viernes, 29 de mayo de 2009

UNA VIDA DIFÍCIL

Todas las películas gigantescas semienterradas en el cajón del olvido tienen una o más razones para haber terminado cayendo allí.
Puede haber sucedido que nadie conociera hasta hace relativamente poco tiempo a sus directores, mas allá del ámbito de su país o las referencias existentes fuesen parciales y quizá no del todo veraces (las mejores de Evgenii Bauer, Shimizu Hiroshi, Mario O´Hara…), tal vez fueron prohibidas, mutiladas o silenciadas por las razones más diversas (“Bitter victory”, “The Chapman Report”, “Freaks” hasta su restauración, “Major Dundee” de la que se lanzó hace poco una “extended versión” no se sabe muy bien hasta qué punto fiel al montaje original si es que tal montaje existió…), un buen número de ellas fueron en su día un fracaso comercial o crítico, o ambas cosas, y no han recuperado totalmente su prestigio o no se han vuelto a poner de nuevo al alcance de todo el mundo (algunas de Demille, “The Countess from Hong Kong”, “La Tour de Nesle”,…) y otras simplemente han sido tomadas por menores o poco importantes (el grueso del pelotón, con casos que van de lo increíble a lo indignante, pasando por toda clase de malentendidos y miopías).
Isn´t life wonderful” de David W. Griffith no puede encuadrarse en ninguno de los grupos anteriores y es por ello un autentico misterio y un caso de amnesia colectiva sorprendente.
Si hay un grupo de películas silentes realmente grandes y perdurables, de renovada y constante vigencia – por desgracia en este caso, debido al tema que trata -, sin la más pequeña arista por la erosión del tiempo y las modas, a éste pertenece sin duda “Isn´t life wonderful”. Contemplarla es como descubrir un nuevo continente. ¿Cómo es posible que haya recibido tan poca atención?
Es una de las películas más ambiciosas de uno de los directores más importantes del cine mudo, realizada después de haber alcanzado notoriedad su autor con una serie de obras de todos conocidas y en el momento de máximo vigor y madurez de su carrera; es un melodrama tan del gusto de la época y un retrato social y económico de su tiempo - alejada por tanto del tono de su otra película de 1924, la un tanto rígida y premiosa “America” - situado y rodado en gran parte en la Alemania de la posguerra, con lo que tiene poco de idealización novelesca de un conflicto, es dolorosa y emocionantemente real; conecta con el neorrealismo italiano de los 40, con lo que debió ser recuperada en plena y coyuntural reivindicación del papel del cine como manifestación artística de primer orden mas allá del entretenimiento; es y se postula como una gran película.
Pero parece que “Isn´t life wonderful” (“La aurora de la dicha” en su hermoso aunque quizá inapropiado titulo español) simplemente es que ha caído en el limbo.
Ni se ha distribuido que yo sepa mas allá de una edición de Kino Video en VHS hace casi diez años, ni se ha mencionado nunca en las encuestas de mejores películas que hacen Sight and Sound y similares, ni es recordada especialmente en libros o recopilaciones de artículos sobre cine mudo.
Y la verdad es que pocas veces se puede asistir ya a un despliegue de cine tan poderoso como descubriendo o revisando esta obra, que pertenece a ese reducido club de las películas que lo tienen todo: genio, novedad (y paciencia para encontrarla sin buscar la pirueta), belleza, discreta pero firme rebeldía, nervio y delicadeza.
Sólo por el análisis de lo que estaba pasando en el mundo en aquellos momentos y lo que volvería a suceder otra vez a la vuelta de unos pocos años y que posteriormente se ha reproducido en diferentes lugares y a muy diversas escalas, acechando masivamente cada cierto tiempo en algún país, ya debía ser un film de esos llamados “de consulta”, de los que ilustran esas grandes cuestiones que a todos preocupan, como – y tomando por ejemplo unos pocos asuntos que no dejan de estar nunca de actualidad y en tonos que van de lo cómico a lo metafórico, pasando por la hipérbole más certera o la más extraordinaria disección – lo son (o deberían serlo) “Modern times” o “Lundi matin" y la alienación del trabajador, “Die 1000 augen des Dr. Mabuse” y el poder invisible y manipulador de las grandes corporaciones, “Exodus” y el “problema palestino”, “Martha” o “Él” y los malos tratos, "La pyramide humaine" y lo que se ha venido a llamar "multiculturalidad", etc.
Porque “Isn´t life wonderful” aparte de ser una película de su tiempo, despliega de una forma que casi se diría inquietante, un retrato milimétrico de cómo iban a ser los campos de refugiados y la vida en los suburbios en la barbarie nazi que comenzó en Checoslovaquia a menos de quince años desde la realización de la película.
Y lo hace sin ser un catálogo maniqueo de crueldades y centrándose en los asideros que devuelvan a sus maltrechos personajes la dignidad, las ganas de vivir, de compartir la alegría y hasta de bailar.
Sólo el hambre y las privaciones hacen de los hombres bestias, como alguien grita en el último rollo del film.
Es por ello la película más chapliniana de Griffith, con momentos (breves, a veces sin el menor subrayado) de comicidad de un tono poco habitual en su cine, con esa mezcla de ironía y patetismo a la que sólo le falta el elemento antisocial para encajar en el cine de Chaplin. Me parece maravillosa esa cuerda que ata las gallinas que lleva Inga al monte o cómo unta mantequilla imaginariamente en un mendrugo de pan para que Paul se recupere de su enfermedad o ese gag del atribulado Theodor con los prisioneros rusos y la enorme navaja que le señala cual es su sitio en la habitación.
Isn´t life wonderful” es una película aérea, grácil, nada solemne, que salvaguarda en todo momento la intimidad de los personajes y que no agota las situaciones para mendigar una sonrisa o una lágrima de nadie que se acerque a ella. Cuando Paul se recupera, el reencuentro con Inga nos es mostrado hasta el momento en que ella se acerca a su cama, sin primeros planos.
Tiene también “Isn´t life wonderful” varios de los besos y abrazos más pudorosamente hermosos de la historia del cine, que podrían estar en “Make way for tomorrow” de McCarey, del que es imposible no acordarse viendo el film. Tampoco de Borzage, con cuya trilogía "antinazi" (“Three comrades”, “The mortal storm” y “Little man, what now?”) tiene grandes concomitancias. Debería ser una película bandera para cualquier seguidor de estos dos últimos cineastas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Jesús, gracias por no hacerme sentirme solo en el mundo. Desde que la ví, hace ya bastantes años, me ha parecido a) la mejor película de Griffith, b) una de las mejores mudas, c) una de las mejores, sin más. Creo que el problema es que, como a casi todos los grandes cineastas (salvo Oliveira, aunque si dura aún más, como vivamente deseo, ya veremos: empiezo a notar reticencias y "fatiga" hasta entre los que no sienten fobia), el último (y a menudo más depurado y sabio) de su obra pasa por ser de "decadencia". A Griffith una mayoría le decretó "muerto" o acabado tras "Way Down East" (quizá agarrándose a la espléndida "Orphans of the Storm"), y a partir de ahí siguieron la corriente, sobre todo los que por ese motivo ni se molestaron en verlas. Están llenos los libros, los diccionarios,las monografías, las historias, de ese veredicto pintoresco. Así que son decadentes "The Struggle", "Abraham Lincoln", "One Exciting Night", "Sally of the Sawdust", y todas las demás, incluso "Isn't Life Wonderful". Curiosamente, nunca explican por qué, salvo la falacia genérica ("no se adaptó") acerca de las ya sonoras. No es por llevar la contraria, pero casi todas las que más me gustan de DWG son de ese periodo de "decadencia". Ah, y en USA, ni se te ocurra romper una lancita por él, te caen encima los políticamente correctos, que no contentos con tratarle de racista (base única: "The Birth of a Nation"; deliberadamente, no se acuerdan de "Broken Blossoms" ni de algunas de sus primeras obras, pioneramente pro-indias), últimamente han optado por la vía más rápida y cómoda: negarle el pan y la sal. Así que te encuentras con gente, en otras cuestiones razonable e inteligente, que se ciegan y proclaman que nunca inventó nada (que si fue Porter o Chomón...) y que siempre fue un director pésimo, o cuando menos mediocre. Si Godard repitiera aquello de que en cada escrito de cine debe citarse al menos una vez el nombre de Griffith, que supongo que lo haría, lo linchan.
Miguel Marías

Roberto Amaba dijo...

Hola, qué tal Jesús,

Muy de acuerdo también. Una de las grandes historias de amor del mu(n)do, se podría trazar una línea hacia otras más "urbanas" pero de igual profundidad: Sunrise, The Crowd, Lonesome o Rotaie.

Excelentes relatos sobre historias "pequeñitas", a veces casi anécdotas, con los cambios de tono como gran marca de los maestros. Explicar una gran contexto, en este caso una posguerra, con rigor atendiendo a una familia, a una pareja, sin andar pegando gritos.

Genial ese momento cuando se está recuperando y antes de darle de comer se mete no recuerdo qué en los carrillos para parecer más sana. Es como esos montones de escenas que hemos visto luego sobre mujeres que en las peores circunstancias tienen arrestos incluso para pellizcarse los carrillos a modo de maquillaje. O esas escenas de éxodo pre-nazi como bien indicas.

Para mi gusto muy superior a otra en una línea parecida pero en plena guerra y también cambiando de país, en Francia: Hearts of the World. También hay recuerdos de los cortometrajes de la década anterior, Pig Alley y demás maravillas. Y no sé hasta qué punto Griffith conocería la producción alemana de aquel entonces...

Un saludo.

jesús cortés dijo...

Miguel, yo la incluí hace poco en una lista de las 50 mejores películas de la historia (me salieron 10 mudas). Yo también prefiero al Griffith de los 20 y 30, aunque en los 10 tiene cosas geniales desde luego.
oliveira parece haber recibido una acogida un poco más tibia de la cuenta con "Simgularidades...". Estoy deseando verla.
No sé si conoces el DVD que ha salido con los cortos de Humberto Mauro. Es muy recomendable.
Roberto, de acuerdo con "Rotaie", la descubrí hace poco gracias ya no recuerdo si a FVGalitzien o A. Belmonte y me ha gustado mucho. De Camerini tengo debilidad por "Due lettere anonime" del 41 me parece, que era estupenda.

Anónimo dijo...

Bueno, poco a poco vamos en aumento.
Sí, Jesús... He procurado hacerme con todo lo de Humberto Mauro que he podido.
Miguel Marías