sábado, 3 de noviembre de 2018

LOS ROSTROS DE LA POLÍTICA Y LA ESTÉTICA

Como si fuera un apéndice, una variación breve y modesta a la sombra de "Histoire(s) du cinéma", la gran memoria del pensamiento cinematográfico erigida por Jean-Luc Godard durante una década, "Cinéma documentaire, fragments d'une histoire" es además una de las varias entregas desapercibidas y recientes de Jean-Louis Comolli, ya setenta y siete años y aún tan activo como siempre.
Tal vez por la coincidencia de que se estrenó en 1981 - año de mal agüero institucional en España -, su segundo largo, "L'ombre rouge", una historia de espionaje en nuestra Guerra Civil de sospechosamente pésima reputación - y que yo encuentro admirable -, la indiferencia cayó a plomo sobre cualquier cosa que pudiera hacer Comolli, lúcido observador y fabulador sobre lo que nos ocurrió en el pasado y pertinaz cronista de un asunto que decimos de boquilla nos importa mucho desde aquellos momentos de zozobra: la democracia y cómo se mueve, de dónde surge, que es la única forma de saber utilizarla sin quejarse, ni creernos víctimas de fuerzas inabordables; hablo obviamente de su serie de films "electorales" marselleses, que recorren una década de su producción.
"Cinéma documentaire, fragments d'une histoire" (2014), que quizá no tendría este aspecto epistolar, en capítulos, sugerente en conexiones hacia delante y hacia detrás en el tiempo, levemente épico, de no ser por la coda dejada por esa obra magna de Jean-Luc, es, como decía, un alto en el camino, un film retrospectivo.
Tanto es así que nada posterior a "La Cecilia", su, en otros tiempos clave, debut en el largometraje, aparece en el film, con lo que este es el pasado y su pasado, los cineastas que más le importaron de entre los que alcanzaron hitos en el cine documental, glosados en una suerte - siguiendo la terminología godardiana - de notas o momentos escogidos de una historia que ha debido ser siempre explicada y vuelta a explicar.
Desde los Lumière a Imamura, pasando por Vertov, Flaherty, Buñuel, van der Keuken, Resnais, Franju, Brault & Perrault, Bernstein & Hitchcock, Rouch & Morin, Pialat, de Seta, Debord o Marker, Comolli recuerda y anota en su libreta un torrente de ideas sobre sus películas y sobre la frontera entre documento y ficción, una línea difusa literalmente desde el principio, desde el primer plano de "La sortie de l'usine Lumière à Lyon", en el que vemos al encargado de dar la señal para la salida de los trabajadores que saben van a ser filmados y ya no caminan ni miran de la misma manera que el día anterior.  
Volver a todos ellos, tan atrás y tan lejos, trasluce además una de las más antiguas ambiciones de los cineastas "de su clase", la de mostrar lo inédito, ir a donde nadie antes fue con una cámara: entrar por primera vez en un iglú o un campo de concentración, acompañar a quienes nadie había prestado atención (los mineros, los pescadores, los matarifes, los habitantes de una región abandonada, los campesinos...), recorrer África o el Vietnam en guerra, llegando hasta las revoluciones filmadas por amateurs, las de los años 60.
Si se piensa en esas conquistas emprendidas desde el cine mudo y se levanta la mirada hasta las barricadas de estudiantes en París, las fábricas tomadas por huelguistas y la infiltración masiva de la televisión a todos los niveles y en todos los rincones, tenemos un final o quizá un principio. Quizá ahí estaban las últimas oportunidades de captar la pureza, la naturalidad, al hombre incontaminado por la rapidez del siglo... o quizá ahí nacía el primero que sería "libre" del celoso ojo del objetivo, el que iba a vivir tan acostumbrado a los medios de comunicación que llegaría a perder la noción de vida privada.
No lo son desde luego la camarera que filma Imamura en "Nippon sengoshi - madamu onboro no seikatsu"(1970),  las que más tarde rodarían Eustache o Wang Bing o cualquier otro testigo anónimo y tangencial de acontecimientos relevantes en sus países, pues solo logran sobrevolar ese límite porque lo hacen con la palabra, con el recuerdo evocado, que era lo único que tenían. Tal vez algún día, no tan lejano como parece, alguien deba de nuevo recopilar lo que le sucedió y no pueda acudir a las imágenes con las que lo saturaron, aunque supongo que antes debe mediar un ya inimaginable apagón mediático con trazas de hecatombe universal.
Lo que sí parece razonablemente improbable, vista la edad de los cineastas dotados para ello y los derroteros que toma el público que los olvida, es que alguien sea capaz de contar la "otra" historia del documental, la que se contempla desde la ficción. 
Qué bonito sería. 
Dónde surgió, en qué momento de tal o cual Ford o Ray, de aquel DeMille o de este Rivette, por qué sí en McCarey y no en Kubrick, una imagen, un hombre, un instante, se abstrajo del relato y reveló la más absoluta y desnuda verdad.  

36 comentarios:

José Andrés dijo...

"Por qué sí en McCarey y no en Kubrick". ¿Podrías explicarlo?

Jesús Cortés dijo...

Ojalá pudiera.
El misterio de cómo y por qué un cineasta improvisador, modesto e intuitivo llegó mil millones de años luz más lejos no solo en filmar personas, que es lo obvio (porque Kubrick no se centraba en ellas, quiero decir) sino también lugares o ideas, que otro perfeccionista y ambicioso dotado de un gran talento...
Me temo que nadie puede explicar eso y está bien que sea así.
Supongo que tendrá que ver con la manera de abordar el realismo. McCarey es para mí uno de los más grandes "documentalistas" en el sentido de extraer lo esencial de cuanto filmaba y Kubrick - sin querer cargar tintas sobre él porque me gustan varias, bastantes de sus películas - en general no logró penetrar más que en la superficie de cuanto filmó.
Comolli habla de la importancia de la relación entre quien filma y quién es filmado. Yo creo que esa relación debe sentirse en cada momento y hay cineastas que la muestran todo el tiempo, ves cómo se encariñan con algo o cómo lo desprecian, cómo toman de la mano o dejan a su suerte a alguien, sientes qué piensan de la justicia y qué de la injusticia. Si todo eso aparece, se abre paso la posibilidad de que surja la emoción, pero no hay nada más esquivo y frágil.

José Andrés dijo...

Mil millones de años luz. Ciertamente una distancia sideral, inalcanzable para cualquiera, no digamos ya para el "pobre" Kubrick, cada vez más discutido, pero que ha penetrado hasta el último rincón de nuestra cultura y que a su manera puntillista y evidente ha dicho algunas cosas sobre el ser humano sobre las que vale la pena reflexionar. Y no parece, por cierto, que su visión haya envejecido. Pero no quiero distraer la atención: el foco estaba en Comolli.

Jesús Cortés dijo...

Bueno, igual me excedí. Medir lo intangible tiene estas imprecisiones. ¿Tal vez 900 millones?
Es absurdo discutir por cien millones, me parece. También lo es pensar que a alguien se le ocurriría publicar esa historia de la que hablaba.
Mejor disimulamos y hacemos como que hablamos de Comolli, efectivamente.
Tal vez mañana el algoritmo de blogger me liquide esto. No bromeo. La primera vez que dudé de la deidad de Kubrick, me echaron de una revista, algo que solo me había ocurrido con The Clash anteriormente. Era muy joven y entonces rápidamente me declaré fan de Motley Crue para atenuar mi incorrección, pero no funcionó.
Ahora si digo que la escena del gatito de "The bells..." me parece más importante para el cine que la del hueso que se transforma en nave espacial, habría aprendido más bien poco en ese sentido. No maduramos, solo estamos más cansados, como decía William Holden en "Breezy".

José Andrés dijo...

No seré yo quien se pelee por un hueso, menos aún si en la disputa entra un gato. Que cada cual establezca sus distancias, millón arriba, millón abajo. De silencios y castigos podríamos hablar largo rato. Y de despidos. Pero creo que esas represalias de las que hablas, reales o hipotéticas, no tienen que ver con Kubrick, como no creo que en su día tuviera que ver con McCarey la política del senador McCarthy respecto a la disidencia ideológica en EEUU. Porque si ambos tuviesen alguna responsabilidad en esas inquisiciones habría que revisar nuestros juicios acerca de ellos. Como sabemos, hay directores con buena prensa y otros con mala -o nula- prensa. Y frente a la molesta deificación de Kubrick existe (otra cosa es que no se quiera ver) un frente de opinión contrario que viene de muchos años y que se empeña en desmerecerlo. Todo me parece bien mientras se argumente. Ah, no ironizaba respecto a Comolli: es a él al que dedicaste el comentario y quizá no convenga abrir otros frentes de discusión (mea culpa). Por cierto que es un teórico más que interesante.

Jesús Cortés dijo...

Bueno, yo básicamente quería meter a Kubrick en el mismo párrafo que a la banda de Nikki Sixx, ya ves. No siempre es bueno andar con armiños, pero yo no lo desmerezco, por mucho que me canse oir alabanzas repetitivas e hiperbólicas. Una patada en el culo al hiperespacio pensé que era buena solución esta vez, pero no.
De despidos sé alguna cosa, pero esto que señalaba fue más una ofuscación de alguien que se creía "experto", no es el caso.
Comolli lleva el sambenito ese encima, sí, como si enseñara más que viviera lo que le gusta, tal vez solo se necesiten sus libros para conocerlo, pero yo prefiero que siga filmando y a cualquier interesado en política le pondría en bucle "Marseille de père en fils: ombres sur la ville".

Anónimo dijo...

Jesus ¿Cuáles son tus Van Dammes favoritos? ¿ves en Scott Adkins un digno sucesor del maestro?
Saludos

JP

Anónimo dijo...

Jesús, ¿y de Steven Seagal, salvas algo?

JL

Jesús Cortés dijo...

Premio al más radical off-topic.
En fin, que solo vi "The quest" y casi ni la recuerdo, si te refieres a las que ha dirigido. Supongo que no me parecería una maravilla.
Solo como actor, las que me parecieron más sólidas de las vistas creo que pueden ser "Wake of death" y "Maximum risk" de Ringo Lam, pero me faltan bastantes y no las he podido revisar para asegurarme con tanto cine por ver esperando.
A Adkins lo conozco poquito, pero mi impresión es que al seguidor del "maestro" le han tocado malos tiempos para ese tipo de películas por mucha tecnología que le metan a las escenas. Todo parece un videojuego aséptico, increíble en el amplio sentido de la palabra. No hay fisicidad ni lógica espacial entre tanto plano troceado y sobresaturado de efectos.
A estos programas informáticos que ruedan películas de acción no les han roto nunca un diente de una patada ni saben digerir la rabia.

Jesús Cortés dijo...

"Under siege", "Out for justice", "Pistol whipped"... hay varias más sólidas de lo que parecen.
Tengo por ver "Attrition", que seguro me va a gustar más que "Lazzaro felice", "Cold war", "Dogman", la basura que han montado de "The other side of the wind", "Un couteau dans la couer", "Campeones"...

Anónimo dijo...

De las recientes de directores que te gusten, te ha decepcionado alguna?
DX

Jesús Cortés dijo...

La que más me ha fastidiado seguramente es la de Van Sant, pero entraba dentro de lo probable que hiciera algo como lo que ha hecho, no es la primera vez ni será la última que se entrega a ese cine ONG.
También me molestó bastante "Unrest" de Grandrieux.
Por otra parte no he visto varias de las que más me atraen: "Le livre d'image", "High life", "Mademoiselle de Joncquières", "Jiang hu er nv", "Domino" si es que al final se estrena este año...
Ojalá sean buenas, esas y otras que no haya visto o aún lleguen, porque bastantes decepciones van ya en los últimos tiempos, es agotador.

Luis S. dijo...

Hablas de los cineastas "de su clase". Bueno, no puedo opinar, no he visto nada, pero seguro que si lo has traído al blog es porque lo merece, y además lo explicas.
Mi reticencia, a priori, ante Comolli es por un libro que leí hace siete u ocho años, "Cine contra espectáculo, seguido de Técnica e ideología". Recuerdo darme repetidamente de bruces con alienación, ideología, imperialismo, etc., un tipo de jerga bastante sobada, al menos para los que hemos mamado (a veces por obligación, otras por inercia) este tipo de discurso durante años o lustros. Supongo que hace treinta o cuarenta años estas cosas sonaban de otra manera. Comolli se ponía paternalista con Walsh o Ford, a los que decía "salvar" pese a su ideología y su "relato imperialista". No sé si tenía esa misma actitud con los cineastas soviéticos o chinos o cubanos o húngaros, qué se yo, pero lo dudo.
Sí es verdad que tuvo visión, en el libro citado, cuando hablaba de las duraciones de los planos, en tendencia cada vez más breve de los años setenta, y cómo esto dispersaba la atención del espectador, que se iba a acostumbrando (y haciéndose literalmente adicto) a técnicas publicitarias que combinaban la rapidez, la espectacularidad y los enlaces bruscos. No sé qué dirá ahora mismo Comolli sobre Netflix y todo lo demás.

Jesús Cortés dijo...

No recuerdo bien esa argumentación, ni cabalmente cuánto apoyaba las teorías de Debord, pero en esos años se dijeron muchas tonterías sobre el cine "clásico" que se ha llevado oportunamente el tiempo.
El cine de Comolli en buena medida corrige y hasta desmiente algunos de sus incómodas páginas, pero ahí quedan, claro.
En cuanto a la velocidad, más rápido que los planos de Brakhage no es ni el cine de Michael Bay, así que no es una cuestión de velocidad sino de lo de siempre, de significado, de sentimiento. Esa acumulación ni dice ni quiere decir nada y con decir quiero referirme a que ni hay relato ni hay palabras ni hay ideas ni casi sílabas, solo un vértigo vacío.
Netflix parece el enemigo nuevo, pero siempre ha estado ahí en otras formas menores. Este emporio se llevará por delante lo que se pueda llevar por delante, pero siempre habrá qien resista.
Bueno, también lo que no pueda defenderse, pero seguro que Welles habría esbozado una sonrisa al ver sus bobinas errantes y su frustración de años convertida en un succès d'estime lanzado a bombo y platillo por este - literalmente - monstruo con la vergonzosa colaboración de McBride y Rosenbaum.

José Andrés dijo...

Interesante dije, pero con los oportunos matices que hace Luis S. ¿Se puede hablar a la vez de Marx y de alienación sin sonrojarse? ¿De imperialismo mirando solo hacia occidente? Se hacía, y mucho en los 70-80, allí y aquí (cf. "Contracampo", revista que tanto nos gustaba a algunos y cuya lectura se hace hoy trabajosa... y aún así era una publicación necesaria, con elementos de discusión inencontrables en otros foros que les han sobrevivido). Con las ideas sobre el cine pasa lo mismo que con el cine mismo: el tiempo las erosiona. Sin remedio. Con todo, sigo suscribiendo varios de los argumentos de Comolli, entre ellos el de la conversión del público en mercancía vía mass media. Y algo en lo que no se hace bastante hincapié: el intento de acabar con el espectador de cine (a ser posible, y para matar dos pájaros de un tiro, junto a la propia cultura del cine, antítesis del llamado "audiovisual", uno de tantos inventos diabólicos del márketing, que no da puntada sin hilo).

Jesús Cortés dijo...

El espectador de cine que baja todo lo que puede por internet (hasta lo que no le da tiempo a ver o solo de pasada), se dedica (peor aún) a ripear y subtitular por su cuenta o con la ayuda de foros, acude a pocos estrenos y solo a festivales cercanos geográficamente - salvo que se le ocurra hacer un pequeño dispendio -, es una ruina comercialmente, que es la única medida moderna de utilidad. Toca pagar y para eso están la "edad dorada de la tv", deliveroo o como se llame esa plaga de ciclomotores volantes con la caja de comida india mareada, el fútbol y las apuestas deportivas, el fortnite, chatroulette...

José Andrés dijo...

De ahí que se reemplace al espectador (con independencia de sus rutinas y su capacidad) por el consumidor. El problema del cine, a diferencia de la música clásica, las pinacotecas y otras formas de cultura subvencionada, es que nadie vendrá a salvarlo.

Jesús Cortés dijo...

Quizá el cine, cuando ya no tenga remedio y su gran época quede tan lejana que nadie sea contemporáneo de ella, se convierta en el futuro en eso.
Se subvenciona lo que salvaguarda la conciencia, que es mejor tener expuesta a lo indiscutido.
Cuando algo termina, ya no tiene enemigos, solo clubs de amigos. Nadie habla mal de Sorolla o de Mozart porque ellos - y, sobre todo, su mundo - están muertos.

José Andrés dijo...

Sin ánimo de ramificar un tema que daría para largo: Mozart tiene tantos admiradores de boquilla como enemigos declarados (los autoproclamados amantes del bel canto y la ópera italiana, que lo detestan abiertamente). Así que me temo que no hay muerte que complazca a un época como la nuestra.

Jesús Cortés dijo...

Cambiando de tema y aprovechando que me preguntaban hace días, otra decepción reciente ha sido la última de Albert Serra, «Roi Soleil»

Santiago Gallego dijo...

Yo no soy tan pesimista, Jesús. Aún que una buena cantidad de cinéfilos (falta por saber por cuánto tiempo) que siguen gastando bastante dinero en cine. Si no fuera así no se editaría todo lo que gratuitamente nos bajamos sin parar y que otros han comprado y ripeado. Puede que no se edite todo lo que nos gustaría, pero yo, que ya tengo mis añitos, no he conocido otra época igual en cantidad, calidad y variedad de lo que se está editando a nivel internacional de unos pocos años a esta parte; cosas desde luego impensables hasta hace muy poco tiempo, por ejemplo, lo que acaban de hacer Bernard Eisenschitz y Gaumont en la reciente nueva Integral Vigo, recuperando, entre otras cosas, el deslumbrante 'Tournage d'hiver' de 'L'Atalante', o lo que Gaumont hizo el año pasado con su superedición de 'J'Accuse…!', incluyendo las dos versiones + ambos guiones, más la versión Magirama, más 'Les Gaz mortels', etc. El dinero que antes mucha gente se gastaba en ir al cine semanalmente se lo gasta ahora en comprarse obras en blurays y dvds (el superpack Bergman de Criterion, que salía rebajado por 150 dólares, se ha agotado en 48 horas) en ediciones restauradas, cuidadísimas, muy valiosas y compiladas por verdaderos especialistas.En todos aquellos años dorados, y tan supuestamente anhelados, de maravillosa cinefilia (que yo nunca conocí), nadie editó ni compró, por ejemplo, a Garrel o a Marcel Hanoun como ahora. La forma de ver (y consumir) cine está cambiando, eso está claro, pero mercado (ya que hablamos de ello) sigue habiendo, y magnífico, por cierto.

Jesús Cortés dijo...

No es pesimismo, pero hace falta tener un cierto poder adquisitivo, igual que si te gusta el coleccionismo de vinilos o los muñecos de Kiss, nada de eso está al alcance de mucha gente.
La mayoría de buenos cinéfilos que conocí no lo tenían y se las apañaban para satisfacer su curiosidad, intercambiando, grabando, carteándose, preguntando cuando podían, respetando lo desconocido. Esa mezcla de astucias y valores es precisamente lo que está exterminando esta, efectivamente, fantástica época para conseguirlo todo.
Por cierto y al hilo de lo que comentas, qué endebles casi todos los Hanoun por fin a nuestro alcance.

Santiago Gallego dijo...

Jesús, eso, con perdón, suena un poco a la excusa de los jóvenes para hacer botellón ;-). En su día comprábamos vinilos, también grabábamos pero comprábamos, nunca dejamos de comprar y con ello sostuvimos a la industria discográfica pese a que el precio de un vinilo nuevo (no digamos ya de los cds) tampoco era barato. El problema hoy día es que entre algunos cinéfilos (y no precisamente jóvenes ni menesterosos) se ha extendido, y todos sabemos porqué, la cultura de "con todo lo que hay gratis disponible para qué comprar", olvidando que si hay todo eso disponible es porque hay alguien que restaura y edita y alguien restaura y edita porque alguien sigue comprando. Ya no vamos al cine, nos ahorramos una pasta en entradas y sin embargo muchos no compramos, o apenas compramos, cuando proporcionalmente con respecto a muchas otras cosas (por ejemplo el precio de un cd en los años 90 o de una entrada de cine en una gran capital para ver un bodrio), no me parece caro tener en HD (y restaurada en 4K) la obra entera (+ extras y ¡¡¡qué extras!!!) de un autorazo como Jean Vigo por 60 o 70 euros (y ese es un ejemplo como otros muchos), con la posibilidad de verla y reverla en nuestras casas, en unas calidades que hace 30 años no habríamos imaginado ni en nuestros más delirantes sueños, cuantas veces nos dé la gana. Respecto a Hanoun discrepo; yo me compré 5 Hanoun (los 4 de las saisons y Carl Emmanuel Jung) y todos me parecen apoteósicos. Re-Voir anuncia que en breve editará la restauración de 'Une simple histoire'. Un abrazo.

Jesús Cortés dijo...

Empezando por el final, a mí las saisons de Hanoun - a ellas me refería - me irritaron y no podía haberlas visto con mayor ilusión. Con varias insistí hasta cuatro veces, pero nada. La otra que mencionas me sigue pareciendo absolutamente magnífica y así lo escribí, si no recuerdo mal.
Por lo demás, por supuesto tienes razón, hay una dejadez y una incoherencia absurdas, se editan maravillas que importan a poca gente, descargadores compulsivos incluidos.

Anónimo dijo...

¿Qué te parece esta lista sobre Rissient, Jesús?

https://letterboxd.com/matheuscartaxo/list/pierre-rissient-anos-2010/detail/

Jesús Cortés dijo...

Pues que son sus preferencias y nada más. Conocí a Rissient muy al final y aún me pareció lúcido, lo cual siempre había pensado que no era porque coincidía con él, sino por su manera de explicarlo, los porqués de sus gustos, que eran pura y simple introspección.
No conozco varias. Miraré.
El nivel de esta segunda década del siglo ha bajado en pocado respecto a la primera, así que es cada vez más complicado equilibrar una lista.

Anónimo dijo...

Haces listas solo cuando de las piden, o tambien las haces por tu cuenta para ordenar preferencias...
DX

Jesús Cortés dijo...

Tengo una digamos general, con unas 4000 películas, pero flaqueo en la actualización.

Anónimo dijo...

Si no es indiscreción, ¿podrías compartir esa lista de las 4000 películas? Sería maravilloso. Gracias.

Jesús Cortés dijo...

Trataré de ponerlo al día y aviso, porque por aquí es impublicable.

Albert dijo...

Hola, Jesús. Me gustaría preguntarte por uno de tus comentarios y los problemas que has encontrado en "Lazzaro felice", "Cold war" o "Un couteau dans la couer". Por cierto, "High life" es de las películas que menos me han gustado de Claire Denis. Aun así mejor que las tres anteriores.

Jesús Cortés dijo...

¿Ya se puede ver la de Denis? Será en festivales, imagino.
No me gusta ni la nueva ni ninguna de las anteriores de Alice Rohrwacher. "Lazzaro felice" es como un anti(o tal vez contra)-Rossellini, un film machacón en cada gesto y palabra, sin distancia o siempre con la distancia equivocada a todo cuanto es filmado, simplista y recalcitrante en una ligereza que no sabe ni puede tener con alguien detrás de la cámara empeñada en que se note que no se nota lo que hace.
"Cold war" no me parece estrictamente un horror, pero - y nuevamente, como las anteriores - es un témpano de hielo, con esa pulcritud aséptica e impecable que pide a gritos un poco de audacia fassbinderiana para ser comestible. Supongo que la idea es hacer una nueva "Casablanca", que no sé por qué a tantos directores les parece un modelo de clasicismo cuando es una anomalía extrañísima e irreproducible.
La de Yann González y podría seguir con la coletilla de las dos anteriores, la soporté a duras penas, aunque tiene alguna cosa suelta que no está mal. Es, supongo, un producto de estos tiempos, como la también inservible de Bertrand Mandico, naturalmente aupada por Cahiers porque ahora ya no quedan bien haciéndolo con Kechiche, por si les acusan de no ser feministas y les cierran algún grifo.

Igor dijo...

Estoy con el anónimo en que tu lista sería estupenda para algunos.
En su momento Marías pasó una (más corta) y a mí me sirvió para descubrir muchas cosas fantásticas.
Si no te supone una molestia claro, que pedir siempre es fácil.
Un saludo.

Jesús Cortés dijo...

Molestia no, un trabajo de chinos.
Hoy revisaba 1950 y me salen 90 películas preferidas. Ordenar eso es muy complicado. Esa década en particular lo es.
Estará, pero no sé cuando.

Anónimo dijo...


No coincido con la apreciación de Comolli, ni en su faceta teórica ni práctica. Con Hanoun me pasa lo mismo, me parece un director de tercera fila y las de las estaciones lo confirman, incluso "Une histoire simple" apenas resiste un segundo visionado. A falta de dos años para cerrar la década, que dudo mucho que sean gloriosos, ya se puede afirmar que esta década con total seguridad sea la más floja, mediocre, de la historia del cine. Si hablamos de cine español directamente ya no queda ni la sombra, la de Serra es ridícula, no menos que la nueva-vieja de Isaki, que hace una década fueran las dos grandes promesas del cine español a estas alturas parece un chiste de mal gusto. En fin que es imposible ser optimista, sería simplemente cinismo. Un saludo.

Ex-Cinéfilo

Carlos Cano dijo...

Para los interesados, dejo por aquí la lista de las películas preferidas de 2018 de Miguel Marías:

http://www.paginasdeldiariodesatan.com/pdds/?p=5528