jueves, 19 de junio de 2008

CINCO RESURRECCIONES DE UN MITO

De entre las numerosas adaptaciones que ha tenido a lo largo de la historia del cine la novela "Frankenstein o el moderno Prometeo" de Mary Shelley (1818), destacan sobremanera las cinco películas rodadas por el inglés Terence Fisher para la productora Hammer entre 1958 y 1974.

Habían pasado ya 25 años desde el estreno de dos obras de James Whale, "Frankenstein" (1931) y "La novia de Frankenstein" (1932), tomadas hasta ese momento, sobre todo la segunda, como "la última palabra" sobre el emblemático relato.

Pero el misterio y el particular enfoque que tiene ya la primera película del ciclo, "The curse of Frankenstein" (1958), delatan el interés de Fisher por explorar los aspectos más insondables, las verdaderas cuestiones de fondo planteadas en tan fascinante historia y no caer una y otra vez en los lugares comunes tantas veces visitados.

Como ocurre con sus acercamientos a otros iconos del cine fantástico y de terror clásicos, como Drácula, el Hombre Lobo, o La Momia, Fisher rueda cada película como si se tratase de una historia nueva, no cayendo nunca en el recurso fácil de la alusión a lo que conocemos de sobras. Y se las cree; no hay condescendencia ni asomo de desprecio por el material que tiene entre manos, por muy delirante o inverosímil que fuese el guión o escasos los medios con que pudiese contar.

De hecho, las dos películas con historias más rocambolescas, rebuscadas, a priori inviables y con menos interés, resultan ser (con permiso de "The revenge of Frankenstein" (1959), quizá la más equilibrada y perfecta), las mejores del ciclo en mi opinión: "Frankenstein created woman" de 1967 y especialmente "Frankenstein must be destroyed" (1969), dos películas complejas, sorprendentes, apasionantes, abiertas a todo tipo de elucubraciones, que van más allá de lo que las imágenes muestran y que rastrean, trasmutan, enriquecen y al mismo tiempo decantan las claves de la novela, investigando los recovecos más oscuros y estimulantes del relato, yendo a su esencia y buscando vías de aproximación hacia los grandes temas que subyacen en el texto: la búsqueda de la inmortalidad, el individualismo frente a la masa, el papel de la religión en el avance de la ciencia, el desafío al pensamiento establecido...

Hay una reflexión bastante más certera y profunda sobre estas cuestiones aquí que en otras obras largamente reverenciadas por críticos y espectadores, por el sólo hecho de que su aspecto externo es más serio, más grave y no están contaminadas por ese mal ignominioso llamado "cine de género".

Terence Fisher demostró en numerosas ocasiones (ahí están obras del calibre de "The two faces of Dr. Jekyll" o "The brides of Dracula", ambas de 1960), al igual que Riccardo Freda - no digamos Vincente Minnelli - que se puede ser un autor personal haciendo películas de encargo, si se tiene la suficiente personalidad y una clase de inteligencia que parece hoy olvidada, la de asimilar a un estilo propio cualquier imposición ajena.
Las películas que integran este ciclo son ya desde la primera - la única contada en flashback y la única que parte claramente de la novela -, variaciones sobre la obra original, prolongaciones de algunos de sus elementos básicos que progresivamente se convertirán en acercamientos tangenciales a los aspectos que más interesaban a Fisher de la famosa fábula de Mary Shelley; inspirándose tal vez en la doctrina que impregnaba la obra definitiva de Percy Shelley, marido de Mary y depositario del "corpus filosófico" que respaldaba esta concepción del hombre: el poema "Prometheus unbound" de 1820.

"La imaginación y la voluntad son los principales poderes del hombre, ejercitándolos se hace éste partícipe de la mente y designios de la divinidad".

Una buena apología del cine fantástico, a poco que se considere, ¿no?.

Es significativo que con el paso de las películas, el barón Frankenstein se identifica cada vez más con el monstruo que ha creado (cuyo punto álgido es la extraordinaria apertura de "Frankenstein must be destroyed", que ya la quisiera para sí Sam Fuller), los rasgos esquizofrénicos de su personalidad afloran más frecuentemente, su resentimiento hacia el mundo (empezando por los científicos que lo tomaron por loco o hereje) y su necesidad de reconocimiento se diluyen y dejan paso a una melancolía y un agotamiento - que nunca se acaba traduciendo en abandono de su quimera vital - que Fisher filma como un sueño inalcanzable, no como el supremo desvarío de un "mad doctor" sin escrúpulos.

Terence Fisher nunca dejó a sus personajes a la deriva ni los trató como conejillos de indias. Les insufló, cuando fue posible, dignidad e inteligencia, intentó comprenderlos y arañar la superficie para no simplificarlos y reducirlos a un estereotipo, que siempre fue el gran handicap de los géneros que cultivó.

Sin olvidar el gran trabajo del decorador Bernard Robinson (cuya ausencia probablemente lastra el alcance la última película del ciclo y de la carrera de Terence Fisher , "Frankenstein and the monster from hell", (1974), repleta de posibilidades excitantes, no obstante), esta serie de films sería imposible concebirlos sin la presencia del gran actor inglés Peter Cushing en el papel del barón Victor Frankenstein.
Su porte aristocrático, sus maneras de intelectual soberbio y sabedor de su superioridad a cuantos le rodean, su composición sobria y al mismo tiempo apasionada, su soterrado sentido del humor y la forma en que es capaz de comunicar la "confusión mental" (cuando no directamente la locura) del barón, que juega a ser Dios, son en sí mismas ya características intrínsecas del personaje, de la misma manera que el General Custer será siempre Errol Flynn en "Murieron con las botas puestas (They died with their boots on, 1941)" de Raoul Walsh y Jack el destripador tiene los amenazantes ojos de Laird Cregar en "The lodger" (1944) de John Brahm.

No importa que se trate de personajes reales o inventados, el cine les puso cara para siempre.

3 comentarios:

Roberto Amaba dijo...

Hola Jesús,

¡Cuánta razón! Qué gran serie se marca Fisher con estos 5 Frankenstein y como a pesar de estar muy distanciadas en el tiempo tienen una coherencia total, hilando muy bien con los "episodios" anteriores.

Creo que mi favorita es "Frankenstein created woman", dentro del nivel muy alto que tienen todas. Ésta me recuerda a otra maravilla, al menos para mí, de la Hammer: Dr. Jekyll & Sister Hyde de otro director extraño de narices, Roy Ward Baker.

Cushing sencillamente tan perfecto como la dirección de Fisher. Uno se da cuenta que los creadores de "House" además del sabido lazo con Sherlock (curiosamente también interpretado otras veces por Cushing) han debido ver la tira de veces las actuaciones de Cusuhing, sobre todo estas.

Va aumentando en cinismo según avanza la serie, cada vez más duro y se puede apreciar en la relación con las mujeres, siempre de una misoginia tremenda pero de menos a más, la culminación en la escena que estuvo censurada de "F. must be destroyed" cuando directamente viola a Veronica Carlson, por no hablar de cómo la tiene en plan criada.

Los problemas éticos y los medios para alcanzar los fines médicos siempre enfrentados, la misoginia, la lengua afilada, la total ausencia de (falsa) modestia, la brillantez intelectual, al final hasta las taras físicas, la habilidad para manipular, la necesidad de contar con un equipo alrededor a pesar de todo ello, etc. etc. Frankenstein es un obvio precedente de "House"; serie que admiro, por cierto.

Un saludo Jesús, muy buen artículo.

jesús cortés dijo...

Gracias por tu comentario.
Ayer pudo ver por fin "The man who coul cheat death" y me ha gustado mucho. Es como una mezcla de la serie esta con la novel ade O. Wilde "El retrato de Dorian Gray" y elementos de "Jack el destripador". Un buen potaje.
Pero es todo coherente y verosímil, como siempre en Fisher.
No sé si conoces "Night of the big heat". La vi el año pasado y me encantó, digna de Fleischer.

Roberto Amaba dijo...

Hola Jesús,

"The man who..." no la he llegado a ver todavía pero la apunto para dentro de poco. "Night of the big Heat", sí, muy curiosa, tiene un esquema muy parecido a "Island of Terror".

Gustándome más el tema vampírico que el de Frankenstein, con Fisher me pasa lo contrario, prefiero sus Frankensteins a sus Dráculas.

Un saludo.