinero a casa y paga las facturas; es más, es muy probable que en todas partes luzca como un padre y marido ejemplar y un ciudadano modelo pese a sus actividades institucionales y empresariales, la mayoría perfectamente legalizadas, relacionadas con la muerte violenta.

Volviendo a la literalidad de la cinta, Cronenberg lo hace todo aún más interesante al mostrar la reacción de la familia (en las antípodas de la de 'Unbreakable', de Shyamalan), que lejos de aplaudir al nuevo héroe, empieza a dudar de él, pese a la fascinación que su rol de desconocido justiciero pueda ejercer a nivel morboso-sexual, e incluso queda en shock cuando en una escena genial asiste como testigo a la aparición de su antigua personalidad. El quid de la cuestión está en el hijo, que es donde Cronenberg muestra la transmisión de esa cultura de la violencia, como si existiera un gen que se transmite no a través de la genética, sino a través de una serie de conductas, costumbres, hábitos, etc., que los hijos aprenden de los padres. El chaval que evitaba el enfrentamiento violento con su acosador en el instituto, y que hasta entonces salía airoso (e incluso por momentos hasta victorioso) mediante el humor, se convierte en alguien brutal capaz de dar una soberana paliza o de empuñar una escopeta y matar a un hombre (ya antes del asesinato de Harris, en otra escena, empuñó la escopeta con fascinación y curiosidad), aunque sea para ayudar a su padre. Este radical cambio en el joven se produce tras ver el nuevo, y hasta entonces desconocido, rostro de su progenitor y no antes; lo cual evidentemente es intencionado por parte de Cronenberg. A partir de entonces, y como suele pasar entre la juventud, dejará de escuchar lo que las palabras de su padre le cuentan (la mentira social) para reproducir inconscientemente lo que las acciones de este le muestran (la descarnada y brutal verdad). Pese a la matanza final y el perdón familiar, Mortensen probablemente no haya solucionado nada y los monstruos seguirán llegando, entre otras cosas porque están dentro de él y porque además con sus mentiras y sus actos los está reproduciendo a su alrededor, e incluso entre su propia familia, en un imparable círculo vicioso.