viernes, 27 de noviembre de 2015

UN LUGAR EN EL MUNDO: EL 脷LTIMO MELODRAMA DE TANAKA KINUYO


Mario Vitale 
(Para Miguel Mar铆as que, como casi siempre, fue el primero en avisar)

Pocas carreras en la interpretaci贸n pueden igualarse con la de Tanaka Kinuyo. En la excelente cantera del cine japon茅s muy pocas como ella -en la parte de su enorme filmograf铆a que ha sobrevivido, y dentro de 茅sta, la parte que ha traspasado las fronteras japonesas con los imprescindibles subt铆tulos- conquistaron a la c谩mara transmitiendo autenticidad y emoci贸n, modernidad y clasicismo, ofreciendo a la pantalla una potente combinaci贸n de fragilidad sobrehumana que para m铆 s贸lo admite comparaci贸n con Lillian Gish.[1] Su inmensa popularidad y prestigio como actriz dej贸 ciegos y sordos a demasiados. Afortunadamente van cayendo casi todos los velos para que podamos ir descubriendo su descomunal talento como directora de cine. Como actriz, todas las etiquetas con las que se le ha clasificado hasta hace poco son insuficientes, imprecisas, globalizadoras, precipitadas, circunstanciales o paternalistas. Por supuesto, fue una actriz cuyo nombre aparec铆a en los t铆tulos de muchas pel铆culas que protagoniz贸 en los a帽os 30 del siglo pasado; una gloria nacional que trabaj贸 a destajo; la actriz favorita de unos cuantos genios; la musa de Mizoguchi; la privilegiada con “ayuda interna” para acceder a la silla de directora y, tras su viaje a Hawaii y California a finales de 1949 como embajadora nipona, la Bette Davis (!) del cine japon茅s…  Y, sin embargo, nada de todo esto sirvi贸 demasiado para prolongar o incentivar su carrera de directora, partida en dos mitades con un lustro en medio y con tres pel铆culas casi seguidas en cada una, de las que yo, de momento, cuento cuatro obras maestras acongojantes, inauditas y sublimes, capaces de aunar con pasmosa sencillez desgarro y serenidad, urgencia y espera, elocuencia y vehemencia, reflexi贸n e impulso, oraciones y blasfemias, estancias y paisajes o, en definitiva, lo que engloba todo: hombres y mujeres.

Todas sus virtudes como actriz -suficientemente conocidas y valoradas para cualquiera que la haya visto dirigida por Gosho, Ozu, Shimazu, Mizoguchi, Naruse, Shimizu o Kinoshita, por nombrar unos pocos, seguramente los m谩s importantes- pueden reconocerse tambi茅n detr谩s de la c谩mara: elegancia, discreci贸n, sencillez, perspectiva. Los temas y asuntos que abord贸 eran cercanos, urgentes, comprensibles para los espectadores a los que se dirig铆an: las heridas de la postguerra, la desintegraci贸n familiar, el papel de la prostituci贸n, la persistencia de los sentimientos… Todos los cineastas anteriormente mencionados abordaron temas parecidos en una o varias pel铆culas. Lo mismo puede decirse de los cineastas de la generaci贸n de la bomba at贸mica, entre los que por edad podr铆a insertarse Tanaka: adem谩s del ya mencionado Kinoshita, estuvieron Kurosawa, Kobayashi, Ichikawa, Imai, Sindo... etc ¿Por qu茅 entonces ese desprecio tan inversamente proporcional a su aprecio como actriz? ¿Acaso carec铆a de valor el punto de vista de una mujer en mitad del siglo XX sobre la maternidad, el deseo sexual, la enfermedad, la fantas铆a rom谩ntica, el divorcio, la violencia, la soledad, la amistad, la lealtad o la religi贸n? ¿Habl贸 Tanaka de temas que no le correspond铆an, que no entend铆a o los plasm贸 de manera irrespetuosa, simplista, estrafalaria o retr贸grada? Cont贸 con grandes estrellas e int茅rpretes entre los que escamote贸 o suprimi贸 su propia presencia, medios t茅cnicos y art铆sticos considerables, guionistas prestigiosos (Kinoshita Keisuke, Ozu) o profesionales (Tanaka Sumie, responsable de algunos Naruse imprescindibles, y Narusawa Masashige, 铆dem con Mizoguchi), ¿es que fall贸 algo tras la c谩mara?

Tal vez parte de cierto paternalismo con el que se han visto sus pel铆culas resida en ese “privilegio” de contar con padrinos como Kinoshita, Ozu o Naruse, que la convert铆an poco menos que en una bienintencionada intrusa, una aspirante a un oficio masculino sin m谩s talento que el de cierto toque feminoide . Y, no obstante, dirigir los guiones de los dos primeros no signific贸 metamorfosearse en ellos. “Koibumi (Carta de amor, 1953)", gui贸n del hiperconcienciado Kinoshita (que la hab铆a dirigido y a煤n dirigir铆a muchas veces, y que, tal vez, fue el 煤ltimo que la retrat贸 hermosa y palpitante en la maravillosa “Konyaku yubiwa (Un anillo de bodas, 1950)", mantiene los pies en el suelo cuando habla de la realidad japonesa de la postguerra, pero es capaz de alzar el vuelo cuando los sentimientos y los deseos entran en juego para convertirse en el atormentado periplo de su orgulloso protagonista en una ciudad ca贸tica, una combinaci贸n de tonos y temas de las bressonianas “Les dames du Bois de Boulogne (Las damas del Bosque de Bolonia, 1945)” y “Pickpocket (El carterista, 1959)”. Contiene, adem谩s, uno de los grandes flashback del cine, que puede competir, y superar sin problemas, el probado talento de su guionista y director con los saltos temporales. “Tsuki wa noborinu (La Luna ha salido, 1955)", gui贸n de Ozu y Ryosuko Saito, no cae en la mimetizaci贸n de un mediocre disc铆pulo. Si bien los temas son evidentes[2], no aparecen por ning煤n lado toda la panoplia bordwelliana asociada a Ozu: no hay tatami, ni pillowshots, ni eje de 360潞, etc… El uso de la c谩mara, del decorado y de la mirada es de la directora, ostentando un dominio de la escena apabullante. El tono chejoviano, entre crepuscular y guas贸n de Ozu, dirigido por Tanaka adquiere una maravillosa gracia y lirismo casi mozartiano.

¿Tuvo que demostrar Tanaka Kinuyo su lugar en el cine a partir de 1953? Precisamente creo que, como aquel maravilloso personaje de Lubitsch llamado Clunny Brown, los protagonistas de sus pel铆culas no saben d贸nde est谩 su lugar en el mundo. Son n贸madas alrededor de su propia vida. Tal vez por eso, para cuestionarlo, casi todas sus pel铆culas comienzan con la llegada a un hogar casi siempre provisional, dudoso, inestable o convencional. Pensemos en la llegada del hermano de Mori a su propia casa en “Koibumi”, donde 茅ste le recibe de espaldas, entre orgulloso y avergonzado. O la llegada del personaje sobre el que se van activar diversas expectativas en “Tsuki wa noborinu”. En la que considero su obra cumbre - uno de los grandes melodramas del cine -, “Chibusa yo eien nare (Pechos eternos, 1955)", es la protagonista la que llega con sus hijos a casa tras un par de planos dovzhenkianos o solntsevianos rodados en Hokkaido. All铆 se revelar谩 enseguida la herida de Fumiko.[3] En “Onna bakari no yoru (La chica de la noche, 1961)” el hogar para redimir prostitutas recibe la visita y tour de un Club de respetables damas…

Gin no es una excepci贸n a la galer铆a de personajes en busca de su lugar. Es la 煤ltima de una serie de personajes femeninos en la filmograf铆a de Tanaka con sentimientos y deseos siempre postergados y sometidos a sucesivos c贸digos de conducta que deben ser desafiados. Hay aqu铆, de nuevo, una 铆ntima batalla entre religi贸n y blasfemia que no ha dejado de aparecer desde la primera pel铆cula que dirigi贸 Tanaka. En “Koibumi”, cuyas 煤ltimas palabras son los famosos vers铆culos de Juan 8:7, conviv铆an la idealizaci贸n y la prostituci贸n. “Chibusa yo eien nare” renegaba del consuelo religioso ante el avance del c谩ncer y del deseo sexual. “Ogin-sama (Amor bajo el crucifijo, 1962)” es el 煤ltimo eco del “God isn’t enough” que la devota y excitada Agatha Andrews musitaba en la 煤ltima obra maestra que Ford rodar铆a cuatro a帽os m谩s tarde. Plagada de escenas de simbolog铆a cristiana, Tanaka es capaz de combinarlas tan armoniosa como audazmente: el 煤nico encuentro sexual de los protagonistas viene precedido de un lavado de pies y sucedido por un ba帽o casi bautismal; la cruz, el s铆mbolo supremo del cristianismo, aparece y reaparece para ser escondida, arrancada rabiosamente, observada en procesi贸n o colocada orgullosamente…

Pero es que, adem谩s, “Ogin-sama” es un prodigio de modulaci贸n desde su genial pr贸logo. Donde unos ver谩n pulcritud, otros veremos precisi贸n: en una historia que cuenta los amores prohibidos entre un samur谩i cristiano y la hija adoptiva de un prestigioso maestro de t茅 con el tel贸n de fondo belicista del Canciller de turno no se ve el filo desnudo de ni una katana. Bresson no lo hubiera hecho mejor: con tres planos y el sonido de fondo de gritos, armas y relinchos de caballos est谩 resumida una batalla. Con dos m谩s est谩 planteado el meollo pol铆tico del asunto, los intereses creados donde comercio, religi贸n y poder se entrecruzan y amalgaman para ce帽ir los destinos de los amantes. Por 煤ltimo, un genial plano elevado rasgado diagonalmente por las ramas de un 谩rbol es capaz de transmitir un di谩logo imposible, la ominosa amenaza que pesa sobre la delicadeza. Mizoguchi no anda demasiado lejos.

Si viendo “Ogin-sama” no podemos evitar acordarnos de Mizoguchi no es s贸lo porque haya escenas, motivos o situaciones que podr铆an remitir a las geniales “Chikamatsu monogatari (Los amantes crucificados, 1954)” o “Yokihi (La Emperatriz Yang Kwei-fei, 1955)”, entre las m谩s evidentes, si no por el papel predominante que los sentimientos tienen por encima de cualquier 谩mbito pol铆tico. Tanto Tanaka como Mizoguchi son capaces de simplificar hasta el extremo la exposici贸n del tema pol铆tico en tramas sencillas, casi ingenuas en su planteamiento, pero capaces de ahogar sin miramientos la compleja red, esta s铆, sentimental donde sus personajes se agitan. El mayor tab煤 en estas tres pel铆culas no es otro que el amor, pero creo que hay una importante diferencia entre ambos cineastas. Muchos personajes mizoguchianos se encuentran o descubren el amor. A veces sin pretenderlo, a veces demasiado tarde. Es una emoci贸n que los revoluciona y altera oblig谩ndoles a reconocer algo dormido o anestesiado que no sab铆an que pod铆an experimentar. En las pel铆culas de Tanaka no hay letargos, sino anhelos. La emoci贸n y la excitaci贸n no sobrevienen porque ya est谩n alojadas, solamente se liberan. ¿De d贸nde salen esos planos casi desquiciados, que  Fuller o Ray pod铆an rodar en esa 茅poca, en la primera ocasi贸n que vemos juntos a los poetas Fumiko y Mori en “Chibusa yo eien nare”? Poeta del reencuentro, Mizoguchi traspasa todas las fronteras; Tanaka -la misma cuya voz acompa帽aba y consolaba  desde la otra orilla en “Ugetsu monogatari (Cuentos de la Luna p谩lida despu茅s de la lluvia, 1953)” y “Musashino fujin (La dama de Musashino, 1951)” de Mizoguchi- es tan rom谩ntica como terrenal y culmina  estremecedoramente “Ogin-sama” exactamente una etapa antes que el final de “Yokihi”.
Hay tambi茅n en “Ogin-sama” un elogio de la perspectiva que equilibra magistralmente la historia de la pasi贸n de Gin y Ukon (magn铆ficos Arima Ineko y Nakadai Tatsuya). Se trata del 煤nico personaje no coincidente en la esforzada y mucho m谩s piadosa versi贸n que Kumai Kei rodar铆a 16 a帽os m谩s tarde.[4] La criada de Gin, lejos de ser una figurante confundida con el decorado tiene aut茅ntica entidad, trascendiendo el limitado y determinista papel subalterno para alcanzar una personalidad casi raciniana. Es una digna heredera de algunas interpretaciones de la propia directora donde encarnaba maravillosamente la humildad y  la lealtad. Como aquella criada que entraba por la puerta de servicio y asist铆a con discreci贸n y confidencialidad a una  convulsa colmena femenina, a la vez que, desde esa posici贸n, desde ese 谩ngulo,  era testigo principal de la desintegraci贸n del negocio familiar de geishas en “Nagareru (Corriente, 1956)” de Naruse.[5] En “Ogin-samaTanaka Kinuyo integra a la criada en la mayor铆a de las situaciones recurriendo a un doble movimiento, el de la c谩mara y el de la propia actriz. El primero demuestra el talento de la directora en el manejo de situaciones en interiores, uniendo miradas y ensamblando presencias, logrando reunir a criada y se帽ora para compartir id茅ntico sentimiento; el segundo nos hace recordar la superlativa actriz en movimiento que siempre fue su directora, pues dise帽a y registra la coreograf铆a de su humilde personaje acompa帽ando, rodeando y asistiendo a su se帽ora en tres travelling magistrales en tres momentos diferentes, cruciales. Es el personaje que formula la pregunta clave con la que Tanaka Kinuyo cerr贸 su filmograf铆a.

[Tengo que agradecer a Kawabata Yukari, Asai Yoko, Karin Wascher, Jos茅 Andr茅s Dulce, Marcos G贸mez, Markus Lang, Nacho Cagiga y Jes煤s Cort茅s sus imprescindibles aportaciones y compa帽铆a al lado de Tanaka Kinuyo. Domo arigato].

[1] Ambas representaron un cierto ideal de belleza en sus respectivos mundos, un ideal proyectado hacia el pasado. Las dos est谩n asociadas en primera instancia a dos titanes como Griffith y Mizoguchi, pero tienen una tremenda carrera alejadas de ellos (Vidor, Ozu, King, Naruse, Laughton, Gosho, Dieterle, Kinoshita…) Si bien Tanaka alcanz贸 la silla de direcci贸n, Gish fue capaz durante un periodo de su carrera de decidir qui茅n se sentaba en esa silla (suponemos que con la excepci贸n del propio Griffith). Ambas eran menudas, casi insignificantes pero representaron como nadie la entrega, el sacrificio y la resistencia. Y las dos tienen a mitad de los 50, con la madurez ya inaugurada (Tanaka, 47) o asentada (Gish, 62) sendos papeles de hadas madrinas en dos obras maestras que hablan de la infancia, la inocencia y el (re)descubrimiento de la paternidad (qu茅 pena que s贸lo una de ellas sea mundialmente famosa): “The night of the hunter (La noche del cazador, 1955)” y “Kiiroi karasu (El cuervo amarillo, 1957)”. En las dos sus protagonistas acaban mirando al firmamento como el 煤nico lugar a salvo de las pasiones y veleidades humanas. Por 煤ltimo, son dos actrices cuya perfecci贸n t茅cnica no deja de lado una enorme percepci贸n y emoci贸n er贸tica, invisible y discreta seg煤n los par谩metros normales, pero comunicable en muchos de sus gestos y miradas, lo que las convierte contra todo pron贸stico en presencias con aut茅ntica “conciencia del cuerpo”.
[2] La pel铆cula de Tanaka deber铆a mencionarse muy cerca de la famosa trilog铆a de Noriko, pues Ozu y Ryosuko la escribieron en 1947, antes de rodar “Banshun (Primavera tard铆a, 1949)", aunque “Tsuki wa noborinu” se rod贸 despu茅s de la trilog铆a, en verano de 1954. El 9 de diciembre de ese a帽o Ozu escribi贸 en su diario: “Proyecci贸n privada deTsuki wa noborinu’. La pel铆cula es buena. Osaka. Regreso en el 煤ltimo tren.”
[3]  En un plano general fijo la abuela recibe a hija y nietos; ella cansada, ellos hambrientos. Los dos ni帽os se lanzan a la comida. La abuela sale de cuadro con ellos para que se laven antes, y cuando va a salir Fumiko, sin variar el encuadre y sin aviso una severa voz masculina le llama. En el contraplano vemos al irritado y mezquino marido, un personaje que ya estaba ah铆 anteriormente, pero al que ning煤n personaje se hab铆a dirigido. En ese contraplano comienza para nosotros el drama de Fumiko.
[4] No coincidencia equivalente a su pr谩cticamente nula presencia en una pel铆cula que dura 50 minutos m谩s que la de Tanaka, destacando por el contrario los encuentros entre Canciller y maestro de t茅 (dos viejos c贸mplices como Mifune Toshiro y Shimura Takashi), casi en igual n煤mero que los de los frustrados amantes.
[5] Posici贸n y 谩ngulo que Tanaka no desaprovech贸 en las discret铆simas, pero jugosas, apariciones en sus tres primeras pel铆culas, donde sus humildes personajes eran capaces de otorgar perspectivas interesantes por los matices que repentinamente iluminaban. Pensemos sobre todo en la pat茅tica prostituta de “Koibumi”, el primer personaje en recriminarle a Reikichi (Mori Masayuki) su hinchado orgullo, o la criada de “Tsuki wa noborinu”, que, en un pirandelliano giro, aparece dirigida por la actriz que dirige Tanaka, Kitahara Mie (una maravillosa presencia rohmeriana).

viernes, 16 de octubre de 2015

MORIR CONTIGO

Con uno de los t铆tulos m谩s evocadores y hermosos que haya tenido alguna vez una pel铆cula, "Des journ茅es enti猫res dans les arbres" - que se encarn贸 en los sucesivos estados de la palabra: primero fue novela, luego pieza teatral, pel铆cula a los veintid贸s a帽os, de nuevo teatro... -, quiz谩 sea, adem谩s de la que prefiero, la obra que mejor "contradice" al cine de Marguerite Duras, generador de m谩s admiraciones que afectos y no pocas fobias y alergias.
La misma alineaci贸n de circunstancias que suele asistir a las pel铆culas privilegiadas, alumbra a sus im谩genes. La emoci贸n, la feliz armon铆a de un casting encabezado por la venerable Madeleine Renaud (y Jean-Pierre Aumont y Bulle Ogier, adustos y ambiguos), c贸mo regresa el pasado y c贸mo se niega a ser desalojado el presente, la belleza de los encuadres, el dinamismo y la imprevisibilidad... dif铆cil descripci贸n, imposible.
Lo que hubiesen hecho Bu帽uel, Ioseliani o Cassavetes con un argumento af铆n como este, queda en el terreno de la elucubraci贸n, pero lo que hace Duras, es fundamentalmente sencillo y sensible, le afecte m谩s o menos su contenido. Si algo tiene que temblar, dudar o atravesar la pantalla, lo hace, sea cual sea su conexi贸n con la realidad y los matices autobiogr谩ficos, las rimas con los misterios siempre danzando en torno a su figura, ni se aclaran ni se amplifican. Ni le importan a nadie m谩s que a ella.
Ah铆 est谩n la compasi贸n, el fracaso, la memoria - una sola y tan distinta seg煤n qui茅n la convoque -, la libertad para elegir aunque te lleve a sentarte en un decr茅pito sof谩 en lugar de en una chaise longue y el baile de disfraces cotidiano que al menos sirve para matar horas y no sentirse asesinado por ellas.
A Duras le basta con poner la c谩mara a la altura de la barbilla, justo donde la mueca delata al que finge.
 
Me parece significativo que las cosas importantes - y las m谩s dif铆ciles - que se dicen en el film, se hagan con una sonrisa en la boca, quedando lo complementario para ser acompa帽ado por gestos serios. Consigue as铆 Duras dos cosas: reafirmar a sus personajes, que no tienen por qu茅 entrar en conflicto despu茅s de tanto tiempo (o con tan poco tiempo ya para cambiar) y hacer ligera la narrativa, et茅rea casi, derribando el t铆pico muro circunspecto que iguala al que mucho tiene que decir y se parapeta para "protegerse" con el que nada tiene entre manos y se esconde como un rat贸n.
Y desde luego, propicia un ritmo en el que una escena de una comida, filmada frontalmente, puede ser muy divertida, pero unas pocas notas al piano sonando tras un silencio, aturdan y puedan retirarse - como hace siempre Godard - justo antes de hacerse obvias.
Con tanta suavidad, brilla con fuerza otro dilema en el film, no s贸lo el del paso tiempo como se le supone (ligado adem谩s a un ya muy lejano momento en que se bifurc贸 el camino de madre e hijo para no volver a juntarse m谩s), tambi茅n el de la resistencia, c贸mo se afronta la vida, si recompensa m谩s luchar denodadamente para levantar contrariedades o es preferible dejar que todo llegue y se vaya, aprovechando los buenos vientos y no enfad谩ndose cuando hay calma chicha, pues no se tiene derecho.
Cinematogr谩ficamente la oposici贸n no puede ser trivial, sobre todo porque no hay soluci贸n.
Alguien que devora con ganas todo, engendr贸 y perdi贸 a quien se ha convertido en un calculador, al que mira con la extra帽eza del que debe tratar de entender cuando su costumbre es encarar y fijarse en c贸mo camina para adoptar su paso, con el que prueba se帽uelos como si a煤n fuese un ni帽o... y al que no puede evitar querer como entonces, cuando se pasaba el d铆a entero encaramado a los 谩rboles.

martes, 13 de octubre de 2015

LAS L脕GRIMAS QUE NO VER脕S

Perdido entre pel铆culas-monumento de una 茅poca en que todo era posible en el cine americano, "This is my love" parece un producto rutinario de la RKO, un melodrama de interiores y escaso alcance, apetecible s贸lo como complemento de otros con m谩s perspectiva, m谩s intensos.
Que sea una inveros铆mil mezcla de casi todos los g茅neros entonces en su punto 谩lgido supongo que tampoco invita a crear grandes expectativas, porque - buena paradoja - viene firmado por un cineasta que se prob贸 en todos como Stuart Heisler y no cometi贸 osad铆a ninguna en juntarlos para la ocasi贸n.
Tal vez con la firma al pie de Ray, Fuller, Kazan o Losey (no s茅 si con la de Lupino, Endfield o Quine) con otro casting "probado" en las producciones de prestigio de las que parece descender (mejor con las consignas de Stanislavski presidiendo la funci贸n), otra suerte hubiese corrido este dur铆simo y complejo retrato de una mujer sencilla, Vida (Linda Darnell, mejor que nunca), atrapada en una esquina enloquecedora de la Am茅rica de 1954.
Qu茅 pocas 铆nfulas y cu谩nto desencanto destilan las im谩genes de Heisler para haber sido capaz de concitar en ochenta y siete minutos un drama, un musical, un melodrama, un thriller y hasta una comedia, sin alterar la presi贸n de una historia de aspecto rutinario, que no hubiesen armado mejor - y茅ndonos ahora a los maestros - ni King ni Dwan, quiz谩 las referencias m谩s precisas para comprender c贸mo se pensaba (por hombres) una women's picture.
De una 茅poca en que las pel铆culas tomaban no s贸lo el nombre de una canci贸n (de la olvidada Connie Russell) sino todo su sentido, un mecanismo cinematogr谩fico tan sencillo como reservar para esta sensible Vida el silencio, la quietud, es suficiente para articular todo.
La c谩mara, siempre de un lado para otro, simplemente se detiene y la acompa帽a, atenta, cuando ella emborrona p谩ginas con su m谩quina de escribir - lo 煤nico que le dejan hacer sin comprobar el resultado - o cuando dispone de unos momentos para pensar al cerrarse una puerta y cesar moment谩neamente los gritos de los clientes del bar que atiende, los de su cu帽ado impedido (un amargado y antit茅tico Dan Duryea) o los de su novio pueblerino, no s贸lo desconsiderados e indiferentes con quien se empe帽a en mostrarse siempre inmune, sino realmente crueles, implacables.
Esa fortaleza, siempre en el l铆mite de la indefensi贸n, de no reaccionar ante el ruido y la mala educaci贸n, permitir que la vida tome un camino indeseado si se salvaguarda hacia los adentros lo reconfortante y lo a帽orado, una de las m谩s dif铆ciles de gestionar, es precisamente la que pondr谩 a prueba una oportunidad amorosa - poca cosa: con un empleado de gasolinera womanizer de maneras almibaradas, muy seguro de s铆 mismo, fr铆o, desleal - que revierte en detonante fatal para todos y sobre todo para ella.
El amor del t铆tulo desde luego no es 茅l, sino el que ella es capaz de dar.
Consecuentemente con ese punto de vista desde el que Heisler la mira, nada de cuanto le sucede lo trae la mala suerte o las confabulaciones ajenas a su personaje, que hubiese sido un recurso - tambi茅n de testada eficacia en taquilla - para poder presentarla como una v铆ctima y buscar la identificaci贸n del espectador a cambio de reducir la pel铆cula a ser un melodrama esquem谩tico y previsible.
De resultas, "This is my love" es un film adulto frente a muchos de nuevo cu帽o centrados en j贸venes, inc贸modo, claustrof贸bico, nada complaciente con sus habitantes ni con el "estado de las cosas" de cualquier ciudad media o pueblo norteamericano de la era Eisenhower, pero sin esa mirada cr铆tica (y mucho menos ir贸nica) adjudicada como valor extra a unos pocos cineastas extranjeros a veces con tan poco fundamento como el hecho, palmario, de que no ten铆an los apegos de Heisler por quienes pod铆an ser, sin ir m谩s lejos, sus hermanos, sus hijos o sus padres. 

martes, 8 de septiembre de 2015

POBRES Y HERMOSOS

Durante a帽os he "buscado" la escena con que culmina "I sogni nel cassetto" en otras pel铆culas de Renato Castellani. Semejante momento de cine, que fue rechazado como colof贸n del film por quienes lo deb铆an distribuir - era inconcebible dentro del neorrealismo "rosa", el de segunda categor铆a, un sabor de boca final tan ins贸lito, no fuesen a recomendar los espectadores a otros no comprar la entrada y Castellani film贸 uno alternativo, ahora exhibido -, aparece normalmente pocas veces en la trayectoria de una mayor铆a de cineastas, como raro es el hecho tr谩gico y sin embargo natural que esplendorosamente lo inspira y que me abstendr茅 de rememorar pensando en quien a煤n no lo haya visto.
Proliferan sin embargo cumbres de parecida altura en las otras mejores obras de Castellani que conozco, sobre todo en "Due soldi di speranza" de 1951 y en la recientemente recuperada en su versi贸n 铆ntegra "Il brigante", filmada diez a帽os despu茅s, ambas mucho m谩s serias y amplias, pero no m谩s inolvidables, que esta comedia que no parece tener "enjundia" alguna hasta bien entrado su metraje, cuando la com煤n historia que narra, un poco como la de "Il sorpasso" de Dino Risi, empieza a dejar espacio para la tragedia.
Poco parece importar esto a nadie porque sigue inasequible la en tiempos popular "'脠 primavera" y de "Il brigante" es muy posible que haya m谩s copias circulando de la BSO de Nino Rota que del film, por aquello de que en gran medida prefigura a la que el m煤sico compuso para "The Godfather" de Coppola.
Si aparecieran instantes como los m谩s privilegiados contenidos en esas obras por doquier, incluso hasta en films suyos desequilibrados o malogrados, Castellani estar铆a probablemente a la altura de Frank Borzage, Satyajit Ray o cualquiera de los cineastas que m谩s emocionantemente y con mayor continuidad captaron los peque帽os gestos cotidianos.
No acaba uno sin embargo de acostumbrarse a constatar que, como le sucede a otros muchos compatriotas, en cuanto tomaron altura (cr铆tica y "mercantil") los fen贸menos m谩s identificables con el cine de su pa铆s, hay muchos proyectos donde se autodestruye lo logrado y miradas como la de Castellani se diluyen.
"I sogni nel cassetto" pudo haber sido uno de ellos porque incumple varios axiomas neorrealistas (que los directores que llegaron m谩s lejos con tales postulados ya hab铆an roto o estaban a punto de dinamitar), sobre todo los que m谩s serv铆an para dar por ganada la partida a la desesperanza, pero tampoco es par贸dica, ni "rosa" como se esperaba de ella.
S贸lo hay pel铆culas veraces y las que no lo son y a Castellani, que ya hab铆a "sufrido" otra etiqueta como la del caligrafismo de los a帽os 40, cuando hab铆a iniciado su trayectoria con obras tan dispares como "La donna della montagna" o "Zaz脿", y que era arquitecto, sospecho que poco deb铆an importarle las agrupaciones est茅ticas inventadas por perezosos y s铆 mucho organizar y apuntalar el andamiaje de su material de trabajo, las personas y sus sentimientos.
Todo cuanto ocurre a Lucia y Mario (una superlativa Lea Massari y el fugaz Enrico Pagani), que ya era, en otro contexto, lo que sucedi贸 a Carmela y Antonio, la pareja de la justamente m铆tica "Due soldi...", podr铆a haberle sucedido a nuestros padres o abuelos en aquellos a帽os de salidas de las posguerras en que tanto se parec铆an los so帽adores de cualquier parte de Europa.
Sus anhelos puede pensarse que no son gran cosa - y no lo es el matrimonio como alude el t铆tulo, no al menos como rito de creyentes; en Espa帽a optaron para variar por cambiarlo y se llam贸 "Si t煤 estuvieras", con tan rara imaginaci贸n, que dir铆a tergiversaci贸n de todo su sentido a partir de su final - o que constituyen la mayor de las aventuras vitales: ser felices con lo que puedan ir encontrando.
Castellani filma a estos ingenuos rebeldes, tan opuestos a algunos americanos contempor谩neos, con alegr铆a y sin la menor solemnidad, pese a que est谩n tomando las decisiones m谩s importantes de sus vidas irreflexivamente y en contra de lo que dicen los dem谩s, ojo avizor ante cualquier momento en que pueda quedar registrado un instante de verdad, que no dar谩 "la raz贸n" a nadie.
La pericia que requiere tal empresa - y no se me ocurre otra manera de llamarla sino realista, porque ¿de qu茅 otra cosa se trata si es algo que puede suceder con frecuencia, no se manipula y se mira con humildad? - no parece grande ni el resultado "brillante", apariencias que han acompa帽ado siempre a Renoir, McCarey, Dwan o Naruse.
Lejos quedan de sus limpias im谩genes algunas tendencias que traer谩n los a帽os venideros, ni un personaje c铆nico o de vuelta de nada, tampoco esa visi贸n cr铆tica y agria del presente y el futuro en funci贸n del pasado, tal vez porque Castellani mira al suyo propio (algo similar sucedi贸 a su hermano) y no necesita excusas.

domingo, 2 de agosto de 2015

ANTES DE QUE OLVIDE

Las 煤ltimas tentativas de Jean-Luc Godard por utilizar actores famosos, ic贸nicos - que recuerdan, que "traen" consigo otras pel铆culas al p煤blico y condicionan, quiz谩 todav铆a m谩s, a los cineastas - van cumpliendo ya veinticinco a帽os. Veinticinco a帽os.
Alain Delon (y Dominizia Giordano, que sobre todo permanec铆a en la retina de los espectadores por haber sido la gu铆a de uno de los 煤ltimos viajes de Tarkovsk铆i, "Nostalghia") en "Nouvelle vague" (1990), Depardieu en "H茅las pour moi" (92) como ejemplos m谩s notorios, pero tambi茅n "su" Eddie Constantine en la intermedia "Allemagne 90 neuf z茅ro", echar谩n el cierre a ese camino.
A mediados de los a帽os 90, cuando ya ande totalmente inmerso en sus "Histoire(s) du cinema", esto que parec铆a una conclusi贸n derrotista para quien tanto amaba a quienes algo ten铆an que decir y lo hicieron, empezar铆amos a considerarlo parte del andamiaje de su cine. Se le ha visto desde entonces tan a gusto con la moviola y el ensayo como a partir de cierto momento a Renoir o a Rossellini con la televisi贸n y dir铆a que con las mismas certezas reconfortantes de no haber elegido una alternativa reducionista por mucho que el devenir generalizado del medio s铆 lo haya sido.  
As铆, no es que se hubiese quedado de repente petrificado b铆blicamente como la mujer de Lot, pues siempre hab铆a estado mirando atr谩s desde que comenzara a filmar en aquel vibrante final de los a帽os 50, pero la marea de repensamiento del cine que empieza a arrastrarlo le obliga por pura l贸gica en esos momentos a incluirse a s铆 mismo y a cuantos le acompa帽aron generacionalmente en la ecuaci贸n.
Como suele suceder cuando se encuentra una clave que permite avanzar, reverbera una especial belleza en estas pel铆culas "de despedida", tal vez las m谩s conectadas con lo contempor谩neo de entre las que hab铆a realizado desde los a帽os 60.
"Nouvelle vague" es la m谩s conscientemente narrativa (m谩s en su acepci贸n de exponer que la de explicar, como gustaba) de las tres, m谩s a煤n que "Allemagne..." candente a煤n como estaba la ca铆da del muro de Berl铆n e import谩ndole como le hab铆a importado tanto Alemania desde casi el principio. Lo es porque, como dec铆a, a su inter茅s por la Historia, deb铆a a帽adir el hecho de sentirse parte de una, la de la nuevas olas que hab铆an venido a sacudir el cine hac铆a muchos a帽os.
Como captar en su integridad la alegor铆a que pone en funcionamiento el film - algo dej贸 caer Godard, pero no parece m谩s que una parte - no es f谩cil, ni se puede estar seguro de haber "acertado" en lo fundamental, la opci贸n de instalarse en la dulce contradicci贸n de esperar que el siguiente plano enlace con el presente de una manera comprensible - por haber cazado tal vez el origen de la cita y su "aplicaci贸n" a lo que se desarrolla en pantalla -, no es tampoco la mejor desde el momento en que se puede pensar, como nunca, r铆tmicamente el film: a estas im谩genes, estas variaciones musicales y estas palabras, algo hab铆a contribuido.
Cada melod铆a se nutre de otras y se piensa desde el placer que proporcionaron otras, pero, y esto es importante, condicionada al instrumento con que se compone. Cada texto, su cadencia y musicalidad, remite tambi茅n a otros, e igualmente se identifica pero no se agota con una 茅poca.
Cada pel铆cula y cada sucesi贸n ininterrumpida de apuntes para una pel铆cula, tambi茅n.
Aqu铆 est谩n "Pierrot le fou", "Weekend", "Le m茅pris", "Une femme mari茅e" o "Je vous salue, Marie" entre referencias visuales o verbales a "To have and have not", "Vertigo", "The long goodbye", "The barefoot Contessa", "Bonjour tristesse", "Un chien andalou", "So dark the night", "La paura", "Leave her to heaven", "Sommarnattens leende"...
El presente es mucho m谩s prosaico, dominado sobre todo por la econom铆a, lo que va quedando de nosotros aplastados por la econom铆a, concretamente.
En la factor铆a de esta melanc贸lica Condesa (Giordano), en las sienes grasientas del rico Richard Lennox redivivo (Delon, que antes era Roger Lennox, cuando irrumpi贸 en pantalla tan pobre como aquel cine del que Godard form贸 parte una vez, tan brevemente), en su casa o en el jard铆n, llueva o haga sol, aparece inmisericorde la conversaci贸n predilecta del mundo que Godard alertaba estaba cambiando definitivamente.
Cuando le preguntan a Lennox, aparecido de la nada - pero en un Maserati rojo -, diciendo ser hermano del "fallecido", si est谩 preparado para ser CEO de una de las compa帽铆as de ella, lo que deber铆a ser un gag chapliniano se ha transformado con los a帽os - ¿comedia + tiempo = tragedia? - en una inquietantemente acertada visi贸n del mundo por venir.

mi茅rcoles, 29 de julio de 2015

UN JUEGO M脕S PELIGROSO

No querer vivir ni un segundo con obligaciones ni bajo 贸rdenes, coger lo que gusta sin importar si pertenece a alguien o presenta resistencia, pensar s贸lo para actuar, tener el cine negro en la mirada... pocos personajes tan perfectamente desalmados habr谩 habido como Bert Galvin, el gangster incorporado por Richard Conte en mi pel铆cula favorita de entre las que film贸 el (mayormente) fot贸grafo Ted Tetzlaff.
La pureza de esa conducta inmoral la define, tan definitivamente como a "La baie des anges" lo hac铆a aquella epic煤rea Jeanne Moreau por encima de cualquier g茅nero.
Ni priv谩ndolos de todo, van a tener otra cosa en la cabeza.
"Under the gun" vive de la precisi贸n de su exposici贸n narrativa y de la inventiva sorprendente de su libreto, esas virtudes ideales del cine "de complemento" de una 茅poca en que muchos sab铆an hacer bien muchas cosas.
Cuando se infiri贸 la autor铆a de tantos para basar toda una teor铆a cr铆tica, que no s贸lo perdura sino que se ha hecho "煤nica", dentro del cine americano algunos tuvieron menos suerte, eso es todo.
No son unos cualquiera quienes acompa帽an a Tetzlaff. Por destacar a dos y en la l铆nea de esas mencionadas bazas, ah铆 tenemos sobre todo al a menudo brillante George Zuckerman, a帽os antes de estabilizarse junto a Douglas Sirk, firmando uno de sus m谩s imaginativos guiones y es otro ilustre colaborador del maestro, Russell Gausman, quien se ocupa de dise帽ar los espacios.
A煤n quedaba en 1951 muy cerca su famosa "The window" pero el crecimiento desde entonces es notable, pese a que lo f谩cil con Tetzlaff haya sido siempre adjudicarle ese peque帽o y 煤nico triunfo.
De poca fama desde luego han disfrutado pel铆culas tan buenas como "Riff-raff" del 47 o "The treasure of Lost Canyon" del 52, por citar las dos siguientes que prefiero.
Ted Tetzlaff
Pese a las pretensiones de sus dirigentes por "prestigiarse", ya se sabe en qu茅 l铆nea se define por estas fechas el cine de la Universal y siguiendo con el corporativismo que diluy贸 la atenci贸n que debiera haber recibido Tetzlaff: presentar a los personajes en un plano, ahorrar literatura y descripciones, abreviar hasta lo indispensable a los secundarios - de ah铆 su impacto, parece que nunca pronunciaran una palabra superflua ni ejecutaran un gesto de m谩s - o no servirse de ning煤n elemento para construir el siguiente, sino hacerlo inmediatamente significativo.
Las sorpresas vienen cuando pel铆culas como "Under the gun", que nadie se ha preocupado por editar en condiciones y que se conserva en una copia deficiente, son capaces de mirar a un sistema de justicia - o mejor dicho de correcci贸n de las malas conductas - cr铆ticamente ("matas a un tipo y te echan veinte a帽os, matas al segundo y vuelves a la vida" le dice Galvin, por fin impecable, para resumir su periplo entre rejas a la cantante que interpreta una agobiada Audrey Totter), cuando empiezan a hacerse cada vez m谩s esenciales los encuadres conforme se define la trama, cuando alguna soluci贸n de puesta en escena le hace a uno saltar de la butaca... cuando cualquiera piensa en el "gran cine" si no tuvo la precauci贸n de hacerlo antes.
Pero Tetzlaff pasa como una exhalaci贸n por los asuntos "importantes" y los equipara a los menores.
Como enseguida prescinde de la chica, tan s贸lo se le nota detenerse en mimar al personaje de Sam Jaffe, popular desde el a帽o anterior en que hab铆a sido el ladr贸n de acento germ谩nico de la c茅lebre "The asphalt jungle".
Todo el atractivo de la segunda parte del film gira sobre su diminuta figura, con esa vieja dignidad de los que empezaron a ser inocentes cuando pisaron la c谩rcel.  
脡l conseguir谩 que el impenetrable Galvin muestre algo parecido a la admiraci贸n o al agradecimiento y hasta que aprenda a conjugar un verbo que le es desconocido: esperar.
Moment谩neamente.

lunes, 29 de junio de 2015

UNA DE ESTAS MA脩ANAS

En alg煤n lugar entre los melodramas m谩s perfectos de los a帽os 50 y varias de las pel铆culas emblem谩ticas que llegaban o estaban a煤n por venir de las cinematograf铆as m谩s pujantes, las que abr铆an camino a lo que fue el cine de los a帽os 60, est谩 "Ky么 no mata kakute ari nan", no s茅 si la mejor, pero sin duda una de las m谩s deslumbrantes obras de Kinoshita Keisuke.
Setenta y tres minutos de belleza y misterio derram谩ndose de una de esas fracturas que se estaban produciendo en el cine y m谩s ampliamente, entre maneras de entender la vida, una brecha en la que hab铆an incidido o estaban a punto de hacerlo "The quiet American" y "La pyramide humaine", "Une femme est une femme" y "Akasen chitai", "The Chapman report" y "Onna ga kaidan wo agaru toki".
Y al igual que sucede con ellas, la fragmentaci贸n de sus m煤ltiples partes se integra serenamente, quiz谩s porque, conscientes sus autores de estar pisando un terreno cambiante e incierto, su preocupaci贸n no es ni lo que se desmoronaba del pasado ni el futuro, sino las personas que lo deb铆an vivir.
Tan dif铆cil ser铆a resumirla como sencillo resulta sentirla.
Kinoshita remueve las heridas de la guerra, las modernas formas de organizar el capital, las viejas formas de aprovecharse de 茅l - quiz谩 las escenas con yakuzas y mafiosos m谩s extra帽as que haya visto -, las viejas tradiciones y las nuevas y hasta un reci茅n llegado, el rock n' roll, y no sale "en limpio" ni una sola teor铆a, s贸lo gestos, peque帽os mon贸logos, miradas, modestos objetos, ni una met谩fora, ni un discurso.
Y todo en presente.
El estoicismo japon茅s ayuda, desde luego a sacar partido a ideas como esta y sorprende que no haya un buen aluvi贸n de pel铆culas tan clarividentes como esta procedentes de una industria entonces en sus m谩ximos creativos.
O tal vez s铆 las haya. El mismo Kinoshita es a煤n me temo que mal conocido y "avisos" como este debieran ser un nuevo aliciente para seguir rebuscando y revisando de entre una monta帽a inveros铆mil de obras maestras.
Para ello, es bonito tomar itinerarios; por directores o siguiendo por ejemplo los pasos de alguna de las muchas grandes actrices de aquel pa铆s; no las hay m谩s fiables.
En "Ky么 no mata kakute ari nan" tenemos a Kuga Yoshik么, m谩s hermosa que nunca, veintisiete a帽os, que no es de todas formas - ese ser谩 el signo de los nuevos tiempos - la protagonista de este drama sin soluciones, sino su primera espectadora.
Ella es la resignada mujer de un marido arribista con malas cartas para conseguir de verdad agarrarse al siguiente pelda帽o de la escala laboral, la madre de un ni帽o permanentemente enojado (el mismo a帽o de "Ohayo"), la comprensiva y 煤nica audiencia de un fantasma (un buen hombre herido por su cobard铆a en la guerra y que no encuentra la manera de redimirse por fin) o la hermana de un taxista involucrado por azar en un muy opaco asunto de gangsters. 
En su rostro se van acumulando estas peque帽as o grandes circunstancias cotidianas y otras que laten por detr谩s y le afectan indirectamente (como la de un chico, un Pat Boone local, que no sabe si se ha enamorado ese verano de una ni帽a rica; una subtrama que alimenta a varias principales) hasta que una de las historias enfila la tragedia y parece que servir谩 de catalizadora para las dem谩s, pero...
Fotos de rodaje
Kinoshita atiende cada uno de los escenarios con orden y en paralelo, pero imprevisiblemente.
Creo que un l贸gico planteamiento como ese, el de mirar de manera uniforme a estas historias cruzadas que l贸gicamente caminan a velocidades distintas, evita que resulte 茅l pretencioso y refuerza a cada una de las intrigas, porque prevalece la impresi贸n de que no necesita sacar "algo m谩s" de ellas.
S贸lo cuando importa algo que sucedi贸 en el pasado, todo se detiene (la traducci贸n del t铆tulo ser铆a "Y as铆 otro d铆a", restando trascendencia a cuanto pueda ocurrir ya de entrada), y llegan varias conversaciones en que se rememora alg煤n episodio, sumamente largas y filmadas sin un corte, como la famosa de "Two rode together" de Ford y en dos ocasiones, tambi茅n, frente a un r铆o. 
Pero si hay una conexi贸n curiosa - y sorpresiva conociendo un buen pu帽ado de films de Kinoshita - no es con el cine del de Maine, sino con el de Alfred Hitchcock. Un Hitchcock sin humor naturalmente.
Ser谩n sin duda coincidencias las similitudes de varias escenas del film con otras de "North by Northwest", pero llama la atenci贸n lo que comparte con la obra del maestro que mejor reflej贸 la falla del entendimiento entre generaciones, "The birds", con lo que volvemos al principio.
El estado de permanente incertidumbre de la pel铆cula, su tensi贸n y sus secretos, sus frustraciones - no hay un solo personaje que haya conseguido o vaya a conseguir lo que verdaderamente desea -, en un tono m谩s acusado incluso que el que aparece en los dos Naruse finales - "Hikinige" y "Midaregumo"; a medio camino est茅ticamente de ambas anda "Ky么 no mata kakute ari nan" -, no se concreta f铆sicamente en alteraciones del orden natural como en la obra de Hitchcock - o de alguno de sus ep铆gonos ensimismados sobre todo por cuanto film贸 entre "Vertigo" y "Marnie", como Jean-Claude Brisseau - y por eso va a resultar siempre 谩rida cualquier intento de ponerlas en paralelo.
Pero lo cierto es que al mismo borde de aparecer ese elemento sobrenatural, contenido por el dique de esa imperturbabilidad de la que hablaba, est谩n los mismos s煤bitos primeros planos (de Jessica Tandy en "The birds" y antes uno c茅lebre de Barbara Bel Geddes en "Vertigo", aqu铆 asignados a todos y cada uno los personajes que, como ellas, sufren impotentes un conflicto) la misma tendencia hacia la abstracci贸n de lugares (docenas de ejemplos en Hitchcock de escenarios anodinos o dom茅sticos transfigurados en algo muy distinto por la amenaza generada y aqu铆 en Kinoshita muy particularmente las casas), parecida profundidad para resultar emocionante (recordemos la prodigiosa escena de la conversaci贸n nocturna de Suzanne Pleshette con Tippi Hedren y ya tendremos la clave en que se instalan las que aqu铆 mantiene Kuga Yoshik么), un similar entendimiento de la m煤sica (dieg茅tica, nunca un reflejo o un acompa帽amiento insustancial de lo que sucede), una coincidencia en plantear planos muy abiertos y en movimiento para no subrayar el dramatismo o, justamente en el lado opuesto, esa capacidad para dotar de entidad a insertos "innecesarios" que el ingl茅s domin贸 como nadie y que brilla particularmente en esa campanilla con que se cierra el film y antes en un monedero, una letra bordada en la ropa o un car谩cter caligrafiado para una tumba.