viernes, 1 de abril de 2011

EL REY PROMETIDO

La verdadera despedida de Roberto Rossellini del cine en 1975 con "Il Messia" llega más de una década después de "Anima nera", el episodio para "RoGoPaG" y el consabido descreimiento y abandono, forzado y decepcionado, de su oficio como hasta entonces lo había conocido.
Los años televisivos, medio en el que creyó más que nadie, arrojaron un saldo de miniseries, documentales (aún rodaria dos más antes de su muerte en 1977) y films para el medio que parecían querer reconstruir (y replantear el ángulo de acercamiento aprovechando las especiales características de trabajo) una especie de prehistoria de hechos y personajes de la que carecía por completo, quizá ilusamente esperanzado en que la nobleza del formato pudiese caminar por sí sola y alcanzar ese objetivo ideal didáctico-reflexivo que el cine, aún nada doméstico, no alcanzó.
Tras el último eslabón de su segundo "fracaso", la imponente "Cartesisus", Rossellini había regresado casi de tapadillo al formato ancho con "Anno uno" y de nuevo vuelto a las andadas en esta "Il Messia", una de sus más radicales apuestas de escenificación de acontecimientos del pasado y una especie de "reprise" como dirían los anglosajones (musicalmente hablando; cualquier fan de Grateful Dead que pueda leer esto sabrá a qué me refiero), volviendo a las mismas melodías y recapitulando elípticamente, de su (más prolija y variada) "Atti degli apostoli" de 1968 y en menor medida recogiendo el espíritu de su celebrada "Francesco, giulare di Dio".
Debía ser raro (exasperante quizá; fuente de soledad, seguro) para Rossellini en toda esta parte final de su carrera "citarse" a sí mismo por pura ausencia de referencias, pero eso no le impidió seguir arriesgándose y explorando nuevos caminos hasta el final de sus días, sin creer que estaba todo hecho, en una cruzada contra nada - ningún cineasta ha construído tanto sin dedicarse a enterrar el camino andado por otros, como si en su persona se encarnase una nueva civilización que surge y nada sabe de los vicios de la que le precedió) y a favor de todo, que pocas alegrías le proporcionó.
Basta echar un vistazo al "trasvase" como símbolo de la modernidad en favor del pujante Jean-Luc Godard como ejemplo de las injusticias y olvidos en torno a Rossellini.
Aparece Jean-Luc justo cuando llega la gran decepción que tantos sintieron con la extraordinaria "Il Generale de la Rovere" y su subsiguiente (¿una de sus tres obras máximas?) "Era notte a Roma".
Ni siquiera un film históricamente tan importante como "Les carabiniers", que les une por primera y última vez, consigue apagar los ecos de su hastío. Extraño cruce de miradas.
Antes de que también Godard esté a punto de tirar la toalla al final de esa década, dejando huérfanos de líder (o en manos de otros la pesada carga) a la verdadera vanguardia, Rossellini ya ha dado otro imprevisible paso adelante en las sombras con "La prise du pouvoir par Louis XIV".
En plena producción de algunas de sus grandes obras para la pequeña pantalla, una buena parte de los mejores directores aún en activo y las revelaciones de esos años, prueban suerte también en televisión con a menudo buenos y hasta grandes resultados y en general más atención de parte de la crítica: Cottafavi, Rohmer, Sirk, Fassbinder, PialatWellesCastellani, Renoir, Emmer, Fuller, Oliveira, Bergman, Chabrol ...
Casi coincidiendo con la muerte de Rossellini, en medio de la general indiferencia por el desconocimiento o subestimación de lo que había venido haciendo o a lo sumo siendo su nombre un recuerdo lejano - casi peor esto último - anda Godard con Anne-Marie Miéville, para televisión, avanzando en múltiples direcciones con sus modélicas "Six fois deux" y "France tour détour deux enfants" y volviendo "de entre los muertos" para inaugurar la década y regresar "al cine" con "Sauve qui peut (la vie)". Ya no abandonará su puesto de privilegio (ni su solitaria posición) hasta nuestros días.
"Il Messia" es un fascinante híbrido de los tres Roberto Rossellini: el ávido cronista de los años 40, el director/inventor en constante evolución que quedó varado hacia principios de los 60 definitivamente con la incomprendida "¡Viva Italia!" y el aventurero en tierra baldía que había recorrido la Edad del Hierro, la Antigua Grecia, los comienzos de la Iglesia Católica, la Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración para volver momentáneamente a su siglo (incluso tuvo tiempo para Allende) y finalmente fijar la vista en la historia más famosa de la humanidad.
Diría que se ha echado de menos más veces lo que Dreyer quería hacer y nunca llegó a rodar sobre este material que lo que Rossellini hizo. Y en contraposición a las quimeras alargadas en el tiempo de Gance con Cristóbal Colón o Welles con Don Quijote, para no acabar haciendo nada o dejando inacabado el proyecto, que nunca sabremos cuánto de indecisión y miedo al fracaso tuvieron, he aquí un raro y certero ejemplo (uno de los mayores cineastas con una de las mayores historias) de concreción y modestia de aspiraciones.
Es la impresión más desconcertante que produce el film.
Esa puesta en situación instantánea, ese arrojo para filmar sin adornos y casi ilustrar caligráficamente los acontecimientos, causa asombro y desterra automaticamente esa pesada losa tan visible desde los títulos de crédito, de trabajo previo, documentación y reconstrucción minuciosa que suele aplastar al espectador en estos casos. Flagela el polvo la cara, huele el esquimo, pica el sol.
Con un constante dinamismo y una de las mejores utilizaciones del zoom que conozco (reencuadrando, aplicando luz e interés a los escenarios pero sin subrayar ni dirigir la mirada, más bien adoptando una posición objetiva que constantemente rectifica como si no supiera dónde puede surgir el dato importante o el elemento significativo), el film explora pero da la sensación de que simplemente se prueba a sí mismo si es capaz de captar la acción, ya sea en estáticos interiores como en exteriores llenos de movimiento de muchos personajes, con una hipnótica cadencia en permanente alerta, adaptada al ritmo de las palabras y los gestos, no del vestuario o el atrezzo.
Hemos visto muchas veces ese desequilibrio, incluso contando con actores muy conocidos o importantes, entre diálogos y gesticulación hasta derivar en una serie de convenciones. Así se da por hecho por ejemplo que en la Edad Media se andaba más lento o se utilizaba la reverencia en cualquier contexto, porque las novelas, los cuadros o los tapices, así parecen indicarlo. Cuando han venido Straub Bresson con otro discurso que permite pensar en la alternativa de que los filtros usados (quiero decir plumas, pinceles y agujas respectivamente, pero la imaginación por encima de todo) pudieron distorsionar la realidad, se les ha acusado alegremente de antinaturalistas.
La seguridad y la experiencia de Rossellini, batidos ya todos los terrenos posibles y muy especialmente los más pedregosos y desolados, permiten no obstante que el film no sea estéticamente unidimensional, una previsible acumulación de estampitas pulcramente fotografiadas para no contrastar demasiado con el tono digamos "coloquial" de los diálogos. Tan pronto parece Giotto la inspiración, como al momento siguiente Alonso Cano. Una escena puede parecer sacada de "Judith of Bethulia" y otra de "Os Deuses e os Mortos".
Una buena parte de sus esfuerzos se concentran lógicamente en el personaje de Jesús de Nazareth, empecinado en cambiar lo difícilmente siquiera opinable (este es un film político al fin y al cabo), siempre activo y en movimiento, al que sigue en travellings laterales - y alguno especialmente brillante en retroceso -, tratando siempre de comunicarse y explicarse a todo el que se cruza en su camino, apenas ensimismado ni apesadumbrado por la tarea, consciente de ser la respuesta a las plegarias de los patriarcas y los profetas, que habían clamado por un Rey que por fin trajera justicia para su pueblo tras mil años de guerras.
La última media hora, de lo más bello rodado nunca por Rossellini y en dura competencia con los más excelsos cierres de su obra (pienso en "Europa 51", "Viaggio in Italia", "Socrate", "Stromboli" o de nuevo, "La prise du pouvoir par Louis XIV" y "Era notte a Roma"), coronada por el impresionante episodio de la resurrección, está al alcance de muy pocos cineastas.
En esos años ya de ningún otro.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Jesús, como veo que nadie se decide a iniciar los comentarios, lo haré yo. Supongo que se debe a que glosas una película de Rossellini de su época menos conocida, accesible... y celebrada. Mis Rosselini favoritos son "Europa 51", "Paisà", "Deutschland im Jahre Null", "Journey to Italy" y "Francesco, giullare di Dio", aunque he decir que no conozco la mayor parte de lo que hizo a partir de "Illibatezza" (incluyendo "La Prise de pouvoir par Louis XIV" y "Blaise Pascal") y que no he vuelto a ver "Atti degli apostoli" desde los once años, cuando se emitió en televisión.
Tras leer tu ensayo, Jesús, como no tengo "Il Messia" (y para hablar de ella me gustaría volverla a ver), vi anoche por segunda vez su obra más cercana, "Anno uno". No sé hasta qué punto lo que pueda decir es aplicable a "Il Messia", aunque en cualquier caso, la impresión que me produjo esta última es superior a la anterior.
"Anno uno" destaca por el uso de planos generales y de larga duración (algo, sobre todo lo primero, muy raro ya en aquellos años) y por su verbosidad (y llegado a cierto punto, los diálogos parecen monólogos y éstos, a su vez, dan la impresión de haberse sacado directamente de los discursos de De Gasperi). Rossellini se centra en la exposición de las ideas, pero para mi gusto de forma algo árida: los personajes hablan (encima sobre personas y situaciones del momento) largas parrafadas y en ocasiones, como en las charlas de café, sentados y sin hacer gestos. Tendré que verla otra vez porque no sabría decir si hace gala de sobriedad o de sequedad ni de si Rossellini ofrece los hechos en bruto o es que no los ha elaborado y de si lo que narra lo hace con distanciamiento o desinterés. Quizás no está implicado en lo que cuenta o quizás ha perdido el afecto o el respeto (que sobre el papel se supone que tiene y que debió sentir cuando asumió el proyecto) por el protagonista. Quizás, si la hay, un italiano pueda detectar la ironía o si la forma en que interpreta o declama Luigi Vannucchi es un poquito ampulosa o despectiva o engreída.
La abundancia del discurso y la poca empatía que transmite el protagonista da sensación de rigidez, y sin embargo, a la vez, Rossellini consigue, como en tantas ocasiones, que creamos que los hechos estén sucediendo en el momento (que ni nosotros ni el cámara sepamos si de pronto un personaje va a salir por la izquierda o por la derecha del cuadro; que los secundarios no sepan exactamente a dónde mirar o qué hacer, sobre todo en un momento importante... igual que sucede en la realidad y al contrario de la inmensa mayoría de las películas, donde realizan actos y gestos estudiados y ensayados).
En fin, Jesús, no sé si esto (en caso de que no haya dicho ningún disparate) tiene algo que ver con "Il Messia". Como es precisamente la única obra de esta etapa disponible, procuraré hacerme con ella.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

No, para mi gusto "Anno uno" está no sólo por debajo sino que es bastante opuesta a "Il Messia". Es una de sus películas más frías y morosas, árida, como dices.
"Il Messia" imagino que aquí se ha visto poco y además trata un asunto que suele espantar a mucha gente, que cree saber al dedillo cómo será sin acercarse a ella.
Mis Rossellini favoritos son los mismos que citas cambiando "Francesco..." por "Era notte a Roma" y no pudiendo poner "La prise..." que es inconcebible no meter ahí, con lo que por fuerza serían seis, con una pequeña diferencia sobre otro grupo donde irían "Strombili", "Blaise Pascal", "Il Messia", "La paura", "Agostino...", "Socrate" y demás. De entre los largos, sólo se me quedan alejadas de los primeros puestos "Vanina Vanini", "Anno uno" y las primeras antes de "Roma, cittá aperta".
La última media hora de "Il Messia" aparte de la para mí al menos evidente maestría que despliega, recupera afectivamente al gran Rossellini de siempre, con lo que resulta especialmente inolvidable.

Anónimo dijo...

Tengo prevención hacia las películas de Cristo primero por lo que tienen de "vidas ejemplares" (tanto por lo que supone de hagiografía como por el excesivo respeto con que se acercan al personaje) y segundo porque lo que narran lo conocemos de sobra (al menos los que hemos recibido educación religiosa) y aunque supongo que es cuestión de contar lo archisabido de otra forma (y con maestría, por supuesto) como han hecho tantos pintores al enfrentarse a anunciaciones, natividades o crucifixiones, en cine no ha sido alcanzado algo verdaderamente satisfactorio, que yo recuerde, ni siquiera por Pasolini o por Ray. Sólo despertó mi atención Scorsese en la primera mitad de "The Last Temptation of Christ" porque imaginaba nuevos y pausibles episodios de la juventud de Jesús. Y también de forma breve, e irónica, lo hizo Buñuel en "La Voie Lactée".
Por lo que recuerdo, Rossellini, aún contando la historia conocida, procuró hacerlo de otra manera (de forma directa e inmediata, como bien explicas, Jesús); y por otro lado, su acercamiento a Cristo fue con respeto e interés (tal y como hacía con cualquier otro ser humano), pero sin veneración: Rossellini miraba (y le miró) a la altura de los ojos.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Sí, ese es el ángulo que utiliza: verlo básicamente como alguien con una misión, de ahí el título del artículo y de ahí toda la introducción con los patriarcas, los profetas, etc.
Es curioso que dos cineastas que deben ser lo opuesto para tantos cinéfilos como Rossellini y DeMille ("King of Kings", la "secuela", "The sign of the cross" y la - suena fatal el término - "precuela", "The ten commandments", tres de las mejores suyas y esta última una de mis tres favoritas) sean los que se han aproximado a esta historia con mayor acierto y manteniendo cada uno su personalidad e intereses.

Anónimo dijo...

Excelente tu comentario sobre esta obra de Rossellini perteneciente a la etapa menos difundida y peor conocida, puede que las películas de dicha etapa no tenga la fuerza del mejor Rossellini (años 47 a 53), pese a que La prise de pouvoir par Louis XIV es casi tan buena como la mejor de aquellos años, pero necesitan de una recuperación inmediata con ediciones de calidad, me temo que en España queda lejano ese momento pero ahora que se está editando a Renoir excelentemente Rossellini podría ser la siguiente parada en busca de una videoteca digna para el espectador español.
Por otra parte he leído a Miguel Marías reivindicar un trabajo para televisión de Paul Newman titulado The shadow box, conoce alguien cómo conseguir esta obra, ya que suelo compartir el entusiasmo de Marías sobre Newman como director (creo que tanto Rachel,Rachel como The effect of Gamma Rays...; y The Glass Menagerie se encuentran indiscutiblemente entre las mejores películas, al menos entre las que yo he visto, de sus respectivas décadas(60, 70 y 80) y Harry and Son y lo que le corresponda, que parece ser que casi toda, de Sometimes a Great Nation son dos películas que no merecen la mala fama que tienen ya que son como mínimo excelentes. Por cierto en los tres títulos que considero culminantes de la obra de Newman Joanne Woodward demostró que ha sido una de las más grandes actrices que ha dado el cine americano, en este sentido la relación entre Newman director y Woodward actriz me recuerda, con todas las diferencias y matizaciones que se quieran hacer que son muchas (sin duda) a la de Cassavetes y Rowlands, algún día habría que analizar como estos dos grandes directores han construido con la complicidad de sus mujeres algunos de los personajes femeninos más complejo y apasionantes que han aparecido en una pantalla, todo ello además sin ningún tipo de concesión al lucimiento más facilón y por ello más aplaudido.

Jesús Cortés dijo...

Ojalá hubiese "demanda" de esos Rossellini finales pero mucho me temo que no. Creo que excepto esa época determinada que citas y no sé en qué medida por obvias razones históricas, Rossellini nunca ha interesado demasiado al público "moviegoer".
"The shadow box" se puede encontrar en DVD en USA y en alguna parte más creo recordar. De momento sin subtítulos de ninguna clase. Vale la pena verla aunque se domine poco el idioma porque es una de las mejores películas de los 80.
A mí también me parece Joanne Woodward muy buena actriz, también con McCarey y otros.

Anónimo dijo...

"Il Messia" está editada en DVD hasta aquí (tras Italia, Francia y supongo que algún otro lugar), y a mi modo de ver consigue contar de una manera original, ni hagiográfica ni naturalista y distinta esa historia mil veces contada, sin hacer hincapié en los aspectos más tópicos ni en los que más pueden desafiar una visión racionalista. Creo que se cuenta entre los mejores logros de una etapa de Rossellini más "fría", menos emocionante, más distanciada que la de la inmediata postguerra, que la de Ingrid Bergman y que la revisión a distancia de unos 15 años de los años finales de la guerra, pero enormemente importante y que contiene varias de sus obras maestras, "La Prise", "Attti degli Apostoli", "Il Messia", "Blaise Pascal", "Cartesius" sobre todo, pero también la miniserie sobre los Medici, "Socrate" y "Agostino di Ippona". "Anno uno" supone una ruptura dentro de esa línea; sospecho que fue un encargo de la Democracia Cristiana, aunque puede que también haya una reivindicación personal de última hora de sus frecuentes conexiones con gente de ese partido, que le valieron la inquina de la izquierda, lo mismo que sus contactos o coincidencias con el hijo de Mussolini durante la guerra, o con socialistas o comunistas más tarde le valieron críticas desde otros sectores.
Sabido es que, para hacer cine (o TV), Rossellini aceptaba ayuda/dinero/ideas/colaboración de quien fuera, aunque lo que luego hacía solía no responder a los deseos de ninguno de sus financiadores. Se le ha acusado de oportunista, de ambiguo. Quizá fuera una forma poco puritana de ser independiente.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Ah, creo recordar que donde conseguí una copia en DVD (en VO sin subtítulos) de "The Shadow Box" fue en Inglaterra, no en Estados Unidos.
Miguel Marías