viernes, 13 de junio de 2008

CRONACA DI UN AMORE

Revisada ahora, a los 41 años de su realización, "Chronik der Anna Magdalena Bach" es fácil comprender la estupefacción que semejante obra causó entre los detractores del nuevo cine que se abría paso desde todos los confines del mundo a raíz de la explosión de la nouvelle vague.
Sigue siendo una obra de vanguardia.
El cine, como en un pesadilla que se hace realidad para los que creyeron que todo volvería a su cauce, ha derivado en algo que "Chronik..." anticipaba y elevaba a un nivel difícilmente superable.
La película responde dos preguntas fundamentales con dos respuestas sencillas.
Primero, ¿cómo se puede hacer un film sobre la música? Sólo con música. Omnipresente y protagonista toda la proyección, modulando la puesta en escena y los movimientos de cámara, marcando las pautas de interpretación de los actores. Cuando cesa, entra el texto, también sumamante rítmico y que a veces parece los últimos acordes de la pieza precedente.
Y en segundo lugar, ¿cómo se filma un personaje histórico? Por sus acciones. Lo que pueda decir un actor que interpreta a Bach no sirve de mucho y daría una impresión de reconstrucción ficcionada de, en todo caso, aproximaciones a su pensamiento partiendo de lo que dejó escrito o lo que pudieron contar quienes le conocieron. Daniel Huillet y Jean Marie Straub (para darle la vuelta al binomio) optaron por un método mejor que el flachback para acercarnos a J. S. Bach: la crónica. Por una razón fundamental. El flashback tiende a dejarnos una sensación de veracidad; todo lo que vemos en un flashback lo damos no sólo por verdadero, sino como inamovible: es lo que sucedió en realidad. La crónica, relatada por quien seguramente mejor le conoció, su mujer, proporciona un punto de vista inquisitivo que tamiza los hechos: es como ella lo vió, pero nos permite pensar que la realidad pudo ser otra.
Las dificultades económicas, la admiración de sus contemporáneos, su pasión juvenil, la vida regida por los actos eclesiásticos, el discreto pero seguramente gran amor de su mujer por él... todo nos es dado sin la falsa pasión novelada y romántica a que el cine nos ha acostumbrado. La vida pasa de largo ante un genio con el mismo sigilo que ante cualquiera de nosotros. Ningún acontecimiento es transcendete.
Son ellos los que hicieron de su existencia algo importante.
En este sentido, la película conecta con "La prise du pouvoir par Louis XIV" de Rossellini en cuanto al nuevo enfoque del film histórico y cuya influencia llega hasta hoy día (baste ver la excepcional "Les amours d´Astrée et de Celadon" de Eric Rohmer.