miércoles, 7 de marzo de 2012

ESPACIOS REDUCIDOS

En una escena de "Osaka no yado" de Heinosuke Gosho, el estoico y observador Sr. Mita desenvuelve una manta que acaba de comprar. 
Creía haber adquirido una de buena calidad pero le hacen ver que le han timado. Se deshilacha.
Como muy habitualmente en el cine japonés, hay una alusión al cine americano contemporáneo: el papel en que venía envuelta, bien visible hasta con un pequeño inserto, es el poster de una película, "City that never sleeps", pequeño clásico underground de John H. Auer en 1953.
Mita, recreándose en el impactante cartel muy estilo comic, dice que todo el mundo se aprovecha de alguien, que así es el mundo que tanto le cuesta aceptar, la "regla del juego".
No es demasiado buena metáfora esa para referirse a lo que queda vivo o recuperable del cine de este director tan olvidado como desconcertante que fue Auer pero al menos, puede servir para despertar la curiosidad por su obra.
Por las condiciones de rodaje y los argumentos que daba por buenos o acataba como mejor podía, es probable que no haya muchas grandes películas en su filmografía pero, por la porción vista de su obra, sí abundantes ráfagas, trozos, mitades y hasta films enteros magníficos y desde luego tan vivos como extraños, como esos animales perdidos en confines alejados de la mano de Dios.
Decía que la alusión en ese impresionante Gosho no es muy certera porque queda un tanto inconclusa, confrontando y no conectando claramente con el carácter de ese personaje que lee la hermosa "The stars look down" de A. J. Cronin pese a que nada de lo que le rodea invita a creer demasiado en los seres humanos.
El estigma del cine negro - como género -, aunque pueda ser un componente parece que básico en su cine y más concretamente un cine simplemente turbio, oscuro, nada fiable, queda permanentemente en el cine de John H. Auer "discutido", escenificadas las más de las veces pugnas de rectas conductas contra el envilecimiento, sin fáciles claudicaciones.
Hasta cuando está presente simbólicamente en aventuras exóticas como la que cuenta "Angel on the Amazon" de 1948 o la muy delirante "The crime of Dr. Crespi" del 35, con un autoparódico Stroheim, rodada en cinco días y en  tres decorados, está presente ese leitmotiv por entonces ya tan poco de moda.
Con apenas un tercio de su obra disponible y sin salirse de los sistemas de producción de la Republic, brilla con fuerza su ideal y su planificación sobre todo en "Gangway for tomorrow" (43) o la segunda (hay otra anterior de 1936, sin relación, pero llamada exactamente igual; hasta en eso es especial) "A man betrayed" (1941 y si no me equivoco, la primera película donde aparecen juntos John Wayne y Ward Bond) - a las que uno imagina sin grandes esfuerzos al lado de muchos Tourneur o Siodmak de esos años -, en los insólitos dramas "Hell's half acre", "I, Jane Doe" o "Johnny Trouble", en la peripecia bélica de retaguardia "The eternal sea" (de 1955, una buena piedra de toque para iniciarse en su cine, algo más holgada de presupuesto e ignoto y tardío reflejo americano del espíritu del cine inglés en tiempos de guerra y hasta antepasado lejano en varios y curiosos aspectos de "The wings of eagles"; lamentablemente también una de las menos difundidas) o la citada y más ambiciosa aún - con elementos de cine fantástico, langianos, cukorianos y casi buñuelianos - "City that never sleeps".
Todas ellas, como las más imaginativas de entre las paupérrimas filmadas por Edward Ludwig, Ted Tetzlaff, Lewis R. Foster o Edgar G. Ulmer, parecen ahora más generosas - rejuvenecidas sus urgencias y sus agujeros narrativos y no pienso en la nouvelle vague, sino en su presente antagonista: el cine americano actual, incapaz en dos horas de desarrollar coherentemente guiones que daban para hora y cuarto - de lo que con toda seguridad se consideraron en su día.
Ese citado componente que coquetea constantemente con el thriller y que aparece alevosamente cuando ni se espera en forma de iluminación contrastada, otras como un secundario fuera de tono, tal vez una elipsis demasiado brutal o un retroceso temporal en la trama originado por amnesias y lagunas mentales varias, emparenta su cine más con el de ningún otro realizador, con el de un cineasta relacionado siempre con la bonhomía y la noble lucha por la justicia, Frank Capra.
También otras cintas del maestro (de "I, Jane Doe" huelga referir la conexión; en "Johnny Trouble" hay un paralelismo diáfano con "You can't take it with you", etc.), pero sobre todo su obra definitiva y clave, "It's a wonderful life" - que se filtra en tal número de películas de después de la guerra como las que se habían visto alteradas en su concepción, reparto, ambiente, luz y profundidad psicológica por "Citizen Kane" o "Rebecca" durante la contienda - seguro que redefinió su visión del cine y de ella derivan las ramificaciones, y ampliaciones de todas las que sucedieron a su descubrimiento.
Sobre todo por ese superlativo (y no era la primera tentativa de Capra obviamente en ese sentido) retrato de fondo de pequeñas o grandes localidades de la NorteAmérica de las grandes igualdades donde pierden las esperanzas, envejecen y se agrian, tantas y tantas personas, no demasiado soñadoras o aspirantes a ser alguien en la vida, pero que al menos necesitan imperiosamente ciertas cosas (recompensas, certezas, sentir un orden, una decencia) para seguir viviendo y si les faltan, no se reconocerán más a ellos mismos.
De decorados de majors laboriosamente preparados en los platós pero también de sus planteamientos, sus fondos argumentales, sus avances o sus puestas en valor de algún viejo hallazgo, vivían directores como Auer, capaces de construir y hacer variaciones sobre sus elementos o, a partir de ellos, retomar alguno, quizá no de los más llamativos, sin parasitarlos y hacer algo de provecho. 
En especial como apuntaba en esa muy sólida "City that never sleeps", que se fija atentamente en cómo Capra dibujó, mirando desde lo alto de las cualidades humanas, las circunstancias que habían conducido o estaban a punto de conducir a sus personajes a un callejón (moral y de futuro) sin salida: recordemos al amargado Sr. Potter (Lionel Barrymore), a la girl next door Violet (Gloria Grahame), a la dulce y sensible Donna Reed, hace muchos años al farmaceútico Grower (H.B. Warner) que tuvo un error fatal por el que murió el pequeño Harry Bailey... y desde luego a George (Jimmy Stewart), aún casi todos con una posibilidad de recuperar lo perdido.
Es por ello esta última noche en el Cuerpo de un policía en crisis (Gig Young), que es tentado por un abogado mafioso (Edward Arnold) para que le haga un trabajo sucio, por consiguiente, un recorrido más que por los garitos y la jungla callejera de Chicago, por la débil moral de la época, con "ángel de la guarda" incluído, su compañero de ronda Joe, que surje de la nada esa noche en que pensaba en dejarlo todo y largarse con una chica mala (casualmente Mala Powers).
Tan intensa y variada como la galería de personajes que la pueblan, "City that never sleeps" se contempla ahora como una gema en bruto, sucia, con ganga, claros puntos de fuga, saltos y batacazos, quizá ganas de abarcar demasiado terreno o hacerlo en demasiado poco tiempo, pero también de un brillo cegador, ideas a borbotones, punch, movimiento constante, belleza arrancada ansiosamente a cada encuadre, a cada diálogo... todo esos enganches de la cinefilia. 

22 comentarios:

Anónimo dijo...

"City That Never Sleeps" es la única que me ha quedado grabada de las 3 o 4 vistas de Auer. No creo que el guión sea de los que se estudian en las escuelas, aquí los personajes inicialmente secundarios toman a menudo las riendas de la trama (como en el célebre caso de Winchester '73 pero con la particularidad de que aquí toda la acción se desarrolla en una noche) y, como bien dices, está salpicado de extrañas elipsis y giros. Y el caso es que funciona e incluso sugiere más de lo que vemos.
A destacar sobre todo a William Talman, secundario de gran presencia y corta pero interesantísima filmografía.
Ángel

Jesús Cortés dijo...

A Auer en las escuelas me figuro que no pero Scorsese desde luego tomó "prestadas" muchas cosas para "Afterhours" y sobre todo para "Bringing out the dead" e incluso tengo entendido que guardaba en casa una copia de las mejores conservadas del film y a él si lo estudian en las escuelas de cine.

Anónimo dijo...

Hola Jesús, muy buenas. He visto la referencia a Wayne y Bond y me ha extrañado que no hubieran trabajado juntos antes (creo recordar que antes de entrar en el cine habían sido jugadores de rugby del mismo equipo universitario) así que me he puesto a buscar filmografías y he comprobado que ya en 1929 coincidieron en “Salute” de Ford. Y también lo volvieron a hacer en 1931 en “The Big Trail”, de Walsh; por desgracia a Ford no le sentó tan mal que Wayne se hubiese estrenado como protagonista con otro director que lo echó de su lado (y no sé qué falta imperdonable también debió cometer Bond para que también dejase de trabajar con él). Menos mal que a finales de los treinta a Ford debió pasársele el berrinche ya que, desde “Submarine Patrol”, Bond participará muy a menudo en sus películas y, desde “Stagecoach”, también Wayne. Y antes de que Auer los reuniera, volvieron a coincidir en “The Long Voyage Home”.
Wayne y Bond, dos grandes subvalorados.
Rodrigo Dueñas

Anónimo dijo...

Veo que también coincidieron en 1936 en “Conflict”, de David Howard, en la época en que Wayne protagonizaba películas de serie B.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Sí, yo ni lo comprobé, fue una suposición algo aventurada.

Anónimo dijo...

Eran muy amigos. Y en las películas se nota.
Y supongo que Wayne le echó una mano siempre que pudo: recuerdo por ejemplo la penúltima de Borzage, que produjo Wayne.
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

La estupenda "China doll" ¿no?. A ver si pronto puede verse en condiciones "The Big Fisherman", aunque parece complicado que la restituyan a su estado original.
Todos los Borzage de después de la guerra son como mínimo muy interesantes. Yo hace poco pude ver uno que no conocía, "That's my man" del 47, casi extraordinario y bien grave en su parte dramática. Me recordó un poco a "Salty O'Rourke" un Walsh poco visto, modesto - sin duda tomado por "menor" sin verlo por los que pudieron hacerlo -, sencillo y emocionante, una maravilla, como varios de los últimos Wellman.

Duke dijo...

De Auer solo recuerdo haber visto su A Man Betrayed (la del 41) en una copia VHS perruna, y recuerdo que me resultó muy poca cosa, a diferencia de otros títulos protagonizados por Wayne en esa época para la Republic. Creo que le daré otra oportunidad, así como intentaré darle un visionado a alguna más de la que comenta Jesús.
De la producción de la Republic hay muchas cosas valiosas que rescatar todavía de Witney, Kane, Vorhaus, Sherman y demás...

Sobre Wayne, Bond y su relación con Ford en los 30, es cierto que no les dio trabajo a ninguno de los dos en esta época, pero fue a nivel profesional básicamente (a Wayne sí que le hizo el vacío total durante dos años a raíz de The Big Trail), pues en lo personal seguían teniendo las mismas juergas alcohólicas y vacaciones en el Araner de siempre.

Jesús Cortés dijo...

"A man betrayed" es de las más inverosímiles que conozco suyas, puro cast against type que dinamita cualquier atisbo de equilibrio. Difícil apartar la vista de la pantalla, como en "Adventure in Manhattan" de Ludwig o "When strangers marry" de Castle.

Anónimo dijo...

Sí, “China Doll” es muy buena. De la última etapa de Borzage (es una pena que le fueran tan bien las cosas porque, al no verse obligado a hacer películas y no poder tampoco hacerlas a su completo gusto, decidió durante diez años –que podrían haber sido decisivos- dejar el cine) es excepcional “Moonrise”. Su arranque (como su desarrollo) es inolvidable.
De “I’Ve Always Loved You” tengo recuerdos borrosos, así como de “That’s My Man”. De esta última (si no me estoy confundiendo de película) recuerdo que era muy engolada la actriz protagonista, parecía como si todo estuviera hecho en función de ella y que los planos se habían repetido treinta veces hasta que hubiera quedado satisfecha: todo resultaba impecable, pero tan elaborado que resultaba artificioso. ¿Me equivoco? ¿era así?
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Es la misma de la magistral "I´ve always loved you", Catherine McLeod, con poca experiencia. Yo no la percibí engolada, pero al lado del tranquilísimo Don Ameche, cualquiera parecería exaltado.
Y es cierto que esa laguna es dramática, tanto como las de Ophüls o Sternberg.

Miguel Marías dijo...

Veo que has logrado ver bastantes (más que yo) del misterioso, errático y concienzudo John H. Auer, de quien me fascina cómo planifica y mueve la cámara... hasta cuando lo hace sobre el vacío o el disparate. Es justo lo contrario de lo que impera hoy día en el cine americano, que derrocha tiempo y dinero en desaprovechar sistemáticamente historias con posibilidades, mientras que Auer - y tantos otros - intentaban hacer lo mejor posible hasta lo imposible y lo increíble, con un sentido de la economía narrativa que hacía eficaces (y hasta fascinantes) la estrechez de medios en la que casi siempre se desenvolvían. Estoy seguro de que, entre las muchas de Auer que desconozco, si por ventura alguna vez se topó con un guión realmente bueno y coherente, conseguiría hacer una película verdaderamente notable. ¿Alguien ha logrado ver alguna de las películas mexicanas de este húngaro errante?

Luis dijo...

Me apunto un director más a descubrir, ¡qué barbaridad! ¡Cuánto cine habéis visto!
Aunque no sé si "La ciudad que nunca duerme" será mi primer objetivo, pues he investigado y veo que en ella sale la actriz Mala Powers... Una actriz realmente mala (sin jugar con las palabras), al menos en una versión que yo vi hace unos años de "Cyrano de Bergerac" (película muy pobre) dirigida por Michael Gordon (el de "Pillow Talk").

Anónimo dijo...

Hola Jesús, lo que viene a continuación viene a cuento de tu artículo sobre Auer (de quien, que recuerde, no he visto nada), el último por el momento de este catálogo singular que estás haciendo de directores y películas desconocidas, olvidadas o minusvaloradas.
Estoy leyendo la autobiografía de Capra y en el prólogo que le dedica Ford lo coloca al frente de “esa selecta compañía de directores de cine realmente espléndidos, hombres como Bill Wellman, Fred Zinnemann, George Stevens, George Seaton, Billy Wilder, Henry Hathaway, el difunto Leo McCarey, y (en el extranjero) Jean Renoir, Fellini, De Sica, Sir Carol Reed y David Lean”. Dejando para otro momento las ausencias, me sorprende sobremanera entre las presencias la de George Seaton. ¿Has visto obras suyas? ¿De verdad merece la pena?
Rodrigo Dueñas

Jesús Cortés dijo...

Sobre lo que dice Miguel, creo que "The eternal sea" es lo más equilibrado que nunca hizo. Y no, no he visto ningna película mexicana suya ni sabía que las hubiese siquiera.
Respecto a lo que apunta Luis sobre Mala Powers, creo que es tan mala o buena actriz como muchas y muchos de serie b. Los que tuvieron la suerte de topar con un papel o un film distintos, parecen ahora mejores. Esta es de las que no sale en ninguno emblemático.
Y de lo que pregunta Rodrigo, de George Seaton habré visto como diez o doce (la mitad, creo, de las que hizo), la mayoría plomizas aunque muy correctas, pero una sí me parece extraordinaria, "The counterfeit traitor" del 62, con unos veinte minutos finales inolvidables de verdad. Aparte y por descontado, es el guionista de "The song of Bernadette" de King, uno de los mejores libretos de la historia.

Anónimo dijo...

Yo habré visto también una decena de George Seaton y no tengo debilidad por ninguna. La película por la que es recordado, "Miracle on 34th Street", simplemente demuestra lo bueno que era Capra y lo difícil que es hacer películas caprianas. "The Counterfeit Traitor" es la más interesante desde el punto de vista dramático pero el macguffin no da para tanto metraje. También "36 Hours" pudo haber sido una gran película pero se queda a medio camino. Una que no he visto y que Andrew Sarris ponía muy bien es "Little Boy Lost", quizá por ahí se pueda sacar algo más.
Ángel

Miguel Marías dijo...

Mi recuerdo (infantil) de "Little Boy Lost" es execrable, o casi, como lo son gran parte de las películas de Seaton, desde "The Big Lift" a "The Country Girl", y especialmente la "trascendente" escrita por Vahé Katcha en 1963 o "The Proud and the Profane" en los 50. Pero antes, casi sólo en los 40, hizo algunas discretas, deudoras o emuladoras de Capra. "The Counterfeit Traitor" es de lejísimos la mejor, quizá por ser una historia real, no inventada por Seaton; a mí me parece magistral, y no le veo McGuffin, ni se me hace pesada un solo instante, y eso que desde su estreno la he visto un montón de veces, sin que jamás decaiga mi interés.
Que algún Auer sea "capriano" hace pensar que Capra citaba a los que sentía de algún modo próximos, afines o hasta seguidores, ¿no?

Anónimo dijo...

Hola, Miguel. El responsable de esa lista de grandes directores es John Ford. No termino de comprender por qué incluyó a Seaton; esperaba que me descubriérais o que reivindicárais algunas obras suyas, pero veo que no es el caso. Tampoco creo que fuera un director prestigioso en esa época y que por ello fuera preciso citarle, como parece que hace Ford (claro que a la vez aprovecha para incluir a otros menos valorados o conocidos y que ciertamente le gustan más) con algunos para reforzar el homenaje a Capra. Ford estaba escribiendo el prólogo de un libro que iba a ser leído y juzgado por la sociedad y la crítica norteamericana y por eso se atuvo un poco a lo aceptado por la mayoría. Más cercano a lo que pensaba seguro que era, por ejemplo, lo que le dijo a Tavernier (en una entrevista en el extranjero, para una revista -que conoces de sobra, Miguel: tú la traduciste-) cuando señaló que sus directores favoritos eran McCarey, Capra, Walsh, Garnett, King y Fuller.
Rodrigo Dueñas

Miguel Marías dijo...

Ah, gracias por la aclaración, la verdad es que no recordaba el prólogo, muy de compromiso y de amistad, de Ford a la autobiografía de Capra. Sigo pensando que esa lista de gente se la soplaría quizá el mismo Capra, aunque, tras ver excelente "The Eternal Sea", un año anterior a "The Wings of Eagles" y con cierto parentesco (y seguro que a Ford le ensañaban las películas de la Republic) quizá la mención de Auer fuera de su propia cosecha. Por lo demás, Seaton llegó a tener un enorme prestigio, y no recuerdo si él (no me interesan nada los Óscares), pero desde luego "The Country Girl" fue premiadísima.
Los que por entonces encontraban a Ford, Renoir, Lang o Rossellini en decadencia y a Hawks inexistente lo apreciaban mucho.

Anónimo dijo...

Hola, Miguel, veo que se presta a malentendido la referencia a la lista de Ford tal como la escribí: a quien coloca a la cabeza de los directores no es a Auer, sino a Capra.
Y ya que estamos, puesto que Ford no se prodigó en entrevistas (y menos aún, se explayó en ellas) y como la escritura no era su fuerte (escribió muy poco, y lo que conozco tiene el valor del prólogo para Capra), estoy pensando que sus gustos, pensamientos, confidencias, pudo hacerlas en la biografía que escribió su nieto y en la que creo que (asombrosamente -aunque, claro, era su nieto-) colaboró. ¿Merece esa biografía la pena? Dando por sentado que contiene información de primera mano, es raro que los biógrafos de Ford apenas la citen (claro que los biógrafos parecen tener el prurito de no citar lo que otros han hecho antes).
Rodrigo Dueñas

Miguel Marías dijo...

Hola, Rodrigo. De Ford era interesante una pintoresca lista de las películas más importantes de la Historia del Cine, supongo que para él y sin esforzarse mucho; no recuerdo ya dónde se publicó, creo que la citaron en una nota a pie de página en "Positif", en la que votaba cosas bien curiosas: un Walsh hoy perdido de 1915 o así, 2 de Henry King, una de Capra... y una también una suya, no me acuerdo cuál; si no me equivoco, todas eran americanas (quizá menos una), y no citaba ni a Griffith ni a Hawks ni a Murnau, creo que tampoco a Renoir ni a McCarey ni a Chaplin, quizá si a Wellman. Y también incluía alguna que me extrañó particularmente, tal vez de Sam Wood o de Victor Fleming... es un recuerdo borroso, y no muy interesante.
"Pop" hace mucho que lo leí, y la verdad es que me decepcionó totalmente; no recuerdo nada que me pareciera interesante, revelador o novedoso. No creo que sea una buena fuente de información, ni nada directa, ni siquiera muy fiable; me parece que, como casi todos, entrevistó a viejos conocidos aún en vida, algunos de ellos muy poco fordistas, y no creo que tuviese mucho trato con su abuelo ni que éste le echara una mano. Creo que por eso no suele citarlo casi nadie. Nunca me acuerdo de su existencia. Mucho más interesante (aunque no hable sólo sobre Ford) es la autobiografía de Harry Carey,Jr.

Anónimo dijo...

Hola, Miguel. He buscado la lista y la he encontrado en el libro de Gallagher (se publicó en 1964 en “Cinema”). Allá va:
1. The Birth of a Nation (Griffith. 1915). 2. The Honor System (Walsh. 1916). 3. 3 Godfathers (Ford. 1948). 4. Ninotchka (Lubitsch. 1939). 5. The High and the Mighty (Wellman. 1954). 6. Tol’able David (King. 1921). 7. The Song of Bernardette (King. 1943). 8. Lady for a Day (Capra. 1933). 9. Going my Way (McCarey. 1944). 10. El Alamo (Wayne. 1960).
Todos los directores (menos el último) no sólo son extraordinarios sino que, además, eran muy apreciados por Ford. Así que, aunque podía haber puesto otras películas, sí parece que se tomó en serio hacer la lista. Una de las seleccionadas está bastante bien pensada: la de McCarey, que es de las que hizo este director (junto con "Make Way for Tomorrow"), la más afín a Ford. En cuanto a directores, faltan ciertamente Murnau, Chaplin y Renoir.
En lo referente a la obra de Dan Ford, recuerdo que en una biografía sobre su abuelo (creo que en la de Eyman) se la citaba pues señalaba que al rodaje de "The Searchers" Ford, entre otros muchos libros, se había llevado la "Historia del declive y caída del Imperio romano", información que me pareció muy reveladora. Ojalá conociéramos las listas de los libros que interesaron a Ford (y ya puestos, cuándo los leyó).
Y ya que estamos con las lecturas de Ford, acabo con una decepción: me enteré de que uno de sus libros favoritos era "La compañía blanca" de Conan Doyle (que a su vez la consideraba su mejor obra). Tanto le gustaba a Ford que varias veces trató (incluso con Bronston) de llevarla al cine. Cuando conseguí la novela no pude, por más esfuerzos que hice, pasar de leer más de un tercio. Para mi desgracia, no resultó ser cercana, ni por asomo, a "La flecha negra".

Rodrigo Dueñas