martes, 2 de septiembre de 2014

SUSTITUTOS

Apropiadamente situada tras sus primeros triunfos en el thriller e inmersa de lleno en la serie de películas donde retomaba o remataba los Lubitsch postreros - con relectura incluida del más revolucionario y bien que se la podría haber ahorrado: "The fan" - el impacto de una película desconcertante como "Daisy Kenyon" parece ciertamente tan indescriptible como la mencionada alternancia de tonos en que se movía Otto Preminger.  
Si había un Preminger previo a "Laura" y otro iba tomando forma conforme filmaba a la par del maestro, "Daisy Kenyon" es la auténtica revelación de su talento "definitivo", el que desarrollará durante los años 50 y 60 ampliando el radio de lo aquí ya expuesto, pero tal vez no mejorándolo en lo sustancial.
No habrá película mejor escrita ni mayor emoción en su cine, mayor misterio incluso que el que reside en esta pieza enteramente rodada en estudio, sin lujos, tan robusta y febril que en muchos momentos hay que volver a fijarse en los fondos de los encuadres para advertir si es de día o de noche, dónde podemos estar, cuánto tiempo ha podido transcurrir desde el plano anterior.
Aquel cine "de mujeres" producido durante la guerra y del que Joan Crawford había sido todo un icono, no iba a ser tan fácilmente desplazado de un manotazo por la resaca de la vuelta o el júbilo por la victoria que alimentaron al cine negro, a los nuevos westerns, a los ecos "europeos" presentes en tantas cintas calificadas con las letras de la b a la z, representando "Daisy Kenyon" un hito en toda regla del entendimiento de lo que realmente era capaz de comprender meridianamente el espectador, mujer u hombre, a esas alturas de la historia del cine.
Y no por analizar, con esa precisión (por primera vez bien cruda, llamando a las cosas por su nombre, sin esquivar los tabúes) característica en su autor, lo que ocurre "más adelante" a personajes que pudieron ser de los Ray, Lupino o Losey fundacionales (y que de hecho serán de ellos en cuanto completen una serie de films centrados en las edades más inestables: quizá sólo "They live by night", "Knock on any door", "Not wanted", "Never fear", "Outrage", "The boy with the green hair" y "The big night"), podría Preminger ni por un instante mirar con superioridad al idealismo y al espíritu de tentativa que fue primordial en esos sus contemporáneos, porque de esa misma materia están hechos todos los personajes a los que penetrantemente más y mejor mira.
El corazón del film no está por ello en sus numerosas audacias, sino en uno de estos referentes, el personaje que interpreta un ya maduro Henry Fonda
Tal vez muy simplistamente, pero se puede conocer un poco de la evolución del cine americano en su época de máximo esplendor mirando sólo a Fonda.
Este taciturno Peter Lapham es quizá el primero de todos los Fonda que ya "ha vivido", el primero con una segunda - y nunca imaginada - oportunidad encarnada en Daisy Kenyon, a la que encuentra entre todas las mujeres que habían dejado de existir mientras vivió Susie.
Aquel Fonda que "construyeron" FordLang o King, catapultado entre emociones hacia la memoria imperecedera del espectador, aquí a todos confunde, nadie le puede anticipar un gesto.
Surge y desaparece siempre de improviso, como un fantasma al que los tiempos de los vivos le son ajenos. Mantiene todo el film la misma actitud dulce e incorpórea. 
Después de perder a su mujer y haber combatido en un infierno de guerra, ya no sabe nada de códigos - cruzó unas cartas con ella, educadas seguramente, pero que se han convertido en algo especial para su afligida mente - ni identifica enemigos: sonríe sin ironía al cruzarse en el portal con el que positivamente sabe es el hombre casado que tiene por amante a la mujer que él pretende y hasta sentado en una escalera reconoce que el tipo no le cae mal.
Con ese poder para no contagiarse de las lógicas y las costumbres de los demás, hasta resulta perfectamente adecuada una escena de seducción como la que aquí hace, vestido con un pijama.
Esencializado y adaptado a otra edad, a otros vientos, no hay Fonda más Fonda que el de Preminger, el de "Daisy Kenyon" y el de "Advise and consent".
Y, más simplistamente aún, al cine americano le quedan ya poco más que los andares. Los de Clint Eastwood, que recuerdan a los de Fonda.
En 1947 no, porque esta variación "no consumada", seria (y mucho más rica) sobre "Design for living" - en varias escenas es literalmente su negativo: versa de amores y anhelos no completados y las derivas causadas por ello - obra sin aparente esfuerzo el milagro de convertir en progresista y liberal al personaje más anticuado, al que escucha más tiempo del que habla, al que se da menos importancia y al que anda menos preocupado por su futuro.
De parecidas hazañas, que debieran ser la cumbre de un trabajo minucioso iniciado hace muchos años, se llenará la filmografía de Preminger en la siguiente década (un inusitado musical dramático, el más admirable western dirigido por un extranjero, varios epics política y diplomáticamente anticipatorios para todas las décadas por venir...) sin previo aviso.
Resulta excitante aquí verlo crecer: cuando Daisy tiene su accidente de coche, lentamente reencuadra hacia un plano general en vez de cortar. Su famoso plano-secuencia "explicándose" ante nuestros ojos, para preservar una soledad y una tensión, sin que prive la integridad física de ella (sabemos que está bien porque no acude un plano corto a informarnos) y sí su estado de ánimo.
Tal vez sea aventurado pero no inverosímil suponer que el brillante guión del malogrado David Hertz, un consumado especialista en comedias, "se enrareció" hasta convertirse en este melodrama sin efectos melodramáticos, inasible, tan claro que la ambigüedad le es desconocida, un elemento que es un bastión para toda su obra.
El más incomprendido.

8 comentarios:

Roberto Amaba dijo...

Siempre ha sido mi peli favorita de Preminger, y de mis favoritas más allá de Preminger.

Un saludo Jesús.

Jesús Cortés dijo...

Sí, al mismo nivel de "Advise and consent", "River of no return", "Anatomy of a murder", "In harm's way", "Where the sidewalk ends", "Exodus" o "The Cardinal".

Miguel Marías dijo...

Muy bonito texto sobre "DK", que es, desde luego, de las 3 o 4 mejores de Preminger (y la más insólita, inclasificable y sorprendente), de lo mejor de los años 40, con un reparto perfecto. A la vez la evidencia y el misterio.

Rodrigo Dueñas dijo...

Tan singular, tan extrema que no parece haber dejado descendencia. Y sin embargo, la obra cumbre de Wilder (más que de la confesada "Brief encounter", de la que sólo toma una idea, que le sirve de punto de partida), bebe en los tres protagonistas y en sus relaciones mutuas. También algo quedó en Rohmer, cuya obra se centra en la observación, a cierta distancia, de personajes verbosos que analizan con pormenor sus conflictos sentimentales.
Personajes atormentados y a la vez firmes. Cuando la película se centra en cualquiera de los tres principales nos convencemos de que ése es el verdadero, el absoluto protagonista.
Áspera y refinada, franca y evasiva, amarga y optimista. Tan clásica, tan extremadamente clásica, que resulta barroca.

miguel b dijo...

No he visto todavía esta película de Preminger, un director al que estoy viendo/revisando estos últimos meses (voy lento). Ayer me enteré de la noticia de que había salido, al fin, un bluray de The Human Factor con el aspect ratio correcto, sin mutilación alguna. Ganas de verla por fin como debe ser.

Para mi el Fonda más Fonda siempre ha sido el Lincoln de Ford, me ha sorprendido esa sentencia. Otra razón para verla.

Jesús Cortés dijo...

Pienso que de cualquier intérprete con carrera extensa o de considerable duración al menos, hay que considerar todas sus "edades".
El joven Fonda de los 30 y primeros 40 adquirió luego nuevos matices sin desnaturalizarse ni malograrse y hubo cineastas (sobre todo Preminger, también Mann y no hay que olvidar a Siegel, Fleischer, Kennedy y otros) que supieron registrar su "esencia", más dispersa al no ser actor recurrente de casi ningún director como Wayne.
Todos los atributos del gran Fonda de "You only live once" o "The grapes of wrath" están sin caricatura ni forzamiento alguno en estas elípticas y profundas apariciones que hace en "Daisy Kenyon" y "Advise and consent".

Anónimo dijo...

Voy completando la filmografía de Preminger y ayer le tocó el turno a Such Good Friends. ¿Qué opinión te merece Jesús?
Saludos

Fernando

Jesús Cortés dijo...

Es la última (y no por ello buena, menos disidente en todo caso) de ese trío de películas en que se apeó de su largamente perfeccionado magisterio de puesta en escena en continuidad. Ahora parece un disparate porque son los films más datados y que peor han envejecido de su obra, pero supongo que trataba de actualizarse.
Tampoco "Rosebud", donde trató de dar marcha atrás es muy lucido.
Son films que hay que ver, con cosas aisladas (hasta "Skidoo", para mi gusto la peor), ninguno es realmente indigno o insufrible, pero el escalón desde "Hurry sundown" (hasta remontar de verdad con "Human factor") es considerable.