lunes, 5 de mayo de 2008

ELDÍA DE LOS FORAJIDOS (Day of the outlaw, 1959)- ANDRÉ DE TOTH

Cualquiera que tenga a André de Toth por un artesano competente (variedad: con pedigrí europeo) debiera ver sobre todo este extraño y árido western de 1959, para mí la cumbre de su cine y una de las películas del oeste más secas, decantadas y misteriosas de la historia del género.
Es la película de De Toth más cercana a Nicholas Ray. Incluso podríamos establecer un curioso paralelismo con "Wind across the everglades"(1958), no en la base argumental pero sí en tres puntos importantes: la presencia de un temible Burl Ives, la relación que establece (en contra de cualquier canon narrativo clásico) con el personaje de Robert Ryan y la presencia de la naturaleza como escenario de vida y muerte por encima de los hombres.
Una banda de ladrones ha robado la paga del ejército y se atrinchera huyendo de la caballería en un helado poblado entre montañas. Allí, Blaze (Robert Ryan), un hombre que llegó antes que los ganaderos, cuando el territorio era salvaje e inexplorado, vive los últimos coletazos, amargos y contradictorios, de su historia de amor con Helen (Tina Louise), que ya se casó con un granjero (Hal), un hombre mayor que ella y que encabeza el enfrentamiento con el propio Blaze por la colocación de alambradas para la crianza del ganado.
El conflicto tiene resonancias de otras películas importantes: "Man without a star"(1955) de King Vidor - crianza de ganado en un territorio que alguna vez fue escenario de una conquista - y "Gunman´s walk"(1958) de Phil Karlson, - enfrentamientos generacionales entre pioneros y nuevos ciudadanos - sobre todo, pero también buena parte de la obra de Anthony Mann en los 50.
Cuando la tensión entre ellos está a punto de estallar entra en acción la banda encabezada por Burl Ives (el capitán Bruhn). Un extraordinario travelling introduce a los nuevos personajes. Blaze desafía a Hal y los ganaderos a enfrentarse a él haciendo rodar una botella de whisky vacía por la barra del bar. Cuando la botella caiga disparará. En ese momento entra en plano por la izquierda Bruhn que coge la botella. La escena anuncia ya un elemento que será fundamental en el desarrollo del film. Bruhn no quiere que sus hombres pierdan el control y les prohibirá beber; una sencilla metáfora que señala dos puntos importantes sobre los que se construirá la acción: el dominio precario de las situaciones que va a tener Bruhn, simepre a punto de ser traicionado por su banda (más aún porque está herido de bala en el pecho) y el extraño lazo que se establece entre él y Blaze, que será el motor de la segunda mitad del film.
Recordemos a Burl Ives en la película de Ray. Christopher Plummer reconocía al villano pero también al hombre libre de prejuicios sociales, al monstruo y al hombre sin domesticar que en el momento de su muerte apelará a la propia crueldad de la naturaleza como su verdugo. Preferirá morir a manos de quien le permitió ser libre. Cuando Blaze se ofrece a guiar a la banda de Bruhn a través de un inexistente paso entre las montañas que les permita escapar de la ley (una ley que en el poblado parece encarnar el propio Blaze), Bruhn comprende que es la única forma de morir sin someterse a ninguna regla. Morirá sobre su caballo (el veterinario que le extrae la bala ya lo advierte sin que él lo sepa) o congelado, pero no se sentará ante ningún juez. Esta última parte de la película, que se alarga cuando creemos que toca s su fin es la que hace de este film una obra maestra.
Muchos directores se hubieran conformado con cerrar con el plano en el que Blaze sale a caballo del pueblo con la banda detrás: asume su destino y se sacrifica por la comunidad, pero la película depara dos giros argumentales más: morirá Bruhn y Blaze parece erigirse en jefe de la banda y el giro final cuando Blaze regresa al pueblo para inicar una nueva andadura. Esta última parte, fulleriana en su desarrollo (a Fuller le encantaría el detalle de que el forajido Tex no pueda matar a Blaze porque sus dedos se han congelado cuando lo tiene encañonado) es lo mejor que rodó de Toth en toda su carrera. Es tan vívido el sufrimiento de los caballos, el frío, la violencia contenida de los personajes, la muerte rondando sus cabezas...
Un film extraodinario

1 comentario:

Belerofonte dijo...

Increible película que vi recién ayer, en una búsqueda de films del hasta ahora desconocido para mi De Toth. Su comentario es una maravilla. Lo felicito.